03/07/2020 BARCELONA

Israel archivos | United Explanations

Ricardo Orozco23/01/2017
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La falta de veto por parte de la administración Obama a la última resolución de la ONU que condena la ocupación israelí de los territorios palestinos causó un gran revuelo internacional. Pero ¿es un gesto significativo? ¿Cuál ha sido la política de EE.UU. respecto a esta cuestión durante la era Obama? Y más importante aún... ¿cuál es la solución al conflicto?


Maya Al-Orzza10/06/2016
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El antiguo primer ministro israelí Ben Gurion dijo: «debemos hacer todo lo posible para evitar que retornen […] los mayores morirán y los jóvenes olvidarán». Sin embargo, los refugiados palestinos no han olvidado y, casi setenta años después de ser expulsados de sus hogares, siguen reivindicando y luchando por sus derechos.

A lo largo de 1948, milicias sionistas y, posteriormente, el ejército israelí desplazaron por la fuerza a miles de palestinos de sus hogares. Estos refugiados huyeron a distintos países vecinos, principalmente a la Franja de Gaza, Cisjordania, Jordania, Líbano y Siria, para refugiarse. Muchos otros decidieron buscar cobijo en ciudades y pueblos o en otros países como Egipto o Irak. En 1967, durante la segunda guerra árabe-israelí que acabó con la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza y la anexión de Jerusalén Este al estado de Israel, más de 450.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares, muchos de ellos por segunda vez.

El pasado 15 de mayo se conmemoró el 68 aniversario de la Nakba palestina y el 5 de junio, el 49 aniversario de la Naksa. La Nakba, que en árabe significa «catástrofe», hace referencia a la expulsión de más de 750.000 palestinos de sus hogares en el territorio donde se estableció Israel, mientras que la Naksa es el término usado para referirse a la guerra de 1967.

Refugiados palestinos abandonando sus tierras en 1948 [Foto: Fred Csasznik vía WikimediaCommons]

Aunque 1948 y 1967 marcaron dos de las principales oleadas de desplazamiento que ha sufrido la población palestina, no son las únicas. Israel ha implementado distintas políticas de desplazamiento forzoso a lo largo de los años que han causado, y siguen causando, un flujo continuo de palestinos a ambos lados de la línea verde, una Nakba continua.

Israel implementa actualmente con completa impunidad una política de traslado forzoso de palestinos mediante la apropiación ilegal de tierras, las demoliciones de hogares, la denegación de residencia, las restricciones en el acceso a la tierra y la expansión de colonias. Además, los residentes palestinos de estas áreas son sometidos a una discriminación sistemática, acoso y violencia perpetrada tanto por colonos israelíes como por servicios de seguridad. Esto produce un entorno coercitivo en el que los palestinos frecuentemente no tienen más opción que abandonar sus hogares y comunidades.

Los desplazados hoy

Estas políticas, junto con las oleadas de desplazamiento anteriores, resultan en un panorama actual en el que dos tercios de los palestinos del mundo son forzados a abandonar sus hogares, alrededor de 7,98 millones de un total de 12,1 millones de palestinos. Entre los desplazados, el grupo más grande está compuesto por aquellos que fueron expulsados de sus hogares en 1948 y sus descendientes, que ascienden hoy en día a los 6,14 millones. Otros 1,1 millones de refugiados fueron los desplazados por la fuerza en 1967 y sus descendientes. A estos 7,26 millones de refugiados palestinos hay que sumarles los desplazados internos, aquellos que no han llegado a cruzar una frontera internacional durante su éxodo.

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Celebración de la Nakba, Cisjordania, 2016 [Foto: Mohammad Al Azzar]

Existen dos grupos de desplazados internos: el primero está compuesto por aquellos que fueron desplazados de sus hogares en 1948 y posteriormente, pero permanecieron dentro de lo que se convirtió Israel. Hoy en día son 384.200 personas y siguen sin tener el derecho a retornar a sus tierras. El segundo grupo es el formado por los 334.000 palestinos que han sido desplazados internamente dentro del territorio palestino ocupado, tanto en Cisjordania —incluyendo Jerusalén Este— como en la Franja de Gaza.

