07/06/2026 MÉXICO

El desabastecimiento médico como arma geopolítica en Oriente Medio

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En los conflictos contemporáneos de Oriente Medio, la eficacia militar ya no se mide solo por los impactos de los misiles, sino por la capacidad de degradar los sistemas de soporte vital de la población civil. El desabastecimiento provocado de suministros médicos en Gaza y Líbano opera como un multiplicador silencioso de la mortalidad. A través de la securitización de la ayuda y la doctrina del "doble uso", cilindros de oxígeno, equipos de radiología y anestésicos son bloqueados bajo argumentos de seguridad. El espacio sanitario se ha configurado como la frontera moral de la soberanía contemporánea.

Mientras la comunidad internacional mide el impacto de los misiles, una estrategia silenciosa de asfixia logística redefine la guerra moderna. A través de la securitización de la ayuda y la doctrina del “doble uso”, las fronteras operan como dispositivos de necropoder diseñados para quebrar la resiliencia civil y vaciar territorios.

En el análisis de las relaciones internacionales, el concepto de violencia en un conflicto armado ha dejado de limitarse a la destrucción física directa provocada por las armas. Los escenarios actuales en Oriente Medio, específicamente en la Franja de Gaza y el Líbano, demuestran que la eficacia militar de un actor no solo se mide por los impactos de sus misiles, sino por su capacidad para degradar calculadamente los sistemas de soporte vital de la población civil. Dentro de las dinámicas de la guerra asimétrica, aquellas con “grandes diferencias cualitativas o cuantitativas entre las capacidades de ambos bandos” (Delgado & Salvador, 2022), el desabastecimiento provocado de suministros médicos ha emergido como una forma sutil pero devastadora de violencia estructural.

El colapso operativo de los hospitales en estas regiones no es un accidente geográfico ni un simple daño colateral de los bombardeos. Responde, por el contrario, a una estrategia de asfixia logística que desafía el principio de inmunidad médica. El desabastecimiento de insumos esenciales, que abarca desde anestésicos y material quirúrgico hasta el combustible necesario para los generadores eléctricos de las unidades de cuidados intensivos, opera como un multiplicador silencioso de la mortalidad. Para comprender este fenómeno, es necesario entender que la salud ha dejado de ser un derecho humanitario aislado para convertirse en un activo geopolítico: un elemento que se controla y se raciona para debilitar la resiliencia y la capacidad de resistencia de una sociedad entera.

“La Asociación Médica Mundial expresó en una declaración hoy que la neutralidad de los médicos y otros profesionales de la salud debe ser respetada durante los conflictos armados y los disturbios civiles. No se les debe impedir que cumplan con su deber ético, moral y profesional.” (Asociación Médica Mundial, 2011)

Bloqueos burocráticos y la doctrina del “doble uso”

Para entender cómo un hospital se queda sin antibióticos o gasas, el análisis debe trasladar su mirada de las salas de urgencias hacia los puestos de control y las aduanas. En la teoría del realismo político, el control del territorio y de los flujos fronterizos es la manifestación más pura del poder del Estado. En los casos de Gaza y Líbano, este poder se ejerce mediante un proceso de securitización de la ayuda: el ingreso de medicamentos, ambulancias y alimentos deja de ser tratado como un asunto humanitario y pasa a ser gestionado estrictamente como una potencial amenaza a la seguridad militar.

“Esta paradoja se ve exacerbada cuando en un conflicto armado los donantes intentan jugar a la vez un rol humanitario y un rol político. En la práctica, el objetivo político de la intervención es priorizado frente al humanitario, prevaleciendo las estrategias de construcción estatal y de contraterrorismo.” (Silva Sánchez, 2015)

El mecanismo técnico utilizado para justificar esta asfixia es la aplicación de la doctrina de los bienes de “doble uso”. Esta normativa establece que ciertos productos civiles de importación ordinaria pueden ser prohibidos si existe el riesgo de que un grupo armado los desvíe para fines militares. Bajo esta lógica, las fuerzas de inspección estatales restringen de manera discrecional la entrada de cilindros de oxígeno —bajo el argumento de que el metal puede usarse para fabricar cohetes—, equipos de radiología portátil —por sus componentes electrónicos— o incluso ciertos anestésicos y soluciones salinas.

