05/12/2020 BARCELONA

¿Qué se espera de Río+20?

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible espera proponer una nueva agenda de política internacional para el desarrollo que estimule la transición hacia una economía verde y la erradicación de la pobreza.

En junio de 2012 Brasil será sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, Río+20. Dos décadas han pasado desde la realización de la Río 92, la Cumbre de la Tierra, sin embargo los retos para el alcance de una agenda socio ambiental mundial siguen siendo una intención lejana y todavía hay importantes barreras y fallas sistémicas en la aplicación de los objetivos internacionalmente acordados.

Rio+20 se propone evaluar los compromisos establecidos desde 92 y discutir una arquitectura para el desarrollo sostenible, basado en una economía verde que pueda también contribuir para la reducción de la pobreza. Para ello, fue divulgada una agenda preliminar (Draft Zero) para guiar las discusiones preparatorias para la Cumbre, que destaca los pilares económico y social del desarrollo sostenible e intenta conciliarlos con la sustentabilidad ambiental. No obstante, en un escenario de crisis mundial, la comunidad internacional cuestiona si es este el mejor camino.

La necesidad de una revolución en la gobernanza ambiental

Analizando el proceso global de desarrollo en el siglo XX, es posible observar importantes avances científicos y tecnológicos, ganancias económicas e importantes mejoras sociales, aunque lo mismo no se observa en términos ambientales. La verdad es que los beneficios económicos y sociales logrados se han hecho con significativas pérdidas ambientales.

No se puede decir que no exista una crisis económica, provocada esencialmente por una mal gestión y una visión a corto plazo, o una desigualdad social determinada principalmente por la falta de acceso de los más pobres a la educación, salud, alimento y vivienda. El punto clave es que el desarrollo sostenible, por definición, está anclado en tres pilares – económico, social y ambiental. El pilar ambiental no tiene más condiciones de mantener el equilibrio deseado y requiere de mayor atención. No se resume en una cuestión de conciliación con el medio ambiente, sino en una necesidad de cambio estructural que reoriente los estándares económicos y el proceso de desarrollo humano para que sea posible avanzar generando también ganancias ambientales. Existe una percepción de que el concepto de desarrollo sostenible se perdió y la adopción de una economía verde, o baja en carbono, que se refiere a la reducción de los riesgos y limitaciones ambientales actuales, pueda reducirse a repetir antiguas prácticas de mercado sin la adecuada inclusión de los servicios ambientales que la naturaleza ofrece.

Una fuerte crítica recibida por el Draft Zero fue el hecho de priorizar una agenda de desarrollo, sin profundizar cuestiones fundamentales acerca del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad. Para evitar que la última Conferencia del Clima (COP17) postergase decisiones a Rio+20, hubo un esfuerzo de los organizadores en retirar de la agenda puntos conflictivos y cambiar el foco ambiental de la Cumbre hacia un foco de desarrollo, aunque con preocupaciones ambientales y sociales.

Aun así, la gran mayoría de la comunidad internacional entiende Rio+20 como una cuestión de política ambiental, incluso el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicó un importante informe para indicar a la cúpula de la Conferencia prioridades científicas que contribuyan en la formulación de políticas ambientales.

Denominado “21 Temas para el Siglo XXI”, el documento destaca la necesidad de alinear la gobernanza a los desafíos de la sustentabilidad global. Afirma que tanto la representatividad como la eficacia del sistema de gobierno es problemática, no hay suficiente transparencia y se observa una serie de acuerdos multilaterales interdependientes que compartimentan y debilitan las cuestiones ambientales. Este contexto remite a la urgencia de reemplazar el PNUMA con las condiciones jerárquicas y autonomía de poderes necesarios.

Alternativas a discutir en Río+20

Por esa razón, tres alternativas serán discutidas en Río+20:

(i) transformar el Consejo para el Desarrollo Sostenible en una Comisión de la ONU, lo que significaría que la entidad se elevaría de categoría;

(ii) agregar funciones ambientales al Consejo Económico y Social (ECOSOC),

(iii) crear un foro de nivel ministerial sobre desarrollo sostenible en las Naciones Unidas. Algunos gobiernos defienden la opción de solamente fortalecer el Programa lo que significa, en realidad, evitar la creación de una organización con más poderes institucionales y legales.

