15/12/2017 BARCELONA

Colombia: Proceso de paz archivos - United Explanations

FotoPortada-ColombiaELN.jpeg

13min21440

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) nació, en 1964, de la convergencia de dos ideas: la Revolución Cubana y la Teología de la Liberación. Desde entonces, se convirtió en la segunda guerrilla de Colombia. Ahora, después de medio siglo de guerra, el ELN se suma a un proceso de paz histórico que ha llevado al entendimiento entre el gobierno y las FARC. ¿Estamos ante la paz definitiva en Colombia?


11954851083_82cd3a798b_o-1170x731.jpg

19min7900

El inicio de las negociaciones entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno colombiano han pasado desapercibidas. Sin embargo, ¡no son menos importantes! En este artículo te contamos la historia de la organización marxista-leninista que bebe de la revolución cubana, las tácticas del Che, y que se ha diferenciado, por criterios morales, de las FARC.


20438679974_040752f23d_o-1170x731.jpg

14min7750

La frontera con Venezuela y los retos actuales

La victoria del “no” ha representado una sacudida para una Colombia que ya se había creído el fin de la guerra. La negativa a refrendar los Acuerdos de Paz, resultado de las negociaciones de La Habana que se iniciaron hace cuatro años por el gobierno de Juan Manuel Santos, deja al país en un limbo político, jurídico y social en el que la desazón se combina con una profunda incerteza sobre qué pasará a partir de ahora. A pesar del elevado abstencionismo, que explica en gran medida el resultado del plebiscito – el “no” ganó con apenas un 15% de los votantes –, la mayor parte de la población daba por hecho que el “si” representaba la única salida a un conflicto que lacra el país desde la década de los 60. Este espaldarazo al gobierno actual, constituye una nueva etapa política en la que el único modo de evitar una nueva espiral de violencia, pasa por la reestructuración de la estrategia llevada a cabo hasta ahora.

Manifestantes celebrando la victoria del “no” tras el plebiscito celebrado el pasado 3 de octubre en Colombia [Foto: AP Photo/Ariana Cubillos vía Flickr].

A Colombia le urge reaccionar y además de llevar a cabo prospecciones de futuro, analizar con detenimiento los resultados en aras de identificar dinámicas que, por otro lado, no son ajenas al conflicto. La distribución territorial del voto pone de manifiesto la profunda brecha centro-periferia que divide a Colombia y sus implicaciones en cuanto al trato diferencial que reciben las diferentes zonas geográficas del país: la mayoría de regiones que obtuvieron un “sí” rotundo son aquellas que concentran los datos más elevados de pobreza, desigualdad y que, en la mayoría de los casos, su condición periférica se combina con la de zona transfronteriza.

Por este motivo, llevar la atención a la situación actual de los territorios fronterizos de Colombia es fundamental para poder dar pasos sólidos en el camino hacia la paz.

 ¿Qué ocurre en la frontera? La cuestión de la delincuencia

En la frontera entre Colombia y Venezuela, sin institucionalización, sin diálogo, sin confianza y con un flujo incansable de personas que alejadas de acuerdos, votaciones y procesos políticos pretenden mejorar su situación, las cosas se complican. Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, es uno de los puntos calientes de esta frontera. Sin embargo, no es ni mucho menos en único de los problemas de la frontera entre Colombia y Venezuela. De los cinco países con los que hace frontera Colombia, “la raya” colombo venezolana no es sólo la más extensa, sino en la que se produce la mayor interacción. Esta zona geográfica, que concentra dos de los temas más substantivos para el proceso de paz como lo son la cuestión de las tierras y el narcotráfico, ha sido también testigo de algunos de los mayores escenarios de conflictos de la guerrilla. Además, en caso de que se mantenga lo acordado respecto a la desmovilización de las FARC, muchas de estas regiones albergarán muchos de los campamentos que se instalarán de manera provisional.

Puente que atraviesa el río Orinoco entre Colombia y Venezuela, uno de los pasos legales que atraviesan la frontera [Foto vía Flickr].

Se trata de territorios en los que el incremento de los niveles de delincuencia y personal armado se juntan con unas cada vez más complicadas posibilidades de sobrevivir para los venezolanos. Se da por lo tanto la situación idónea para que emerjan grupos criminales para los que el uso de las armas, ligado a la extorsión u otras actividades ilícitas se convierte en prácticamente el único modo de subsistencia. Este entorno desde luego será lo que menos le convenga a los jóvenes desmovilizados que no conocen otra alternativa a la de la guerra y el crimen, por lo que existe un riesgo elevado de que, en caso de fracasar las estrategias de integración en la sociedad colombiana, encuentren su lugar en las filas de estos grupos criminales. Podría darse así un traslado del conflicto guerrillero a las bandas armadas que predominan en la mayoría de países del continente. Estas escaladas de violencia tienen una solución complicada y, si bien el acuerdo abría la posibilidad de aminorar la tensión en la parte colombiana, la venezolana continúa siendo no sólo un riesgo sino una grave amenaza de cara al futuro.

Todos estos elementos encuentran su arraigo en la debilidad de los organismos públicos a ambos lados de la frontera. La corruptela que se lucra a costa de la necesidad de los venezolanos por acceder a bienes y servicios convierte a las zonas fronterizas en un territorio donde el empleo informal asciende al 80%. Estas actividades corruptas en la frontera alcanzan su mayor punto de peligrosidad en 217 puntos de “la raya”. Las llamadas trochas, son una “tierra de nadie” y la única esperanza de muchos ciudadanos que han visto imposibilitado el acceso a Colombia por los puentes legales debido a los frecuentes cierres de las fronteras. Además, se trata de una alternativa para colombianos retornados con cédulas ilegales o vencidas para pasar desapercibidos por los oficiales que vigilan la frontera. Estos son los mismos que actúan en connivencia con los guajiros, los “coyotes” que realizan los traslados a través de zonas ilegales a cambio de elevadas cantidades de dinero del que los venezolanos a penas disponen.

Los problemas migratorio y ambiental

Del mismo modo que Venezuela acogió un elevado número de colombianos desplazados del conflicto y migrantes económicos debido a la situación favorable de su economía en períodos anteriores, hay ahora mismo muchos venezolanos, colombo-venezolanos y colombianos retornados o deportados que representan un reto migratorio en la situación actual del país. Recientemente se ha observado una tendencia al aumento de comentarios discriminatorios hacia los migrantes venezolanos a los que se les acusa de aceptar trabajar a pesar de su sobrecualificación debido a la gratuidad del sistema educativo de Venezuela.

La comunidad de los wayú, la más grande en ambos países, es originaria de la Amazonía [Foto vía Flickr].

También desde el punto de vista ambiental, las desavenencias a nivel político están provocando graves problemas que, en caso de no ser abordados, se pueden convertir en irreversibles. La línea trazada para dividir los territorios colombo-venezolano atraviesa parques naturales como el Parque Nacional Natural (PNN) de Catatumbo Barí y Tamá – en lo referente a la parte colombiana. Lo mismo ocurre con algunas comunidades indígenas que viven de manera transfronteriza como es el caso de los wayu, localizados entre los departamentos del La Guajira, en Colombia y el estado de Zulia en Venezuela. Desde la academia, y otros asesores estratégicos se produce un constante hacia las autoridades para que dejen atrás una actitud de reproches para comenzar a construir proyectos conjuntos basados en la colaboración ya que las pérdidas de ecosistemas o la violación de derechos indígenas se pueden convertir en problemas de alcance inimaginable para ambos países.

¿Cuáles son las alternativas?

