24/09/2017 BARCELONA

África archivos - United Explanations

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El macro-proyecto del gaseoducto transafricano impulsado por Marruecos y Nigeria supone, al mismo tiempo, un cambio en la geopolítica del continente y un nuevo paradigma en la construcción de relaciones Sur-Sur. Además, ambos países persiguen objetivos políticos y económicos que pueden verse realizados. Te contamos las claves de este proyecto.


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La región occidental de Darfur, situada en Sudán, es una zona de amplios ataques violentos cuyo conflicto actual se remonta al año 2003. Este conflicto militar se originó por causas raciales entre los yanyauid, un grupo de milicianos formados por miembros de las tribus Baggara de los Abbala —criadores de camellos de etnia árabe—, y los pueblos de raza negra, no Baggara, principalmente agricultores.

Hasta el momento, el conflicto había causado desplazamientos a gran escala de personas que huían de la violencia, las altas tasas de muertes, las enfermedades, la interrupción de los medios de subsistencia y la malnutrición. Los desplazados buscaban refugio en los países vecinos, principalmente en Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda; pero, recientemente, un informe de Amnistía Internacional (AI) declara que, como mínimo, el gobierno sudanés puede haber cometido hasta 30 ataques con armas químicas desde el mes de enero en la región de Jebel Marra y, posiblemente, entre 200 y 250 personas podrían haber muerto.

La investigación de Amnistía Internacional

Mapa de Sudán [Foto: CIA vía Wikimedia Commons]
Mapa de Sudán en el que se puede apreciar la región del Darfur al oeste del país [Foto: CIA vía Wikimedia Commons].

La investigación de AI ha recogido pruebas del uso reiterado de presuntas armas químicas contra civiles a través de la utilización de imágenes por satélite, entrevistas con supervivientes y expertos que analizaron las imágenes de las lesiones sufridas por la población. Entre los síntomas que presentaron muchos de los supervivientes tras el ataque, y que llevaron a pensar que era una reacción a las armas químicas, se encuentran afecciones gastrointestinales, problemas respiratorios, ampollas y erupciones en la piel, y problemas oculares, incluyendo la pérdida total de la visión. Además de los ataques, el problema se agravaba con el difícil acceso a los medicamentos.

AI presentó estas pruebas a dos expertos independientes en armas químicas que concluyeron que los síntomas correspondían con la exposición a sustancias vesicantes como la lewisita, la mostaza sulfurada o la mostaza nitrogenada; todos ellos agentes químicos empleados como armas de guerra. Según el informe, los agentes químicos se esparcieron mediante cohetes y bombas lanzadas desde aviones. Las víctimas explicaron que el humo que se liberaba al estallar la bomba cambiaba de color entre 5 y 20 minutos después. A este tipo de ataques se unen los que la aviación sudanesa práctica arrojando napalm con barriles bomba. 

Ante este panorama, AI insta al Consejo de Seguridad de la ONU a presionar políticamente al gobierno de Sudán para lograr que las agencias humanitarias y de mantenimiento de la paz puedan acceder a poblaciones remotas; a garantizar que el embargo de armas vigente se aplica con rigor y se amplía a todo el país; y a investigar urgentemente el uso de armas químicas y, si existen indicios admisibles suficientes, procesar a todas las personas sospechosas de ser responsables.

«Cuando cayó [la bomba], hubo unas llamas y luego una humareda oscura […]. Inmediatamente causó vómitos y mareos […]. Mi piel no está normal. Aún me duele la cabeza, incluso después de tomar la medicina […]. Mi bebé no se ha recuperado […] está hinchado […] tiene ampollas y heridas […]. Dijeron que se pondría mejor […] pero no está funcionando», declaraciones de una víctima de los ataques.