“Desde morfina hasta mangos de bisturí, los proveedores de atención médica narran cómo las restricciones generalizadas e impredecibles, impuestas por las autoridades israelíes bajo el pretexto de limitaciones de artículos de ‘doble uso’, resultaron en dolor y angustia previsibles, graves y a menudo evitables para las mujeres, los hombres y los niños que acudieron a ellos en busca de atención.” (Physicians for Human Rights, 2025)

Suministros médicos y medicamentos. Foto: Maks Gelatin / Pexels

Esta parálisis burocrática genera un cuello de botella logístico crónico. Organismos multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ven obligados a operar bajo un esquema de “goteo regulado”. Los camiones cargados con ayuda internacional pasan semanas retenidos en las fronteras esperando autorizaciones. Así, la burocracia aduanera y el papeleo militarizado se institucionalizan como un arma de desgaste estratégico tan efectiva como el armamento convencional.


La geopolítica del asedio y la territorialización del sufrimiento

El desabastecimiento médico no debe evaluarse como un problema de gestión hospitalaria, sino como una proyección de poder sobre el espacio geográfico. En la geopolítica clásica, el control del territorio siempre ha dependido de la capacidad de cortar las líneas de suministro del adversario. Sin embargo, en los conflictos contemporáneos de Oriente Medio, el asedio ya no busca solo rodear una fortaleza militar; busca rodear biológicamente a poblaciones enteras, transformando la frontera en un dispositivo de estrangulamiento estratégico.

Este fenómeno se explica a través de la territorialización de la vulnerabilidad. Al restringir deliberadamente los flujos de insumos médicos hacia Gaza o determinadas regiones del Líbano, el actor hegemónico redibuja el mapa de la región, dividiéndolo entre “zonas seguras” y “zonas de exclusión vital”.

Desde la perspectiva de la geopolítica crítica, esta manipulación de los flujos de supervivencia introduce el concepto de necropoder: el uso del espacio soberano para gestionar quién tiene acceso a la vida y quién es expuesto a la degradación biológica masiva. El desabastecimiento sanitario inducido funciona entonces como una estrategia de vaciamiento territorial. Al hacer insostenible la vida dentro de un área determinada debido al colapso sanitario, se incentiva el desplazamiento forzado de poblaciones o se fractura la cohesión territorial del adversario, logrando objetivos geopolíticos de control del espacio sin la necesidad de una ocupación militar permanente a gran escala.

“El necropoder se devela como una fuerza política legitimada por el Derecho que se echa mano de los rasgos sociobiológicos de los individuos para incrementar legitimidad en diversos centros de poder.” (Achoy Sánchez, s.f.)

La erosión del derecho internacional humanitario

El desabastecimiento médico provocado plantea un debate crítico sobre la vigencia del derecho internacional humanitario (DIH). Los Convenios de Ginebra establecen con total claridad que los hospitales, el personal médico y los vehículos de emergencia sanitaria son neutrales y deben ser protegidos activamente por todas las partes en conflicto. El bloqueo intencional de asistencia médica esencial constituye, bajo la jurisprudencia internacional, una violación directa de estas normas.


Sin embargo, la persistencia de estas prácticas en el escenario internacional contemporáneo refleja una tensión fundamental entre dos corrientes teóricas: el liberalismo institucional y el neorrealismo. Mientras el primero confía en que las leyes y las organizaciones internacionales pueden regular el comportamiento de los Estados y proteger a los civiles, el neorrealismo argumenta que, en un sistema internacional anárquico, los Estados prioritariamente actúan bajo su propio interés militar y de supervivencia, ignorando los tratados si consideran que estos limitan sus objetivos estratégicos.

