02/12/2022 MÉXICO

De Ruba Leonel, autor en United Explanations

De Ruba Leonel05/10/2022
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*Artículo escrito por Leonel De Ruba y Florencia Mendieta

Desoyendo las alertas y las protestas de China, Nancy Pelosi incluyó en su gira asiática una visita inesperada: Taiwán. Sumó un nuevo capítulo a las sensibles relaciones entre Estados Unidos y China provocando una cadena de eventos que alteraron la seguridad mundial. ¿Muestra de poderío  o una “trampa de Tucídides”?

Historiadores y expertos en geopolítica no tardaron en sostener que esta visita de Pelosi se convertiría en la cuarta crisis del Estrecho de Taiwán. La decisión de la “Speaker” de la Cámara de Representantes y tercera en la línea de sucesión presidencial estadounidense no sólo se enmarca en la disputa por el poder global entre las grandes potencias, sino que también en el contexto de cambio del orden mundial vigente.

Pelosi, es una experimentada como reconocida congresista cuyo expertise le permite utilizar e interpretar agudamente las señales y símbolos políticos, más aún en la era de las redes sociales. Aunque muchos analistas critican la toma de esta decisión, definiendola en una posible descoordinación diplomática de la administración Biden, se puede inferir que es una acción decidida en el compromiso de una mayor presencia en el Indo-pacifico y además un capítulo más en la compulsa para dominar la agenda internacional.

¿Por qué Pelosi visitó Taiwán?

En el marco de serias amenazas por parte de China, que no se remiten únicamente a la condena diplomática, sino que implican cuestiones de seguridad y hasta escaladas militares, Pelosi aterrizó en la Isla de Formosa el pasado 2 de agosto, convirtiéndose después de 25 años en la autoridad estadounidense más importante en visitar la isla autogobernada.

Este viaje es la consecuencia del abierto desafío geopolítico que implica el ascenso de China que, en las últimas décadas, ha conseguido un desarrollo militar, político y económico que la ubica ya no como potencia regional sino como una potencia internacional con amplías capacidades y roles para incidir en el orden global, generando rispideces con Estados Unidos, garante del actual sistema internacional. En este contexto debe ubicarse la polémica visita.

La “Speaker” Nancy Pelosi y la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen. (Flickr)

Otra arista la representa la cuestión ideológica y cultural. Nancy Pelosi ha dedicado su carrera pública a defender los principios más importantes del orden liberal: democracia, derechos humanos y libertad. Por su parte, el régimen comunista chino antagoniza con los principios occidentales por su liderazgo autocrático y su consecuente historial de falta de respeto a las libertades individuales y colectivas de las minorías.

Recientemente, Pelosi se ha reunido con disidentes chinos que luchan por la democracia y ha mantenido diálogos con el Dalai Lama, un líder espiritual tibetano exiliado. Además, en 1991 la congresista junto a otros colegas del Congreso estadounidense desplegó en la mismísima Plaza de Tiananmen una pancarta que recordaba a las víctimas de los hechos ocurridos en el corazón de la política china en 1989.

Las crisis del Estrecho de Taiwán, un larga historia

Este fenómeno, que podría parecer como coyuntural, debe entenderse desde una perspectiva histórica, particularmente a la luz de las últimas tres crisis, en las que los actores se repiten.

Primera crisis (1954-1955): Luego de la guerra civil china, los nacionalistas se replegaron en la Isla de Formosa y establecieron allí un gobierno democrático denominado República de China. El régimen comunista gobierna sobre toda la China continental.

En agosto de 1954, la República de China ordenó una invasión de las Islas de Kinmen y Matsu situadas a tan sólo 10 kilómetros del continente. La respuesta de la China de Mao fue bombardear el archipiélago y lograr la toma de las Islas Tachen, ubicadas a 300 kilómetros de Taipéi.

La situación generó preocupación en Estados Unidos, por lo que suscribió un Acuerdo de Defensa Mutua con Taiwán evitando mayores confrontaciones entre las dos Chinas que pudieran desestabilizar la región.

Segunda crisis (1958): Las fuerzas de Mao bombardearon las Islas Kinmen y Matsu con el objetivo de desalojar la ocupación taiwanesa. Pensando en la posibilidad de que una escalada militar condujera a la derrota y posible caída de la República de China, Estados Unidos haciendo uso del pacto de Defensa Mutua proveyó a Taiwán de material bélico, incluso, analizó la posibilidad de emplear armas nucleares.

No obstante, el régimen comunista observando el cariz que generaba el conflicto, y ante el nulo avance militar, anunció un alto al fuego unilateral que logró que cada país volviera a las posiciones que poseía antes del enfrentamiento.

Tercera crisis (1995-1996): Con Taiwán saliendo de una dictadura y caminando una senda democrática, se generó un nuevo conflicto enmarcado en la visita a Estados Unidos por parte del nuevo primer ministro Taiwanés, Lee Teng-Hui.

La visita fue considerada como una “traición” por la China comunista, pues se podría concretar el deseo de Teng-Hui de convertir a Taiwán en un estado soberano. Para evitarlo, Beijing empleó el uso de la fuerza y probó  misiles en la zona contigua a la Isla de Formosa.

Por su parte, Estados Unidos envió una flota naval a la zona, calmando la demostración comunista. Ofuscados por el accionar chino, los taiwaneses eligieron para gobernar al Kuomintang y a Lee por una mayoría absoluta,  demostrando el fracaso de la estrategia china.

Disputa geopolítica en el Indopacífico

A medida que el poder económico, político y militar se acrecienta en China, el Mar de China Meridional y el Estrecho de Taiwán aumentan su peso estratégico. Los océanos y los estrechos continúan poseyendo un alto valor estratégico. El estratega marítimo Alfred Mahan, en su famosa obra: “La influencia del poder naval en la historia”, describió una serie de elementos que constituían el poder naval, concluyendo lo siguiente: “Quién domina los mares, dominará el mundo”. Es evidente que China comprendió este planteamiento desde hace mucho tiempo, por lo que a medida que los Estados logran controlar su soberanía en el mar, la doctrina de Mahan basada en una “geopolítica marítima”, recupera su trascendencia.