Reacciones internacionales

Si el informe y las pruebas aportadas por AI fuesen ciertas, nos encontraríamos ante una vulneración de la Convención sobre Armas Químicas. Sudán la firmó en 1999, comprometiéndose a no recurrir jamás a este tipo de armamento. De hecho, el tratado prohíbe el desarrollo, la producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas y dispone la destrucción de estas armas en un plazo de tiempo específico.

Campo de refugiados sudaneses en Chad [Foto: Reclaiming the Future vía Flickr]
Campo de refugiados sudaneses en Chad [Foto: Reclaiming the Future vía Flickr].

Además, estos ataques se habrían llevado a cabo en una zona con presencia de una fuerza conjunta de la ONU y de la Unión Africana que se encuentra desplegada en la frágil región desde 2007. Pese a las restricciones de acceso, la UNAMID —como se conoce a esta misión— mantiene su objetivo de proteger a los civiles y sigue facilitando la entrega de asistencia humanitaria, a la vez que trabaja con las partes para que se comprometan a un cese de hostilidades inmediato.

Ante este informe, el secretario general adjunto de la ONU para Operaciones de Mantenimiento de la Paz, Hervé Ladsous, afirmó que UNAMID no ha tenido ninguna evidencia al respecto, aunque aclaró que el gobierno sudanés ha negado reiteradamente a la misión la entrada a las áreas de conflicto de esa zona de Darfur. También advirtió que la seguridad en la región continúa siendo volátil y que el conflicto tiene un fuerte impacto en la situación humanitaria. Por último, Ladsous instó al gobierno de Sudán a cooperar con cualquier investigación que pudiera emprender la Organización para la Prohibición de Armas Químicas.

Por su parte, los representantes de Sudán se defendían de las acusaciones de la organización internacional calificando el informe de «totalmente infundado» y afirmó que Sudán no posee ninguna arma química. Sin lugar a dudas, de ser cierto el uso de armas químicas, se tendrían que tomar medidas internacionales para evitar su uso en un conflicto donde, desde que se inició, la ONU calcula que unas 300.000 personas han muerto, más de 2’5 millones de habitantes han sido desplazados y 4’4 millones necesitan ayuda.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.


Nuria Jimenez09/09/2016
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Afganistán, Siria, China, Corea, Irak, Libia… los conflictos del mundo, repartidos por todos los continentes, deberíamos vivirlos con mayor o menor intensidad de acuerdo con la violencia, la crueldad y el número de muertes. Sin embargo, los vivimos, en su mayoría, de acuerdo con la importancia o la influencia crítica que tienen sobre los Estados Unidos. Es una realidad que, en mayor o menor medida, la primera potencia mundial dicta el ritmo de la actualidad internacional en función de sus inversiones en armas, recursos o fuerzas militares en ciertos países en conflicto.


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La Unión Africana se creó en el año 2001 reflejándose en una Unión Europea que actualmente nos demuestra que los proyectos de integración regional pueden involucionar con facilidad. Mientras Europa da pasos atrás, África camina hacia uno de los objetivos fundacionales de la UA: el panafricanismo. El terrorismo, las redes de criminalidad transnacional, las pandemias, y las deficiencias en el aparato institucional de los estados africanos son algunos de los obstáculos que África deberá enfrentar para conseguir una integración regional que empieza con esta nueva medida, el “E-passport”.


Rut Turch25/05/2016
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El índice Global Terrorism Index 2015 sitúa a tres países africanos (Nigeria, Somalia y Libia) en su top 10 de estados donde el terrorismo tiene más impacto. En referencia al terrorismo yihadista, el foco internacional está puesto en Oriente Próximo y raramente, solo en casos puntuales, se fija en la incidencia de este fenómeno en el continente africano. Durante mucho tiempo, se creía que la probabilidad de que el yihadismo arraigara en África subsahariana era muy pequeña, ya que en esta parte del continente se práctica el sufismo, una rama del islam no ortodoxa, de forma más mística y que se centra en la espiritualidad del individuo. No obstante, actualmente, el yihadismo es un fenómeno en expansión en esta zona.

Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]
Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]

Las principales bandas terroristas de este área del mundo son: Boko Haram, originaria de Nigeria; Al-Shabab de Somalia; y Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), creada en Argelia. Además de actuar en sus países originarios, estos grupos han extendido su área de actuación a otros países.

Aparte de estas organizaciones, en la República Democrática del Congo, desde hace un par de años, un grupo yihadista, Muslim Defense International, está cogiendo fuerza y está incrementado su actividad en las regiones del noreste del país.

AQMI en el Oeste de África

Al-Qaeda del Magreb Islámico tiene presencia y ha actuado tradicionalmente en el Sahel (zona de transición entre el desierto del Sahara y la sabana sudanesa), concretamente en Argelia, Mali, Mauritania, Níger y Chad. En los primeros meses de este año, AQMI ha perpetrado ataques en dos países que no son su objetivo habitual: Burkina Faso y Costa de Marfil. Según los analistas, estos atentados fueron llevados a cabo para marcar perfil y presencia ante su rival, el Estado Islámico, entre otros motivos.

El Departamento de Estado de los EE.UU. asegura que AQMI ha respondido a la presión militar cambiando sus tácticas hacia unas más asimétricas. La banda terrorista ha incrementado los ataques de alto perfil contra los denominados “soft targets” (zonas donde los civiles se concentran en gran número), como sería el caso de los atentados en hoteles y resorts en Burkina Faso y Costa de Marfil.

Según algunos analistas, un posible nuevo objetivo podría ser Senegal ya que es un aliado pro-Occidente, especialmente de Francia y Estados Unidos. En enero de este año, las autoridades senegalesas arrestaron a 500 personas en una operación antiterrorista.

Además, cabe mencionar la aparición de una nueva franquicia de AQMI, Macina Liberation Front, en las regiones centrales y sureñas de Mali a principios de 2015. Este grupo terrorista fue el autor del atentado en el hotel Radisson Blu de Bamako en noviembre de 2015.

Boko Haram y la Cuenca del Lago Chad

Los combatientes de Boko Haram se vieron obligados a abandonar sus bases originarias en las regiones del norte de Nigeria por la ofensiva del ejército nigeriano. Desde mediados del 2015, los terroristas se encuentran arrinconados en la Cuenca del Lago Chad. Esta región engloba parte de cuatro países: Nigeria, Camerún, Chad y Níger. Por consiguiente, actualmente, los cuatro países ribereños son atemorizados por la violencia de este grupo terrorista. Atacan aldeas, ejecutan a personas, roban ganado; y secuestran a mujeres y niñas, que más tarde las utilizan como bombas humanas o como esclavas sexuales.

Padres lloran a sus víctims en Chibok [Fuente: Wikimedia]
Padres lloran a sus víctims en Chibok [Fuente: Wikimedia]

Además, Boko Haram se aprovecha del alto nivel de paro juvenil de la zona para reclutar combatientes. Muchos jóvenes en Camerún y Chad se han unido a la banda yihadista por la promesa de recibir un sueldo.

El año pasado, los cuatro países afectados y Benin reactivaron una fuerza conjunta, Multinational Joint Task Force, para combatir a Boko Haram. Según el historiador nigeriano, Max Siollun, los éxitos militares han cambiado la amenaza de Boko Haram pero no la han eliminado. Siollun añade que la banda terrorista se ha convertido en un grupo de “bandidos bien organizados”.

El ejército nigeriano lanzó el mes pasado el programa Operation Save Corridor dirigido a los combatientes de Boko Haram que se han rendido. Un equipo de psicólogos del comportamiento está trabajando en la desradicalización y la rehabilitación de estos militantes arrepentidos.

