13/08/2020 BARCELONA

Kosovo, ¿futuro corredor del yihadismo internacional hacia Europa?
Pintada a favor de la república de Kosovo [Marko Fleber vía Flickr].

Kosovo sigue luchando por salir adelante dentro de un contexto internacional que no le presta demasiada atención. Mientras, se va descubriendo que la ayuda económica que recibió después de la guerra de finales del siglo pasado iba encaminada a crear una nueva sociedad musulmana que ahora el ISIS está explotando como ruta para acceder a la Unión Europea.

El Estado Islámico -o Daesh-, posee una característica fundamental que le reafirma como la organización terrorista más poderosa de la historia. Mediante la explotación de los territorios que ocupa ilegalmente, junto con la extorsión a las poblaciones que en ellos viven subyugadas, ha conseguido erigir una auténtica industria del terror que aporta a la organización millonarios beneficios económicos y financieros.

[pullquote align=”left”]El ISIS está aprovechando la laxitud de los controles fronterizos en Kosovo para incrementar su presencia y crear un corredor hacia Europa[/pullquote]

Sin embargo, ante la paulatina pérdida de sus ciudades-bastión en Siria e Irak, Daesh cuenta con una hoja de ruta alternativa. Los expertos apuntan que esta nueva estrategia pasará, por un lado, por ampliar su califato hacia Libia, Yemen y el Sinaí y, por otro, por perpetrar más atentados en Estados Unidos, el sudeste asiático y Europa. Recientemente, el actual comisario europeo de Seguridad, Julian King, alertaba del “serio riesgo” que puede suponer la toma de Mosul para el retorno de combatientes yihadistas hacia Europa.

La organización, advierten, focalizará el reagrupamiento de nuevas células locales en países como Bélgica, Francia, España y, especialmente, en la zona de los Balcanes. La laxitud de los controles fronterizos, unida a los numerosos conflictos y tensiones todavía existentes desde las guerras yugoslavas, hacen que este terreno sea visto por los yihadistas como la gran entrada para su actividad hacia Europa Occidental.

Kosovo, en el punto de mira

Desde el año 2014, el Ministerio del Interior kosovar estima que al menos 300 hombres y 36 mujeres han pasado a engrosar las filas del Daesh desde el inicio de la guerra en Siria, y alrededor de la mitad podría haber retornado a su país. Un porcentaje bastante alto, teniendo en cuenta que la población del estado es de 1’8 millones de personas –de las que el 95% son de etnia albanesa y de religión musulmana–, lo que supone, en proporción, que en el país más joven de Europa habría cinco veces más yihadistas que en Bélgica.

Después de la guerra (1998-1999) comenzaron a llegar millones para la necesaria reconstrucción del país sin que las autoridades controlaran la procedencia del dinero.

Aunque la Unión Europea, representada en Kosovo a través de la misión EULEX (European Union Rule of Law Mission in Kosovo), afirma que el país está haciendo grandes esfuerzos en la lucha antiterrorista, la embajadora de Estados Unidos en el país, Tracey Ann Jacobson, advertía del riesgo que supone la colaboración entre los grupos extremistas y el crimen organizado. Resulta interesante destacar el interés geopolítico que Estados Unidos tiene en la región de los Balcanes. El Camp Bondsteel, ubicada en la ciudad de Uroševac, es la mayor instalación militar estadounidense en la región, y en ella se habrían producido detenciones e interrogatorios ilegales a presuntos terroristas para conocer sus actividades criminales, según denuncia el Consejo de Europa.

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Un grupo de jóvenes rezando en Mitrovica [Foto de Agron Beqiri vía Flickr].

Pero el fundamentalismo islámico no es un fenómeno nuevo en el país balcánico. La presencia de un “islam extranjero” comenzó antes de los últimos bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, en 1999. Xhabir Hamiti, profesor de la Facultad de Estudios Islámicos, contaba para El País que “después de la guerra [de Kosovo, 1998-1999] quedó todo arrasado, necesitábamos ayuda para reconstruir el país y, cuándo ésta llegó, nadie se fijó de dónde procedía. Fue entonces cuando empezaron a llegar muchas asociaciones caritativas extranjeras, de Arabia Saudí, los países del Golfo… Cuando se dieron cuenta, las autoridades ya no podían tener todo el control”.

En un principio, la actividad de estas ONG’s se centraba en la construcción de mezquitas, centros sociales, comedores, escuelas y centros de educación donde se impartía un Islam salafista, ajeno a la tradición religiosa más liberal que se profesa en el sudeste europeo.