Por su parte, Zeno Leoni, especialista en orden internacional, defensa y relaciones entre China y Occidente en Londres afirma que:China ya tiene una gran influencia militar sobre el mar del sur, pero si tuviera a Taiwán, eso les permitiría expandir su influencia naval y tener un control completo de la zona, lo que también tendría implicaciones para el comercio global. Ciertamente, la ubicación de Taiwan es geoestratégica para la proyección del poder naval chino. Durante estos años, China ha desarrollado una política exterior particular, en lo que concierne a Taiwán, conocida como One China Policy”. Ésta intenta garantizar que la isla que se encuentra a 180 kilómetros de las costas chinas no sea parte de alianzas con rivales estratégicos. La relevancia de Taiwán permanece en que es uno de los pasajes comerciales más importantes del mundo, y además, se encuentra ubicada entre dos raíces marítimas directas de China al Pacifico como lo es el Canal de Bashi (localizado entre Filipinas y Taiwán)  y el  Estrecho de Miyako (ubicado entre Japón y Taiwán).

Mapa de China y Taiwán. (Flickr).

Ma Fengshu, academico chino, agrega que Taiwán funciona como un bloque crucial para el desarrollo económico de China y asimismo, posee el mayor potencial de conflicto, dado que existe presencia estadounidense en la isla. Por consiguiente, Fengshu advierte que China debería superar la influencia regional estadounidense explotando la dependencia económica de los Estados de la región, incluyendo a Taiwan.

“Ambigüedad estratégica”: La política de Estados Unidos hacia Taiwán

Para comprender el apoyo estadounidense a Taiwán es preciso remontarse a mediados del siglo XX. En medio del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, Mao Zedong (República Popular de China) se enfrentó al partido nacionalista Kuomintang (República de China). Los nacionalistas recuperaron la isla en 1945, sin embargo, en el año 1949 fueron derrotados por el partido comunista. En este conflicto, Estados Unidos apoyó al Kuomintang, no reconociendo la legitimidad de los comunistas. No obstante, en el año 1971, la Organización de Naciones Unidas le otorgó el reconocimiento a la República Popular de China.

En la actualidad, las relaciones entre Taiwán y Estados Unidos se desarrollan mediante lazos no oficiales, proyectándose en acuerdos comerciales, educativos y culturales. Sin embargo, es pertinente señalar que la política de Estados Unidos hacia Taipéi es explicada como una “ambigüedad estratégica”. La posición tradicional estadounidense es analizada por Stephen Collinson de la siguiente manera: el objetivo es mantener un control sobre el enfrentamiento al disuadir a China manteniendo abierta la posibilidad de una respuesta militar estadounidense. Al mismo tiempo, se pretende privar a Taiwán de las garantías estadounidenses que podrían llevarlo a presionar por su independencia oficial. El objetivo es preservar el statu quo y evitar una guerra en Asia, y ha funcionado, permitiendo a Washington caminar por la cuerda floja de las relaciones con ambas partes”. En otras palabras, la ambigüedad característica de esta posición se encuentra basada en el hecho de que Estados Unidos acepta la política de Pekín de considerar a Taiwán como parte de China, pero se niega a cambiar el status de la isla por los medios militares, vendiendo armas a Taipéi.

La ambigüedad que pregona Estados Unidos en su política exterior hacia Taiwán se cimienta en la importancia de la ubicación geográfica de la isla. Por el momento, Estados Unidos es su principal aliado y proveedor de armas. Washington reconoce que es clave mantener aliados en el Pacifico, que aporten a debilitar y limitar el creciente poderío chino en la región. La política disuasiva de Estados Unidos se fundamenta en la creación de alianzas militares como AUKUS o QUAD. Apoyado en esta red estratégica de socios, el presidente estadounidense Joe Biden señaló que, en caso de que sea necesario, intervendría en defender militarmente a Taiwán.

Taiwán y China. (Wikimedia).

Al respecto, el vocero de China Daily afirma que: “una vez que Taiwán se transforme en una amenaza para la seguridad nacional… debido a las maquinaciones de Estados Unidos, el cálculo estratégico de Beijing cambiará drásticamente”. La estrategia de Pekín en Taiwán no ha sido otra que la “paciencia”, esto le ha facilitado modificar el status quo en la región de una forma sostenida durante años. Sin embargo, los ejercicios militares conjuntos entre las fuerzas militares taiwanesas y estadounidenses, a pocos kilómetros de las costas chinas, suponen una gran amenaza a la seguridad nacional.

En este contexto, Estados Unidos obliga a China a salirse de su “paciencia estratégica” para establecer límites. Un historiador estadounidense, Graham Allison, señaló que las potencias podrían caer en lo que se conoce como la “trampa de Tucídides”. Este concepto permanece vinculado a la creciente conflictividad entre dos potencias: el hegemón (potencia establecida) y el ascenso de otra que le disputa la hegemonía. No obstante, resulta pertinente resaltar un discurso que Xi Jinping sostuvo hace unos años atrás: “No existe tal cosa que algunos llaman la trampa de Tucídides en el mundo. Pero si las potencias repetidamente cometen el error de mal cálculo estratégico, pueden crear tales trampas para ellas mismas”.

“Creciente incertidumbre”

Debido a que China no logró disuadir a Washington de evitar la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, las tensiones entre China y Taiwán aumentaron. Considerando el análisis previo, se detallan posibles escenarios sobre la disputa geopolítica en el Asia Pacifico.

1.“El plan de China para anexar Taiwan”

Este escenario a largo plazo, característico de la política china “paciencia estratégica”, se basa en la decisión de Pekín de ejercer presión sobre los intereses regionales de Taiwán y de invadir paulatinamente su territorio durante los próximos meses. Se normalizarían las actividades militares chinas en Taiwán. China podría esperar que su posición militar dominante y su desvinculación económica de los Estados Unidos fomenten condiciones para forzar el regreso de Taiwán a Pekín dentro de los próximos años, idealmente por “negociación” o por la fuerza, en caso de ser necesario.

Esta situación podría acelerarse únicamente por el declive hegemónico de Estados Unidos. Asimismo, la decisión de Pekín permanece vinculada a las elecciones en China, debido a que una guerra no planificada podría costarle el tercer mandato consecutivo a Xi Jinping (2023). Es posible que las provocaciones estadounidenses hacia Taiwán, en realidad giren en torno a esta cuestión: generar desestabilidad interna dentro del año electoral.

2.“Disuasión integrada

Sabiendo que China es el mayor desafío geopolítico de este siglo, Estados Unidos llevaría adelante una estrategia de “disuasión conjunta” mediante las alianzas militares como AUKUS (Australia, Estados Unidos, Reino Unido) o QUAD (Japón, India, Estados Unidos y Australia). Estos países conforman la red de aliados estratégicos de Estados Unidos en Asia Pacifico, por lo que, a medida que el poder militar chino se incrementa, la competencia estratégica estadounidense también. Ante el creciente nivel de los ejercicios militares chinos en la zona, se observa un significativo incremento en las ventas de equipos militares estadounidenses a Taiwán, estimulando el dilema de seguridad.

