20/09/2020 BARCELONA

Corea, un alma dividida (I)
Jung Yeon-Je/AFP via Getty Images

¿Responde la escalada de tensión entre las Coreas a un divorcio entre dos mitades irreconciliables? Encuentra las claves de la complicada relación entre ambos países en 'Corea, un alma dividida I y II'.

10.000 won es lo que cuesta un café y un pedazo de pastel en un Starbucks en el barrio seulense de Gangnam, y también son 10.000 los kilómetros que separan la península ibérica de la península de Corea. Entender el conflicto existente entre el norte y sur del paralelo 38, requiere acortar distancias.

De aquellos barros, estos lodos

Previamente a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Corea vivía bajo dominación japonesa desde 1910. Fueron años en los que el país se convirtió en despensa nipona y fuente de mano de obra barata, mientras que se sometía a su población al hambre y la limpieza de todo rastro cultural e histórico coreano. No fue hasta 1945, cuando EE.UU. puso fin a la Segunda Guerra Mundial marcando para siempre a Hiroshima y Nagasaki, que Japón se rindió y replegó, liberando con ello a Corea de su dominio.

Lamentablemente, los vientos que soplaban de occidente y habían liberado el país no trajeron su independencia, dadas las diferencias entre norte y sur se dividió Corea a través del paralelo 38, lo que dio comienzo a la administración soviética del norte y la estadounidense del sur, estableciéndose en 1948 la República Democrática de Corea (Sur) y la República Democrática Popular de Corea (Norte).

Las dos Coreas y sus amienemigos

Hijas de una misma madre, las dos Coreas no nacieron en tiempos de paz. En 1950 las tropas norcoreanas invadieron Corea del Sur, sus aliados intervinieron rápidamente para liberarla, iniciándose la Guerra de Corea. El  norte contó con  ayuda de la Unión Soviética y fue apoyada por la República Popular China, mientras que el sur contó con el apoyo de Estados Unidos y la ONU. Cuando ambos bandos consiguieron expulsar a sus oponentes al otro lado del paralelo 38 se decidió terminar la guerra, en 1953, con un armisticio que restauró la frontera entre las dos hermanas, creando la zona desmilitarizada de Corea, una franja de unos 4km de anchura entre ambos países que hoy sigue existiendo.

La Guerra de Corea fue corta, pero no solo causó miles de muertos y dejó la península en ruinas, sino que produjo heridas entre norte y sur que hoy día siguen dificultando que haya un verdadero proceso de reunificación o de paz.

La hermana comunista

Primero con Kim Il-Sung, después con Kim Jong-Il y ahora con Kim Jong-Un, la saga familiar de dictadores norcoreanos sobrevive, cogida de la mano de los militares y gobernando el país con mano de hierro. Poco ha cambiado en el norte, una hambruna en los años noventa se cobró una “cifra indeterminada” de almas y una más o menos reciente fiebre nuclear amenaza con incrementar ese número. Mientras tanto, son pocos pero desgarradores los testimonios que cuentan las miserias de su población. Por ejemplo, Hyeonseo Lee, una joven norcoreana que cuenta su particular drama en la huida de lo que un día consideró “el mejor país del planeta” en el que cantaba una canción titulada “nada que envidiar”.

Vista de la zona desmilitarizada en la costa este de Corea del Sur. Foto: Guillem Vals García

La hermana capitalista

Desde el final de la guerra, Corea del Sur ha tenido varios gobiernos, algunos elegidos en las urnas, otros impuestos con golpes militares. Destaca Park Jeong-hee, que ejerció su poder bajo una dictadura que duró 17 años (1963-1979). Durante ese tiempo se le reconoce haber impulsado un importante progreso del país que se encontraba en la miseria, desarrollando la economía y fomentando las exportaciones.

Es por eso que, aún tratándose de un dictador, parte de la población coreana aún hoy reconoce su labor en el ámbito económico como algo positivo, sirviendo de base para lo que hoy es una potencia asiática y mundial. Sin embargo, no hay que olvidar que su mandato se caracterizó por la aplicación de la ley marcial, la persecución política y ausencia de libertades. Además, su mano dura y autoritarismo favoreció a los grandes conglomerados de empresas nacionales (chaebols) que aún hoy siguen teniendo mucho que decir en el gobierno del país.

Pero no fue hasta 1987 que se eligió un presidente, por iniciativa de la oposición y presión popular, mediante la celebración de unas elecciones. Con el año 1988 llegó la entrada en la ONU y la celebración de los Juegos Olímpicos de Seúl.

El sol se alzaba en el sur, o al menos eso creían, hasta que en 1997 el país vivió lo que hoy es el presente de Europa, una grave crisis de deuda que obligó al tigre asiático a llevar a cabo profundas reformas en su economía para hacer frente a sus deudas con el FMI.

[notice]Sigue leyendo la segunda parte de este artículo: Corea, un alma dividida (II)[/notice]

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Guillem Vals


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