09/08/2026 MÉXICO

Autor: Máximo Rodriguez

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Cada año, cuando comienza Wimbledon, todos los jugadores deben vestir casi completamente de blanco. La norma se remonta al siglo XIX, cuando sudar en público era considerado vulgar entre las élites inglesas. Hoy, mientras otros Grand Slams apuestan por lo comercial, el torneo británico protege su imagen de tradición. Pero la tradición también generó críticas: recientemente se flexibilizó el reglamento para las mujeres ante preocupaciones vinculadas al ciclo menstrual. En una época donde el deporte busca reinventarse, Wimbledon hace lo contrario — y ahí radica su éxito.

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Pocas veces el cine deportivo se topa con figuras tan contradictorias como Marty Reisman, el jugador de ping-pong estadounidense que inspiró la película Marty Supreme de Josh Safdie. Campeón nacional, apostador compulsivo y purista del estilo hardbat, Reisman construyó una vida que oscilaba entre la gloria y la ruina. La película, protagonizada por Timothée Chalamet, no busca reconstruir fielmente los hechos, sino reinterpretar a un personaje que ya era, en sí mismo, una figura casi mítica.

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La disputa entre el presidente Javier Milei y Claudio "Chiqui" Tapia por el control del fútbol argentino escaló dramáticamente en las últimas semanas. Entre la promoción de las Sociedades Anónimas Deportivas, el escándalo de la "Copa fantasma" entregada a Rosario Central, y las denuncias judiciales contra Sur Finanzas, el conflicto expone las profundas tensiones entre la estructura tradicional de la AFA y el proyecto de modernización del Gobierno nacional.

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El mundo está polarizado, las tensiones geopolíticas escalan y los gobiernos se enfrentan. Pero hay un espacio donde enemigos pueden ser aliados, donde rivales se respetan, donde la humanidad compartida prevalece: el deporte. La diplomacia deportiva no es una tendencia pasajera; es el lenguaje universal que la política moderna ha olvidado hablar.