05/04/2020 BARCELONA

Kenneth Ledgard Weiss, autor en United Explanations

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La historia es cíclica, por más que la aprendamos de manera lineal, ascendente y en la clave del progreso. Como la historia la escriben los ganadores, lo normal es que sea reescrita para que su explicación sea lo más coherente con la situación heredada. Por ello, cuando es estudiada desde el conflicto social, las versiones acaban reducidas a dos historias antagónicas: la de los vencedores, y la de los vencidos. Esto es lo que nos enseña un examen detallado de las dinámicas históricas de crisis y conflicto social.


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La historia reciente de México tiene la pesada carga de una corrupción cuyos límites no son imaginables, y sobre la que últimamente se vierte, con razón, ríos de tinta. El caso de los estudiantes de Ayotzinapa no ha hecho sino hacer pública una realidad incómoda de la que por costumbre, tristeza o miedo, no se hablaba con tanta insistencia: la de la debilidad de las instituciones que se percibe desde la población, y lo que es peor, la desconfianza que se tiene hacia ellas, cuando se sabe que se ignora más de lo que se sabe.


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Estrategias mediáticas, medios estratégicos.

El surgimiento mediático de Pedro Sánchez, nuevo Secretario General del PSOE y figura destinada a revitalizarlo, no ha pasado desapercibido. Y en muchos medios ya se ha subrayado una supuesta imitación de la táctica comunicativa de Pablo Iglesias, así como la crítica velada al populismo de este último (con la diferencia de que su entrada en la política fue posterior a su fama televisiva) y un desafío a debatir desdicho rápidamente por el partido.

Pero hay matices en los que conviene profundizar como, primero, cuáles han sido los medios elegidos para tales apariciones – “Sálvame” y “El Hormiguero”,  – resaltando que ninguno de ellos suele tocar salvo tangencialmente cualquier asunto relacionado con la política.

En segundo lugar, habría que preguntarse cuáles son los sectores poblacionales que siguen estos programas. Y tercero, que tras la negativa a que la famosa llamada a Jorge Javier Vázquez fuese pública, como de que las demás apariciones fuesen en formato entrevista, rechazando la participación en debates públicos -tras sugerirlos, todo sea dicho- puede deducirse la búsqueda de una audiencia diversa y masiva, pero no de una audiencia política. Por tanto, una voluntad de mantener prudentemente los discursos bajo control, trabajando una imagen reformista y simpática de cara a las elecciones generales de 2016.

En fin, son estrategias, y cada partido elige cuáles utilizar.

Política televisada, televisión politizada.

En abril de este año salió el minidocumental “Una mosca en una botella de Coca-Cola”, que a través de varios ejemplos y basándose en la denuncia del periodista Pascual Serrano sobre la concentración de los medios en España, aborda la cuestión de si la difusión informativa es indisociable de los grandes grupos empresariales y de cuál es su nivel de participación e influencia sobre los contenidos. A saber, al ver la televisión se puede elegir el canal, aunque no siempre la postura política detrás del mismo.

El impulso que Podemos ha ganado con La Tuerka y Fort Apache, primero, y luego con las apariciones de Pablo Iglesias en tertulias y debates que van desde Intereconomía hasta La Sexta, los partidos traidicionales han leído la necesidad de encontrar nuevas estrategias para llegar a su potencial electorado.

La #televisión hace de la muerte un espectáculo, de la #mujer un objeto y de la #política un circo. [Foto: CGT Catalunya vía Flickr]
La #televisión hace de la muerte un espectáculo, de la #mujer un objeto y de la #política un circo. [Foto: CGT Catalunya vía Flickr]

Pero es que a juzgar por los niveles de abstención en las últimas elecciones generales (31,06%) la distancia entre la política y la ciudadanía es muy alta, y esta alta desafección ha creado la impresión Debordiana de que una puesta en escena bien diseñada puede conferir a un personaje la proximidad necesaria como para que un programa político quede en segundo plano, por impopular o simplemente por estar en proceso de definición.

Gabriel Tarde planteaba en “La opinión y la masa” (1901) el impacto de la imprenta en la percepción individual y el de la ruptura del monopolio eclesiástico de la educación y la difusión de la información, fijándose en los periódicos de gran tirada, en su capacidad de generar opinión y concentrar lectores según su afinidad política, o sea, su condición socioeconómica. Hoy resulta anacrónico, pues los medios ya no se limitan a los escritos y la televisión está consolidada como el principal medio de acceso a la información por su alcance (37 millones de televisores en España) y por las posibilidades que la imagen da a la hora de generar o difundir opiniones.

“Como es sabido, hay un sector muy importante de la población que no lee ningún periódico, que está atado de pies y manos a la televisión como fuente única de informaciones. La televisión posee una especie de monopolio de hecho sobre la formación de las mentes de esa parte nada desdeñable de la población” (Bourdieu, 1996:23).

