La Copa Mundial 2026 se presenta como un acontecimiento histórico organizado por Estados Unidos, México y Canadá. Pero detrás de la celebración deportiva emerge una contradicción fundamental: ¿cómo organizar un evento basado en la libre circulación cuando uno de los anfitriones endurece las restricciones de ingreso? El rechazo al árbitro somalí Omar Artan, las restricciones a Irán y las dificultades de acceso para aficionados de países bajo prohibiciones migratorias convierten al torneo en un laboratorio político donde compiten la protección de las fronteras y la apertura al mundo.








