
El presente artículo analiza la relevancia estratégica que han adquirido los semiconductores en el sistema internacional contemporáneo, tomando como caso de estudio a Taiwán y a la empresa Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). El objetivo es examinar cómo el dominio taiwanés en la fabricación de microprocesadores de última generación —fenómeno conocido como “Escudo de Silicio” (Addison, 2001)— condiciona las relaciones entre Taipéi, Washington y Pekín. Para ello se emplea como marco teórico la Interdependencia Compleja de Keohane y Nye (2012), que permite comprender cómo la vulnerabilidad geopolítica de un actor puede transformarse en un recurso de poder cuando dicho actor ocupa una posición estructuralmente indispensable dentro de las cadenas globales de valor.
El artículo se organiza del siguiente modo: en primer lugar, se presenta el marco teórico de la Interdependencia Compleja; en segundo lugar, se ofrece una aproximación técnica a los semiconductores; en tercer lugar, se reconstruye brevemente el proceso histórico que llevó a Taiwán a convertirse en un nodo tecnológico central; en cuarto lugar, se analiza el concepto de “Escudo de Silicio” y sus implicancias estratégicas; en quinto lugar, se discuten las nociones de interdependencia, vulnerabilidad y smart power aplicadas al caso; finalmente, se presentan las conclusiones junto con una reflexión sobre las tendencias de desconcentración de la industria de los semiconductores.
La interdependencia compleja
Dreamstime. (sf). Mapa mundial brillante con líneas comerciales interconectadas, comunicación global y redes económicas en una era moderna [Fotografía]. Imágenes de archivo de Dreamstime. dreamstime.com
La Interdependencia Compleja, formulada por Keohane y Nye (2012), cuestiona el supuesto realista según el cual el poder internacional se explica primordialmente a partir de la capacidad militar de los Estados. Los autores proponen que, en determinados vínculos internacionales, existen múltiples canales de conexión —no solo interestatales, sino también transnacionales y transgubernamentales— que generan relaciones de dependencia mutua entre actores. Dentro de este marco resultan centrales dos conceptos complementarios: la sensibilidad, entendida como el grado y la velocidad con que los cambios producidos en un actor repercuten sobre otro dentro de una estructura dada, y la vulnerabilidad, definida como el costo relativo que un actor debe asumir para adaptarse a esos cambios, incluso después de haber modificado sus políticas para reducir su exposición
Un actor puede ser sensible a los cambios externos sin ser necesariamente vulnerable, en la medida en que cuente con alternativas viables para reducir su dependencia.
El caso de Taiwán resulta paradigmático a la luz de este marco, ya que ilustra cómo un Estado con escasas capacidades de poder duro puede alcanzar una posición de baja vulnerabilidad relativa —y, por lo tanto, de considerable poder relativo— en la medida en que logra volverse difícilmente sustituible para terceros actores, incluso aquellos que lo superan ampliamente en términos militares.
Aproximación técnica: ¿qué son los semiconductores?
Para comprender la importancia de los semiconductores en el sistema internacional resulta necesario partir de una noción básica de las llamadas tierras raras. Estas se encuentran en abundancia relativa en la corteza terrestre; lo que las vuelve “raras” no es su escasez, sino la dificultad y el costo del proceso de extracción y purificación de los quince elementos de la tabla periódica denominados lantánidos, a los que se suman el itrio y el escandio. Se trata de metales blandos, químicamente estables y con un grado de oxidación +3, propiedades que los convierten en excelentes conductores y en insumos ideales para imanes permanentes de alta potencia —utilizados en motores eléctricos—, lámparas de bajo consumo, baterías y equipos ópticos, entre otras aplicaciones.
Estos elementos son también la base de los semiconductores: un semiconductor puro restringe el paso de la electricidad y se comporta como aislante, pero si se le agregan impurezas químicas de manera controlada —proceso denominado dopaje— su estructura atómica se altera y, bajo determinadas circunstancias, la electricidad fluye de manera controlada. Este principio hizo posible el reemplazo de los antiguos tubos de vacío por los transistores, en el marco del proceso de miniaturización tecnológica orientado a concentrar una mayor cantidad de funcionalidades en dispositivos cada vez más pequeños. Los transistores integrados en circuitos electrónicos sobre placas de silicio componen lo que se conoce como microchip.