En este escenario, se evita que la disuasión falle, ya que tanto China como Estados Unidos se verían altamente perjudicados, especialmente en materia económica y comercial. Cuando las cuestiones de seguridad internacional (dilema de seguridad) sobrepasan las comerciales, la interdependencia que caracteriza el sistema internacional es el punto débil. Este sería el principal objetivo por el cual se aplicaría una estrategia disuasoria.

3. “Estabilidad estratégica

Teniendo en cuenta que ni China ni Estados Unidos se benefician con otro conflicto armado en curso, se prefiere sostener el status quo en la región. Ambos Estados se alejarían de una situación que derive en un conflicto, tratando de mejorar sus esfuerzos en la comunicación diplomática.

En consecuencia, China cesaría los ejercicios militares próximos a la frontera con Taiwán, mientras que Estados Unidos se comprometería a llevar a la práctica la política que aceptaron oficialmente: “One China Policy”. Asimismo, Washington controla el apoyo bipartidista hacia Taiwán. En este escenario, se prioriza la preservación de la seguridad y de los intereses económicos en la zona, disminuyendo los riesgos de conflictividad.

4. “Invasión china a Taiwan

Este escenario prevé la confrontación armada directa entre Estados Unidos y China, producto del aumento de la conflictividad por Taiwán. Un error de cálculo de Occidente implicaría que  la disuasión falle nuevamente (tomando en consideración lo sucedido con Rusia). Una de las posibles razones para el desarrollo del conflicto bélico podría ser que Taiwán obtuviera el reconocimiento como Estado de los países miembros de la OTAN. Claramente, este hecho sería el fracaso de la “One China Policy”. En efecto, el gobierno taiwanes sería un aliado estratégico para el desarrollo de los objetivos de la “OTAN Global” en el Pacifico.

En este caso, el conflicto bélico aportaría al bloqueo del Estrecho de Taiwán. La interrupción del mismo supondría un golpe significativo a la economía internacional debido a que por medio de este se produce un flujo comercial marítimo importante. Asimismo, las rutas marítimas y de aviación regionales que conectan a Asia con el sur y norte de Asia, así como con Medio Oriente también se verían altamente afectadas.

Definitivamente, la visita de Nancy Pelosi a Taipei ha producido una escalada en el conflicto entre Estados Unidos y China. La reunificación de Taiwán es fundamental para la política exterior china, hasta tal punto, que es considerada como un legado para Xi Jinping.

Los temores sobre un posible conflicto en Taiwán se intensifican cada vez más, traduciéndose en el gran temor de Occidente: una confrontación simultánea en dos frentes. Por tanto, el desarrollo de los escenarios planteados solamente dependerá del curso de las políticas que implementen los actores participantes.


De Ruba Leonel26/09/2022
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El año 2022 podría ser calificado para los países miembros de la Unión Europea como su “annus horribilis”. Las consecuencias de la pandemia y el conflicto bélico entre Ucrania-Rusia han acelerado problemáticas económicas que muestran la actual fragilidad de la unión monetaria.

Luego de muchos años, el Euro ha sufrido una baja abrupta de su valor lo que significó una serie de fluctuaciones en torno a su relación y comparación con el dólar estadounidense. Esto se signó por periodos de una relativa paridad, y por otros, en los cuales el Euro se ha cotizado por debajo de una unidad de dólar. Esta situación se debe a una serie de motivos multicausales que con el devenir de episodios históricos, éstos han logrado acelerar tiempos de incertidumbre en la Unión Europea y su unión económica-monetaria.

¿Qué es la Eurozona o “zona del euro”?

La totalidad de los Estados miembros de la Unión Europea, son parte de la Unión Económica y Monetaria (UEM), coordinando sus políticas económicas tras los objetivos económicos que se impone la propia organización supranacional. Sin embargo, varios países miembros han dado un paso más sustituyendo sus monedas nacionales por la moneda única: el Euro. Estos Estados miembros forman la denominada zona del euro, siendo al día de hoy 19 países los que la conforman, entre los que se pueden destacar: Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, entre otros.

Asimismo, el objetivo común de la zona del euro no resulta sólo dotar de una moneda común a la unión política y aduanera, por el contrario, busca el desarrollo y la estabilización del mercado interior europeo tratando de mantener el nivel de precios y la estabilidad monetaria del euro. Para ello, se crearon una serie de instituciones que permiten su gestión económica de forma mancomunada.

De ahí que, se dispuso la constitución del Banco Central Europeo con sede en Fráncfort, Alemania quien junto a los bancos centrales de los miembros adheridos a la Eurozona conforman el Eurosistema. Este sistema ha establecido una única autoridad que fija la política monetaria y permite coordinar las políticas económicas con todos los países miembros, que tienen una relativa independencia en la toma de decisiones -siempre dentro de lo establecido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC)- con el fin de alcanzar los objetivos comunes de estabilidad, crecimiento y empleo.

Como consecuencia de esa unión, la economía de cada uno de los miembros de esta política común se encuentra más integrada, con los beneficios y costos de lo que los académicos neoliberales de las relaciones internacionales denominan interdependencia compleja. Básicamente este concepto formulado por los autores Robert Keohane y Joseph Nye, manifiesta que las diversas y complejas conexiones transnacionales e interdependencias entre estados y las sociedades fueron en aumento, declinando la fuerza militar como herramienta política, lo que motiva a una mayor cooperación entre los estados. Esta cuestión fue generando una red que permite fenómenos de integración política, económica y social, pero que son permeables a las consecuencias de los desequilibrios del sistema internacional, sean estos de orden político, económico, militar o de seguridad.

(Foto: Pixabay).

¿Qué le está pasando al Euro?

Como antes se exponía, la caída del Euro no responde a un solo motivo sino que por el contrario tiene múltiples razones, cuya más alta problemática es la incertidumbre. Es sabido que la pandemia de coronavirus resultó un complejo desafío para la humanidad, cuestión que no fue diferente para las proyecciones económicas globales.

Los lockdown o cierre totales que se debieron aplicar en los países para evitar la propagación del virus durante todo el año 2020, perjudicaron al normal desempeño de las actividades económicas afectando con mayor o menor impacto a los países, según su contexto macroeconómico. No obstante, la paralización económica generó incertidumbre colisionando con planes de inversión de capitales privados como públicos alrededor del globo, ralentizando así las tasas de desarrollo y crecimiento.

