
Los recientes ataques en Mali han vuelto a situar al Sahel en el epicentro de la geopolítica global. Esta región se ha consolidado como el principal foco del yihadismo mundial, donde las filiales de Al Qaeda y el Estado Islámico expanden su control territorial ante la fragilidad de los Estados locales.
El contexto
La situación en Mali se ha vuelto crítica tras los recientes ataques coordinados del 25 de abril. Con una superficie de más de 1 millón de kilómetros cuadrados (más del doble que España), Mali es el octavo país más extenso del continente africano. Su geografía es clave para entender el conflicto: mientras la mayoría de sus 24 millones de habitantes se concentra en el sur fértil, el norte es una vasta extensión desértica y poco poblada que limita con Argelia y Mauritania. Estas fronteras porosas han facilitado que organizaciones yihadistas se asienten en el norte, disputando históricamente ciudades estratégicas como Gao, Mopti y Tombuctú.
¿Qué ha ocurrido?
La ofensiva coordinada del pasado 25 de abril aunó las fuerzas del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) con los rebeldes separatistas tuareg del Frente para la Liberación del Azawad (FLA) y se dirigió a varias ciudades malienses estratégicas así como a la capital. Estos ataques surgen como reacción a la brutal represión impuesta por las Fuerzas Armadas Malienses (FAMA) o, lo que es lo mismo, la junta militar que tomó el poder del país africano en el año 2021.
Esta inusual alianza de conveniencia está formada, de un lado, por el grupo yihadista de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda, creada en 2017 y liderado por Iyad Ag Ghali, un desertor de la rebelión tuareg. De otro lado, el movimiento independentista tuareg del Frente para la Liberación del Azawad (FLA), cuya lucha continúa siendo el derecho a la autodeterminación del pueblo tuareg. En su último comunicado, el FLA rechaza “categóricamente” la etiqueta de “terrorismo” que “el régimen militar ilegítimo de Bamako intenta imponerle”.
Este último ataque ha logrado desestabilizar parcialmente a la junta militar gobernante al asesinar a su ministro de Defensa, tomar el control de ciudades clave como Kidal, Mopti y Sevaré y someter a la capital, Bamako, a un bloqueo parcial.
La inoperatividad de la junta militar: un Estado a la deriva
Tras décadas de democracias débiles y corrupción, se produjeron varios golpes de Estado hasta establecer, en el año 2021, la actual junta militar que gobierna Mali. Inicialmente se comprometió a restaurar un gobierno democrático, pero no llegó a cumplir dicha promesa.

Los principales factores que explican la actual situación se pueden sintetizar en:
Agravamiento de la crisis humanitaria y de seguridad:
- La integración de mercenarios rusos del Africa Corps para tareas de contrainsurgencia ha derivado en un aumento sistemático de los ataques contra civiles.
- La administración militar enfrenta graves acusaciones internacionales por violaciones de derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, tortura y violencia sexual.
Ruptura del orden diplomático y regional:
- Aislamiento internacional: retirada de las fuerzas francesas desplegadas y fin de la misión de las Naciones Unidas en el país, que se retiró por completo en 2023.
- Giro regional: retirada de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) en 2025 y formación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) con Burkina Faso y Níger, también gobernadas por sendas juntas militares.
Reactivación del conflicto tuareg:
- En enero de 2024, la junta rompió el Acuerdo de Argel (vigente desde 2015), un pacto de paz con grupos separatistas tuareg.
- La creciente marginalización política y la represión focalizada contra las comunidades tuaregs han empujado a estos grupos hacia nuevas alianzas armadas, desestabilizando aún más el norte del país.
¿Cómo afecta esta crisis a Europa?
El colapso de Mali no es un evento aislado; tiene repercusiones directas en el continente europeo a través de dos vectores principales:
Seguridad y yihadismo: La creación de un “santuario” yihadista en el Sahel permite a Al Qaeda y el Estado Islámico reorganizarse, entrenar y, potencialmente, proyectar amenazas terroristas más allá de las fronteras africanas.
Crisis migratoria: La inseguridad persistente y los conflictos internos ya han desplazado a más de 400.000 personas internamente y han forzado a otros 330.000 malienses a buscar refugio en países vecinos. La desestabilización total de la región y el avance sobre la capital están generando flujos migratorios masivos que buscan la ruta del Atlántico o el Mediterráneo hacia Europa, con Mauritania como principal zona de tránsito actual.
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