Al-Shabab en el Este de África

Aunque Al-Shabab perdió gran parte de su territorio entre 2011 y 2012, continúa controlando muchas zonas rurales en diferentes regiones de Somalia (Juba, Bay, Shabelle y Bakol). Asimismo, la banda terrorista está incrementando su presencia en las zonas del norte de Somalia, concretamente en las montañas de Golis y las áreas urbanas de Puntlandia.

Además de sus actividades en Somalia, Al-Shabab ha efectuado diversos atentados en Kenia, Uganda, Yibuti y Etiopía. Estos países están en el punto de mira del grupo yihadista porque integran la AMISOM, la misión de paz de la Unión Africana en Somalia.

De los países mencionados anteriormente, Kenia es el que ha sufrido más ataques porque cuenta con milicias autóctonas afiliadas a Al-Shabaab. Entre estas, la más destacada es Al-Hirija, que perpetró el atentado del centro comercial Westgate en Nairobi.

Además, Al-Shabab ha penetrado y expandido su actividad en el zona nordeste de Kenia, aprovechando la marginación política y el subdesarrollo que la región sufre desde hace décadas.

Muslim Defense International en la RD del Congo

Muslim Defense International (MDI), antes conocido como Alliance of Democratic Forces, es una banda yihadista originaria de Uganda pero que actualmente actúa en la región North Kivu, al noreste de la República Democrática del Congo. Este grupo se formó en los años 90 con el objetivo de derrocar el gobierno de Uganda y reemplazarlo por un estado fundamentalista islámico. Obligados a abandonar el país, MDI se reubicó en North Kivu.

A pesar de que ya hace años que MDI emprende ataques violentos contra los cristianos de la región, desde hace un par de años se ha reorganizado y ha intensificado su actividad. Según el World Watch Monitor, el MDI ha masacrado aldeas, ha secuestrado a niños y hombres y los ha forzado a convertirse en militantes del grupo. También ha secuestrado a mujeres para utilizarlas como esclavas sexuales.

En una carta conjunta, los obispos de la Provincia de Bukavu (en el este de la RD del Congo) denunciaron la existencia de un “clima de genocidio” y la pasividad del estado y la comunidad internacional.

Una respuesta integral para acabar con el yihadismo

Secuestrados en un autobús por Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]
Secuestrados en un autobús por Boko Haram [Fuente: WikimediaCommons]

El analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Jesús Díez Alcalde, asegura que aunque la solución militar y policial es de vital importancia, estas no conseguirán acabar con las causas que de una forma alarmante dotan a los extremistas islámicos de una gran capacidad de captación, radicalización y financiación. Hasta el momento, las respuestas se han centrado demasiado en medidas represivas en materia de seguridad para eliminar estos grupos.

Según Díez Alcalde, también es necesario mejorar la gobernabilidad, la seguridad y el desarrollo estatal de los países afectados. Para conseguir estas mejoras el analista propone siete medidas: implantar o regenerar sistemas democráticos; fortalecer las instituciones estatales, sobre todo el sistema judicial; generar fuerzas de seguridad y policiales bien dimensionadas; ejercer una administración efectiva y controlar las fronteras estatales; promover el diálogo político con todas las partes del conflicto; fomentar políticas socio-económicas que reduzcan la desigualdad; y luchar contra la corrupción, el crimen organizado y el radicalismo religioso.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Una mayor confluencia entre los Mundos árabe y occidental representa uno de los grandes retos de futuro de estas dos sociedades. Encontrar el equilibrio entre las dos riberas del Mar Mediterráneo, no solo pasa por fomentar la paz y la seguridad, sino también por alcanzar un modelo de desarrollo inclusivo que mejore las condiciones de vida a ambas orillas. Durante muchos años, el destino de Marruecos ha estado ligado a una elevada pobreza, inmigración irregular y a una permanente amenaza terrorista, sin embargo, el país norteafricano aspira hoy en día a ofrecer una nueva visión de país como garante de una estabilidad poco frecuente en la región fundamentada en un gran potencial en múltiples sectores.

