11/05/2026 MÉXICO

¿Qué papel juega China en la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán?

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El 28 de febrero de 2026, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ingresó en una fase de confrontación abierta tras una serie de bombardeos sobre territorio iraní. En este contexto, China emerge como un actor clave que, sin intervenir directamente, busca equilibrar sus intereses económicos, energéticos y geopolíticos mediante una estrategia de cautela y pragmatismo.

El 28 de febrero de 2026, tuvo lugar una serie de bombardeos aéreos sorpresivos sobre distintas ciudades de Irán, llevados a cabo de manera conjunta por Estados Unidos e Israel. Esto dio inicio a un nuevo episodio de confrontación abierta en la región. Lo particularmente significativo de estos ataques radica en que ocurrieron mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas entre Washington y Teherán, lo que no solo intensificó las tensiones existentes, sino que también puso en evidencia la volatilidad del escenario geopolítico actual.

En este escenario de creciente confrontación, el rol de China adquiere una relevancia particular. Aunque no participa directamente en el conflicto, su posición como potencia global y socio estratégico de Irán la ubica en un lugar clave dentro del entramado geopolítico. Sin embargo, lejos de adoptar una postura de alineamiento explícito, China ha optado por una estrategia cautelosa, buscando equilibrar sus intereses económicos, evitar una escalada mayor y preservar sus relaciones con los distintos actores involucrados. En este sentido, su accionar responde más a una lógica pragmática que a compromisos ideológicos o alianzas rígidas.

En este contexto, China ha acompañado su cautela estratégica con un discurso cada vez más crítico sobre la situación internacional. Un ejemplo claro fue el pronunciado por el presidente Xi Jinping el 14 de abril de 2026 en Beijing; durante su encuentro con el mandatario español, Pedro Sánchez, Xi afirmó que “el orden internacional se está desmoronando en el caos”. Esta expresión no solo remite a un escenario de desorden, sino también a su percepción del deterioro del sistema internacional. Para China, este “caos” justifica su pragmatismo: si las reglas del juego están rotas, su prioridad absoluta es salvaguardar sus intereses nacionales y la estabilidad de sus suministros, evitando quedar atrapada en conflictos ajenos.

Relación China–Irán: ¿aliados o socios?

A primera vista, la relación entre China e Irán ha sido frecuentemente interpretada como una alianza estratégica sólida, especialmente desde la perspectiva occidental. Ambos países han mantenido vínculos estrechos durante décadas, reflejados en encuentros de alto nivel como la visita del líder supremo iraní, Ali Khamenei, a Pekín en 1989, y más recientemente en el acercamiento impulsado por Xi Jinping, quien visitó Teherán en 2016. Este proceso culminó en 2021 con la firma de un acuerdo de asociación estratégica a 25 años, que contemplaba inversiones chinas por aproximadamente 400.000 millones de dólares a cambio de un suministro sostenido de petróleo iraní.

Sin embargo, un análisis más profundo revela que esta relación dista de ser una alianza tradicional. En la práctica, el vínculo entre ambos países se ha basado principalmente en intereses económicos y estratégicos, más que en afinidades ideológicas o compromisos políticos duraderos. Según Cesarín (2026), China mantiene a flote la economía de Irán mediante las importaciones de petróleo, inversiones, cooperación tecnológica y en defensa. Irán lo ve como un socio estratégico para sobrevivir a las sanciones internacionales.

Asimismo, la cooperación entre ambos países ha generado controversias en el ámbito internacional. Estados Unidos ha acusado a China de transferir sistemas de misiles antiaéreos portátiles conocidos como MANPADS, una amenaza para los aviones militares estadounidenses e israelíes (Bertrand et al., 2026). A pesar de estas acusaciones, Pekín evitó involucrarse abiertamente en compromisos militares o de seguridad con Teherán, y remite sistemáticamente su estricto apego al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas.


Cabe destacar que la relación entre China e Irán debe entenderse en el marco de un entramado más amplio de articulaciones regionales y globales. Ambos países participan en espacios como los BRICS+ y la Organización de Cooperación de Shanghái, lo que fortalece su cooperación en ámbitos económicos y estratégicos. Como señalan Ng y Restivo (2025), China ha profundizado su presencia en el mundo árabe-musulmán mediante iniciativas diplomáticas y acuerdos de largo plazo, consolidando a Irán como un socio relevante dentro de su estrategia de proyección global.

Desde una perspectiva geopolítica más amplia, estos vínculos podrían desafiar el orden internacional liderado por Estados Unidos. En este sentido, Brzezinski advertía sobre la posibilidad de una convergencia estratégica entre China, Rusia e Irán como un escenario potencialmente desafiante para la hegemonía estadounidense (Brzezinski, 1997, citado en Ng & Restivo, 2025). No obstante, en la práctica, la política exterior china continúa caracterizándose por su flexibilidad, evitando consolidar alianzas rígidas y priorizando relaciones funcionales a sus intereses.

A diferencia de las alianzas occidentales, China no establece compromisos de defensa mutua ni interviene directamente en los conflictos de sus socios. Su política exterior se orienta a maximizar beneficios económicos y mantener un equilibrio geopolítico, incluso si ello implica sostener vínculos simultáneos con actores enfrentados. Por lo tanto, más que “aliados”, China e Irán son socios circunstanciales unidos por intereses convergentes, pero con una base frágil y limitada.