De acuerdo con la especialista Socorro Ramírez, el primer cambio pasa por modificar la perspectiva con la que se abordan los problemas fronterizos. Aumentar la participación local es fundamental para reducir la brecha centro-periferia, al menos en el lado colombiano ya que las dinámicas que se generan en estos territorios nada tienen que ver con las realidades de Bogotá o Caracas. Tanto es así, que atendiendo a las percepciones locales, se da la siguiente paradoja: los habitantes de los territorios fronterizos tienen una mayor sensación de integración, consecuencia de sus propias dinámicas. Sin embargo, identifican que la intervención estatal destartala esta relativa estabilidad ya que entienden las fronteras como un “todo” sin tener en cuenta sus propias dinámicas diferenciadas.

Además, son necesarias colaboraciones binacionales en forma de proyectos de integración transfronterizos que permitan abordar las cuestiones relativas a la frontera de manera conjunta por ambos países. Muestra de ello son las exitosos Zonas de Integración Fronteriza (ZIF) en la frontera con Ecuador, donde la creación de comités territoriales permitió la gestión de cuestiones hasta el momento litigiosas. La alternativa de la excesiva militarización y la configuración de los conflictos fronterizos de manera unilateral, no significa más que la repetición de los errores del pasado. Concretamente, en casos como la frontera con Venezuela, el apoyo de organizaciones regionales como la UNASUR probablemente fuera necesario para hacer un seguimiento de las estrategias de resolución de conflictos debido a que trata, en muchos casos de situaciones que podrían ser tildadas de crisis humanitarias que, por su condición de región fronteriza se combinan con otras dinámicas de carácter transnacional como lo es el narcotráfico, la trata de blancas o el crimen transnacional organizado.

Sin duda, la situación actual de polarización no hace más que agravar las cosas, sobre todo ligado a la articulación de las alianzas entre la oposición venezolana en alianza y los uribistas y partidarios del “no” a los acuerdos. Esto ha sido utilizado por Maduro para bloquear cualquier tipo de colaboración, y como vaya a ser gestionado a partir de ahora representa un riesgo elevado. Sería una enorme imprudencia para Colombia subestimar el potencial riesgo que existe en su frontera con Venezuela ya que, entre otros motivos, podrían debilitar mucho las garantías que ofrece el estado, en un momento en el que fortalecer su institucionalidad será clave para asegurar el éxito del proceso de paz.

 Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


Iris Aviñoa03/10/2016
FotoPortada-entrevistaFARC-1170x731.jpg

38min9221

“No quiero que me encasillen con la etiqueta de desmovilizada toda mi vida”

Diana Forero es una apasionada de las matemáticas. También es una enamorada del flamenco, y dice que algún día quiere aprender a cantar como Lola Flores. Tiene una risa contagiosa y desprende vitalidad. Diana se unió a la guerrilla de las FARC con 23 años, y logró huir 11 años y medio después, acompañada de su hijo recién nacido y de su marido. Volvió a la casa de sus abuelos, la más antigua del barrio, que construyeron hace 52 años, los mismos que cumple el conflicto entre la guerrilla más vieja del continente americano y el gobierno colombiano. Diana es una excombatiente, aunque tras 6 años en el proceso de reintegración, tiene clara una cosa: no va a ser una desmovilizada toda la vida. Ahora cuenta su historia para tratar de luchar contra la estigmatización que asegura sufren las 50.000 personas desmovilizadas en el país, que como ella se esfuerzan día a día por salir adelante.

¿Por qué decidió unirse a las FARC?

Diana Forero en una jornada con víctimas del conflicto armado [Foto cedida por Diana Forero].
Diana Forero en una jornada con víctimas del conflicto armado [Foto cedida por Diana Forero].

Por diversos factores. Las personas no se van por una sola cosa para un grupo armado. En mi caso yo no conocí a mi papá y mi mamá me abandonó recién nacida; no tuve un núcleo familiar estable, me criaron mis abuelos y crecí pensando que no era responsabilidad de nadie y que tampoco tenía responsabilidad con nadie. Me fui a los 16 años para Bogotá a estudiar a la Universidad Nacional, porque era muy buena estudiante a pesar de todo. Hay gente que dice: “¿cómo siendo inteligente se fue para allá?” Pues porque hay muchos tipos de inteligencia, era inteligente para las cuestiones académicas pero carecía por completo de inteligencia emocional. No sabía cómo tratar a las personas y no sabía cómo quererme a mí misma, tenía muchos problemas psicológicos, derivados del haberme sentido sola casi toda la vida. Estudié Ingeniería Civil, y me tocó muy duro porque estudiaba y trabajaba, a pesar de que tuve un préstamo de la universidad no alcanzaba a pagar todas mis cuentas, faltaba mucho a clase y el último semestre perdí muchas asignaturas, y con eso perdí el cupo de la universidad. Al año siguiente murió mi abuelo y ahí me acabé de sentir desamparada en el mundo, sentí que mi vida no tenía ni rumbo ni fin. Este sentimiento me llevó a buscar una salida. Pensaba que ya que mi vida no tenía sentido iba a hacer que mi muerte sirviera para algo. Y me fui a buscar a la guerrilla.

¿Había también una motivación ideológica?

Sí, sentía que iba a hacer algo que valía la pena, creía que los ideales de la guerrilla eran válidos y que luchaban por el bienestar común de las personas. Si el sistema no tenía respuestas para alguien como yo que no tenía familia y no tenía apoyo de nadie, significaba que las cosas estaban mal formuladas y quería cambiarlas. Y me fui para Caquetá porque escuché que la guerrilla estaba concentrada en esa zona porque iban a empezar los diálogos del Caguán. Me dejaron esperando en un caserío, y a los días me recogieron y me preguntaron: “Lo pensó mejor?” Y dije: “Sí, estoy decidida, me voy con ustedes”. Me quedé ahí en el bloque oriental un año y medio, pero cometí una grave indisciplina, me insubordiné contra un mando de escuadra, me sancionaron y me trasladaron al otro lado del país, al Valle. Estuve con ellos un año en el bloque móvil Arturo Ruiz y al año esta unidad se iba para otra parte pero yo no aguantaba la caminata porque tenía una lesión en la rodilla. Me dejaron en el comando que opera en el Tolima y Huila. Y ahí duré 8 años. Primero estuve en la emisora del comando, mi trabajo consistía en hacer mezclas de sonido y edición de audio; y después de eso en la guardia de Jerónimo, donde dictaba cursos de cartografía. Les enseñaba a los muchachos a ubicarse en el terreno, a dibujar croquis muy básicos, a entender un mapa; también hacía alfabetización, les enseñaba a leer, a escribir, las operaciones básicas. En esos 8 años hice muchas cosas pero casi todas relacionadas con un computador, ese era mi trabajo.

Diana Forero en una jornada con víctimas del conflicto armado [Foto cedida por Diana Forero].
Diana Forero en una jornada con víctimas del conflicto armado [Foto cedida por Diana Forero].

¿Cómo era la relación con sus compañeros?

En parte era tensa, porque había temas que no se podían tratar con los compañeros. Si uno estaba aburrido de la guerrilla no lo podía decir porque podían traicionarte y decirle al comandante. Hubo un caso de un muchacho muy joven que murió porque la propia compañera [sentimental] lo sapeó, dijo que se iba a escapar y lo detuvieron, le hicieron un consejo de guerra y lo mataron. No confiaba del todo en nadie. Pero sí, claro, uno tiene amigos. Tenía una compañera, la tigra, la quería mucho, me salvó la vida las dos veces que me accidenté. También me hacía amiga de los niños porque me daba pesar verlos allá. Recuerdo a Andrés, le decían la chirgua porque era muy flaquito y larguito, tenía 13 años cuando le conocí. Había sido maltratado, pasó hambre y se fue para la guerrilla por pura y física hambre, por no aguantar más malos tratos. Traté de enseñarle cosas: a manejar el computador, la radio, el gasto del economato, para que no lo llevaran a luchar; pero siempre lo llevaban, y una vez el Ejército lo mató en una emboscada. Tenía 16 años, era un niño, no tenía por qué haber pasado todo lo que pasó. Pero lamentablemente hay muchos niños así allá, y la mayoría mueren antes de completar la mayoría de edad.

