30/11/2021 BARCELONA

Ruanda, ¿el nuevo modelo institucional africano?

Este pequeño país de los lagos africanos fue epicentro de la atención internacional, entre los meses de abril y junio de 1994. El mundo observó con estupor, la ferocidad de la violencia étnica, en uno de los mayores genocidios de la humanidad. La crueldad desplegada entre los miembros de los clanes hutus y tutsis, se cobró la vida de millones de ruandeses y forzó el desplazamiento de cientos de miles.

Este pequeño país de los lagos africanos fue epicentro de la atención internacional, entre los meses de abril y junio de 1994. El mundo observó con estupor, la ferocidad de la violencia étnica, en uno de los mayores genocidios de la humanidad. La crueldad desplegada entre los miembros de los clanes hutus y tutsis, se cobró la vida de millones de ruandeses y forzó el desplazamiento de cientos de miles.

Vigilia por las víctimas del genocidio, 7 abril de 2014 [Foto: NBC News]

La segregación y la dominación militar, política, económica, de una etnia por sobre otras, es una dinámica ancestral y a la vez vigente, en gran parte del territorio africano. El fin del proceso colonizador europeo y el dibujo de los nuevos mapas fronterizos, no hizo más que incentivar esas rivalidades. Los límites nacionales fueron trazados desde una perspectiva europea, sin tener en consideración la composición demográfica local. De ese modo los flamantes países independientes albergaron en su seno a etnias adversarias.

En el caso ruandés, los tutsi y los hutus son los pueblos originarios de la región. Siendo los primeros miembros de clase nobiliaria, con varios reyes entre su linaje, los tutsi se han vinculados desde siempre a las prácticas militares, y a las actividades ganaderas. Los hutus son en número la amplia mayoría,  tradicionalmente  vasallos de los nobles tutsi, y  agricultores.

La independencia de  Ruanda fue proclamada en 1962, concluyendo con el período del mandato colonial belga. Aunque la constitución republicana, y la conformación de un gobierno local no consiguieron instaurar la paz, sino  agudizar el sometimiento racial.

El monopolio de la fuerza pública en manos del clan de los hutus, enfatizó la discriminación, la persecución y la exclusión de los tutsis.

La estructura política y gubernamental se desdibujó a lo largo de las siguientes décadas,  en  líderes autoritarios con baja legitimidad democrática. El sistema económico  anclado en la extracción de productos primarios, se mantuvo subvencionado por la asistencia financiera internacional. Las variaciones climáticas como sequías, o grandes lluvias, desnudaron la vulnerabilidad productiva, ocasionando grandes hambrunas para la población.

El Colapso de 1994

La noche del 6 de Abril de 1994 el país comenzó a teñirse de sangre. Un misil tierra-aire derrumbaba el avión presidencial sobre la pista del aeropuerto de Kigali. El magnicidio se registró por partida doble, ya que la aeronave trasladaba no sólo al presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, sino también a su par Cyprien Ntayamira de Burundi. En las horas que sucedieron al ataque, la Primera Ministra Agathe Uwilingiyimana, y un grupo de soldados belgas (miembros de las Naciones Unidas), también cayeron asesinados.

Los clanes hutus pusieron en marcha en ese mismo momento, los programas de exterminio. A los decesos en los edificios gubernamentales, le sucedieron múltiples masacres de civiles. Se estima que entre 800.000 y un millón de ciudadanos tutsis, fueron abatidos por la propia población hutus en espacios rurales y urbanos. Miles de tutsis se marcharon a Uganda, a la República Democrática del Congo y a Burundi en búsqueda de refugio.

Finalmente las tropas del Frente Patriótico tomaron el control de la capital, el 18 de julio de 1994, poniendo fin al gobierno hutus y a su plan de exterminio. Un análisis de Martínez, J.  sobre el infierno del genocidio ruandés, refiere que entre los meses de abril y junio de ese año, el país perdió un 11% de la población, y de ese porcentaje los tutsi decrecieron en un 80%.

Mercado en Kigali, Ruanda. [Foto: USAID vía Pixnio] https://pixnio.com/es/gente/multitud/ruanda-mercado-escena-abiertas-mercados-negocios

La reconstrucción comenzó con  la implementación de la Corte Internacional para Ruanda de Naciones Unidas (CPIR), este acto jurídico sentó el precedente para la sentencia por los cargos de genocidio. La formación del primer gobierno nacional de consenso (2000), integró por primera vez a funcionarios de ambas etnias. Es en este punto de la historia política ruandesa, cuando se consolida  la figura de Paul Kagame; un líder hutus formado académicamente y con trayectoria militar. Desde comienzo del milenio Kagame ejerce con un estilo marcadamente personalista la primera magistratura de su país, y  sobre un programa de objetivos  multidimensionales se ha propuesto pacificar la sociedad y reconstruir la magra base económica.

Un nuevo siglo, una nueva etapa

Dos décadas después de haber comenzado su mandato, Kagame aún continua en funciones, y los indicadores macroeconómicos dan cuenta de sus logros. La reconstrucción se ratifica en un crecimiento sostenido del PIB, así como en la apertura comercial de una economía  emergente. La progresión de la base demográfica, ha dotado a la nación de una gran franja etaria joven y activa laboralmente. Elementos que se ven enriquecidos por las graduales mejoras en los sistemas sanitarios, y en los niveles de educación. La unión social es otro de los méritos del presidente, la renovación de los símbolos nacionales (himno y bandera), y la eliminación del uso político de los mecanismos de diferencias étnicas, han contribuido con la tan ansiada igualdad social.

Sin embargo a pesar de haber favorecido una mayor equidad en la distribución del ingreso, el estilo de gobernanza del presidente Kagame, esta sujeto a críticas. La restricciones en la alternancia de los cargos públicos, la elevada concentración de atribuciones presidenciales y los magros índices democráticos, oscurecen la calidad institucional del país. Su estilo personalista, se enfrenta con el crecimiento de las denuncias de organizaciones de derechos humanos sobre desapariciones forzadas y asesinatos de opositores. Como el caso de Venant Abayisenga, miembro de la fuerza  Desarrollo y Libertad para Todos (DALFA-Umurinzi); quién hizo declaraciones públicas sobre torturas sufridas en los días de encarcelamiento y cuyo paradero sigue siendo aún desconocido. Se suman las denuncias por falta de libertad de expresión, contra blogueros que expusieron en la red social  YouTube,  los abusos de las fuerzas de seguridad en los meses del confinamiento por la pandemia del COVID-19, contra las mujeres. Dieudonné Niyonsenga (conocido Cyuma Hassan) y Fidèle Komezusenge, fueron apresados luego de revelar ese video.

Ruanda representa el arquetipo de la renovación y marca la senda de la resiliencia. Los efectos de las reformas multidimensionales: educativas, económicas, culturales y políticas, iniciadas a comienzo de este este siglo están dando frutos.  Este pequeño país africano ha edificado una estructura institucional política estable; ha dado paso a la apertura económica al mundo, y ha rediseñado su modelo social que por tradición presentaba rasgos de alta fragmentación, para dar paso a una comunidad integrada y pacífica.

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Maria Gomez


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