05/12/2020 BARCELONA

Corea, un alma dividida (II)

¿Responde la escalada de tensión entre las Coreas a un divorcio entre dos mitades irreconciliables? Encuentra las claves de la complicada relación entre ambos países en 'Corea, un alma dividida I y II'.

Entender el conflicto coreano como un divorcio entre dos mitades irreconciliables no parece responder a la realidad. Corea nació como una y fue solo tras su liberación de Japón en 1945 cuando sus dos mitades fueron divididas, como dos hermanas separadas al nacer, tú a Pekín y yo a California.

El inversor que lo tiene claro

Jim Rogers es un inversor norteamericano al que las cosas parecen haberle ido muy bien. Se declara amante de saber lo que pasa en el mundo y lo que está cambiando, mientras que afirma no ser capaz de nombrar ni un solo jugador de la NBA. En 2011 dijo en una entrevista que dentro de Asia, Myanmar era un país con “un futuro espectacular” al igual que Corea del Norte. Ante la estupefacción, el periodista insistió, “¿ha dicho Corea del Norte?”, el Sr. Rogers contestó:

“Sí. Corea del Norte está haciendo hoy lo mismo que hizo China en 1978, cuando Deng Xiao Ping decidió que el sistema no funcionaba y que había que cambiarlo. El joven que va a dirigir el país (Kim Jong-Un, hijo y supuesto sucesor de Kim Jong-Il) ha sido educado en una escuela privada de Suiza. ¿Usted cree que este tipo, de 28 años, acostumbrado a la buena comida, bebida, mujeres, coches, películas de Hollywood, etc., va a querer que su país siga como hasta ahora?

Corea del Norte va a cambiar, se va a unir a Corea del Sur y allí van a surgir innumerables oportunidades. Será un país de 75 millones de personas, con trabajadores baratos y disciplinados en el norte y experiencia empresarial y capital económico en el sur. Japón quiere impedir esa unión porque sabe que no podrá competir con la nueva Corea.” Entrevista por Daniel Luna para Libre Mercado 16-11-2011

Si este hombre con ojo inversor tiene o no razón, se nos escapa, pero no en cambio que sigue en sus trece. Según publicó Bussines Insider el 31 de marzo de este año, sabemos que recientemente adquirió 13 monedas de oro norcoreanas por valor de unos 26.000 dólares, dado que comprando sellos y monedas “es la única forma” que tiene para invertir en Corea del Norte.

Hijos de

Juntos, Kim Jong-Un al norte y Park Geun-hye al sur, gobiernan las dos mitades de la península de Corea. No hay duda que las diferencias son abismales: uno no sabe lo que son unas elecciones, mientras que la otra lo tiene muy claro; aun así, los dos tienen algo en común, son hijos de dictadores.

La actual presidenta de Corea del Sur no pisó por primera vez la Casa Azul (residencia del cabeza de Estado) cuando llegó al poder en 2012. Hija del difunto dictador Park Chung-hee, pisaba suelo que ya le resultaba familiar. En su toma de posesión, lejos de dejar en el olvido el legado de su padre, la presidenta recordó el “milagro” económico y el espíritu del “poder hacer” que se creó cuando ‘papá’ tomó las riendas del país.

Combo de los líderes de Corea del Norte y del Sur, Kim Jong Un y Park Geun Hye. | REUTERS (EUROPA PRESS)

Afortunadamente, los tiempos cambian y la Sra. Park ganó unas elecciones limpiamente y tiene sus propias prioridades. Hoy a los surcoreanos les preocupa más su bienestar y menos cuánto crece su PIB. Ya no les quita el sueño cómo su líder llegó al poder, pero sí en cambio cuánto poder tienen los enormes conglomerados de empresas nacionales y las pocas oportunidades que tiene los jóvenes graduados. Se dice de Park que ha llevado al partido conservador al centro, mientras habla de la “democratización de la economía”.

Por lo que se refiere a su relación con sus vecinos del norte, frente a la propuesta de su oponente en las elecciones, que propuso la vuelta a la cordialidad absoluta y las ayudas económicas, Park propone basar su relación y apoyo al norte en el comportamiento y la confianza que se cultive desde él, lanzando la pelota al tejado del vecino hijo de dictador que nunca ganó unas elecciones.

El conflicto hoy

La firma del armisticio no es una declaración de paz, por lo que técnicamente la guerra entre Coreas no ha cesado nunca. Del mismo modo, la declaración del estado de guerra no significa que se esté en guerra.