¿Cuántos años estuvo en la guerrilla?

Once y medio.

¿En qué momento empezó a pensar en abandonarla?

Cuando esa clase de cosas empezaron a pasar, cuando empezaron a morírseme los niños. Antes de Andrés se murió otra niña, tenía 16 años también. Le llamaban Tania, era increíblemente bella, no solo por fuera sino también por dentro. Yo le llamaba mi reina, porque parecía una reina de belleza. Nos bombardearon el 3 de enero de 2009 y mi reina estaba durmiendo en una caleta cercana. Como a la 1 y media de la mañana escuché un zumbido que me despertó, eran las bombas que venían cayendo. Alcancé a gritar. Cayeron todas alrededor, como a 3 o 4 metros. Escuchaba a los demás heridos gritando, pero no escuchaba a la reina. La llamaba pero no me contestaba, y pensé que había salido. Unos muchachos se devolvieron a buscarla y al cabo de un rato volvieron con la noticia de que la había despedazado una bomba. Fue muy triste, me dio muy duro. Ese mismo día nos tocó salir río arriba porque el ejército desembarcó. Cuando salimos un niño se nos extravió. Le decíamos el general pucheque, tenía 13 o 14 años, pero llevaba como 6 años andando con la guerrilla. Se crió allá, era un niño sin papá ni mamá que andaba rodando por un caserío vendiendo alguna vaina y pasó la guerrilla y le dijo que dejara de trabajar y se uniera a ellos. A él le parecía muy divertido porque, a pesar de tener que andar mucho y cargar pesado, tenía muchos amigos y jugaba casi todo el tiempo. Se perdió y se fue a esconder a una casa, pero los soldados lo vieron y le dispararon. No le dejaron ni acercarse, si le hubieran dejado acercarse habrían visto que era un niño. Tres días duramos por el río arriba llevando los heridos en camilla. Y me fui pensando toda la vida que habían dejado de vivir esos niños. Nunca conocieron lo que fue en realidad la vida, nunca fueron felices. Vinieron a este mundo a sufrir nada más. Y dije no: yo tengo que salir de aquí y vivir, no solo por mí sino por mi reina, por Andrés y por pucheque, y aprovechar y hacer todo lo que ellos no pudieron hacer. En ese momento decidí que tenía que huir, que no podía seguir desperdiciando mi vida.

¿Se escapó en ese momento?

No, sólo lo pensé pero no dije nada a nadie. En esos días mandaron otras unidades para ayudarnos tras el bombardeo y entre ellos llegó el que ahora es mi marido. Llevamos juntos desde entonces, más de 7 años. Y como al mes me di cuenta que estaba embarazada. Él se puso muy feliz pero nos tocó esconder el embarazo unos meses.

¿No permiten tener hijos a los combatientes?

No, hay planificación obligatoria, y si de todas maneras te quedas embarazada y se enteran en los primeros meses te obligan a abortar. Casi no hay hijos de combatientes rasos; de comandantes hay algunos. Lo escondimos 3 meses y medio, pero no pudimos esconderlo más tiempo porque yo me encontraba muy mal. Mandaron a un médico que confirmó que estaba embarazada. Cuando el comandante se enteró me amenazó con matarme. Yo empecé a temer por mí vida y la de mi hijo, y me tomé la libertad de escribirle una carta a Alfonso Cano, que era el jefe de Estado Mayor Central. Nunca lo llegué a conocer, lo vi por televisión nomás, pero por reglamento todos los combatientes teníamos derecho a escribir a los jefes. Cano contestó a los 15 días diciéndole a mi comandante que si me pasaba algo le haría responsable a él y que me tenía que dejar en una finca para que me cuidara el resto del embarazo y garantizarme la comida y las cosas básicas.

Diana Forero imparte un curso sobre resolución de conflictos a líderes comunitarios [Foto realizada por Iris Aviñoa].
Diana Forero imparte un curso sobre resolución de conflictos a líderes comunitarios [Foto realizada por Iris Aviñoa].

Así que me dejaron en una finca con unos civiles, que debían responder por mí. Me dio pesar con ellos, la señora temblaba como una hoja, me tenía miedo al principio. Pero al cabo de unos días vio que yo me levantaba antes que ella, que prendía el fogón, hacía el tinto, le daba de comer a las gallinas y cuando ella se levantaba ya tenía la casa barrida, y poco a poco se fue amañando conmigo. Hablábamos mucho, y me preguntaba por qué estaba allá, qué pensaba hacer con mi hijo, si no me daba pesar dejarlo; incluso un día me dijo que si no tenía con quién dejarlo ella me lo cuidaba. Era muy buena la señora. Tenía dos niños, uno se llamaba Johan y el otro Sebastián, por eso mi hijo se llama Johan Sebastián. [se emociona] A mí me da pesar con ella porque a veces pienso que de pronto le hicieron algo por volarme.

¿No ha sabido nada de ellos?

No. Tengo una gratitud eterna con ella, y cuando por fin haya paz quiero ir a verla.

Cuando mi hijo tenía como un mes y medio me llamaron y me dijeron que subiera hasta cierta parte del camino y que mi marido iría hasta allá a conocer al niño. Él venía con un solo escolta. Al muchacho le dijeron que me daban dos días para dejar al niño por ahí y devolverme a la guerrilla.

Esa noche yo le dije a mi marido: “yo anochezco pero no amanezco porque yo no voy a dejar a mi hijo solo, y si usted quiere ver crecer a su hijo vámonos. Y, si no, pues con mucho pesar lo dejo, porque primero mi hijo y segundo mi hijo y de últimas mi hijo”.

Me vine como a la una y media de la mañana, y a los 15 minutos sentí un ruidito, era él que me venía siguiendo. La desconfianza es tal que si usted le dice a otro “vámonos”, el otro no le dice de una que sí, por eso él esperó a ver si era verdad que me iba a ir. Uno allá no confía ni siquiera en su pareja. Él pensaba que yo le estaba poniendo una trampa para hacerlo matar. Porque estas cosas pasan allá, es triste.

¿Cómo fue la huida?

Duramos dos días corriendo, fue duro esa madrugada porque nos tocó tirarnos al río y pasar con el niño en los hombros. La noche siguiente nos quedamos a dormir donde una amiga y a las 4 de la mañana salía una buseta para Bogotá. Cuando nos fuimos a subir nos parecía que todos tenían cara de soldados, de milicianos, teníamos mucho miedo, pánico. Nos vinimos para Bogotá, a las afueras nos bajamos y esperamos un carro que viniera para esta región, llegamos a las 2 de la mañana del otro día. Cuando tocamos a la puerta mi abuela no nos conoció. Se dio cuenta que era yo porque miró al niño, que es igual que yo de pequeña, y por eso me reconoció. Entramos y se puso muy feliz, me preguntó si nos habían dejado venir y yo le dije que no.

¿Le había dicho que se iba para la guerrilla?

No, ella se dio cuenta al cabo del tiempo. Yo vine a la casa a despedirme, la abracé y le dije que se acordara siempre que yo la quería mucho pero no le dije para dónde me iba. Y con el tiempo, al ver que no aparecía empezó a averiguar y la gente le dijo que yo me había ido para la guerrilla, eso fue un martirio para ella. Duramos 4 días encerrados en esta casa porque nos daba miedo salir. Con la ayuda de los vecinos nos convenció para que nos entregáramos. Y tenía razón, nos decía que nosotros teníamos dos enemigos: el gobierno y “esa gente”, y que tocaba tener uno solo al menos. Y nos entregamos.

Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].
Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].

¿Cómo ha sido su proceso de reintegración?

