En el extremo sureste de la península arábiga se encuentra un país que, sin los reflectores de sus vecinos, logró construir un Estado con una calidad de vida que supera a Suiza, Finlandia o Noruega. Desde el golpe de Qabus bin Said en 1970, Omán transformó su economía petrolera en infraestructura, educación, salud y modernización institucional. Hoy diversifica su modelo con turismo de alta gama, industrias pesadas y puertos estratégicos cerca del Estrecho de Ormuz.