Más recientemente, el sociólogo francés Pierre Bourdieu dijo que “la opinión pública no existe” sino como mecanismo político para generar una ilusión de consenso. Así, según la lógica de que las encuestas no dicen lo que las personas piensan sino que les dicen lo que tienen que pensar, la televisión queda como un instrumento sometido a la presión de quienes la financian, mediante la producción de símbolos y significados, la (pre)selección de asuntos e invitados, el control de tiempos e intervenciones y la búsqueda de primicias y exclusivas con las que maximizar audiencias. No pocas críticas le cayeron al proponer la creación de un comité encargado de controlar los mensajes que derivan de esta relación entre los medios y el capital, dados el carácter censor de tal iniciativa y la paradoja que suponía.

Aún con el debate que genera en torno a las libertades de mercado y expresión, la afirmación de que “a través de los índices de audiencia la lógica de lo comercial se impone a las producciones culturales” (Bourdieu, 1996:37) aplica perfectamente al campo político e invita a reflexiones más profundas.

Lo mismo es resaltado por Giovanni Sartori cuando dice que “actualmente, el pueblo soberano «opina» sobre todo en función de cómo la televisión le induce a opinar.Y en el hecho de conducir la opinión, el poder de la imagen se coloca en el centro de todos los procesos de la política contemporánea” (Sartori, 1997:66), cuestión poco novedosa si consideramos los antecedentes nazis o stalinistas.

Pero el periodismo como actividad, y los medios de comunicación como su canal de difusión, tienen la labor de informar y, sobre todo, la obligación moral de hacerlo de manera imparcial pues utopías aparte, la televisión puede crear realidades a su antojo, difundir discursos y generar opiniones sin necesitar más que la pasividad de los sujetos.
Sin embargo la televisión parece, lentamente, dar paso a la revolución digital y a las redes sociales, lo que nos lleva a una pregunta de no tan fácil respuesta: ¿tiene un ente con voz “hegemónica”, manipulable y con tal presunción de veracidad realmente más credibilidad que mil individuos cuya palabra es relativizable?

Foto de portada: Tv Family. Fuente: http://ssociologos.com

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


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Lo que los números esconden.

Visto el asombro suscitado por las imágenes de este verano, se ha vuelto a escuchar con fuerza el discurso moralista de la degeneración, la crisis de valores o lo perdidas que están las generaciones jóvenes que ven sus vacaciones como un espacio de locura y desenfreno en vez de un tiempo de tranquilidad y descanso. Esto es simplificar demasiado y descontextualizar los problemas de las causas que los generan, por omitir otros factores que intervienen en los procesos.

Las estadísticas tienen interpretaciones relativas, y si se analiza el número de llegadas, de pernoctaciones, la estadía media o el número de plazas hoteleras se puede llegar a conclusiones muy diferentes, escogidas a consciencia. Según datos oficiales Mallorca recibió en 2013 9,5 millones de turistas, de los que la mitad tenía entre 15 y 44 años.

Es en este grupo en el que podemos situar lo que ha hecho saltar las alarmas sobre los riesgos inherentes de un turismo desbocado. Sí, el turismo trae trabajo y dinero. ¿Pero a qué precio?

La pregunta de partida entonces sería la de si hay oferta porque hay demanda o viceversa. Si bien en los estudios se suele hablar del “perfil del turista”, lo cierto es que es difícil establecer un prototipo tan esencialista que incluya todos los “perfiles de turistas”, y resulta más sencillo y hasta efectivo fijarse en el producto que los atrae.

Por ejemplo, los paquetes que incluyen vuelo, hotel con media pensión y una ruta de bares guiada por un animador con el objetivo declarado de emborrachar a sus clientes hasta que pierdan el sentido (no es casualidad que la empresa que más publicidad ha recibido tras el caso Mamading sea Carnage, “matanza” en castellano).

La calle Punta Ballena, centro neurálgico del "turismo de borrachera" en Magaluf [Fuente: Wikimedia]
La calle Punta Balena, centro neurálgico del “turismo de borrachera” en Magaluf [Fuente: Wikimedia]

Las empresas que los ofrecen son extranjeras, y por lo general propietarias de los locales a los que llevan a sus clientes, un negocio redondo. Y si no, poseen la fuerza como para establecer relaciones comerciales con cadenas de infraestructura más sólida que un negocio local, alienando el lugar y empujándolo al monocultivo turístico.

Si bien no es el asunto que nos atañe, preocupa pensar en los significados ocultos tras el desafío de las veinte felaciones express a cambio de barra libre. No me cabe ninguna duda de que los interesados en estudios de género tendrán material de sobras para escribir. Pero si bien se duda de si esto era parte de la ruta ofrecida o iniciativa personal de la sedienta chica, las alarmas saltaron al ver a qué punto puede llegar la oferta cuando existe la demanda de un producto que satisface necesidades hedonistas que recuerdan al vanagloriado Springbreak americano: beber, drogarse y follar si el cuerpo aguanta.

