China domina el 60% de la producción mundial de tierras raras y casi el 90% de su refinado, controlando un cuello de botella crítico en la cadena de suministro global. Sin embargo, la producción de semiconductores avanzados depende de tecnologías que China aún no posee, como las máquinas de litografía EUV fabricadas exclusivamente por ASML en Países Bajos. Frente a los controles de exportación estadounidenses, Beijing intensificó su estrategia de sustitución doméstica con avances concretos pero insuficientes. Las tierras raras son una fuente de poder geoeconómico, pero no una garantía de supremacía tecnológica total.