Por un lado complicado, porque uno no tiene muchos conocimientos sobre la vida en comunidad; allá se manejan unas dinámicas diferentes donde todo es obligación, órdenes que cumplir; aquí uno no cumple órdenes, una se manda sola, y es más difícil ser libre que estar obligado. Pero llevo 6 años de proceso y me ha ido bien. Hice un curso en el Sena sobre Gestión de Talento Humano y empecé un pregrado de Psicología, estoy ya en 7º semestre. Desde hace 2 años y medio trabajo para la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR), donde apoyo a personas desmovilizadas en proceso de reintegración en su capacitación para la entrada al mercado laboral, los motivo para que avancen en su proceso y además sensibilizo a las personas de la comunidad sobre la necesidad de reconciliarnos como país, los motivo para que vean que es posible cambiar y ser productivo a la sociedad, pues yo soy la muestra de eso.

¿Y la acogida por parte de la sociedad?

Complicada. Volví a encontrar a mis compañeros de colegio de hace 20 años, fui a una reunión de exalumnos en 2010 y llevé a mi marido y mi hijo. Les conté qué había pasado, ellos no sabían nada, y hubo unos que me recibieron bien, que me felicitaron, que me impulsaron para que siguiera adelante, y otros que no me volvieron ni a hablar, que me juzgaron muy duro, y que me siguen juzgando muy duro ahora que el país está tan polarizado.

He tenido más apoyo de las víctimas que de la población en general. La mayor parte de la gente que está en contra del acuerdo es gente que no ha conocido de cerca la guerra. Las víctimas son más generosas, son más proclives al perdón que la gente que sólo ha visto la guerra por el televisor. Es muy fácil hacer la guerra con hijos ajenos.

¿Cuáles son los principales retos que enfrentan las personas que inician el proceso de reintegración?

Uno de los más grandes es la estigmatización. Se dice que los guerrilleros somos todos unos asesinos. Yo sé que uno allá no es una hermanita de la caridad, que estamos armados. Pero hay mucha gente que dura muchos años en la guerrilla y nunca hace nada de eso. Yo por ejemplo, nunca maté a nadie. Nunca. Mi marido duró casi 16 años y tampoco. La gente se piensa que somos una especie de demonios, y que hay que quemarnos en la hoguera como en la Santa Inquisición. En esto también tiene mucho que ver la religión y el sesgo político que han empezado a imprimir en sus seguidores los políticos de ahora, han empujado a la gente hacia el odio y la intolerancia. ¿Que uno cometió un error? Sí. Pero eso no tiene porque marcarlo de por vida. ¿Yo soy una excombatiente? Sí, pero no pienso ser una desmovilizada toda mi vida. Voy a ser una profesional, me estoy preparando para eso, voy a ser una líder comunitaria, voy a trabajar por la gente, y cada paso que doy es pensando en eso. No quiero que me encasillen con esa etiqueta toda mi vida.

¿Qué consejo les da a los guerrilleros que tras la refrendación del Acuerdo de Paz iniciarán el proceso de reinserción a la sociedad?

Que hagan un proceso serio y responsable, que no vayan a defraudar al país, porque somos muchas personas que nos la estamos jugando por respaldar el proceso y hay mucho más en juego que sus propias vidas. Está en juego la credibilidad de la comunidad desmovilizada del país, que ha sido duramente estigmatizada, rechazada y juzgada por personas que no analizan las circunstancias que llevaron a estas personas a delinquir. Que no vayan a jugar con la confianza del país.

¿Qué piensa del actual Acuerdo de Paz?

Pienso que el contenido de los Acuerdos posibilita cambiar muchas cosas que han estado mal formuladas desde el principio en el país y cuyo ajuste podría mejorar las condiciones de todos los colombianos, sobre todo de los más vulnerables. Lo que sí veo difícil es que el país ideal que está pintado en los Acuerdos se haga realidad. Tiene que haber mucha voluntad política y mucha voluntad de las personas que históricamente han manejado el país. Hay gente que dice que los Acuerdos son una transición al comunismo y que nos vamos a convertir en Venezuela… ¡Por favor! El trasfondo básico de los Acuerdos es socialdemócrata y no hay comunismo por ningún lado. La socialdemocracia procura normas para la convivencia de las personas, y establece que esas normas estén dictadas bajo principio de equidad y de igualdad de oportunidades, y eso es lo que pregonan los Acuerdos, no hay nada más. Que haya políticos tendenciosos y malintencionados que hayan querido mostrar un espejo que no es para que las personas se asusten, sí. Lamentablemente a eso juegan muchos aquí, a sembrarle miedo a la gente.

¿Cómo se combaten los prejuicios, el miedo y la polarización que han acompañado hasta ahora el proceso de paz?

Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].
Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].

Es difícil, la única forma es mandarlos a leer, pero somos un país que no lee. Es por eso que somos fácilmente manipulables, somos un país ignorante. La pereza nos gana. Pienso que hay que hacer más pedagogía de paz en este país, es urgente. No sé bajo qué punto la gente piensa que puede haber un mejor Acuerdo. No están derrotados, se sentaron ahí por su voluntad a negociar para tratar de resolver el problema con el Gobierno, y nadie va a negociar para perder. Me parece peligroso que se juegue a hacer creer a la gente que se puede llegar a un mejor Acuerdo. Históricamente en todos los acuerdos de paz del mundo las partes han tenido que ceder, si no la cosa no funciona. Lo que pasa es que los colombianos estamos tan habituados a la violencia que estamos acostumbrados a resolver todo así, por la ley del más fuerte. Así no se arregla nada, así solo se complican las cosas. Lo dice alguien que vivió la guerra y que la conoció de cerca.

¿Qué lecciones saca de su experiencia?

Que los conflictos nunca se van a poder arreglar a las malas; que a las malas solo se complican las cosas porque se crean dolores, rencores, más motivos para seguir peleando. Creo que tenemos que educarnos para aprender a convivir y dejar de matarnos unos a otros. Este es un país que en 300 años de historia no ha conocido un día de paz. Desde que en 1830 sacamos a los españoles seguimos matándonos unos con otros.

¿Qué retos vienen tras el plebiscito?

Lograr llevar a cabo la transformación, implementar los cambios que los Acuerdos plantean. Muchas de las cosas acordadas ya están en la Constitución del 91 y nunca se han implementado. Uno de los principales retos es que esto no se quede en letra muerta, que se lleve a cabo, porque estas transformaciones del Estado son necesarias para que la sociedad avance hacia un mejor futuro para todos.

¿Cree que las FARC se van a desmovilizar en su totalidad?

Yo creo que se van a desmovilizar casi en su totalidad. Se olvida una cosa y es que en las FARC la disciplina es muy estricta, y si dicen nos vamos a entregar, es que nos vamos a entregar. No hay la opción de un “yo no quiero”. Tal vez lo habrá pero será muy escaso. Nadie se atreve a desafiar al Estado Mayor Central, es como si fuera Dios. Allá no hay disidencias.

¿Era habitual que la gente se escapara?

Sí, pero si te cogían te mataban. O lo logras o mueres.

¿Tiene ganas de ver a sus compañeros?

A la tigra, ojalá esté viva. Y a otro niño que le decíamos niño jetas. Los que fueron más cercanos a mí y me ayudaron más, esa clase de gente que me daba la mano para levantarme sí quisiera volverla a ver. Pienso mucho en qué será de ellos y si seguirán vivos, y en que ojalá puedan salir y ser libres como hemos sido nosotros y tener una vida como la que nosotros llevamos.

¿Cómo es su vida ahora?

No tenemos una vida de lujos, por lo general nos toca vivir con muchas privaciones. Compramos una muda de ropa una vez cada año, porque tenemos apenas para los gastos básicos. Nos toca trabajar muy duro. Pero sin embargo es una buena vida, porque no hay felicidad más grande que despertarte y que tu hijo esté al lado y te agarre a besos. Eso no lo compra nada ni lo paga nada.

¿Le han contado algo a su hijo?

Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].
Diana Forero en una jornada organizada por la ACR [Foto cedida por Diana Forero].

