03/10/2022 MÉXICO

¿Por qué se les otorga a las mujeres la connotación de objeto sexual?

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Hoy en día, es recurrente ver anuncios publicitarios, situaciones y comportamientos sociales donde se denigra a la mujer como objeto sexual. La cosificación de su imagen retrata la necesidad de avanzar hacia un modelo social en el que la igualdad entre hombres y mujeres no sea simplemente una utopía, si no una realidad. Todos los seres humanos tenemos el derecho de gozar de dignidad y respeto, sin ningún tipo de distinción.

Los seres humanos, hombres y mujeres somos seres sociales. Nacemos en una sociedad arraigada a cada época, que nos circunscribe con sus significados, normas, mandatos, hábitos, costumbres, papeles y modelos de comportamiento apropiados. Nos educan y nos socializamos en la aceptación de lo establecido, pues de lo contrario nos arriesgamos al rechazo, al enfrentamiento, a la soledad al mostrar nuestra disconformidad. Es por ello, que la aprobación de lo dado, de lo genérico, es una herramienta muy valiosa para mantener la realidad social vigente.

Como seres sociales también somos sujetos sexuados y sexuales, objeto de deseo de otros. Es precisamente esta condición sexual por la que sentimos, pensamos, deseamos, amamos y nos relacionamos. Los humanos no podríamos serlo sin ser sexuales, es un valor que nos estructura profundamente, pues es innato a nuestro ser.Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad abarca el sexo, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción, las identidades y los roles de género.

En un mundo utópico, la sexualidad sería igualitaria tanto para hombres como para mujeres, sin que ningún género ejerciera poder sobre el otro. No obstante, el orden social en el que nos relacionamos, encierra un hondo desequilibrio valorativo entre sexos. La ejemplificación más fehaciente de esta desigual concepción, la encontramos en la cosificación de la mujer como objeto sexual. Cuando alguien cosifica a otra persona, considera, en mayor o menor medida y de manera más o menos consciente, que lo que está viendo es un cuerpo animado, sin dar importancia a los factores que la caracterizan como ser humano, como es la capacidad de pensar, de sentir y de tomar decisiones de forma autónoma. En el aspecto sexual, consiste en relegar el valor de la mujer a sus atributos estéticos y sexuales.

Esta concepción de la mujer como “objeto” sexual está tan intrínseco en la sociedad actual, que es algo que se ha normalizado. Todos hemos visto anuncios publicitarios concebidos para la esfera masculina, en los que la mujer es utilizada como “algo asegurado” para el hombre heterosexual, si se adquiere el producto anunciado. O discotecas y pubs que permiten la entrada gratuita, únicamente a las mujeres, utilizándoles como reclamo para llenar sus salas. La cosificación de la mujer no sólo es degradante moralmente, sino que tiene una plasmación material ligada a un ansia por dominar todo lo femenino. La deshumanización de las mujeres las convierte en un “blanco fácil” para agredirlas sexualmente o someterlas a tratos vejatorios.

La trata de personas para fines sexuales es una lacra actual que sufren un 98% de mujeres y niñas inmigrantes. Esto es debido, fundamentalmente, a la feminización de la pobreza-pues las víctimas son provenientes de países con escasas oportunidades laborales o represivos- y a las diferentes violencias de género que recaen sobre la mujer, y la sitúan en contextos de vulnerabilidad. La mercantilización del cuerpo femenino como algo “comprable”, asignándole el atributo de “objeto” para poder consumir no es más que el reflejo de una sociedad cuyas relaciones se basan en la dominación, el sometimiento y la subordinación de los intereses de la mujer sobre el de los hombres.

Para entender el porqué de esta diferente concepción sexual entre hombres y mujeres, se han llevado a cabo diversos estudios científicos como el publicado en el European Journal of Social Psychology, según el cual, el cerebro humano procesa de distinta forma las imágenes de hombres y mujeres: a ellos se les ve como un todo, mientras que a ellas se les percibe “por partes”. Esta diferente tendencia a la hora de procesar imágenes femeninas explica la inclinación a ver a las mujeres como objetos sexuales. Lo curioso es que no sólo el cerebro masculino heterosexual lo percibe así, también el de las propias mujeres. En este sentido, los investigadores de la Universidad de Nebraska-Lincoln estiman que los hombres lo hacen porque están buscando parejas potenciales, y para las mujeres es una forma de compararse a sí mismas con “la competencia”

[No obstante, la cosificación es un concepto demasiado abstracto como para relacionarlo únicamente a patrones neuronales, que justifiquen esta dualidad sexual entre el hombre y la mujer. El problema reside en que cuando una cuestión está tan asimilada por la sociedad de forma generalizada no se considera ningún problema y, por tanto, no se ve la necesidad de actuar. Es esencial desaprender todo lo que se nos ha inculcado de forma inconsciente y analizar individualmente el cómo y el porqué, solo cuando seamos conscientes veremos las consecuencias que supone para las mujeres. Por todo ello, tomar conciencia, reconocer estas situaciones e intervenir son el primer paso para que se otorgue a las mujeres el lugar donde les corresponde, reestableciendo su dignidad y sus derechos].


 

 

 

 

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Paz Ramírez Rodríguez


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