Entre las medidas para paliar las consecuencias pandémicas, la Unión Europea tomó una serie de decisiones económicas que ampliaron presupuestos públicos, favorecieron a sectores estratégicos y permitieron mayor liquidez, ya sea a través de mecanismos financieros o monetarios. Dentro de estos últimos, la creación de un paquete de estímulo denominado “Plan de Recuperación” inyectó 806.900 millones de euros en diferentes programas, con el objetivo de asistir y mitigar los efectos generados por las medidas sanitarias establecidas.

Esta planificación e inversión acordada entre todos los países de la Unión Europea, si bien supuso un punto de inflexión para mejorar la situación económica y financiera de muchos de sus ciudadanos, o en su defecto de los estados miembros, proyectó una mayor presión al pulso de la economía impulsando velozmente la emisión monetaria, incorporando nuevamente un término económico casi desterrado en la Unión Europea: inflación.

Asimismo, la adopción de férreas sanciones ante la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, logró un efecto boomerang sobre Europa. Su dependencia casi total de los hidrocarburos rusos sea para su industria o para generar electricidad, significó una problemática sin precedentes. La posibilidad de tomar decisiones que restrinjan el gas a las industrias o la posibilidad de la salida del crudo y el gas ruso del comercio internacional, han disparado las tarifas por lo que la presión inflacionaria aumentó los costos de los alimentos y los servicios públicos.

Otra cuestión que atenta contra la estabilidad del euro, es la situación económica de Estados Unidos. Los continuos aumentos de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal del país norteamericano para combatir la inflación, se convierten en un atractivo por los mayores rendimientos que brindan. Es así que atraerán el dinero de las inversiones denominadas en euros a las inversiones denominadas en dólares. Esos inversionistas tendrán que vender euros y comprar dólares para adquirir esos activos. Esto hace que el euro baje y el dólar suba.

En tal sentido, el tipo de cambio generalmente significa o representa la actualidad económica de una moneda, y el de Europa hoy en día no resulta el mejor. Ello explica la debilidades de la Eurozona marcadas por una recesión que ahondará las problemáticas actuales.

La respuesta a la crisis: suba del tipo de interés y disciplina fiscal

La inflación del mes de agosto en la Eurozona marcó niveles récord llegando a un porcentaje del nueve por ciento (9,1%). Como respuesta el Banco Central Europeo (BCE) tomó la decisión de subir los tipos de interés un cero setenta y cinco por ciento (0,75%), dejándolos en el uno veinticinco por ciento (1,25%),  tratándose del aumento más alto de su historia desde su fundación en el año 1999.

Con esta medida, se intenta combatir la inflación para retornarla a un objetivo del dos por ciento (2 %) a medio plazo, en un contexto global en el que otros organismos rectores de las políticas monetarias de diversos Estados han tomado similares decisiones.

Por otro lado, la última reunión del EcoFin  -reunión de los 27 ministros de economía de los países que integran la Unión Europea- y del Eurogrupo, se ha sostenido la necesidad de limitar el gasto público, acotar las ayudas sociales a los grupos más vulnerables que se ven afectados por la crisis y volver a entablar una disciplina fiscal para controlar el déficit junto a los niveles de deuda públicos, con la mira puesta en un freno a la inflación.

Entre las posibilidades se reabre la eventual aplicación del impuesto mínimo global para sociedades del 15%, una medida pactada por unos 140 países con mediación de la OCDE en el 2021. Sin embargo, Hungría ha bloqueado continuamente un acuerdo tal como lo exige el Tratado de Lisboa, esto es así ya que cuándo de decisiones de índole fiscal se refiere el Consejo de la Unión Europea, debe tener una posición unánime. Por ello, Alemania, Francia, Países Bajos, Italia y España alertaron sobre la necesidad de la imposición del impuesto, por lo que, de continuar la actual situación de bloqueo, verían la factibilidad de aplicarlo sin la aprobación del Consejo.

(Foto: Pixabay).

Las consecuencias en Europa

Esta fluctuación constante del Euro no sucedía desde su creación y puesta en funcionamiento en el año 2002, ya que, ni siquiera durante la grave crisis económica de los años 2008-2009, vió mermado su valor. Es un escenario de incertidumbre ya que ha perdido su apreciación en un doce por ciento (12%) en lo que va del año.

Entre las consecuencias más directas, se puede resaltar que el impacto de la depredación del euro pega directo en la producción. El encarecimiento de las materias primas provocará que le sea más gravoso a Europa, adquirir aquello que necesita para manufacturar, restringiendo fuertemente la industria. El resultado de esta situación se manifiesta en caídas paralelas de niveles de crecimiento y pérdidas de puestos de trabajo.

Además, los costos en la energía que se cotizan en dólares se encarecen severamente, perjudican por igual a todos los sectores económicos y sociales sumando una presión a los índices de costo de vida, por lo que, una devaluación del euro aportaría mayores ratios de inflación que afectan el salario como la calidad de vida de los ciudadanos europeos.

Las compañías de capitales estadounidenses o de otros países que basen sus dividendos netamente en dólares serán las más damnificadas, puesto que sus productos y servicios verían cómo incrementan los precios, con lo que los importadores internacionales comprarían menos. Una situación de esta envergadura, promueve una desaceleración de la inversión extranjera directa en la Eurozona.

Este conjunto de posibilidades y situaciones, abren un signo de pregunta mayúsculo sobre el futuro económico de la Unión Europea como la de su estabilidad financiera. Ahora, es tiempo de observar un fenómeno que requiere nuevamente una alta respuesta de coordinación política entre las disímiles realidades de los países europeos, sus objetivos e intereses.


De Ruba Leonel09/09/2022
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“The London Bridge is down”, esta era la comunicación en código que pondría en alerta a los distintos departamentos ministeriales, y a la propia oficina de la Primera Ministra, enterándose así del fallecimiento de la monarca inglesa. Eso ocurrió el 8 de septiembre a las 16:30 en su residencia de verano en Balmoral, Escocia. Así se marcó el final de una longeva era en el Reino Unido.

Isabel Alejandra María Windsor, nació en Londres el 30 de abril de 1926, y murió el día de ayer a los 96 años de su natalicio, habiendo ejercido su rol constitucional durante 70 años. De esta manera, se convirtió en la monarca con más años en el poder en su país, no obstante, en la historia mundial es la segunda monarca con mayor período portando la corona en su cabeza detrás del Rey Luis XIV de Francia que gobernó por 72 años.

Sin embargo, Isabel jamás pensó de pequeña en ejercer el mayor puesto de la Casa Real donde nació. Por eso, su infancia transcurrió fuera de los grandes focos y escrutinios de la sociedad de su época, puesto que al nacer no era la futura Princesa de Gales ya que su padre Albert era el Duque de York, y no quien debería acceder al trono según la ley sálica, sino su tío David, el hijo primogénito del Rey Jorge V, y su esposa, la reina María de Teck.