“Nosotros somos musulmanes nominales. No vamos mucho a la mezquita; bebemos alcohol y comemos cerdo. Ese es el modo (religioso) kosovar”, explica Dren, investigador para el Irish Times.

Aunque las actividades de estas organizaciones extranjeras fueron conocidas desde su origen por las autoridades locales e internacionales y por UNMIK –la misión de la ONU en Kosovo–, no fue hasta el año 2009 cuando EULEX y la Agencia para la Lucha contra la Corrupción de Kosovo iniciaron investigaciones más a fondo. De hecho, el ex-jefe de seguridad de la OSCE, Thomas Gambill, contaba que ya en 2005 se advertían actividades por parte de estas organizaciones caritativas, sin que contara con mayor atención por parte de sus superiores.

El papel de las organizaciones humanitarias

Un informe de la CIA, publicado en 1996, señalaba la vinculación entre algunas de estas organizaciones caritativas con el terrorismo. En el informe se detalla el interés de algunos países de la Península Arábiga y Sudán por volcarse en la ayuda humanitaria hacia Kosovo, y en “defender a las comunidades musulmanas contra los enemigos”. Sin embargo, estos países islámicos no controlaban el destino final de los recursos que se aportaban a estas ONG’s, pues eran éstas las encargadas de distribuir el dinero, “a menos que consideraran que estas organizaciones amenazaban su estabilidad o sus relaciones bilaterales”.

“Tenemos información de que casi un tercio de las ONG’s islámicas en los Balcanes han facilitado tareas de grupos islámicos mezclados con el terrorismo, incluyendo el egipcio Al Jamat Al Islamiya, el palestino Hamas, grupos argelinos, o el libanés Hezbollah. Algunos de los grupos, como Al Jamat, tienen acceso a las credenciales de la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (ACNUR), así como a las de otro personal de la ONU en la Ex Yugoslavia”, destacaba el informe.

Mezquita de Sinan Pasha, en Pizren [Foto vía WikimediaCommons].
Mezquita de Sinan Pasha, en Pizren [Foto vía WikimediaCommons].

Los presuntos grupos terroristas habrían utilizado estas organizaciones para infiltrar a sus miembros con el fin de controlar sus fondos económicos y, también, realizar tareas de propaganda orientadas a la radicalización de los jóvenes, extendiendo un discurso salafista a través de sus medios de comunicación y sermones en los centros culturales. De cara a la opinión pública, el objetivo de estas ONG’s se ha centrado en apoyar económicamente a las familias más afectadas por la crisis, algunas financiando becas para que los jóvenes fueran a estudiar a los países árabes, con las que más de dos centenares de estudiantes se han formado en Arabia Saudí.

No obstante, la filantropía de estas organizaciones conlleva una serie de condiciones. Los testimonios de personas que han sido atendidas por estos servicios de caridad afirman que, para recibir estas ayudas, deben acudir a las mezquitas regularmente, las mujeres han de vestir hijab, y los hombres tienen que dejarse crecer la barba. “Mis vecinos me dijeron que les darían 300 euros mensuales por hacerlo. Dicen que es la única forma que tienen para sobrevivir”, cuenta Brikena Hoxha, una ciudadana kosovar.

Proselitismo financiado

Kosovo se declaraba Estado independiente de Serbia el 17 de febrero de 2008, con el reconocimiento oficial de Estados Unidos y buena parte de la Unión Europea –exceptuando cinco estados miembros, entre ellos España–.

El país iniciaría su independencia con una estructura institucional endeble y un tercio de su población sumida en la pobreza y sin expectativas de futuro. Con unas tensiones más que evidentes con su vecino serbio, y la negativa a colaborar en los controles fronterizos, sumado a la existencia de mafias del narcotráfico muy activas, Kosovo se ha convertido en caldo de cultivo para la intromisión del yihadismo radical. En esta línea, la Presidenta de Kosovo, Atifete Jahjaga, declaró para Fox News que su gobierno “estaba decidido en construir un telón de acero contra el terrorismo hacia Occidente”.

[pullquote align=”right”]A la lucha antiterrorista se ha sumado la comunidad musulmana local, desmarcándose de los individuos detenidos y comprometiéndose a vigilar la actividad de los espacios religiosos[/pullquote]

A finales de 2014, el gobierno kosovar aprobó una reforma del código penal que prevé penas de hasta 15 años de cárcel para aquellos que recluten combatientes, o decidan alistarse en las filas del Daesh. Desde ese año, dos combatientes kosovares se inmolaron en Irak y Turquía, y las autoridades policiales han detenido en el país a 67 personas –14 de ellas imanes–, y han clausurado 19 centros de estudios islámicos por incitación al terrorismo.

