18/08/2026 MÉXICO

El simbolismo como herramienta de comunicación. El caso de Colombia


Los símbolos han acompañado la política desde hace siglos, pero en la era de las redes sociales se han convertido en una de las herramientas más poderosas para construir narrativas, conectar con los ciudadanos y definir la identidad de un gobierno incluso antes de que comience a gobernar.

Colombia, como la gran mayoría de países de América Latina y del mundo, ha visto cómo la comunicación política ha encontrado en el simbolismo y en el populismo una de sus herramientas más efectivas en los últimos años. Las banderas, los colores, los lugares elegidos para un discurso o incluso la forma de vestir de un líder comunican tanto como sus palabras.

Esta forma de comunicación ha estado muy presente durante los últimos cuatro años (4) en el gobierno de Gustavo Petro. El presidente ha recurrido en varias ocasiones a símbolos con fuerte carga histórica y política, desde desenfundar la espada de Simón Bolívar durante su posesión, hasta exhibir públicamente la bandera de “Patria o Muerte”, utilizada durante la campaña independentista del siglo XIX, además de celebrar numerosos actos públicos junto a comunidades históricamente marginadas. Ahora, su sucesor parece dispuesto a llevar esa estrategia un paso más allá.

Bandera de Colombia. Fuente: Krocinstitute.

En los últimos días, Abelardo de la Espriella-presidente electo del país-ha abierto un debate de interés nacional tras anunciar su intención de tomar posesión en el departamento del Cauca, al sur del país. La decisión no es menor, pues además de ser un hecho inédito en la historia de Colombia, esta es una de las regiones más golpeadas por la violencia, pues grupos armados ilegales como las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo mantienen una presencia activa y han protagonizado atentados y acciones violentas de manera recurrente en los últimos años.

Más allá de las implicaciones logísticas o de seguridad que pueda implicar celebrar esta ceremonia en una región históricamente tan complicada, la decisión tiene un fuerte componente simbólico. Escoger el Cauca como escenario para la posesión no solo define el lugar de una ceremonia, sino que también envía un mensaje sobre las prioridades, la autoridad del Estado y la narrativa con la que el nuevo gobierno quiere iniciar su mandato.

Aunque este lunes 27 de julio se anunció que el acto de posesión ya no se realizaría en el Cauca, sino en Cali, algo que no modifica el mensaje que el nuevo gobierno busca transmitir. De hecho, el equipo del presidente electo también ha manifestado que Abelardo de la Espriella no tendría la intención de despachar de manera permanente desde el Palacio de Nariño, sino de trasladar parte de la actividad presidencial a las regiones, especialmente a Barranquilla.


Más que decisiones logísticas, se trata de gestos que buscan construir una narrativa desde el inicio del mandato.

La discusión, sin embargo, va mucho más allá de un lugar en particular. Realmente, pone sobre la mesa un fenómeno que ha ganado cada vez más relevancia en Colombia y es el uso del simbolismo como herramienta de comunicación política.

Presidente electo de Colombia: Abelardo de la Espriella. Fuente: Wikimedia Commons.

Los gobiernos no solo comunican a través de discursos o decisiones, también lo hacen mediante los escenarios que eligen, los gestos que realizan y las imágenes que buscan proyectar.

En una sociedad cada vez más influenciada por las redes sociales y el impacto visual, estos símbolos suelen convertirse en la primera carta de presentación de un gobierno y más de uno elegido como el del candidato en cuestión, quien durante toda la campaña se dedicó a usar símbolos patrios para impulsar su popularidad.

El saludo militar, el uso de la camiseta de la Selección Colombia o la música popular lograron calar profundamente en el electorado, al punto que pasó de ser prácticamente un desconocido al principio de la campaña a ganar la primera vuelta con algo más del 40% de los votos.

Un fenómeno de años

Pero este fenómeno no comenzó con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño, ni tampoco con el gobierno de Gustavo Petro. El uso de símbolos como herramienta de comunicación ha acompañado a los líderes políticos durante décadas, aunque en los últimos años ha adquirido una mayor relevancia gracias a las redes sociales y a una ciudadanía que consume la información cada vez más a través de nuevos canales.


Álvaro Uribe, por ejemplo, construyó buena parte de su narrativa alrededor de los consejos comunitarios y de una imagen de cercanía con las Fuerzas Militares y las regiones. Juan Manuel Santos convirtió la firma del Acuerdo de Paz con las FARC en el Teatro Colón en uno de los actos más representativos de su gobierno, utilizando un escenario con una profunda carga histórica e institucional para enviar un mensaje de reconciliación y de respaldo del Estado al proceso.

En ese contexto, las decisiones anunciadas por De la Espriella parecen responder a la misma lógica. Elegir inicialmente el Cauca como escenario de la posesión, plantear un gobierno con mayor presencia en las regiones o incorporar símbolos nacionales durante la campaña forman parte de una estrategia orientada a construir una narrativa desde el primer día.

Es importante mencionar que los símbolos permiten condensar ideas complejas en una sola imagen y conectar con las emociones de los ciudadanos de una manera que difícilmente logran otro tipo de acciones.

Para los colombianos, que han visto en la inseguridad y el escalamiento del conflicto uno de los mayores problemas de los últimos años, la presencia en los territorios y el empoderamiento de las Fuerzas Militares es un motivo para creer que esta realidad puede revertirse.

Conclusión

Sin embargo, el verdadero reto para cualquier gobierno no está en construir una narrativa atractiva, sino en lograr que su narrativa encuentre respaldo en la realidad.

Los símbolos pueden abrir un mandato, generar expectativa o fortalecer un liderazgo, pero con el tiempo serán las decisiones y los resultados los que terminarán definiendo el legado de un presidente.


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Carlos Eduardo Gonzalez

Comunicador social y periodista, con especialización en Economía y máster en Relaciones Internacionales. Cuento con más de 10 años de experiencia en periodismo económico y comunicación estratégica en sectores como transporte, comercio, geopolítica, entre otros.


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