11/07/2026 MÉXICO
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En el extremo sureste de la península arábiga se encuentra un país que, sin los reflectores de sus vecinos, logró construir un Estado con una calidad de vida que supera a Suiza, Finlandia o Noruega. Desde el golpe de Qabus bin Said en 1970, Omán transformó su economía petrolera en infraestructura, educación, salud y modernización institucional. Hoy diversifica su modelo con turismo de alta gama, industrias pesadas y puertos estratégicos cerca del Estrecho de Ormuz.

En el extremo sureste de la península arábiga se encuentra un país que, sin los reflectores estrafalarios de sus vecinos, logró racionalizar un Estado con una calidad de vida envidiable. Numbeo, una de las mayores bases de datos de costos y calidad de vida en el mundo, colocó a Omán en el cuarto puesto a nivel mundial, por delante de países como Suiza, Finlandia o Noruega.

Del imperio marítimo al aislamiento

Omán supo ser una potencia marítima. Localizado en un punto estratégico muy codiciado, logró repeler a potencias como el poderoso imperio portugués en 1650 y expandir su dominio por la costa este de África, asegurando lucrativas rutas de comercio de especias, marfil y bienes. Este apogeo se alcanzó bajo el sultán Sayyid Said bin Sultán, quien en 1840 trasladó la capital a Zanzíbar, convirtiéndola en un centro comercial global. Pero debido a problemas de sucesión y una creciente interferencia inglesa, el Imperio Omaní perdió su esplendor, culminando con la escisión en el Sultanato de Omán y Mascate y el Sultanato de Zanzíbar.

Sin Zanzíbar, Omán se deshinchó rápidamente. La interferencia de Inglaterra fue en aumento y alcanzó su punto culminante cuando el sultán Said bin Taimur pidió refuerzos a los británicos para contener las cada vez mayores rebeliones de los líderes religiosos (imanes) de la región interior. Said bin Taimur llevó al país a un aislacionismo extremo que agravó la debacle omaní.

El golpe que lo cambió todo

En 1970, el sultán Said bin Taimur fue destronado por su propio hijo, Qabus bin Said al Said, con apoyo británico. Qabus iniciaría la restauración del país.

¿Pero cómo se explica que un país que tenía solo tres escuelas primarias y diez kilómetros de carretera asfaltada haya conseguido esta calidad de vida? La respuesta agrupa múltiples políticas eficientes.

El petróleo como motor de transformación

Vista del puerto de Mascate, Omán. Foto: Joerg Hartmann / Pexels

Con su principal ingreso, el petróleo, se llevaron a cabo programas de desarrollo integral:


      • Clínicas y hospitales modernos de nivel terciario en todo el país.
      • Construcción de escuelas gratuitas en cada pueblo.
      • Ampliación de la red vial, unificando un país tribalmente dividido.
      • Distribución de energía y plantas de desalinización, proporcionando electricidad y agua potable a la mayoría de los hogares.

Modernización del Estado

Hubo una reforma total que formalizó el paso a la modernidad del país. Se crearon ministerios, agencias gubernamentales y un sistema judicial moderno. Aunque Omán seguía siendo una monarquía absoluta, Qabus estableció el Majlis al-Shura (Consejo Consultivo) y el Majlis al-Dawla (Consejo de Estado), permitiendo la participación ciudadana y la consulta en el proceso legislativo, un paso crucial hacia la modernización política.

Omán también se ocupó del empleo de sus ciudadanos. Con la estrategia “Omaní Primero” (omanización) se establecieron cuotas obligatorias para la contratación de ciudadanos omaníes en todos los sectores, tanto públicos como privados, además de la inversión en escuelas técnicas y universidades para asegurar que los ciudadanos pudieran ocupar puestos de alto nivel en la administración, el sector energético y las empresas privadas.

Diversificación: pensando más allá del petróleo

Dunas de arena en Bidiyah, Omán. Foto: Adil Riyami / Unsplash

Consciente de que el petróleo es finito, Omán está diversificando su economía. Invierte en infraestructura turística de alta gama, enfocándose en el turismo cultural y de naturaleza para preservar la identidad omaní. Avanza en industrias pesadas como la petroquímica y la metalúrgica para agregar valor a los recursos naturales. Y desarrolla puertos clave como Duqm y Salalah para establecerse como un hub logístico y de reexportación estratégico, aprovechando su posición privilegiada cerca del Estrecho de Ormuz y el Océano Índico.

Omán es un claro ejemplo de cómo una política sostenida es capaz de afianzar los objetivos de un país. En el gran desierto, las ideas llegan a buen puerto.


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Federico Muller

Soy estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, con una marcada vocación por la comunicación estratégica y el análisis político. Cuento con experiencia como columnista radial y redactor, donde aplico mi perfil trilingüe para conectar la política local con las tendencias globales de forma clara y técnica.


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