Entre 2011 y 2020, lo que comenzó como una crisis de legitimidad interna en Siria se transformó en una guerra de múltiples capas, con actores internos subordinados a agendas regionales y globales. Este análisis recorre la evolución del conflicto sirio como laboratorio de nuevas formas de guerra —hibridación, interposición y delegación de la violencia— donde la internacionalización acabó por eclipsar las causas estructurales del enfrentamiento.