No. Una vez yo estaba dando una charla en una universidad y él estaba jugando con sus juguetes y pensaba que no me estaba escuchando, pero cuando salimos de la charla me dice: “Mami, ¿o sea que tú me defendiste de los malos?”. “Sí papi, podríamos decir que sí”.  Y dijo: “Es que tú eres mi superhéroe”. Lo que pasa es que yo no le he explicado que su mamá era de los malos. ¿Cómo le explico eso? No sé, creo que dentro de un tiempo podrá ir entendiendo las cosas.

¿Y al resto del mundo, por qué le explica su historia?

Porque quiero que la gente juzgue menos a las personas como yo, que vean que somos personas de carne y hueso. Lo hago por los 50.000 compañeros [entre personas desmovilizadas de la guerrilla y grupos paramilitares] que están en el resto del país. Quiero que la gente vea que somos personas que tenemos miedo, necesidades, que cometimos errores y que los aceptamos y pedimos perdón por ellos y que estamos dispuestos a vivir una vida de esfuerzo por salir adelante. Que estamos luchándola todos los días como ellos.

Esta es una entrevista sin ánimo de lucro.


Iris Aviñoa30/09/2016
FotoPortada-Colombia2-1-1170x731.jpg

16min8240

Colombia vivió el 26 de septiembre un día histórico. Habitualmente ‘famosa’ por temas vinculados a la guerra y al narcotráfico, el pasado lunes dio la vuelta al mundo por una noticia positiva, la firma del Acuerdo de Paz alcanzado entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’. Sin embargo, el Acuerdo no podrá ser implementado sin el apoyo de la sociedad colombiana, que está llamada a las urnas este domingo 2 de octubre para decir si apoya, o no, lo acordado en La Habana por Gobierno y FARC tras cuatro años de negociaciones.

Leer artículo: “Hasta que todo esté acordado”

El Congreso estableció que para refrendar los Acuerdos a través del plebiscito se necesitan los votos favorables de como mínimo el 13% del censo electoral –esto son 4.536.922 de personas–, y por supuesto que el ‘sí’ gane al ‘no’ en número de votos. Las últimas encuestas dan una amplia victoria al ‘sí’, con un 72% de los votos, frente al 28% que apoyaría al ‘no’. Sin embargo, como se dice aquí, en Colombia ‘todo es posible y nada es seguro’. A dos días del plebiscito, y en medio de una gran polarización, la sociedad colombiana se debate entre el ‘sí’ y el ‘no’, rodeados de campañas a favor y en contra de los Acuerdos, éstas últimas lideradas por el expresidente Álvaro Uribe, y basadas en el miedo, la desinformación y los rumores. Diversos exportos y expertas comentan y analizan algunos de estos rumores.

Imagen de la concentración para celebrar la Firma de los Acuerdos que se organizó en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá [Foto realizada por Iris Aviñoa].
Imagen de la concentración para celebrar la Firma de los Acuerdos que se organizó en la Plaza Simón Bolívar de Bogotá [Foto realizada por Iris Aviñoa].

Los rumores del ‘no’

“Colombia se va a convertir en un país castro-chavista como Venezuela.”

Diana Forero es una excombatiente de las FARC. Tras 11 años y medio en la guerrilla huyó con su marido, también guerrillero, y su hijo recién nacido, y ahora trabaja para la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR) apoyando en el proceso de reinserción de excombatientes, tanto de la guerrilla como de grupos paramilitares. Esta es su opinión sobre el primero de los rumores, uno de los que más suenan entre los favorables del ‘no’:

“Hay gente que dice que los Acuerdos son una transición al comunismo y que nos vamos a convertir en Venezuela… ¡Por favor! El trasfondo básico de los Acuerdos es socialdemócrata y no hay comunismo por ningún lado. La socialdemocracia procura normas para la convivencia de las personas, y establece que esas normas estén dictadas bajo principio de equidad y de igualdad de oportunidades; y eso es lo que pregonan los Acuerdos, no hay nada más. Que haya políticos tendenciosos y malintencionados que hayan querido mostrar un espejo que no es para que las personas se asusten, sí. Lamentablemente a eso juegan muchos aquí, a sembrarle miedo a la gente.”

“Le van a entregar el país a las FARC y van a hacer presidente a ‘Timochenko’.”

Otro punto polémico es el que establece las garantías de Participación Política, recogidas en el Acuerdo 2. Sobre él habla Miguel M. Benito, historiador y profesor de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá.

“El Acuerdo suscrito lo que le garantiza a las FARC son espacios de participación política asegurados –léase en realidad como espacios protegidos–, mientras forma un partido político propio y le da un desarrollo organizacional e ideológico suficiente para poder presentarlo en los próximos procesos electorales que se celebren en Colombia.

foto2-colombia2
Imagen de la concentración en la que puede verse a la población colombiana siguiendo el acto de la Firma a través de una gran pantalla [Foto realizada por Iris Aviñoa].

Para que el partido político vaya teniendo presencia institucional y vaya siendo identificable por la sociedad colombiana, de manera transitoria se le otorgarán diez curules en las dos cámaras de representación colombianas (compuestas por 268 representantes) y se les permitirá tener tres portavoces en cada una de las cámaras, con voz, pero sin voto. Ni más ni menos.

¿Por qué hay que asegurarle a las FARC esos espacios? Por el precedente de la Unión Patriótica, que a mediados de los años ochenta, apareció como el posible vehículo para que la izquierda colombiana, incluidas las guerrillas, se plantease la opción de consolidar un partido político electoralmente competitivo inserto en la política representativa. Pero la Unión Patriótica fue aniquilada por narcotraficantes, paramilitares y agentes del Estado. Ese precedente obliga a darle protección especial –en términos tanto de seguridad como de hacerlos visibles– al partido que en el futuro organizasen las FARC.

A cambio de dejar de ser un movimiento armado y ser un partido político más, las FARC se someten al Estado, al que reconocen el monopolio legítimo de la violencia, a la Constitución y al sistema electoral vigente (el partido político de las FARC tendrá y mantendrá la personería jurídica si cumple con la ley).

Ah, por cierto, para que Timochenko, en el improbable caso de que decidiese encabezar las listas del futuro partido político de las FARC –aún sin nombre si quiera– llegase a la presidencia de la República, aún tendría que pasar algo trascendental: que los colombianos –actualmente más de cuarenta y siete millones– así lo decidiesen y votasen por él mayoritariamente. Y esto suena tan inverosímil, al menos por ahora, como que con el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera el Gobierno le esté entregando el país a las FARC.”

“El Acuerdo ofrece impunidad a la guerrilla, nadie va a ir a la cárcel por los crímenes cometidos.”

El modelo de Justicia Transicional que se va a aplicar en el marco del proceso de paz se recoge en el Acuerdo 5: Víctimas, donde se define el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición. Fernando Travesí, director adjunto de Programas del International Center for Transitional Justice (ICTJ), una organización referente a nivel internacional en procesos de Justicia Transicional, no considera que la intención de las partes negociadoras fuera buscar la impunidad:

Imagen de la concentración en la que se lee una pancarta en favor de finalizar el conflicto colombiano [Foto realizada por Iris Aviñoa].
Imagen de la concentración en la que se lee una pancarta en favor de finalizar el conflicto colombiano [Foto realizada por Iris Aviñoa].

“La amnistía contemplada en el Acuerdo de Paz no incluye los crímenes graves –es decir, crímenes de guerra, de lesa humanidad y genocidio. Así pues, cumple con los requisitos de la justicia internacional, como la Fiscal de la Corte Penal Internacional afirmó recientemente en un mensaje público. Según el Acuerdo, los autores de crímenes internacionales que no participen de forma significativa en el proceso judicial y que no confiesen la verdad completa sobre los crímenes cometidos recibirían sentencias de cárcel en caso de ser declarados culpables. Ahora bien, para que se haga justicia, es fundamental que el proceso sea genuino, transparente y riguroso. Las víctimas deben sentir que se está haciendo justicia. Las penas de prisión por sí solas no significan que se haya hecho justicia.”