La continua denegación del derecho al retorno por parte de Israel deja a estos palestinos en las manos de países vecinos donde no son bienvenidos y no disfrutan de plenos derechos. Un claro ejemplo es Siria, donde en el 2011 había más de medio millón de refugiados. En los últimos cuatro años más de 100.000 personas refugiadas de origen palestino han tenido que huir de Siria, convirtiéndose en refugiados por segunda o tercera vez. De los 450.000 que permanecen dentro de Siria, un 95% necesitan asistencia humanitaria constante y urgente, mientras que 280.000 se encuentran desplazados internamente. Decenas de miles de ellos se encuentran atrapados en zonas de conflicto activo, sin tener ningún lugar al que poder escapar, dado que países vecinos como Jordania y Líbano cerraron sus fronteras a los refugiados palestinos al inicio del conflicto sirio y deportan a todas aquellas personas que llegan a sus fronteras.

La falta de protección

El que no haya ninguna agencia internacional responsable de proteger y defender los derechos de los refugiados palestinos intensifica el impacto de las políticas israelíes de desplazamiento forzoso y hace más vulnerables a los refugiados palestinos en los países de acogida. En 1948, cuando tuvo lugar la Nakba, las Naciones Unidas creó dos agencias para tratar el tema: por un lado la UNRWA, responsable de proporcionar ayuda humanitaria y asistencia, y por otro la UNCCP, que era una Comisión creada con el objetivo de proteger a los refugiados palestinos y buscar soluciones duraderas para ellos.

La UNCCP dejó de operar a comienzos de los años 50 debido a las dificultades para llevar a cabo su trabajo y, aunque sigue existiendo hoy en día en papel, en la práctica está totalmente inoperativa. Desde entonces, no ha habido ninguna otra agencia que la haya reemplazado, lo que ha dejado a los refugiados palestinos sin protección básica en sus países de acogida y sin nadie con el mandato de buscar soluciones duraderas a su desplazamiento.

Esta situación es insostenible y abordarla fue una de las principales demandas de la comunidad de refugiados palestinos en sus declaraciones el Día de la Nakba de este año, que fueron apoyadas por el Consejo de Organizaciones Palestinas de Derechos Humanos. También resaltaron la necesidad de buscar una solución duradera para los refugiados palestinos conforme al derecho internacional, específicamente las resoluciones 194 de la Asamblea General y 237 del Consejo General de las Naciones Unidas. Esta búsqueda solo podría ser posible mediante la creación de una agencia con el mandato específico de implementar dicha solución.

Por tanto, los refugiados proponen tres opciones: o bien se reactiva la UNCCP, o se amplia el mandato actual de la UNRWA —tanto en su contenido como en su ámbito geográfico, así como su método de financiación—, o bien se integra a los refugiados palestinos bajo el mandato de la ACNUR, que proporciona ayuda humanitaria y protección al resto de refugiados del mundo. El primer paso para ello, sería tomar las medidas necesarias para presionar a Israel para que cumpla con sus obligaciones según el derecho internacional y cese las actuales políticas de traslado forzoso de población, así como que reconozca los derechos de los refugiados palestinos, incluyendo el derecho al retorno. Mientras tanto, reivindican que terceros estados también respeten sus obligaciones y aseguren la protecciones internacional de los refugiados palestinos en sus países de acogida.

El próximo 20 de junio se celebrará el Día Mundial del Refugiado por lo que cabe recordar que los refugiados palestinos son el grupo más numeroso y antiguo bajo esta categoría del mundo, a pesar de que habitualmente no aparecen en las listas de refugiados por no estar bajo el mandato de ACNUR. Además, poner fin al exilio de los más de siete millones de personas y a más de 68 años de desplazamiento no es sólo una cuestión moral, sino una obligación legal de terceros estados y de la ONU. Mientras no se tomen las medidas necesarias, estos millones de refugiados estarán condenados a un futuro de adversidad, más desplazamiento y a más conmemoraciones del Día de la Nakba.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Hoy os traemos una visión diferente del conflicto árabe-israelí. Una mirada a través de los ojos de sus habitantes, de sus costumbres y sus rutinas diarias. En este fotorreportaje recogemos imágenes tomadas en las calles de diferentes barrios palestinos y judíos de Jerusalén que reflejan la situación de conflicto permanente que se vive en la región. Una colección de imágenes que no te dejará indiferente.