Actualmente, en Kosovo hay alrededor de 800 mezquitas que han sido acusadas de proclamar el salafismo (de las cuales, al menos 240 fueron construidas después de la guerra). Además de los países arábigos, Turquía también ha mostrado cierto interés urbanístico en Kosovo, financiando, al menos, la construcción de otras 22 nuevas mezquitas. Los investigadores apuntan a que es precisamente en estos centros sagrados donde tiene lugar el proselitismo radical por parte de los kosovares que han viajado a los países arábigos.

En una entrevista para Vice, Osman Musliu, imán de Drenasit –una pequeña localidad cercana a Pristina, capital de Kosovo–, explica que “a diferencia de las mezquitas antiguas, las financiadas por los países árabes o Turquía no están controladas por la comunidad islámica local. Ahí es donde se crean los espacios para la propaganda terrorista”.

Tensiones crecientes en un escenario inestable

informe-ong-kosovoEntre las grietas de una sociedad de por sí fracturada, en Kosovo ha surgido un nuevo frente que intensifica esta tensión y divide aún más la opinión de la ciudadanía. En febrero de 2013, el Movimiento Islámico por la Unidad –Levizja Islame Bashkohu LISBA, en albanés–, se registraba oficialmente como el primer partido político fundamentalista en la región de los Balcanes.

El grupo representado por Arsim Krasniqi (aunque se apunta a Fuad Ramiqi como el verdadero líder), ya había protagonizado masivas protestas en 2011 exigiendo la construcción de una gran mezquita en Pristina, y en 2007 contra la prohibición de que las mujeres vistieran hijab en los espacios públicos. “Si este movimiento es registrado como partido político, podría ser ilegal e inconstitucional”, apuntaba Sami Kurteshi, defensor del pueblo kosovar. Frente a estas palabras, el director ejecutivo del Instituto Balcánico de Políticas afirmaba que “un partido no puede ser censurado por su ideología”.

Diferencias como esta evidencian la inestabilidad manifiesta en el seno de la sociedad kosovar. Con una tasa de desempleo del 60% entre los menores de 25 años, éxodos masivos de su población hacia una Europa que todavía les cierra puertas, y la incertidumbre sobre qué sucederá cuando desaparezcan del país los organismos internacionales, Kosovo aún tiene que enfrentar grandes desafíos. Los expertos señalan que el principal objetivo del Estado pasa por el reconocimiento y acceso a la Unión Europea y la OTAN, un propósito difícilmente alcanzable hasta que no se normalicen las relaciones con la vecina Serbia.

[pullquote align=”left”]Se da la paradoja de que, al no ser reconocido por todos los organizamos internacionales que luchan contra el terrorismo, no puede disponer de los medios adecuados[/pullquote]

Además, Kosovo debe consolidar sus esfuerzos en materia de cooperación internacional para constituirse como un miembro estable en la lucha contra el terrorismo global. El Departamento de Estado de Estados Unidos destaca en un informe, que el país no es miembro del grupo de acción financiera contra el blanqueo de capitales –FATF, por sus siglas en inglés–, y tampoco cuenta con un sistema de rastreo de las ONG’s financiadas de manera sospechosa. El documento también subraya las dificultades que encuentra el país para implementar iniciativas de contraterrorismo coordinadas internacionalmente debido, precisamente, a que no es un miembro plenamente reconocido por los distintos organismos internacionales.

Así pues, resulta evidente que para que Kosovo no se vea convertido en la antesala del extremismo hacia Europa, tendrá que solventar aún los graves conflictos socioeconómicos internos que atraviesa, algo que difícilmente se verá solucionado hasta que no se resuelva su estancamiento geopolítico, fundamental para el joven Estado. Como relata un periodista local para El País: “La narrativa no es tan exitosa como parece. Las detenciones son frecuentes, es cierto, pero no existe un programa para reeducar a los extremistas, o para prevenir su radicalización, sólo medidas punitivas. La pobreza y la absoluta falta de expectativas para los jóvenes seguirán siendo un terreno abonado para reclutar yihadistas”.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Jimena Garcia

(Madrid, España). Graduada en Periodismo, Máster en Comunicación Institucional, Política y Corporativa y, actualmente, estudiante de Ciencias Políticas. Creo que una explicación verdaderamente valiosa es aquella que despierta en nosotros otras tantas nuevas preguntas.


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