Los microchips admiten múltiples clasificaciones y usos —comunicaciones, medicina, inteligencia artificial, entre otros—. La necesidad de que los sistemas informáticos operen con mayor precisión y abarquen más funciones llevó a que los chips debieran incorporar progresivamente más transistores, lo cual, a su vez, impulsó la miniaturización de los dispositivos para volverlos portátiles y funcionales en la vida cotidiana. De este modo, cada aproximadamente dos años se duplica el número de transistores que puede contener un microchip, lo que incrementa su potencia y reduce su costo relativo; a esta tendencia, observada empíricamente en la industria de los microprocesadores, se la conoce como “Ley de Moore” (Moore, 1965).

Adobe Stock. (sf). Exterior del edificio de la sede de una PYME con logotipo [Fotografía]. Imágenes de Adobe Stock.adobe.com
De lo anterior se desprende que las empresas tecnológicas de punta y los Estados donde se asientan sus respectivas casas matrices compiten activamente por desarrollar el microprocesador más eficiente. Dicha competencia, con fuertes implicancias geopolíticas, se aborda en los apartados siguientes.
Breve reseña histórica
El desarrollo del transistor en 1947, en los Laboratorios Bell, marcó un punto de inflexión en la historia de la electrónica moderna y abrió el camino hacia la miniaturización de los circuitos, entonces limitados por la ineficiencia de los tubos de vacío. Esta innovación adquirió rápida relevancia en el ámbito militar, en un contexto signado por la Guerra Fría (Miller, 2022). Tras un extenso proceso evolutivo, los transistores se integraron en circuitos cada vez más complejos, dando lugar al chip moderno; la misión Apollo 11, mediante el uso de chips de silicio en su computadora de a bordo —el “Apollo Guidance Computer”—, contribuyó a demostrar la confiabilidad de los semiconductores de silicio en sistemas críticos, lo cual afianzó el vínculo estrecho entre esta tecnología y la industria militar durante las décadas siguientes.
Hacia 1960, Estados Unidos —en el marco de la doctrina de la contención y como respuesta al auge sindical, los salarios crecientes y las huelgas recurrentes en su territorio— comenzó a proyectar el futuro de las pujantes empresas de Silicon Valley hacia Asia. Se inició así un proceso de deslocalización de la industria de los microprocesadores hacia una región que ofrecía mano de obra más barata y una política industrial activa (Miller, 2022). La ecuación resultó favorable para ambas partes: Estados Unidos transfería tecnología y Asia producía a bajo costo, tejiendo lazos industriales cada vez más intrincados y, en términos geopolíticos, una red que buscaba contener el avance del comunismo frente a China y la URSS. En esos términos, durante la década de 1980 se consolidó la industria tecnológica y de microchips en Asia —con empresas como Samsung, Toshiba, Omron y LG, entre otras—, quedando la región progresivamente integrada a la maquinaria industrial estadounidense.
Taiwán como nodo tecnológico global
Hacia 1960, Taiwán era todavía un Estado subdesarrollado, de economía predominantemente rural, sobre el cual pendía la amenaza constante de una invasión china. En ese contexto, el ministro de Economía taiwanés, Kwoh-Ting Li, impulsó la idea de que una alianza con Estados Unidos, articulada en torno a la inversión extranjera directa en la industria de microprocesadores, podía constituir una vía de protección frente al dominio chino: tejer lazos económicos estrechos con la potencia occidental funcionaría como un escudo, en la medida en que Washington —sin estar formalmente obligado a defender a Taiwán— tendría un interés concreto en resguardar sus propios intereses en el Indo-Pacífico. En la década de 1980, el gobierno taiwanés reclutó a Morris Chang para desarrollar una industria nacional de microprocesadores. Chang introdujo una innovación organizacional decisiva: separar a las empresas que diseñan los dispositivos de aquellas que los fabrican. Este modelo redujo las barreras de entrada para las firmas dedicadas exclusivamente al diseño, que pudieron innovar sin afrontar el costo de construir fábricas propias, a la vez que simplificó el control sobre el espionaje industrial al concentrar la fabricación en un número acotado de empresas (Miller, 2022).
Taiwán apostó estratégicamente por el desarrollo de una industria nacional de microchips. Así, en 1987 se fundó Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), empresa que hoy controla, ella sola, la mayor parte del mercado mundial de fabricación de microprocesadores por contrato: según datos de TrendForce, su participación alcanzó el 69,9% del mercado global en 2025 y el 70,4% en el cuarto trimestre de ese mismo año (Taipei Times, 2026). Su dominio es aún más pronunciado en los segmentos de mayor sofisticación tecnológica: en el cuarto trimestre de 2025, el 77% de sus ingresos por obleas provino de tecnologías de 7 nanómetros o inferiores, y el Chips Act de Estados Unidos estima que TSMC fabrica más del 90% de los chips lógicos de frontera a nivel mundial (Taipei Times, 2026).