Aliado tradicional de los Estados Unidos, el reino Alauí representa el primer país africano en número de turistas, superando por primera vez desde 2014 a Egipto y Sudáfrica; es también el tercer principal receptor de inversión extranjera directa y uno de los principales productores de energías renovables. A ello se suma el crecimiento de una pujante clase media, además de un ambicioso plan de modernización de infraestructuras (carreteras, trenes y sistemas de irrigación) que convierten a Marruecos en un país de vanguardia, sobre todo si se le compara con sus vecinos del continente. Sin embargo, Marruecos se enfrenta hoy a tres grandes desafíos de cuya solución dependerá en gran medida su futuro: una alta dependencia energética, profundos desequilibrios regionales y, por último, la necesidad de posicionarse como hub para África del Oeste para sacarle partido al gran crecimiento que está experimentando esta región del continente.

Dependencia energética: ¿oportunidad o lastre?

Al contrario de su vecina Argelia, rica en gas y petróleo, Marruecos no cuenta con estos recursos. Esto ha contribuido a generar un déficit comercial crónico debido al alto valor de la importación de hidrocarburos. Ello se ve incrementado por el hecho de que se trata de un país mayoritariamente agrícola (siendo uno de los principales suministradores en verduras, frutas y hortalizas a los países de la UE) donde el 40% de la población sigue viviendo en zonas rurales. Por ello, junto a la dependencia energética, la oscilación en el nivel de precipitaciones sigue siendo un factor diferenciador en términos de crecimiento del PIB. Independientemente, la ausencia de recursos energéticos puede considerarse también como una oportunidad. Marruecos, consciente de ello, ha decidido apostar firmemente por las energías renovables. De hecho, recientemente se aprobó el plan “Maroc2030” con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 de aquí a 2030, aumentando la utilización de energías renovables hasta un 50%.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Para abastecer de energía el país, se han instalado múltiples centrales eólicas en las zonas costeras y, en enero de 2016, se inauguró la primera fase de la Central solar de Noor I en Ouarzazate, un faraónico proyecto que, una vez culminado, se convertirá en la mayor central solar del mundo. Asimismo, el otro gran recurso del que carece Marruecos es el agua. Precisamente, con el fin de paliar los efectos de su escasez, cuenta con grandes hectáreas de regadío con enorme potencial para su modernización mediante innovadoras técnicas de irrigación que permitirán, entre otros aspectos, un mayor acceso al agua potable en zonas rurales.

Con el objetivo último de abastecer de energía a Europa, la financiación de múltiples infraestructuras por parte de instituciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) o el Banco Africano de Desarrollo (BAFD) tienen la capacidad suficiente para convertir a Marruecos en un país de referencia en este ámbito. Este mismo año, la celebración en Noviembre del COP 22, la cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima, que tendrá lugar en Marrakech será un buen medidor de los planes del Reino Alauí.

La corrección del desequilibrio regional

Si, por un lado, el problema del déficit energético requiere acciones a nivel conjunto, por otro, el desequilibrio regional ha sido un problema persistente. Las diferencias marcadas entre el Norte y el Sur, en gran parte debidas a la frontera existente entre los antiguos protectorados español y francés, se vieron acentuadas durante el reinado de Hassan II el cual, por desavenencias políticas, dedicó un gran empeño en fortalecer al sur, dotándolo de las mejores infraestructuras y personal cualificado. En consecuencia, el eje Rabat-Casablanca representó durante muchos años el único polo de riqueza real del país dejando al resto de regiones en un segundo plano. El advenimiento del nuevo monarca, Mohammed VI, cambió radicalmente la tendencia, consciente de que este desarrollo desigual sería perjudicial para el país a largo plazo.

