06/06/2020 BARCELONA

La estabilidad siria también es un mito

Siria puede parecer uno de los países más estables de la región. Estable, a costa de limitar las libertades políticas y personales de los sirios y de vivir bajo un estado de emergencia en vigor desde 1963. Los sirios también han dicho basta. Esta estabilidad tampoco es válida para ellos.

Un turista que visitara por primera vez a Siria puede que se sorprendiera por la seguridad aparente que se respiraba en las calles de Damasco. Taxistas, vendedores de tiendas de souvenir, camareros en bares y restaurantes insistirían en que “Siria es segura”. En efecto, Siria puede parecer uno de los países más estables de la región, pero bajo esta estabilidad se enmascara unos niveles de represión y de falta de libertades sólo comparables con los que se dan en Arabia Saudí. Ahora Siria también vive un levantamiento de los jóvenes que, sobre todo, reclaman mejores condiciones sociales y oportunidades laborales.

Siria condicionada por su historia colonial

Siria es un ejemplo más de cómo la historia colonial ha podido condicionar el curso de los acontecimientos hasta el momento.

Siria quedó bajo control francés después de la I Guerra Mundial y ante la oposición a la ocupación extranjera de la población suní, que representaba casi el 80% de la población total, la administración colonial francesa decidió apoyarse en la minoría alauí. Esta minoría alauí, a la que pertenece Bachar Al Asad, Presidente sirio, es la que gobierna hasta día de hoy el país.

La idea francesa de crear un nuevo estado, Líbano, donde los cristianos pudieran disfrutar de una mayoría, ha sido difícil de reconocer por los sirios y de hecho no hubo intercambio de embajadores hasta 2008. No obstante, Líbano ha acabado siendo una pieza más para la proyección siria en la región. Hizbollah es un actor con amplio poder en Líbano y además con una de las fuerzas armadas más potentes en la región. Siria e Irán se han convertido en los mayores aliados de la milicia libanesa y ambos han descubierto a través de esta alianza la mejor manera de articular la resistencia contra Israel pero sin comprometerse demasiado. Damasco es consciente de sus limitaciones militares y económicas, por lo que ha evitado cualquier enfrentamiento directo contra Tel Aviv.

El régimen alauí de Al Asad gobierna con puño de hierro

Hafez Al Asad fue el primero en introducir “las repúblicas hereditarias árabes”. Tras la muerte en un accidente de tráfico bastante oscuro de su primogénito, su hijo menor Bachar fue el sucesor en el cargo de Presidente. La llegada al poder de este oftalmólogo con educación británica y sus primeros gestos de apertura, como la liberación de un gran número de presos políticos, abrieron la puerta a la esperanza y a lo que se denominó “la primavera de Damasco”. Sin embargo, unos meses después esta tendencia dio un giro y de la primavera el régimen pasó a gobernar de nuevo con puño de hierro.

El poder sirio se ha convertido en un asunto familiar. La familia Al Asad controla todos los resortes de poder de un régimen donde la corrupción está a la orden del día.

Cierto es que la estabilidad de la que goza Siria es mucho mayor que la de sus vecinos. Siria se encuentra en estado de emergencia desde 1963, legitimado por el conflicto con Israel, que ocupó una parte del territorio estratégico sirio, los Altos del Golán, tras la Guerra de los Seis Días en 1967, y que aún se encuentra bajo control israelí. Israel es el gran enemigo del régimen sirio, su objetivo fundamental es recuperar el Golán y para conseguirlo Al Asad se ha mostrado dispuesto a cualquier tipo de alianza.

El régimen ha desarticulado todo tipo de oposición política y ya Hafez Al Asad instituyó en Siria un régimen con partido único, el partido del Baaz, que se convirtió en el Eje del estado totalitario. Puesto que sólo el 10% de la población siria son alauíes, la religión del régimen de Al Asad, éstos han declarado Siria como estado secularista, donde los movimientos islamistas están prohibidos. La matanza de Hama tras la sublevación islamista en 1982, donde perdieron la vida entre 10.000 y 20.000 personas, desarticuló los Hermanos Musulmanes en Siria y marcó el imaginario sirio sobre las eventuales consecuencias de las sublevaciones.

Cualquier tipo de construcción institución política o social en Siria ha sido desarticulado. Los altos niveles de corrupción de un régimen que se ha apoyado en unos pocos grandes empresarios no ha hecho posible el desarrollo de una población que sigue sin disfrutar de oportunidades laborales.

¿Qué posibilidad para las revueltas en Siria?

Con un 34% de la población entre los 14 y los 29 años y una edad media de 21,5 años, Siria también ha experimentado un levantamiento de estos jóvenes que reclaman mejores condiciones sociales y oportunidades laborales. Las revueltas comenzaron en Deraa, cerca de la frontera de Israel y fueron seguidas por manifestaciones en Latkia, principalmente.

Estas fueron rápidamente reprimidas y Human Rights Watch confirmó en los primeros días de levantamientos hasta 60 muertos. El Presidente Bachar Al Asad habló y prometió reformas, las mismas promesas de reformas que se vienen repitiendo durante años.

La situación en Siria hace difícil que triunfen las revueltas: una oposición totalmente desarticulada; sociedad civil prácticamente inexistente; un régimen y una familia que controla hasta el último resorte de poder, lo cual dificulta las fracturas internas y la posibilidad de que el ejército se revele y deje caer a Asad; un Presidente que goza de popularidad y que por lo tanto no es objetivo de las demandas del pueblo.

Hasta el momento lo que se ha producido en Siria, al igual que en otros países del Mundo Árabe, ha sido un recorte de las libertades personales y políticas a cambio de estabilidad. Este concepto de estabilidad parece estar cambiando en el Norte de África y Oriente Medio. Los levantamientos populares que comenzaron con la Revolución en Jazmín en Túnez y se han ido extendiendo por toda la región han demostrado que este concepto de estabilidad se puede prolongar eternamente. “Las revueltas de la dignidad” también han llegado a Siria, puede que el escenario no sea el ideal, pero nadie se habría arriesgado a decir unos meses atrás que los escenarios en ningún país de la región era el más adecuado, y los árabes no han demostrado que estabilidad a cambio de falta de libertades y de oportunidades sociales no puede ser el statu quo.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


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