Otro tema clave es la necesidad de transformar la capacidad humana para el siglo XXI. El cambio climático y la transición hacia una economía verde exigen capacitación y mano de obra cualificada y hoy ya se observa la carencia de recursos humanos especializados.

Además de otras importantes proposiciones, el informe destaca la importancia de garantizar la seguridad alimentaria para una población que sigue creciendo y que llegará a los 9 mil millones de personas antes de 2050. Actualmente la producción agrícola está amenazada por los diferentes usos de la tierra, producción de bioenergía, escasez de agua y cambio climático, además de la posibilidad de contaminación de alimentos y transmisión de enfermedades de los animales hacia los seres humanos.

Otros puntos relacionados con la pérdida de biodiversidad, acceso al agua, océanos, recursos minerales y energías renovables igualmente están entre los 21 temas que desafían este siglo. Como subrayado en el documento, lo cierto es que solamente con canales de comunicación efectivos se podrán lograr importantes cambios. No es posible, por ejemplo, una revolución en la gobernanza ambiental sin que exista una conexión entre ciencia y política que permita desarrollar soluciones ambientales. Por otro lado, cambios de comportamiento también son necesarios. Solamente con una actitud colectiva y consciente es posible modificar hábitos de consumo que causan daños al medio ambiente.

Río+20 y la construcción de alternativas

En el fondo existe un conocimiento colectivo de que las cosas van mal y que es urgente fortalecer políticas y prácticas que puedan garantizar avanzar en dirección al desarrollo sostenible. Sin embargo, existen muchas dudas de que efectivamente sea este el deseo de los decisiores. Aunque los gobiernos avancen en el entendimiento de las cuestiones climáticas y ambientales, sus discursos y actitudes reflejan el mismo juego del pasado, sin una visión de largo plazo y priorizando ganancias macroeconómicas de corto plazo. Se olvidan de que incluso las externalidades negativas, previstas en las teorías económicas, necesitan de mecanismos de compensación para mantener la productividad y competitividad.

En cambio, no se puede hablar de la construcción de alternativas sin destacar el papel fundamental desempeñado por la sociedad civil. Históricamente, y así fue en Río 92, las organizaciones de la sociedad civil llaman la atención mundial acerca del impasse vivido por la humanidad entre crecimiento x sostenibilidad y buscan alternativas concretas con importantes resultados por todo el mundo. No será diferente en Río+20, con centenares de actividades paralelas a las negociaciones oficiales programadas y un esfuerzo por parte de las Naciones Unidas y del gobierno brasileño, anfitrión de la Cumbre, en oír sus voces.

Lo cierto es que la fórmula de la sostenibilidad debe garantizar la gestión responsable de los recursos naturales, con cambios estructurales en los estándares de producción y consumo, reducción efectiva en las emisiones de gases invernaderos, incentivos a una matriz energética renovable, conservación de la biodiversidad, recuperación de la cobertura vegetal, de los acuíferos y cursos del agua en conjunto con prácticas de bienestar social que mejoren la calidad y amplíen el acceso a la educación, salud, vivienda y nutrición.

Total que, en resumen, lo que se espera en Río+20, es la adopción de un paradigma de mayor valoración ambiental y social que promueva ganancias económicas. Son acciones concretas que lleven a cambios estructurales donde todos ganan, donde cuanto más los países y las personas mejoren en educación, ingresos y sostenibilidad, mayores oportunidades económicas y mayor prosperidad habrá para todos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Karen Oliveira

Brasileña, geóloga, especialista en cooperación internacional y medio ambiente. Máster en Energía, Doctora en Relaciones Internacionales. Trabajo con la movilización de fondos y gestión de proyectos direccionados al desarrollo social, salud, género y medio ambiente. Mis temas de interese son política, economía, medio ambiente, derechos humanos y sus interrelaciones.


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