En un giro inesperado para la época, al fallecimiento de su abuelo, su tío David -quién brevemente utilizó el nombre de Eduardo VIII-, no accedió al trono por un escándalo trascendental vinculado a su relación amorosa con la estadounidense Wallis Simpson, lo que le impidió según los estándares tradicionales, y aún más, los morales de la Iglesia Anglicana, ser coronado como Rey debiendo abdicar en favor de su hermano Albert.

De esta manera, de muy pequeña y sorpresivamente, Isabel debió afrontar el llamado a servir a su país. Esto la llevó a forjar un fuerte carácter como apegarse solemnemente a las tradiciones y al rol constitucional que iba a desempeñar, lo que le valió el cariño de su pueblo hasta el último día de su reinado. Por este motivo, es recordado su discurso que realizó al asumir: “Declaro ante todos ustedes que toda mi vida, ya sea larga o corta, estará dedicada a su servicio y al servicio de nuestra gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

70 años de reinado, una era

Los números hablan por sí solos. Ha sido un reinado longevo, no por ello, esquivo de situaciones que generaron cambios en Gran Bretaña y en el mundo a los que la Reina, sin desapegarse de la tradición, logró capear como adaptar a una de las Casas Reales más estrictas en sus costumbres.

Para poder dimensionar tan sólo el paso del tiempo durante el Reinado de Isabel, podemos enunciar que han desempeñado su rol 15 primeros ministros del Reino Unido, entre quienes se destacan Winston Churchill, Margaret Thatcher y Tony Blair. Además, ejercieron su mandato 13 presidentes de los Estados Unidos como Eisenhower, Kennedy, Reagan, Bush, Obama y Trump. Por otro lado, hubo 6 papados católicos mientras Elizabeth regía Inglaterra.

Esta dimensión del paso del tiempo, nos permite entender que su rol institucional sirvió para que la Gran Bretaña de posguerra, que como Europa toda se encontraba en plena reconstrucción luego de la Segunda Guerra mundial, lograra encontrar su rol en el nuevo orden mundial bipolar que se avecinaba con la guerra fría. Entre estas tareas, la de controlar a su gobierno y asesorarlo ante diversas situaciones, ha sido el mayor valor de su reinado.

Si bien tuvo que comenzar a desempeñar su labor con tan solo 25 años, comprendió cabalmente la necesidad de utilizar adecuadamente los símbolos, protocolos y su rol para permitir una mejor acción de su gobierno ante el desarrollo de su política exterior sin involucrarse en detalles políticos partidarios. Conocido es que a modo de soft power sirvieron sus banquetes de gala u otros encuentros diplomáticos con lideres mundiales, embajadores u otros funcionarios.

Afrontando la perdida gravitante de poder de la Corona Británica, Isabel procuró preservar el espacio político del antiguo imperio británico, brindando un espacio protagonista a la creación de la Commonwealth o “Mancomunidad de Naciones”, tras el proceso de descolonización iniciado en los años ’60. Con ese objetivo en mente, viajó largamente por el mundo como ningún otro monarca lo había hecho, generando una relación más fluida con sus súbditos de la más diversas razas, creencias y culturas. El mayor logro de ello, es que ha sido la Jefa de Estado de 15 naciones y que la mancomunidad posea un número de 54 países asociados a ella.

(Foto: Getty Images. Reina Isabel ante la Commonwealth).

Asimismo, en estos 70 años de reinado, Isabel asistió como espectadora a los hechos históricos más importantes de la humanidad como la segunda guerra mundial, la crisis de los misiles entre Estados Unidos y la extinta URSS, la llegada del hombre a la luna, la puesta en funcionamiento del televisor a color, la entrada y salida del Reino Unido en la Unión Europea, la creación de internet, la caída del Muro de Berlín y también la pandemia de COVID.

Ante todos estos hechos, la Reina ha brindado escuetamente sus opiniones en algunos, en otros interactúo con los protagonistas de aquellos hechos, y en otros simplemente, jamás ha emitido una opinión pública audible por el gran público.

Cabe destacar que el cariño de su pueblo siempre ha sido una constante aunque hayan existido momentos de debilidad en ese lazo. Por un lado, los escándalos de la familia más cercana a la monarca y ciertos acontecimientos cercenaron u opacaron en oportunidades su autoridad real. Son recordados dos hechos puntuales donde la popularidad de la fallecida reina fue puesta en duda, el primero de ellos, ha sido la tragedia de Aberfan en donde una avalancha de lodo hizo desaparecer a una población en Gales, quitándole la vida a 144 personas. El rechazo a visitar la zona de desastre para asistir en el dolor a sus súbditos y la aparente falta de tacto en cuestiones humanitarias, marcó para la propia monarca un error que la acompañó durante mucho tiempo.

El segundo de estos hechos trágicos, y sobre el que mayor recuerdo existe en la memoria reciente, es la trágica e inesperada muerte en un accidente automovilístico en París de la Princesa Diana de Gales. Ante la impasividad del pueblo británico, y siguiendo la tradición de que a un miembro que había sido desafectado de sus deberes reales no se debería brindarle honores de estado, la relación entre pueblo-monarca tambaleó. Existieron encuestas momentáneas que arrojaban un resultado mayoritario para eliminar la monarquía del Reino Unido, generando una crisis constitucional.

Luego con un mensaje conciliador, reconociendo en parte sus errores y su activo rol en el funeral de la Princesa rindiéndole honores, volvió a reconciliar al pueblo con su Reina. Ello luego fue puesto de manifiesto en cada una de las celebraciones por los jubileos de su largo reinado.

El mundo despidió a la Reina, Gran Bretaña comienza su duelo

Luego del anuncio oficial del Palacio de Buckingham, a través de la BBC, sus sitios web y las redes sociales oficiales, se impondrá un mes de luto. Aunque inmediatamente se aplicaron todos los protocolos establecidos para la concreción de los respectivos oficios luctuosos que finalizaran con el correspondiente funeral de Estado.

Mientras tanto, Carlos III asumirá sus deberes reales manteniendo una reunión con la Primera Ministra, Liz Truss, y su gabinete. Luego, receptará las condolencias del Parlamento en Westminster, para iniciar una gira de tres días que lo llevará a los demás países de la unión: Irlanda del Norte, Escocia y Gales.

(Foto: Pixabay. Familia Real inglesa en el 70° aniversario del reinado).