Según Travesí, se trata de un Acuerdo “muy ambicioso y amplio”, resultado de una negociación “muy larga y laboriosa”, y habrá que esperar a la implementación de todo lo acordado. “Es ahora cuando empieza el trabajo duro. Todo depende de los detalles, así que será precisamente en la implementación donde se demostrará si el Acuerdo de Víctimas es capaz de lograr la verdad y la justicia que Colombia debe garantizar a sus ciudadanos.”

“Votar ‘no’ es traicionar a los vivos y a los que están por nacer”

En la recta final de la campaña cada vez son más las personalidades de todo tipo, organizaciones, colectivos, instituciones educativas, incluso medios de comunicación que se posicionan abiertamente sobre el apoyo o no a los Acuerdos. Este es el caso, por ejemplo, de la Revista Semana, que deja clara su posición en el artículo ‘Por qué votar sí’. O la historiadora Diana Uribe, quien en colaboración con el portal dejemosdematarnos.com explica por qué es importante apoyar el Acuerdo de Paz.

También se han posicionado a favor del ‘sí’ figuras reconocidas a nivel internacional, como el expresidente de Uruguay, Pepe Mújica, presente esta semana en la firma de los Acuerdos que se celebró en Cartagena. O el periodista y escritor británico John Carlin, quien en una entrevista concedida a la Revista Semana hace una defensa absoluta del ‘sí’, comparando la posible victoria del ‘no’ en el plebiscito en Colombia con el “ridículo mundial” que hicieron los británicos con el ‘Brexit’. La diferencia, asegura, es que en Colombia “es cuestión de vida o muerte”. Carlin tilda de “enorme estupidez” el voto contrario a los Acuerdos, y alerta del error de reducir el plebiscito “a una especie de competición entre Santos y Uribe”. Finalmente responde a uno de los ‘argumentos’ del ‘no’, que aseguran que votar ‘sí’ es traicionar a los muertos: “yo contestaría que votar ‘no’ es traicionar a los vivos y a los que están por nacer”.

Ésta es una opinión sin ánimo de lucro.


venezuela-relacionescolombia1-1170x731.jpg

16min15720

Parte I: ¿Cómo se sentaron las bases? Un análisis de la convivencia Chávez-Uribe

A menos una semana de la celebración del referéndum plebiscitario por la paz en Colombia, los debates son muchos y muy variados. Se trata del inicio de un proceso de transición, en el se enfrentarán retos de diversa índole y de cómo manejarlos dependerá el futuro del país. Si bien el conflicto colombiano se ha librado fundamentalmente en el interior de las fronteras del país, han sido muchos los factores externos que han contribuido a su desestabilización. No obstante, hacer una reflexión sobre cuál es la situación en los territorios fronterizos y cómo eso revierte en las relaciones bilaterales con los países vecinos, deviene una cuestión fundamental para mapear todos los posibles riesgos de este nuevo horizonte que se abre en Colombia.

Artículos relacionados:

“Hasta que todo esté acordado”

Primeros pasos para la paz definitiva en Colombia”

Mapa de las fronteras de Colombia. [Foto: Juan José Madrigal vía Flickr].

El territorio colombiano delimita por el norte con el mar Caribe, por el sur con Ecuador y Perú, por el este con Panamá y el Océano Pacífico y por el oeste con Brasil y Venezuela. Aunque no sería posible afirmar que alguno de ellos se encuentre libre de problemáticas de carácter social o económico, hoy en día, la situación de Venezuela es especialmente delicada y supone para la región un elemento de preocupación que no deja indiferentes a ninguno de los países que lindan con su territorio. Desde una Colombia sumida en plena vorágine por zanjar un conflicto de más de medio siglo de antigüedad, la coyuntura venezolana no debe de ser asumida como una problemática ajena, sino como un contexto de “retos simultáneos”. Socorro Ramírez –doctora en Ciencia Política y Relaciones Internaciones y miembro de la Comisión Presidencial de Integración y Asuntos Fronterizos (COPIAF)– afirma que actualmente deben considerarse dos procesos de transición política que están teniendo lugar paralelamente: el fin de la guerra en Colombia y una transición que no termina de perfilarse pero que debe de tener como salida la reestructuración de un proyecto que ya no se puede considerar exitoso.

La tensión latente en relación colombo-venezolana

Las desavenencias que caracterizan las relaciones colombo-venezolanas datan del siglo XIX, incluso de antes de la proclamación de las independencias y posterior trazado de una frontera que nunca fuera aceptada de manera satisfactoria por ninguno de los dos países. Durante este tiempo, a pesar de las complejas tensiones territoriales, la necesidad de regular el mercado transfronterizo obligó a poner en práctica diferentes iniciativas que, como señala la profesora Ramírez, evidenciaron “lo fructífero de la cooperación” entre dos partes que tienen más de complementario que de opuesto. Algunos ejemplos, como la otorgación de cédulas de identidad de ambas nacionalidades para ganaderos que interactuaban en los dos lados de la frontera, son muestras de que existen alternativas para abordar de manera conjunta problemas como el del tráfico ilegal o la institucionalización de mercados negros.

La frontera entre Colombia y Venezuela se extiende a lo largo de 2219km. [Foto vía Creative Commons].

Entendiendo la relación entre Venezuela y Colombia en el marco de un eje conflicto-cooperación, la coyuntura política en ambos países en las últimas décadas, tomando como referencia la llegada de Hugo Chávez al poder venezolano en 1999, intensificó de manera significativa estas dinámicas de relación binacional. Sin entrar en los motivos de la continuidad política en el gobierno venezolano, que en dicho período sólo ha asistido a la delegación del poder a Nicolás Maduro tras el fallecimiento de Chávez, resulta fácil asociar las alteraciones en la dinámica fronteriza con los cambios en la presidencia de Colombia. Sin embargo, resulta paradójico que los dos momentos en los que se han alcanzado los dos extremos del eje, coinciden con el período Chávez-Uribe (2002-2010).

La fase olvidada del chávez-uribismo

La llegada de Chávez al gobierno interrumpió a Colombia en el segundo año de la legislatura de Andrés Pastrana (1998-2002). Una legislatura caracterizada por la iniciación de un proceso de paz similar al que se está viviendo actualmente y que sin embargo no derivó en el acuerdo. La llegada de  Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela fue cualquier cosa menos de actitud conciliadora con lo que respectaba al estado colombiano ya que en un primer momento Chávez muestra una cierta complicidad con la guerrilla declarándose neutral en el conflicto. Esto significó de algún modo una “exacerbación de temores mutuos”, que frente a todo pronóstico dio un vuelvo con la llegada de Álvaro Uribe al gobierno de Colombia . Para entender las peculiaridades de esta etapa, es necesario comprender las personalidades de dos figuras que, lejos de comulgar en cuanto a alineaciones ideológicas, compartían otras muchas prácticas políticas. Ambos se alzaron como líderes incontestables, de corte casi mesiánico, dispuestos a conectar a través de un discurso más próximo con el pueblo.

Hugo Chávez Frías y Álvaro Uribe Vélez han sido dos de los presidentes más populares de América Latina en las últimas décadas [Foto vía Flickr].

Durante este primer tramo del chávez-uribismo, el ansia de colaboración derivó en la elaboración de mega-proyectos estratégicos como la construcción del canal interoceánico a través del cual Uribe, firme aliado y colaborador de los EEUU, estaba dispuesto a facilitar a Chávez la diversificación de destinos de importación del petróleo, reduciendo así su dependencia con EEUU. También data de esta etapa el sustancial incremento del comercio bilateral, el cual se triplicó respecto al período anterior, además de otros logros en el ámbito de lo social como la reducción de los índices de violencia en los territorios fronterizos gracias a los esfuerzos conjuntos por la eliminación de prácticas ilícitas como el contrabando de gasolina. Poco tienen que ver estos inicios en los que incluso casi se resuelve el conflicto del Golfo que había puesto en jaque a ambos países en 1987, con el giro que dan las cosas a partir del año 2005.

