Pocas veces el cine deportivo se topa con figuras tan contradictorias como Marty Reisman, el jugador de ping-pong estadounidense que inspiró la película Marty Supreme de Josh Safdie. Campeón nacional, apostador compulsivo y purista del estilo hardbat, Reisman construyó una vida que oscilaba entre la gloria y la ruina. La película, protagonizada por Timothée Chalamet, no busca reconstruir fielmente los hechos, sino reinterpretar a un personaje que ya era, en sí mismo, una figura casi mítica.