El Reino Unido se ha apagado durante el día de ayer, guardando un respetuoso silencio, dejando a oscuras y con la bandera a media asta en los edificios más importantes de Londres, su capital. Otros edificios del mundo han optado de manera similar tal como la Torre Eiffel de París.

Los Jefes de Estados y los Jefes de Gobierno del planeta, han rendido sus respetos a la fallecida regente británica con mensajes de aliento para su familia y su pueblo. Cabe destacar que algunos países, tomaron medidas de trascendencia ante la noticia, por ejemplo, Brasil decretó tres días de duelo nacional.

Britania llora, pero asiste silenciosamente al cambio de era

La muerte de la reina es una tragedia nacional. Generaciones enteras han desarrollado su vida bajo el cuadro de “Elizabeth Regina” y el famoso himno “God save the Queen”, por lo que, para los británicos resulta relevante ser espectadores del cambio de una forma de ejercer el rol constitucional más alto de su país.

A su vez, su muerte conlleva a un nuevo cambio ante un escenario local e internacional por demás volátil. El mundo sigue en transición de un sistema unipolar a un sistema multipolar con extensas complicaciones, entre ellas, las consecuencias económicas y sociales que generó la pandemia de COVID-19, los fuertes coletazos de la guerra geopolítica entre Estados Unidos y China, sumado a los efectos del Brexit junto al conflicto ruso-ucraniano.

La asunción de su hijo el Príncipe de Gales, convertido ahora en el Rey Carlos III es similar en cuánto a los claros desafíos que deberá asumir, pero con el agravante que en el puesto de Primer Ministro no lo aguarda un victorioso Winston Churchill, sino un gobierno que ha asumido su deber hace 48 horas a razón de la renuncia del anterior gabinete por una grave serie de escándalos.

Esta situación pone en juego otros aspectos de la vida británica, que deberán ser analizados próximamente con mayor exhaustividad, pero que sin dudas, serán los tópicos de discusión o agenda pública en aquellas tierras. Entre ellos podemos referir a una posibilidad de desmembramiento del Reino Unido atento al llamado a un referéndum en Escocia y a los intentos de reunificación de Irlanda del Norte, máxime cuando para muchos Isabel era la sintesis de permanencia o pertenencia a un reino que no será el mismo.

Otros temas no menos importantes que preocupan a los británicos, son los altos niveles de inflación que afectan a la economía, el desafío de seguridad nacional que implica Rusia y las consecuencias de un Brexit que aunque ratificado, aún digiere sus resultados.


De Ruba Leonel11/07/2022
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La cotidianeidad del Japón contemporáneo se vio absolutamente sorprendida cuando se conoció públicamente el magnicidio del ex primer ministro Shinzo Abe en plena campaña electoral. La conmoción se adueñó del país, que pierde la mayor figura política en los últimos 30 años de su historia.

La noticia corre como reguero de pólvora por el país más occidentalizado del continente asiático y genera un fuerte cimbronazo. Por primera vez, en décadas un crimen violento se apodera de los informativos, pero lo grave es que el atentado ha sido contra un ex mandatario nipón. Las televisiones de aquellos lares muestran una y otra vez, como un desconocido se acerca por detrás de la figura de Abe, realizando dos disparos con un artefacto raro y luego el político japonés se desvanece.

¿Qué sucedió?

Shinzo Abe, ex primer ministro y líder del partido democrático liberal, se encontró en plena campaña electoral previa a las elecciones que renovaron por la mitad a la Cámara alta de la Dieta como es conocido el Congreso de Japón. Estaba allí pronunciado un discurso proselitista en apoyo de los candidatos de su partido, en plena vía pública de la ciudad de Nara, capital de la prefectura homónima en el oeste de la isla nipona, cuando fue cobardemente atacado.

El hecho es conmovedor desde el punto de vista que se lo muestre. Un supuesto ex integrante de las fuerzas marítimas de autodefensa, con algún grado de discapacidad psicológica, utilizando un arma casera, acciona el gatillo y da muerte a un ex presidente .

Tanto la policía como la justicia japonesa no han brindado aún detalles certeros respecto del motivo por el cual el asesino efectúo dicho acto. Sin embargo, agencias de noticias de aquel país, explican que los motivos estarían relacionados a un presunto rencor por parte del agresor con el político y a la supuesta vinculación de Abe con una secta religiosa a la que habría pertenecido la madre del asesino.

La muerte sorprende a Japón. Este país posee una de las legislaciones mundiales más exigentes en cuánto a portación y tenencia de armas. Además, portarlas ilegalmente es castigado severamente, cuestión que hace que el país tenga uno de los niveles más bajo en el globo terráqueo de crímenes violentos.

¿Quién era y que hizo Shinzo Abe?

Shinzo Abe fue primer ministro de Japón entre los años 2006-2007 y 2012-2020, hasta que renunció por cuestiones de salud, convirtiéndose así en la persona que más tiempo ostento el cargo: 8 años. Sin embargo, su figura con luces y sombras, será recordada por haber sido un político que impulsó profundas reformas en una alicaída economía japonesa junto a una fuerte visión de línea dura ya sea tanto en política interior como en política exterior.

Abe nació en el seno de una familia que había dedicado su vida a la política. A tal punto que su padre y sus abuelos fueron políticos, destacándose su abuelo materno Nobusuke Kishi, quien fuera primer ministro entre 1958 y 1960. Esta cuestión hizo que estudiase Ciencias Políticas en la universidad de Seikei, y luego de un breve lapso en el sector privado, fuese elegido como diputado de cámara baja del distrito electoral en la Prefectura de Yamaguchi en 1993, representando al Partido Liberal Democrático (PLD).

Siempre representando a su partido, ocupó diversos cargos en distintos gobiernos, siendo electo en 2006, y luego en 2012 como primer ministro de su país. Su segundo mandato, que obtuvo prometiendo cambiar radicalmente su país, es el más reconocido internacionalmente, y su paquete de reformas, fue llamado “ abenomics .

Entre las reformas, las económicas fueron las que causaron mayor atención. Estas se basaban en la expansión cuantitativa, el estímulo fiscal y las reformas estructurales. Esas medidas generaron crecimiento durante su primer período, pero con el estancamiento de la economía en los subsiguientes años, se puso en duda su eficacia.