El comportamiento de China durante la guerra: equilibrio y pragmatismo

El desarrollo del conflicto ha obligado a China a adoptar una postura cuidadosamente equilibrada. Por un lado, la región de Medio Oriente es fundamental para sus intereses estratégicos, especialmente en lo que respecta a la seguridad energética. En este contexto, los ataques a infraestructuras energéticas, la incertidumbre sobre rutas comerciales y el cierre del Estrecho de Ormuz generan riesgos significativos para su economía (Cesarín, 2026). Como se indicó previamente, China depende en gran medida del petróleo proveniente de la región, y particularmente de Irán.


Al mismo tiempo, China ha intentado consolidar su imagen como una potencia estabilizadora, basada en el uso del poder económico y diplomático más que en la intervención militar. Como señala Barragán (2024), su accionar y la base de su política exterior son los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica, formulados en 1954, que orientan su política exterior hacia la no intervención y el respeto por la soberanía estatal. En línea con esta estrategia, Beijing ha promovido iniciativas orientadas a reducir tensiones y favorecer la negociación entre las partes, lo que le permite expandir su influencia sin involucrarse directamente en los conflictos.

En este marco, a fines de marzo de 2026, en conjunto con Pakistán, presentó una iniciativa de cinco puntos orientada a reducir la escalada del conflicto. El plan proponía, entre otras medidas, un alto el fuego inmediato, la apertura de negociaciones entre las partes, la protección de la infraestructura civil y energética, y la garantía de libre circulación en el Estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global.

Vista satelital del Estrecho de Ormuz. Foto: Planet Volumes / Unsplash

Sin embargo, este enfoque también evidencia los límites de su accionar. Si bien China promueve el diálogo, evita asumir compromisos directos en la implementación o garantía de estos acuerdos, lo que restringe su capacidad de incidencia en el desarrollo del conflicto. En este sentido, su rol se mantiene dentro de una lógica de influencia indirecta, coherente con su política de no intervención, como señala el análisis de Cesarín (2026).

Desde una perspectiva más amplia, Beijing interpreta el accionar de Estados Unidos como parte de una dinámica de competencia global que trasciende el caso iraní. Esto refuerza su intención de evitar un alineamiento explícito con Irán, ya que hacerlo implicaría profundizar tensiones con Washington en un contexto internacional ya complejo.

Por estas razones, el comportamiento de China durante la guerra puede analizarse utilizando el concepto de Cesarín (2026), “praxis de doble estándar”. Este plantea que China combina un discurso crítico hacia la intervención militar con una práctica orientada a sostener relaciones con todos los actores involucrados.

Un actor clave sin protagonismo directo

Lejos de actuar como un aliado incondicional de Irán, China se posiciona como un socio estratégico que prioriza la estabilidad regional, el acceso a recursos energéticos y el mantenimiento de relaciones equilibradas con múltiples actores. Su comportamiento evidencia una estrategia de “equilibrio”, en la que busca evitar tanto una escalada del conflicto como un deterioro en sus vínculos con Estados Unidos y otros países de Medio Oriente.


En definitiva, China juega un papel clave pero indirecto: no define el rumbo del conflicto, pero sí condiciona su entorno. Su rol combina intereses económicos, cálculo geopolítico y diplomacia estratégica, reflejando una forma de ejercer poder distinta a la de las potencias tradicionales. Más que una “potencia estabilizadora” como plantea Cesarín (2026), China actúa como un gestor de tensiones: no busca resolver los conflictos, sino administrarlos en función de sus intereses, capitalizando la inestabilidad sin quedar atrapada en ella. En este sentido, su verdadero poder no radica en intervenir, sino en elegir cuidadosamente cuándo no hacerlo.

Esta es una explicación sin fines de lucro.

Notas y referencias

[1] Bertrand, N., Britzky, H., & Cohen, Z. (11 de abril de 2026). Exclusiva: inteligencia de EE. UU. indica que China prepara un envío de armas a Irán en medio de alto el fuego, según fuentes. CNN. https://cnnespanol.cnn.com/2026/04/11/mundo/exclusiva-inteligencia-ee-uu-china-envio-armas-iran-trax

[2] Ng, G., & Restivo, N. (Mayo de 2025). China y el mundo árabe-musulmán. Creciente dinámica en conectividad, superación de conflictos y monedas. En Selección de trabajos del III Congreso Latinoamericano de Estudios Chinos (pp. 147-151). Instituto de Relaciones Internacionales (IRI), Universidad Nacional de La Plata.

[3] Cesarín, Sergio (2026). Delicado equilibrio chino en Medio Oriente. Foro del Sur. https://forosur.com.ar/blog/delicado-equilibrio-chino-en-medio-oriente/

[4] Barragán, P. (23 de julio de 2024). 70 años de coexistencia pacífica china y de la guerra permanente norteamericana. China información y economía. https://www.catedrachina.com/single-post/70-a%C3%B1os-de-coexistencia-pac%C3%ADfica-china-y-de-la-guerra-permamnete-norteamericana

[5] Newsroom Infobae. (31 de marzo de 2026). Pakistán y China plantean una propuesta para un alto el fuego, reabrir Ormuz e iniciar negociaciones de paz. Infobae. https://www.infobae.com/america/agencias/2026/03/31/pakistan-y-china-plantean-una-propuesta-para-un-alto-el-fuego-reabrir-ormuz-e-iniciar-negociaciones-de-paz/

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Lucía Castillo Jerez

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba, con principal interés en la seguridad internacional y los conflictos transnacionales.


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