Entonces ¿qué fue lo que paso? ¿qué elemento desencadenó la escalada de tensión que se produjo a partir del año 2005? Como prácticamente todos los hitos históricos por los que ha atravesado Colombia en las últimas décadas, tuvo que ver con el conflicto armado.

El “caso Granda”: la entrada en la espiral de conflicto

El hecho que comenzó a resquebrajar las “ejemplares” relaciones diplomáticas fue la detención del portavoz de las FARC, Rodrigo Granda, por medio de las autoridades colombianas el 10 de diciembre de 2004. A pesar de que rápidamente se proliferara la noticia de que se trataba de un secuestro, tenido lugar en la cuidada de Caracas, inicialmente ambos países llegaron al acuerdo tácito de aceptar que la captura se había realizado en Cúcuta, región fronteriza colombiana – a donde, se supo, fue trasladado después.

Rodrigo Granda Escobar era considerado uno de los miembros con mayor influencia en las filas de las FARC en ese tiempo [Foto vía Diario Semana].

En un primer momento no parecía que se le diera importancia a ésta ni a otras cuestiones como a la de por qué un alto cargo de la guerrilla se encontraba en territorio venezolano o a la sospecha de que la operación de las fuerzas armadas colombianas se había llevado a cabo mediante el soborno. El comportamiento aséptico de ambos gobiernos no duró más que unos meses, en los cuáles comenzaron a suscitarse severas acusaciones por parte de diferentes grupos de presión en los dos países. Por un lado, desde Venezuela comenzó a circular la idea de que la detención de Granda en Caracas suponía una grave intromisión en la soberanía nacional, mientras que desde Colombia se consideraba que su presencia en Venezuela ponía en evidencia el apoyo de este país a las FARC. También las FARC realizaron comunicados manifestando su decepción con Chávez por no haber mediado en lo que se había considerado un secuestro por parte de las fuerzas armadas colombianas. Investigaciones posteriores demostraron que Granda contaba con cédula venezolana y que su presencia en Venezuela era consecuencia de la invitación al congreso bolivariano del 8 y 9 de diciembre. Al mismo tiempo se ponía en entredicho la actuación  legal de las fuerzas policiales colombianas, una vez confirmado que habían pagado de manera privada a funcionarios venezolanos para que colaboraran en el secuestro de Granda. En definitiva, los sucesos que tuvieron lugar en el año 2005 supusieron una escalada de la tensión en la frontera, que se llevó consigo cualquier iniciativa de colaboración que se pudiera haber dado con anterioridad.

A partir el registro de testimonios agresivos por parte de la clase dirigente en ambos países es innumerable. Las consecuencias de esta tensión fueron, desde la ruptura de las relaciones comerciales, hasta la movilización de armamento a la frontera, la cual se encontró cerrada en diferentes ocasiones. La crisis diplomático tuvo gran repercusión internacional tanto en organismos multilaterales como Naciones Unidas (NNUU), desde donde el propio Ban-Ki Moon llamó a ambos países a la reconciliación, o la Organización de los Estados Americanos (OEA), como la intervención de otros países vecinos como Brasil, Chile o Ecuador en sus intentos de mediar en la situación colombo-venezolana.

Apelando a la soberanía en el lado venezolano y a la seguridad desde Colombia y retomando la importancia de los liderazgos presidenciales, tanto Chávez como Uribe utilizaron la coyuntura internacional en sus discursos a nivel nacional Venezuela era sinónimo de guerrilla y Colombia de imperialismo norteamericano, imágenes de las que ellos querían alejarse para construir el futuro de sus países.

No es hasta la llegada de Santos en 2010 que se considera la entrada en una nueva etapa que de alguna manera puso fin a un conflicto que ninguno de los dos países podía resistir. Pasados tres días de que Juan Manuel Santos ganara las elecciones, Chávez se reunía con el en la Quinta de San Pedro Alejandrino (Santa Marta, Colombia) para poner fin a sus deferencias. Las consecuencias de esta etapa fueron devastadoras, y los daños prácticamente irreparables, dejaron a la frontera de Venezuela y Colombia en una situación cuando menos quebradiza para enfrentarse a lo que viene a partir de ahora.

Ésta es una publicación sin ánimo de lucro.


Iris Aviñoa29/08/2016
FotoPortada-acuerdosColombia-1170x731.jpg

17min9142

Empieza el alto al fuego definitivo entre el Gobierno de Colombia y las FARC tras el acuerdo alcanzado en La Habana. Cuatro años de negociaciones sólo marcan el inicio de un proceso que envuelve muchos aspectos de la política y la sociedad colombiana; será capaz el país de alcanzar una paz definitiva? Iris Aviñoa nos trae un análisis reciente realizado desde el terreno.


Luis Cifuentes12/08/2016
Firme-1170x731.jpg

17min9501

Colombia lleva más de 60 años sufriendo una violencia interna que ha dejado como saldo 8 millones de víctimas, pero con los diálogos entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se desarrollan en Cuba desde hace casi cuatro años, se abre la posibilidad de darle un fin definitivo al conflicto armado. Sin embargo hay puntos sensibles que han demorado la concreción del acuerdo, entre otros, la manera en cómo se aplicará la justicia sobre los delitos cometidos y cómo se restituirá  a las víctimas.

Las negociaciones comenzaron el 18 de octubre de 2012, cuando el equipo negociador del presidente Juan Manuel Santos se reunió en Oslo con representantes de la guerrilla de las FARC. Posteriormente la mesa de negociación se trasladó a la capital cubana el 19 de noviembre del mismo año desde donde el pasado 23 de junio se dieron a conocer algunos de los últimos detalles sobre el fin del conflicto.

[pullquote align=”left”]Las FARC se fundaron oficialmente  en 1964 tras una ofensiva militar del Gobierno contra una comunidad autónoma creada por grupos armados, entre comunistas y liberales, y ubicada en la selva colombiana denominada como “República de Marquetalia[/pullquote]

El origen de todo

Los grupos guerrilleros se originaron durante los enfrentamientos de la década del 40 entre seguidores de los dos partidos que se disputaban el poder político del país, el Partido Liberal y el Conservador. Con la muerte en 1948 del jefe del Partido Liberal, Jorge Eliecer Gaitán, se generó en todo el país un levantamiento popular que el Estado reprimió con ataques a ultranza sobre los grupos insurgentes esparcidos por el territorio.

Las FARC se fundaron oficialmente  en 1964 tras una ofensiva militar del Gobierno contra una comunidad autónoma creada por grupos armados, entre comunistas y liberales, y ubicada en la selva colombiana denominada como “República de Marquetalia”. Desde su creación el grupo armado se propuso como objetivo  “acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas, la intervención militar y de capitales estadounidenses mediante el establecimiento de un Estado marxista-leninista y bolivariano”. Para ello, la organización insurgente ha optado por reclutar hombres (y hasta niños) para lo que ellos definen como la lucha  “contra el imperialismo y la oligarquía”. A su vez, para financiar a su organización, acuden a métodos como el secuestro extorsivo, el narcotráfico  y el cobro de “impuestos” a productores.

Desde 1984, con el entonces presidente Belisario Betancur, todos los gobiernos fracasaron en su intento por darle fin definitivo al conflicto con las FARC. Entre otras cosas, por no establecer protocolos claros de negociación, incumplimientos de los acuerdos de cese de hostilidades, violencia política de sectores de extrema derecha y falta de concesiones por parte de los sectores políticos, económicos y sociales con la insurgencia.