Por lo tanto, el perfil del turista que acude a Magaluf es, simple y llanamente, el de una persona joven que por estar lejos de su casa y saber muy bien a lo que va, refuerza el modelo económico de la zona, pues compra lo que se le ofrece, y contribuye a la desaparición de los locales que no quieran ser parte del frenesí. La demanda moldea la oferta, pues aunque cada local puede permitir o prohibir las prácticas que más le convengan, el sexo en público nunca había sido el mayor de sus problemas por estar asociado al pudor y a la vergüenza al pertenecer a la esfera privada, dimensión difuminada por la distancia y el anonimato.

Pero ante el revuelo suscitado hay que destacar que Magaluf es sólo un nombre, y si la ansiada y prometida regulación llega a cambiar algo (se dice que pese a las multas y a la orden de cierre, todo sigue igual en Magaluf), las empresas involucradas buscarán otro pueblo que necesite impulsar su economía con inversiones extranjeras.

Probablemente la regulación buscará poner parches a las consecuencias de un problema mucho más profundo, que no será reconocido por las dificultades que entraña reestructurar la economía insular y articularla de dentro hacia fuera.

Barcelona, Terra nullius:

En Barcelona, la situación no es tan diferente: la ciudad es más grande y goza de mayor reputación internacional gracias a la playa y a las ferias, congresos y festivales, que sumados al patrimonio histórico, cultural y hasta futbolístico, diversifican los pull factors. Barcelona recibió en 2013 unos 7.5 millones de visitantes, con una distribución de edades similar a las del turismo mallorquín, y, aunque el indiscutible componente cultural atraiga a familias enteras y adultos de todas las edades, pasan medianamente desapercibidos ante el sonoro turismo de borrachera.

Turismo de Borrachera
Los turistas que últimamente se dejan ver desnudos sin pudor por el barrio de La Barceloneta (Barcelona) [Foto tomada por un vecino]

Además, la cultura es la gran baza con la que se apela al llamado ‘turismo de calidad’, aunque esto contraste fuertemente con que Barcelona sea el destino número uno de los vuelos low-cost o con que el objetivo para los próximos años sea llegar a los 10 millones anuales.

Así las cosas, las recientes protestas ciudadanas contra el turismo indiscriminado son una respuesta fácilmente comprensible, pues cualquier ciudad que reciba una población flotante de entre cuatro y diez veces su población cada año verá su estructura económica inevitablemente alterada. En la Barceloneta, los vecinos denuncian entre muchas otras cosas la desaparición de negocios locales y su sustitución por grandes cadenas de minimarkets, el aumento de precios y la desintegración de los vínculos comunitarios que conforman “el barrio” en beneficio del consumo turístico.

Puesto en el mismo plano, toda da pie a pensar que las leyes y los Planes de Usos decretados por los ayuntamientos sin contar con las asociaciones vecinales (desde la Ley de Ascensores de 2005, derogada en 2011, hasta la de agrupación de apartamentos de uso turístico en bloques exclusivamente dedicados a este, pasando por el proyecto de la Marina Port Vell para yates de lujo) tienen un objetivo muy claro, conocido técnicamente como gentrificación, y que bajo el eufemismo de la revitalización desplaza a su población original y la sustituye por una de mayor poder adquisitivo.

Ahora, si bien la abundancia de apartamentos turísticos y la opacidad de su operación contribuyen fuertemente al proceso de desintegración social, sucede lo mismo que en Magaluf. Además de ser una respuesta natural y desesperada a la eclosión de la burbuja inmobiliaria, su proliferación es consecuencia directa de la promoción turística y la demanda sin límites que se ha generado. La ofensiva del Ayuntamiento sólo responde a los intereses hoteleros (no se deja de construir hoteles en Barcelona) y a la recaudación de los mismos, más que a escuchar a la población local.

El discurso del civismo también parece ser una parte activa de todo esto, pues las ordenanzas de 2007 y sus sucesivas actualizaciones fueron promulgadas en muchos casos para controlar los efectos del turismo masivo, aunque sus sanciones (por beber cerveza en la calle, por circular en bicicleta o caminar a torso desnudo, por ejemplo) afectan principalmente a la población local.

Las quejas de la población barcelonesa, y ya no sólo de los habitantes de barrios saturados de turistas, radican en el hecho de que ya no se legisla para ellos, sino sobre ellos; el problema es, por tanto, de representatividad política y no tanto de moralismos sobre la desnudez, apartamentos turísticos o sexo oral a cambio de alcohol, que son en definitiva las consecuencias de un problema más serio que se refleja en la creciente distancia entre ayuntamientos y habitantes, entre decisiones y afectados.

Conclusión: lo barato sale caro.

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