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La ONG israelí 'Breaking the Silence' lleva más de diez años denunciando los abusos del ejército israelí. Sus integrantes recogen testimonios, investigan la veracidad de los mismos y elaboran informes sobre los resultados de dichas investigaciones. En la operación “Margen Protector”, los propios soldados han acudido a 'Breaking the Silence' para relatar las violaciones de Derechos Humanos de las que son testigos.


Martin Canepa30/04/2015
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El día 1 de abril de 2015 entró en vigor para Palestina el Estatuto de Roma de 1998 que crea la CPI. La importancia de esta noticia consiste en el hecho de que es la primera vez que un Tribunal Internacional va a poder analizar y dictaminar acerca de la responsabilidad penal de individuos en el marco de uno de los conflictos históricos que todavía perduran en la esfera internacional, además de constituir un primer paso en el camino del reconocimiento de Palestina como Estado con plenas facultades.


Bernat Miquel26/12/2014
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Durante un discurso político en 1996, Yasser Arafat afirmó, refiriéndose a Palestina: “Tenemos la intención de eliminar el estado de Israel y establecer un estado palestino puro. Vamos a hacer la vida insoportable para los judíos a través de una guerra psicológica.” Éstas palabras podrían parecer irónicas si un líder palestino las pronunciara a día de hoy, en un momento en el que la autonomía del estado palestino es mínima y que tiene que enfrentarse a diario a un estado israelí que parece inclinarse cada vez más al conservadurismo derechista.

Prueba de ello es la reciente propuesta del gobierno de Netanyahu de la denominada “ley judía”, una norma que pretende reformar la Ley Básica de Israel -el equivalente a una Constitución- y definir el país como un “estado-nación judío”. Sin embargo, ¿qué ha traído a Netanyahu sugerir dicho cambio de estatus este noviembre? ¿Hay algo más detrás de este gesto simbólico?

El escenario político

No es un momento fácil para la política israelí. Con la configuración de la legislatura actual, vigente desde principios del 2013, el Likud -partido de Netanyahu, de ideología de centro-derecha- consiguió formar un gobierno de coalición con otras tres formaciones, dos de las cuales de ideología más centrista. Gobernar el país con esta coalición nunca ha sido sencillo. Gran parte de la culpa la tiene Netanyahu, que nunca cumplió a la totalidad con las promesas que hizo a los partidos centristas a cambio de su apoyo en el gobierno, como la reanudación de las conversaciones de paz con Palestina o las implementación de reformas económicas para solventar la crisis inmobiliaria del país.

Policía israelí prohíbe el paso a la mezquita de Al-Aqsa en octubre. Vía twitter.
Policía israelí prohíbe el paso a la mezquita de Al-Aqsa en octubre. Vía twitter.

Otro importante factor de la progresiva debilitación del gobierno de Netanyahu ha sido la escalada de la violencia de este verano entre israelíes y palestinos, que supuso un golpe de efecto a la crisis social y política del país: la polarización entre ambas partes se acentuó, y las políticas represivas del gobierno de Netanyahu contra el pueblo palestino aumentaron considerablemente, incluyendo el cierre a finales de octubre de la Explanada de las Mezquitas, uno de los más simbólicos lugares de rezo para los Musulmanes.

Relacionada: Un ramadán bañado de sangre palestina, el comienzo de la violencia

Es a partir de este tipo de medidas cuando la crisis entre el primer ministro israelí y sus socios de gobierno –nada de acuerdo con las políticas cada vez más conservadoras de Netanyahu- se empieza a evidenciar fuertemente.

Sin embargo, la gota que colmó el vaso fue la propuesta de ley que Netanyahu presentó en este pasado noviembre, que pretende enfatizar el carácter judío del Estado de Israel a través de la exclusión de las minorías religiosas del país. La gravedad de la crisis en la que se encontraba el gobierno hizo que dicha propuesta de ley fuera solamente la gota que colmaba el vaso para la disolución del gobierno, en ningún caso la única razón de la crisis entre Netanyahu y sus aliados en el mando de la política israelí. Por lo tanto, es más que probable que cuando el premier israelí anunciara la propuesta de ley ya hubiera renunciado a seguir gobernando con sus socios de gobierno en esta legislatura, y estuviera ya pensando en una contexto preelectoral. De hecho, en la misma conferencia de prensa que anunció la propuesta de ley, Netanyahu pidió explícitamente el voto para su partido a los votantes de centroderecha y derecha en unas hipotéticas elecciones. Diez días después, el portavoz del Gobierno anunciaba elecciones anticipadas para el próximo marzo.