Vehículos de la ONU en una carretera cubierta de escombros durante operaciones humanitarias. Foto: Safi Erneste / Pexels

Cuando la comunidad internacional normaliza que los hospitales se queden desabastecidos o que las ambulancias sean retenidas en las fronteras sin consecuencias punitivas reales para los infractores, se produce un vaciamiento de la norma legal. El peligro de esta erosión no se limita a Oriente Medio, sino que sienta un precedente global donde las reglas de la guerra se vuelven opcionales, debilitando la seguridad colectiva de todo el sistema internacional.

Conclusión

El desabastecimiento médico provocado en los conflictos de Oriente Medio no representa una simple anomalía técnica dentro de la guerra, sino la consolidación de una profunda crisis moral en la geopolítica contemporánea. El análisis de las dinámicas en Gaza y el Líbano demuestra que los flujos de asistencia sanitaria han sido completamente integrados a las doctrinas de desgaste estratégico. Sin embargo, cuando la frontera se utiliza para regular selectivamente las condiciones biológicas de supervivencia de un territorio, el daño no es solo geopolítico: se produce una devaluación ontológica del adversario, donde la vida civil es despojada de su valor intrínseco y reducida a una variable de negociación o a un costo tolerable en el cálculo del poder.

Esto plantea un dilema ético fundamental para el orden global: si los Convenios de Ginebra pueden ser eludidos mediante tecnicismos burocráticos y argumentos de seguridad, la norma jurídica deja de proteger y pasa a legitimar la asfixia del más vulnerable. La complicidad por omisión de la comunidad internacional ante estas prácticas sienta un precedente nefasto, donde el derecho a la vida queda condicionado por la posición que un pueblo ocupa en el tablero de las grandes potencias.

En última instancia, el espacio sanitario se ha configurado como la frontera moral de la soberanía contemporánea. El éxito o fracaso de la arquitectura de seguridad internacional en las próximas décadas no se medirá únicamente por su capacidad para mantener un equilibrio de poder o negociar altos al fuego pragmáticos. Se medirá por su aptitud ética para impedir que la supervivencia humana sea territorializada y utilizada como mecanismo de coacción. Permitir que el acceso a un anestésico o a una gasa estéril dependa del cálculo militar es aceptar la deshumanización total de la política global, renunciando al principio moral básico de que, incluso en la cúspide de la hostilidad, la dignidad humana debe permanecer inviolable.


Referencias

Achoy Sánchez, J. M. (s.f.). Necropoder: el Derecho y la Política entre los vivos y los muertos. Dialnet. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7053393

Asociación Médica Mundial. (15 de octubre de 2011). Neutralidad de médicos debe ser respetada durante conflictos armados y disturbios civiles. https://www.wma.net/es/news-post/neutralidad-de-medicos-debe-ser-respetada-durante-conflictos-armados-y-disturbios-civiles/

Delgado, S. & Salvador, J. (5 de agosto de 2022). ¿Qué es una guerra asimétrica? El Orden Mundial. https://elordenmundial.com/que-es-guerra-asimetrica/

Physicians for Human Rights. (9 de julio de 2025). “Podíamos haber salvado a muchos más”: Angustia y muerte causadas por las restricciones israelíes al suministro de material médico en Gaza. https://phr.org/our-work/resources/we-could-have-saved-so-many-more/

Silva Sánchez, V. (20 de julio de 2015). La securitización de la ayuda humanitaria: efectos, consecuencias y alternativas. IECAH. https://iecah.org/la-securitizacion-de-la-ayuda-humanitaria-efectos-consecuentcias-y-alternativas/

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Malena Giampieri

Estudiante de Relaciones Internacionales (2° año) en la Universidad Blas Pascal (Córdoba, Argentina). Me interesan la historia, la política, el ciberespacio y los fenómenos internacionales. Poseo una mirada crítica y analítica que me impulsa a cuestionar lo establecido, explorar nuevas perspectivas y contextualizar los hechos globales. Estoy convencida de que comprender el mundo es el primer paso para transformarlo y, sobre todo, para mejorarlo.


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