Taiwan Semiconductor Manufacturing Company [TSMC]. (2021). Un operario trabajando dentro de la sala limpia Fab 3 de 8 pulgadas de TSMC bajo iluminación amarilla de litografía [Fotografía]. Wccftech Tech Reports . https://wccftech.com/tsmc-supplier-expects-to-equip-us-chip-plant-in-september-next-year/
El “Escudo de Silicio”
Estos niveles de concentración productiva le otorgan a la isla lo que el periodista Craig Addison denominó el “Escudo de Silicio” (Addison, 2001): un elemento disuasorio frente a una eventual invasión militar china, en la medida en que la economía mundial depende de los microprocesadores de alta gama allí fabricados, y un conflicto armado en la isla paralizaría industrias esenciales en todo el planeta. Al mismo tiempo, el Escudo de Silicio compromete a Estados Unidos —cuya política hacia Taiwán continúa definiéndose por la “ambigüedad estratégica”—, en la medida en que dicha potencia depende de los semiconductores taiwaneses tanto para su desarrollo tecnológico como para su seguridad nacional, lo cual sugiere una motivación adicional para intervenir en la defensa de la isla (Orgaz, 2022). A ello se suma que una eventual invasión china implicaría que la tecnología industrial y militar en la que Estados Unidos ha invertido en Taiwán quede bajo control de Pekín, a quien la potencia occidental ha intentado limitar en su capacidad de producir semiconductores de tecnología avanzada (U.S. Department of Commerce, 2024) y que, por lo tanto, se vería también afectada por cualquier interrupción en la cadena de suministro global de semiconductores.
Interdependencia, vulnerabilidad y smart power
Taiwán, considerado aisladamente y sin el respaldo de Estados Unidos, no dispone de una gran capacidad militar ni de extensiones territoriales significativas (hard power); sin embargo, ha sabido capitalizar sus alianzas en momentos clave para acumular poder de manera inteligente, hasta convertirse en el nodo mundial de los semiconductores. Esta trayectoria puede describirse en términos del concepto de smart power (Nye, 2011), es decir, la capacidad de combinar recursos de poder duro y blando —en este caso, alianzas económicas y tecnológicas— para obtener resultados estratégicos que las capacidades militares, por sí solas, no permitirían alcanzar. De este modo, Taiwán pasó de ser una economía periférica a convertirse en un actor al que la propia estructura de las relaciones de interdependencia le confiere poder, en la medida en que su posición resulta central en el mercado mundial de microprocesadores y cualquier alteración en su cadena de suministro repercute sobre la economía global (Keohane & Nye, 2012).

CNN. (23 de noviembre de 2021). Vista satelital de alta resolución del estratégico estrecho de Taiwán que separa la isla de Taiwán de China continental en 2018 [Fotografía satelital]. CNN News World. https://media.cnn.com/api/v1/images/stellar/prod/211123034824-restricted-taiwan-strait-2018.jpg
Cabe entonces preguntarse en qué medida el sistema internacional puede sostener, en el largo plazo, una dependencia tan concentrada en un actor geopolíticamente expuesto. La evidencia disponible sugiere que dicha concentración plantea riesgos sistémicos difíciles de sostener indefinidamente, motivo por el cual las grandes potencias han intentado, con resultados hasta ahora limitados, reducir su dependencia de Taipéi, principalmente por dos vías: la instalación de plantas de TSMC en suelo propio o el desarrollo de capacidades tecnológicas nacionales independientes. Respecto de la primera vía, TSMC se encuentra ya en proceso de instalación en Estados Unidos, Alemania y Japón; en cuanto a la segunda, tanto Estados Unidos como la Unión Europea impulsan el desarrollo de capacidades productivas propias, al margen de TSMC (Tintoré, 2025).
Por su parte, China impulsa una estrategia dual: por un lado, ha destinado inversiones multimillonarias al desarrollo de hardware propio; por otro, promueve la innovación en software con el fin de sortear los controles de exportación occidentales (Tintoré, 2025). No obstante, su dependencia de insumos y maquinaria extranjeros para perfeccionar su industria de semiconductores constituye, al menos en el corto y mediano plazo, un límite considerable para el cumplimiento de dicho objetivo.
Perspectivas: ¿hacia una desconcentración de la producción?
