El 28 de febrero de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ingresó en una fase de confrontación abierta tras una serie de bombardeos sobre territorio iraní. En este contexto, China emerge como un actor clave que, sin intervenir directamente, busca equilibrar sus intereses económicos, energéticos y geopolíticos mediante una estrategia de cautela y pragmatismo.