Desde la pasada década, son muchos los proyectos lanzados para reforzar otras regiones periféricas. Destaca especialmente la modernización del puerto de Tánger. La antigua ciudad internacional ha recuperado parte de su esplendor gracias a la construcción de “TangerMed”, puerto que alberga hoy más de 3,5 millones de contenedores, siendo ya el mayor de toda África. Otros proyectos destacables son los planes inversión en la región oriental, antaño una de las menos desarrolladas,o la potenciación de Agadir como nuevo destino turístico de interés. A todo ello hay que añadir los ya tradicionales destinos de Fez y en especial Marrakech que convierten a Marruecos en un destino turístico de primer orden.

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Fuente de la imagen: wikimedia commons

Este conjunto de medidas ha contribuido a un desarrollo más homogéneo e inclusivo entre las distintas regiones. Pese a ello, es inevitable mencionar la catástrofe que han supuesto las grandes sequías de los últimos años, las cuales han acelerado el éxodo rural de una población con muy pocos recursos, que se ha desplazado mayoritariamente a la región de Casablanca.

Marruecos como puerta de entrada a África del Oeste

No obstante, no solo es relevante el crecimiento interno del país sino también el de sus principales socios. Durante décadas, Marruecos ha dado la espalda al continente del que forma parte: África. Como consecuencia de ello, su desarrollo ha estado estrictamente ligado al comercio con Europa, provocando que más del 60% de las exportaciones se dirijan al viejo continente. La reciente crisis financiera que ha azotado a Europa y, en especial, a Francia y España, primer socio comercial desde 2012, han tenido un profundo impacto en la economía marroquí.

Por un lado, se han estrechado los lazos de cooperación para proteger los intercambios comerciales con los socios tradicionales, lo que desembocó en la firma de los acuerdos para la liberalización del comercio de productos agrícolas y de pesca con la UE en 2012. No obstante, la necesidad de diversificar sus socios comerciales le ha hecho girar su mirada a África. En este sentido, África Occidental ejerce un papel preponderante y representa una de las regiones con mayor potencial de crecimiento a escala mundial. Marruecos, desde su posición geoestratégica, podría actuar como puente en esta relación entre Europa y esta zona del continente.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Con este objetivo, se han creado conexiones aéreas que conectan Marruecos con las principales capitales del África Subsahariana desde Casablanca, capital económica del país. Precisamente, la ciudad costera fue clasificada como la mejor ciudad africana en materia económica del continente contando con sedes de las principales multinacionales y Universidades de primer nivel que atraen a estudiantes de todo el continente.

Además, se han producido varias giras del Monarca por países como Costa de Marfil o Senegal, alcanzando multitud de acuerdos que han venido reforzando el posicionamiento del Reino Alauí. Sus inversiones en el resto de África se han desarrollado en sectores como el financiero, con el grupo Attijariwafa Bank ejerciendo de líder, el de las telecomunicaciones, donde despuntan grupos como Maroc Telecom o, incluso, el sector minero, siendo Marruecos principal exportador de fosfatos a nivel mundial. En conjunto, dicha estrategia ha tenido un balance positivo y, desde el 2008, el comercio con África Subsahariana se ha duplicado.

Una mirada optimista al futuro

Por lo tanto, son muchos los obstáculos que Marruecos tiene por delante, desde la desigualdad, la necesidad de mejorar el acceso a la educación o la falta de cohesión de los países del Magreb. Sin embargo, el futuro presenta muchas oportunidades: una mayor integración territorial, la minoración de la dependencia energética y una visión más optimista hacia África podrían ayudar en este sentido. Será cuestión de tiempo el comprobar si las medidas emprendidas convierten estos proyectos en una realidad.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

 


Diego Badell06/04/2016
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A día de hoy, Eritrea es considerada como la Corea del Norte de África. A pesar de que África aún no está completamente liberada de los regímenes dictatoriales y sus democracias en cierta medida siguen siendo frágiles, el nivel de represión que ha prevalecido en Eritrea en los últimos diez años no tiene punto de comparación. Los casos detallados de violaciones de los derechos humanos y de represión en el país son infinitos.



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