Su rígida postura nacionalista y su mirada dura sobre la política de defensa como exterior de Japón, tuvieron algunos efectos en las relaciones internacionales . En una continua revisión del rol de su nación en la Segunda Guerra mundial, Abe promovía una reforma de la constitución nacional nipona para cambiar su tinte pacifista y permitir no ya unas “fuerzas de autodefensa” sino la creación de un ejército. Esta cuestión no tuvo luz verde, pero pese a las profundas críticas de sus opositores como el resquemor de la población, logró reinterpretar un artículo de la constitución tras aprobar una ley, en la que se reconocía el derecho colectivo a la defensa propia, permitiendo a Japón desplegar tropas en el exterior tanto para su protección como la de sus aliados que estuviesen en peligro o bajo ataque.

Esa revisión nacionalista destaca rispideces en su relación con China y Rusia. En un intento de generar una fuerte postura frente a países con los que históricamente Japón se ha disputado el liderazgo de la región, intentó remarcar el rol geopolítico de su nación y la necesidad de promover una estrategia de seguridad ante las hipótesis de conflicto siempre latentes en el Indo-Pacífico. A su vez, sus buenas relaciones con Obama y Trump, le permitieron siempre gozar del apoyo del gobierno de los Estados Unidos, para quien Japón resulta un socio imprescindible para sus planes en la región asiática.

No obstante, el agotamiento del paquete de reformas, las promesas electorales incumplidas en torno a la igualdad y empoderamiento de la mujer en la fuerza laboral, las críticas al manejo de las políticas públicas de combate al COVID-19 y las consecuencias sociales como económicas derivadas de la pandemia, agotaron el modelo “ abenomics ”. Por lo que, alegando problemas personales incluidos aquellos relacionados con su salud, llevaron a que Abe presente su dimisión el 28 de agosto de 2020.

La historia, siempre vuelve

Un conocido axioma reza: “los pueblos que olvidan su historia, corren el riesgo de repetirla”. El caso de Japón no se trata de una amnesia respecto al curso de los hechos acaecidos en el pasado, sino que la toma de ciertas decisiones convertidas en políticas públicas, permitió desterrar la palabra violencia en ciertos campos de la sociedad, especialmente en el campo de la política.

Aunque esta cuestión no ha sido de esta manera a lo largo de la historia. La violencia política y los ataques a figuras preponderantes, fueron una estrategia para resolver ciertas disputas. En tal sentido, se puede recordar que el abuelo de Abe, Nobusuke Kishi, en 1960 fue objeto de un atentado por parte de un activista de extrema derecha que le propinó varias puñaladas en el muslo.

Posteriormente, entre 1975 y 1995, dos primeros ministros y un vice primer ministro fueron blancos de ataques, pero lograron sobrevivir a los mismos. Además, durante los años de la transición del Japón feudal al moderno entre los años 1868 a 1912, y el Japón de la década de 1930, estuvo signado por la violencia política, en donde el terrorismo como forma de subversión y se instauraron épocas de turbulencia signadas por crímenes políticos.

El inicio de la guerra mundial en la que Japón intervino dentro del Eje, su posterior derrota y ocupación por los Estados Unidos junto al segundo resurgimiento de un país pacífico que creció exponencialmente económicamente  sin conflictos, -bajo estándares occidentales-, permitieron olvidar la imagen caótica de violencia que ahora es visible para la opinión pública internacional.

¿Cómo se explica internacionalmente la muerte del ex primer ministro Abe?

El mundo también tuvo que asimilar la muerte de Shinzo Abe, y más aún, cuando un asesinato de estas características sucede en un país que no está acostumbrado actualmente a crímenes políticos o violentos.

Esta cuestión hizo que políticos y mandatarios de diversas partes del mundo, extendieran sus condolencias y brindarán sus expresiones respecto al magnicidio del ex primer ministro japonés, destacándose la figura de presidentes como Joe Biden, Donald Trump y Barack Obama, el presidente de la Unión Europea , la alemana Úrsula Von der Leyen o el premier ruso Vladimir Putin.

Japón deberá sortear el impacto de la pérdida de una de sus grandes figuras políticas, con el temor de que esto pueda traer cambios en su futuro. El mundo, mientras tanto suma un capítulo más a una década marcada por grandes turbulencias sociales, políticas y económicas.


De Ruba Leonel30/05/2022
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En enero de 2020, desde China se popularizó un término sanitario para denominar una enfermedad que rápidamente sería parte de la cotidianeidad de nuestras vidas: COVID-19. Ese virus, nacido como una epidemia, generó una crisis sin precedentes y transformó cabalmente a la geopolítica mundial. A dos años de su aparición, China aún toma políticas nacionales para su lucha que siguen afectando sistémicamente el devenir económico y político del orbe.

(Fotografía hecha por: Yang Jianzheng/VCG via Getty Images)

Es factible caracterizar a China como “la fábrica del mundo, cuestión que la ha convertido en una potencia económica cuyas tasas de crecimiento impactan fuertemente en el desarrollo económico del planeta.  En consecuencia, la evolución económica mundial está atada al éxito de las políticas nacionales que se aplican en el país asiático, más allá de las situaciones globales que se dan en otros actores.

Esas políticas nacionales chinas generan un shock sistémico en el concierto internacional que impacta fuertemente en las cadenas globales de valor. El peso de esas decisiones se define en que gran parte de las empresas del mundo dependen de insumos o bienes intermedios que son necesarios para el desarrollo de otros sectores productivos, cuyo rotulo lleva impreso el famoso: made in China.

El mundo ha debido enfrentarse a una problemática que perturba su economía por la creación desde el gobierno chino de una política sanitaria cuyo objetivo fue y es erradicar al virus de COVID-19 de sus tierras, denominándola “COVID Cero”. A través de esa decisión, China aplicó los llamados “lockdown” o sea cierres abruptos de regiones, provincias o ciudades en los que se prohibía básicamente cualquier tipo de actividades humanas, excepto aquellas conocidas como “esenciales”.

Está política fue diseñada a razón del momento inicial de la epidemia y como respuesta rápida al problema sanitario de magnitud que afectaba severamente la salud poblacional china; puesto que se repetían las imágenes de ciudadanos afectados por el virus falleciendo en calles, o los servicios hospitalarios saturados por dicha razón. Asimismo, el reciente virus no tenía registro científico alguno por lo que la medicina no hallaba el tratamiento adecuado que tuviera eficacia médica en su lucha y así poder aplicarlo masivamente.

Con el avance de una epidemia, que luego se transformó en pandemia, permitió una respuesta -aunque tardía- a nivel global. La Organización Mundial de la Salud decretó la pandemia, y los países en mayor o menor medida tomaron decisiones similares, pero también fueron hallando las alternativas sanitarias que permitieron obtener otro tipo de herramientas para su lucha mediante el conocimiento científico como vacunas, tratamientos, etc.