Es por esto que cobra valor el acto celebrado en La Habana, puesto que enmarca el avance en la mayoría de los puntos que se discutieron por más de tres años. Desde la primera reunión se estableció que en la mesa de diálogo los delegados de ambas partes iban a discutir sobre seis puntos: desarrollo rural; oposición política y participación ciudadana; el fin mismo del conflicto; narcotráfico y cultivos ilícitos; reparación a las víctimas e implementación del acuerdo.

¿Qué han acordado el gobierno y las FARC?

Se concretó un acuerdo preliminar sobre la Reforma Agraria que establece la creación de subsidios y créditos especiales para que los campesinos puedan comprar tierras. También se acordó la participación política de las FARC luego de la firma de la paz, en donde se incluyeron una batería de medidas: inclusión del grupo guerrillero en el sistema democrático como movimiento social; acceso a medios de comunicación comunitarios; creación de una comisión para evaluar posibles reformas electorales y la creación de Circunscripciones transitorias especiales de paz para “promover la inclusión política de zonas afectadas por el conflicto y el abandono.

Marcha Contra las FARC en Medellín Colombia 4 de febrero 2008
Marcha Contra las FARC en Medellín Colombia 4 de febrero 2008 [Vía Flickr]

Sobre el fin mismo del conflicto se definió la creación de zonas de concentración a donde los guerrilleros se movilizarán sin que las Fuerzas Armadas puedan atacarlos y el compromiso del gobierno para implementar medidas contra grupos ilegales que amenacen la paz, pero aún falta confirmar cuál será el modelo que permita a los guerrilleros reincorporarse a la vida civil y política.

En mayo de 2014 el grupo insurgente reconoció sus vínculos con el narcotráfico (hasta eses momento nunca reconocido por su parte) y se comprometieron a poner fin a cualquier relación con el narcotráfico (cultivos ilícitos, producción y comercialización de drogas ilícitas, lavado de activos); además, brindarán información que ayude a identificar las rutas del narcotráfico, los lavadores de activos y las alianzas de la ilegalidad con la fuerza pública.

Las víctimas como tema central

El tema referente a las víctimas no solo fue un punto complicado para los negociadores del acuerdo, sino que también lo sigue siendo para la opinión pública. Y es que son millones los afectados por la guerra, bien sea por responsabilidad del Estado o de la guerrilla, a quienes se les quiere garantizar que los delitos cometidos en su contra no quedarán impunes con la firma definitiva de los acuerdos. Por una parte hubo reticencia de las FARC a aceptar castigos penales; y por otra parte, la oposición política enfatizaba que lo negociado con la guerrilla estaba más cerca de la impunidad que de la justicia.

Sobre esto se acordó la creación de la Jurisdicción Especial para la Paz que servirá como marco jurídico para juzgar a los responsables del conflicto. Junto con esto entrará a funcionar la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, Convivencia y No repetición, conformado por 11 comisionados y a donde el gobierno y las FARC acudirán para contribuir al esclarecimiento sobre todo lo ocurrido en el conflicto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
Marcha por las víctimas el 5 de marzo de 2015 [Vía Flickr]

Posteriormente irán a un Tribunal Especial de Paz para aceptar sus delitos sin tener que ser encarcelados, eso sí,  habrá restricciones a la libertad de distintos modos: domiciliaria (que tengan que dormir en un sitio específico); laboral (que tengan que hacer unos trabajos de reparación específica) y geográfica (que no puedan salir de un perímetro específico). Además, quedó establecido un marco de reparación integral para las víctimas que incluye actos de reconocimiento de la responsabilidad, reparaciones colectivas, rehabilitación psicosocial  y acompañamiento en los retornos de los desplazados por la violencia. Se sabe que serán 24 los magistrados, de los cuales hasta cuatro serán extranjeros quienes conformarán el Tribunal de la Paz. Queda por conocer los nombres.

[pullquote align=”right”]La organización insurgente ha optado por reclutar hombres (y hasta niños) para lo que ellos definen como la lucha  “contra el imperialismo y la oligarquía” mientras se financiaba con secuestro, el narcotráfico  y el cobro de “impuestos” a productores[/pullquote]

Los próximos pasos hacia la paz

El cese al fuego bilateral comenzará en paralelo a la firma del acuerdo definitivo que se prevé será en unos 60 días, a partir de ese momento las FARC se van a ubicar en 23 zonas de concentración en donde comenzará el desarme y un proceso de capacitación para la reintegración a la vida civil. A un kilómetro de distancia respecto a la frontera de la zona permanecerán 300 funcionarios de la ONU entre civiles y militares sin armas, quienes van a realizar la verificación de la dejación del armamento.Las FARC tendrán 180 días para entregar por fases la totalidad de su armamento a la ONU.

¿Una paz politizada?

El mecanismo de refrendación de los acuerdos no había sido acordado por las partes, puesto que el gobierno pedía un plebiscito y las FARC una asamblea constituyente. Sin embargo, el grupo insurgente acordó con el gobierno someter la implementación de lo acordado a la decisión popular que se dará a través de un plebiscito. La campaña para decidir la refrendación de los acuerdos no se ha hecho esperar, los frentes políticos ya están  trabajando de manera conjunta en las campañas por el “sí” o por el “no” en lo acordado en la Habana. Los dos frentes están bien definidos: el oficialismo y sus aliados, que hacen hincapié en los beneficios de la paz; y por otro lado, la oposición que, con el protagonismo del expresidente Álvaro Uribe, desestima los acuerdos porque elevan a las “FARC a la condición de socio del Estado”.

Uribe
El expresidente Uribe se ha mostrado muy crítico con el proceso de paz [Vía Flickr]

Con todo esto, surgen dudas sobre cómo se llevarán a cabo las campañas para dicho plebiscito. Y es que se puede caer en el escollo de politizar un derecho y un deber tan primordial como la  paz al someter a decisión popular, con campañas políticas de por medio, si se quiere o no seguir en guerra, o en todo caso, si se quiere o no la paz. Aun sabiendo que las víctimas (afectados directos e indirectos del conflicto) han dado acogida total al acuerdo, abrazando el perdón y proclamando el “no queremos más víctimas por esta guerra”.

Los retos aún están por venir, si bien la concreción de los acuerdos es un paso gigante hacia la paz, todavía queda el arduo trabajo de la reconciliación que llevará años y necesitará de una sociedad que lo asimile y lo propague. Y de la misma manera que sirva como detonante de paz con otros grupos insurgentes como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las bandas criminales, los Urabeños y las mafias del narcotráfico que siguen azotando al país.

[pullquote align=”left”]Una generación que acostumbró su ojo a ver la guerra desde los medios, la política y las relaciones sociales, deberá ahora reacomodar todos sus sentidos para vivir en un entorno diferente; una sociedad en paz que no retribuye sino que restaura[/pullquote]

El proceso será largo porque los cambios culturales son más resistentes que los cambios políticos; la paz se construye con bases sociales, con actores civiles y cambios culturales. Una generación que acostumbró su ojo a ver la guerra desde los medios, la política y las relaciones sociales, deberá ahora reacomodar todos sus sentidos para vivir en un entorno diferente; una sociedad en paz que no retribuye sino que restaura.

La restauración conlleva costes culturales. La retribución es costosa económicamente. La primera es más difícil de aplicar porque requiere de un Estado atento y a disposición de toda la sociedad para atender los horrores de la guerra; en la segunda, el Estado despliega toda su fuerza con los aparatos de violencia legítima, agudiza la guerra y descuida gran parte de las necesidades sociales más urgentes.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.



Sobre nosostros

Con más de 1.700 explicaciones publicadas por más de 300 redactores de 45 países, United Explanations es la plataforma online colaborativa de divulgación internacional más importante en lengua española. Explicamos los asuntos internacionales con un enfoque de derechos humanos.


CONTACTO




Newsletter


¡Colabora con UNX!

Si tienes pasión por los asuntos internacionales y tienes formación o experiencia en la materia. ¡Únete a nuestro equipo haciendo click aquí!