Los ataques coordinados del 25 de abril en Mali aunaron por primera vez a la filial de Al Qaeda (JNIM) con los rebeldes separatistas tuareg del Frente para la Liberación del Azawad. La ofensiva asesinó al ministro de Defensa, tomó ciudades clave como Kidal y Mopti, y sometió a Bamako a un bloqueo parcial. Tras la expulsión de las fuerzas francesas, el fin de la misión de la ONU y la incorporación de mercenarios rusos, Mali se ha convertido en un Estado a la deriva cuyo colapso amenaza directamente a Europa a través de dos vectores: la expansión del yihadismo y la crisis migratoria.