Aunque se fueron relajando las medidas sanitarias en el resto de los países en relación a los confinamientos extremos, la política desarrollada por el gobierno del Partido Comunista Chino, no varió en ese sentido. Al contrario, desde abril de este año, que se siguieron extendiendo las prolongadas cuarentenas como cierres de regiones y ciudades que produjeron severos deterioros al desarrollo económico chino, pero también internacional.

El “COVID Cero” y la nueva ola de contagios

La política sanitaria china de respuesta rápida al COVID-19 tuvo un determinado éxito para las necesidades políticas y sanitarias del país, ya que, con el cierre programado el gobierno chino pudo ir desarrollando otras tácticas como avances científicos que permitieran combatir la enfermedad, sin la necesidad de recurrir a medidas extremas como las aplicadas primariamente.

China se convirtió en un productor en escala de insumos médicos como barbijos, pistolas infrarrojas de lectura de temperatura corporal, y otros implementos necesarios. Además, destinó cientos de millones de dólares al desarrollo de medicamentos y vacunas que permitieran una solución científica para combatir los efectos que generaba la enfermedad en la población mundial.

(Fotografía obtenida vía Pixabay)

Al tener efecto las primeras medidas contra el COVID-19, y permitir así un cierto relajamiento de las medidas restrictivas, los países intentaron volver a una normalidad accediendo a liberar conexiones internacionales y el regreso al desarrollo de las actividades como antes del impacto global generado por el virus. Ello originó que el virus mutara generando cepas que convertían a la enfermedad en más contagiosa o más agresiva, logrando un cierto nivel de pánico no sólo entre la población sino en los gobiernos, porque se causaron reinfecciones o contagios masivos que eran difíciles de abordar.

Ante este nuevo escenario, China volvió a tomar nuevamente las primeras medidas restrictivas aplicando fuertes cierres que afectaron a diversas y distintas regiones del país durante el año 2021 y el año 2022. Actualmente, implican alrededor de más de 45 ciudades cerradas, cuya población está en alrededor de 400 millones que representan el 40% del PBI chino. En el último tiempo, Shanghái se ha convertido en el paradigma de esta política sanitaria por el impacto que genera tener clausurada y detenida al área metropolitana más grande de Asia.

Lockdown, las cadenas globales de valor y su implicancia en el mundo

¿Cómo es que una política sanitaria que se toma a nivel nacional agrega un condicionante más a la problemática global que perjudica los estándares de desarrollo económico global? Ello se explica en la interdependencia compleja que ha generado que el mundo se encuentre conectado generando lazos que van más allá de los canales tradicionales de la política y la diplomacia.

Retomando el concepto de que China es la fábrica del mundo, es necesario entender que con la expansión de la globalización durante los años noventa, las empresas tomaron políticas de internacionalización que significaron crear redes de producción instaladas por diferentes partes del planeta buscando así optimizar los costos -mayormente salariales- y en acelerar la producción a demanda. Esa política fue auspiciada por una mejora sustancial de las comunicaciones y la logística, destacándose el shipping.

Básicamente, esto significa que un teléfono móvil, un refrigerador o una laptop puede ser diseñados en el estadounidense Silicón Valley, pero se termina confeccionando en una fábrica instalada en algún otro punto del orbe, como puede ser el complejo industrial de Shanghái o de Wuhan.

(Fotografía hecha por: mjunior via Getty Images)

El apagón de regiones o ciudades enteras efectuado por el gobierno chino se tradujo en que aquellas empresas transnacionales que dependían de algún sector estratégico que se desarrolla en este país, hayan sentido el shock que significa el cese de la provisión de los productos que comercializan. Para graficar ello, la ciudad de Shanghái no sólo se destaca por su cantidad de habitantes, sino que es uno de los lugares más importantes para la industria manufacturera, tecnológica y logística mundial.

Es allí donde se concentra el 46% de la producción china de semiconductores, así como el equipamiento industrial esencial para sectores productivos alrededor del mundo. Además, según las estadísticas de 2021, desde su puerto se exporta el 20% del PBI de la República Popular China, por lo que afectó de sobremanera a muchas cadenas de valor globales que tienen su epicentro en este hub del comercio internacional.

Para citar ejemplos, Quanta es el mayor fabricante de computadores portátiles del mundo por contrato a demanda, produciendo entre otras la MacBook que está detenida en su elaboración -pese a que este año había informado un envío de 72 millones de laptops- . También Tesla informó que posee cerrada su fábrica de autos eléctricos en Shanghái que produce alrededor de 2000 vehículos por día.

Sumado a estos datos, es para resaltar el gran cuello de botella que se ha generado en el mundo del transporte marítimo. El cierre del puerto de Shanghái representa un grave problema para el costo de los embarques de productos en el mundo, recortando la disponibilidad de containers para el traslado de bienes y generando un problema más que importante para la distribución de productos a nivel mundial, todavía más cuando el resto de los países ha retornado a niveles de consumo previos a la pandemia.

(Fotografía obtenida a través GettyImages)

El mundo también paga las consecuencias

Xi Jinping y el politburó chino, asumen que esta política de “COVID Cero” conlleva ciertos perjuicios, pero sostienen que es su mejor herramienta para luchar contra la enfermedad en el país más poblado del mundo. Aunque para el regimen comunista no han sido de agrado las quejas que ha esbozado la Organización Mundial de la Salud al respecto.

China enfrenta no sólo problemas “indoor” en función de estas políticas, como la ralentización de su economía, las dificultades de acceso a alimentos o sanidad y el desgaste psicológico por parte de su población, ante este tipo de decisiones que generan hartazgo. A su vez, también enfrenta las medidas “outdoor “que se traducen en las presiones internacionales de alza de precios, la caída de la producción como desarrollo global, y posiblemente, la reducción de inversiones directas extranjeras en su economía por no considerarlo un actor confiable.

Mientras tanto, el orbe suma otro capítulo a la incertidumbre social, política y económica. En este último plano, las restricciones chinas se suman al impacto del conflicto ruso-ucraniano lo que podría retrasar el crecimiento hasta un 5% del PBI mundial y así se alimenta fuertemente el espiral inflacionario que afecta al acceso de bienes de consumo básicos en la mayoría de los países del mundo.

El concierto internacional será difícil de cambiar. Con la crisis del COVID-19, se ha marcado un supuesto “principio del fin” para la hiperglobalización, pero será muy arduo desarticular en el mediano plazo las grandes cadenas globales de valor, puesto que las interdependencias entre los principales actores económicos del mundo son muy profundas como para cambiarlas de raíz, sin antes no tener consecuencias imprevistas.


De Ruba Leonel23/04/2022
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