Por lo tanto, todo hace pensar que el anuncio de la norma que pretendía reformar la Ley Básica de Israel no se enmarcaba en un contexto de gobernabilidad, sino que fue una declaración de intenciones para su siguiente programa electoral.

La propuesta de ley

Ben Gurión proclama el Estado de Israel, en un museo de Tel Aviv. Vía Wikipedia.
Ben Gurión proclama el Estado de Israel, en un museo de Tel Aviv. Vía Wikipedia.

La mayor parte de la propuesta de ley no difiere mucho de la Declaración de Independencia de Israel de 1948: establece que Israel es el estado para el pueblo judío, se garantiza los derechos individuales de todos los ciudadanos a través de un sistema democrático y se establece al hebreo como lengua nacional. Sin embargo, la gran diferencia entre la Declaración y la propuesta de Netanyahu –redactado por la extrema derecha- radica en la exclusión de las minorías religiosas, especialmente de los Musulmanes, ya que el texto no explicita la igualdad entre los ciudadanos de Israel, y elimina el árabe como idioma co-oficial en un Estado donde residen casi un millón y medio de ciudadanos de origen árabe.

La reacción ciudadana

Como era de esperar, la reacción de la comunidad Palestina residente en Israel ha sido de absoluto rechazo a la propuesta de ley. Como apuntó el presidente de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas, “los palestinos nunca reconoceremos el carácter judío del estado de Israel”. Varias voces de la sociedad civil palestina tienen una visión que va más allá de la marginación del pueblo palestino. Este es el caso de activistas como Ghada Karmi, quien afirmó en su cuenta de Twitter que el texto propuesto por Netanyahu “hace de Israel un estado apartheid oficialmente”. Así pues, lo que consigue Netanyahu con este texto es distanciarse –aún más si cabe- de los ciudadanos israelíes de origen no judío. Este hecho puede ser extremadamente peligroso, especialmente en una sociedad en que el 25% de ciudadanos no son judíos, y que cuenta con altos niveles de violencia física, cultural y estructural.

La propuesta de ley, no obstante, tampoco parece haber convencido, en general, a la opinión pública de la comunidad judía israelí. Según me cuenta Tal, un estudiante judío de Tel Aviv, en la mayoría de casos la ley decepciona entre la población. “El rechazo a la ley es particularmente notoria entre la comunidad de estudiantes, donde ninguno de mis compañeros (ni los de derechas) entiende la necesidad de una ley como esta en un tiempo como este”. Además, los medios de comunicación de más repercusión en Israel se han manifestado explícitamente en contra: “Los socios de gobierno de Netanyahu que se opusieron a su texto recibieron un gran apoyo de la mayoría de medios”, afirmaba Tal.

¿Y ahora qué?

Los próximos meses de política en Israel se prevén altamente complicados y complejos. Por un lado, los partidos se preparan por un proceso electoral cuyo resultado es incierto. De este se subyacen dos posibles grandes escenarios: uno, el de la continuidad, que consolidaría al poder al nuevo Netanyahu, más conservador que nunca. El otro, el del cambio, en el que una coalición de partidos de centro y centroizquierda propondría un gobierno más integrador y progresista.

Por otro lado, Israel se debate entre la consolidación de los derechos democráticos de su ciudadanía y la discriminación religiosa. Mientras que los poderes occidentales esperan que Israel consolide su sistema democrático, éste no acaba de afianzarse en el país debido a la renuncia indefinida de los gobiernos israelíes –en mayor o menor medida- de no tratar a sus conciudadanos por igual, independientemente de la religión que profesen. Es como si a un coche antiguo le pusiéramos un chasis nuevo: por muy bonito y moderno que pudiera parecer, el coche nunca iría con la precisión, la velocidad o la determinación que uno desearía.

Foto de portadaPoster de campaña de Netanyahu, por zeevveez (Jerusalem). Vía Wikipedia.

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