Lo expuesto hasta aquí podría sugerir que el mundo avanza hacia un escenario de menor dependencia respecto de Taiwán como principal proveedor de microprocesadores. Sin embargo, conviene matizar esta lectura: en el mejor de los casos, lo que las potencias lograrán en el corto plazo es transformar la vulnerabilidad del sistema en sensibilidad, en los términos de Keohane y Nye (2012), dado que la demanda de microprocesadores no muestra signos de disminuir, sino de aumentar, y que la dependencia —o no— respecto de Taipéi no se explica únicamente por la localización geográfica de la producción, sino también por cadenas de suministro hiperespecializadas y estrechamente interconectadas, cuyo centro de gravedad continúa siendo Taiwán.
En el largo plazo, en cambio, resulta razonable anticipar que el desarrollo de microchips y de sus respectivas cadenas de suministro en otras regiones del mundo tienda a debilitar progresivamente el Escudo de Silicio taiwanés, exponiendo nuevamente a la isla a una eventual invasión por parte de China continental, que podría encontrar en ese escenario una oportunidad para acceder a la tecnología de punta que Estados Unidos ha contribuido a instalar en territorio taiwanés.

Harvard International Review. (2026, enero). Un trabajador supervisa la producción de chips de computadora en una fábrica de semiconductores en Suqian, provincia de Jiangsu, este de China [Fotografía]. Getty Images / Harvard International Review. https://hir.harvard.edu/content/images/size/w1600/2026/01/gettyimages-1470622557-1.jpg
Conclusiones
El caso de Taiwán y TSMC ofrece evidencia relevante para pensar el poder internacional más allá de sus componentes estrictamente militares. La Interdependencia Compleja de Keohane y Nye (2012) permite explicar cómo un actor con capacidades de poder duro comparativamente reducidas puede alcanzar una posición de relevancia estratégica global al volverse difícilmente sustituible dentro de una cadena de valor crítica. El “Escudo de Silicio” condensa esta dinámica: transforma la vulnerabilidad geopolítica de la isla en un instrumento disuasorio frente a China y en un factor que compromete el involucramiento de Estados Unidos en su defensa.
No obstante, esta condición no debe interpretarse como definitiva ni exenta de tensiones. Las estrategias de diversificación productiva impulsadas por Estados Unidos, la Unión Europea y, en menor medida, China, sugieren que el sistema internacional se orienta hacia una relativa desconcentración de la industria de semiconductores en el largo plazo. Ello no equivale, sin embargo, a una desaparición de la dependencia estructural hacia Taiwán, sino más bien a su transformación de vulnerabilidad en sensibilidad, en la medida en que la demanda global de microprocesadores continúa en expansión y las cadenas de suministro más especializadas seguirán teniendo su centro de gravedad en la isla en el futuro previsible. En este sentido, el Escudo de Silicio taiwanés puede debilitarse gradualmente sin desaparecer, lo cual mantendría a Taiwán en una posición estratégica relevante, aunque previsiblemente menos determinante que en la actualidad.
Referencias
- Addison, C. (2001). Escudo de silicio: la protección de Taiwán contra el ataque chino . Fusion Press.
- Keohane, R. O., & Nye, J. S. (2012). Poder e interdependencia (4.a ed.). Longman.
- Kharpal, A. (2024, 2 de enero). ASML tiene prohibido enviar a China algunas de sus herramientas críticas para la fabricación de chips. CNBC. https://www.cnbc.com/2024/01/02/asml-blocked-from-exporting-some-critical-chipmaking-tools-to-china.html
- Miller, C. (2022). La guerra de los chips: La lucha por la tecnología más crítica del mundo . Scribner.
- Moore, GE (1965). Amontonando más componentes en circuitos integrados. Electronics, 38 (8), 114–117.
- Nye, JS (2011). El futuro del poder . PublicAffairs.
- Orgaz, C. (2022, 14 de julio). El importante papel del “escudo de silicio” que protege a Taiwán de China. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57779013
- Taipei Times. (14 de marzo de 2026). TSMC obtiene casi el 70% del mercado de fundición de semiconductores de 2025. https://www.taipeitimes.com/News/biz/archives/2026/03/14/2003853777 El liderazgo de Taiwán en el sector de los chips . (10 de enero de 2026). Economy Insight. https://www.economyinsights.com/p/taiwans-chip-leadership
- Tintoré, A. (2025). El escudo de silicio de Taiwán se resquebraja . Política exterior. https://www.politicaexterior.com/el-escudo-de-silicio-de-taiwan-se-resquebraja/
- Departamento de Comercio de EE. UU., Oficina de Industria y Seguridad. (2 de diciembre de 2024). El Departamento de Comercio refuerza los controles de exportación para restringir la capacidad de China de producir semiconductores avanzados para aplicaciones militares [Comunicado de prensa]. https://media.bis.gov/press-release/commerce-strengthens-export-controls-restrict-chinas-capability-produce-advanced-semiconductors-military
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