La muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí a fines de febrero de 2026, en una operación atribuida a la coordinación entre Estados Unidos e Israel, reconfigura el equilibrio estratégico en Medio Oriente y proyecta efectos sobre actores extrarregionales. Argentina, con el antecedente del atentado contra la AMIA y alertas de Interpol vigentes sobre funcionarios iraníes, enfrenta un escenario que exige vigilancia estratégica sin dramatización ni minimización.