Desde que Corea son dos (1948) se han sucedido varios incidentes que podrían haber sido causa suficiente para el fin del armisticio, a destacar se encuentran los siguientes: 1958, secuestro de un avión de pasajeros surcoreano; 1968, norcoreanos cruzan la frontera con la intención de matar al entonces presidente surcoreano Park Chung-hee y atentar en el país, además, un barco de EE.UU. es secuestrado por los norcoreanos; 1969, un avión espía norteamericano es abatido; 1970, agentes norcoreanos son descubiertos en Corea del Sur; 1974, Corea del Norte hunde barcos pesqueros y consigue atentar en un discurso del presidente Park, hiriendo de muerte a su esposa; 1976, dos soldados norteamericanos son asesinados en la zona desmilitarizada (DMZ) por un conflicto en la poda de un árbol; 1987, atentado bomba en un avión de Korean Air; 1995, disparos a pesqueros surcoreanos; 1998, disparo de prueba de misiles balísticos; 1999, conflicto entre ambos ejércitos con un navío norcoreano hundido; 2002, navío surcoreano hundido tras tensiones entre ambos países; 2006, disparo de otro misil balístico; 2008, choque entre barcos norcoreanos y surcoreanos; 2009, lanzamiento de otro misil balístico; 2010, hundimiento de un navío surcoreano y ataque de Corea del Norte a una pequeña isla al sur del paralelo; 2012, lanzamiento de un misil de largo alcance por parte de Corea del Norte.

Si a toda esta retahíla de rifirrafes le sumamos que en casi todos los incidentes que se enumeran hubo que lamentar víctimas, a menudo cuantiosas, una pregunta nos surge: ¿debemos preocuparnos por lo que está ocurriendo estos días? Y si es así ¿por qué?

Soldados vigilando las cercanías de la zona fronteriza. Foto: Guillem Vals García

En 2006 la ONU impuso sanciones a Corea del Norte por su primera prueba nuclear. Dado que el desarrollo nuclear del país continúa, así como los programas de misiles balísticos, el resultado no parece ser el esperado. Más aún cuando los ensayos se repitieron en mayo de 2009.

El problema es que ni las recientes sanciones de la ONU han dado resultado y ni son muchas las opciones que le quedan a occidente para poner freno a al Sr. Kim.

La tercera prueba nuclear tuvo lugar el 12 de febrero de este año, Corea del norte ha declarado el estado de guerra y ha reactivado sus generadores de energía nuclear. Ha vetado el paso a los trabajadores surcoreanos que diariamente se adentraban en territorio norcoreano y esta misma semana amenazó a Corea del Sur y Estados Unidos con un ataque. Y sabemos que día a día se suceden movimientos inusuales en sus tropas. Paso a paso nos encontramos más cerca que nunca del borde del precipicio, en el que un pequeño resbalón en la dirección errónea puede acabar con todo atisbo de optimismo.

Pero visto lo visto, lo importante no es tanto lo cerca que estamos de la línea roja que separa una enorme tensión de un guerra, sino si realmente hay o no intención de cruzarla. Cuando Kim Jong-Un llegó al poder tras la muerte de su padre se especuló mucho con las consecuencias de su falta de experiencia y su temprana edad. Se dudó de su capacidad y se especuló con que otros miembros de la familia, sus tíos, fueran los verdaderos líderes en la sombra. Incluso se llegó a especular con que la desaparición de la frontera entre Coreas tenía ya los días contados. Parece, que mantener su puesto exigía dar un golpe en la mesa y dejar claro quién mandaba en casa de los Sres. Kim.

¿Y mañana?

Por algún motivo que se me escapa, ser occidental y coger un taxi por la noche en Itaewon, el barrio de expatriados de Seúl, no es nada fácil. Hace unos meses, tras unos cuantos intentos infructuosos, dos soldados de la base militar estadounidense, que está en ese mismo barrio, se me acercaron y me propusieron compartir el taxi. Si ya era difícil coger taxi entonces, ahora ya sería imposible. Afortunadamente, cogimos taxi y aprovechamos el trayecto para charlar, en mi caso interrogarles. Una frase de uno de los soldados, de unos veinte años, resume todo lo que ahora nos interesa de esa conversación:

“Estamos en una base militar en pleno centro de Seúl para que, en caso de que [los norcoreanos] ataquen la ciudad, tengamos [Estados Unidos] la excusa perfecta para entrar en la guerra”.

Una eventual guerra,  nuclear o no, de Corea de Norte contra Corea del Sur e, inevitablemente, con Estados Unidos, tendría graves consecuencias. La situación económica mundial es enormemente frágil, por lo que una guerra a las puertas de China y en el corazón de Asia acabaría con toda esperanza de recuperación temprana. Además, China tendría que tomar partido, tanto en las decisiones que pudiera tomar el Consejo de Seguridad de la ONU, como ante la propia Corea del Norte. Mientras tanto, ni Europa, Rusia o Japón podrían permitirse mirar a otro lado y esperar que todo pase. Una guerra abierta tendría un potencial destructor devastador, sobretodo porque el número de posibles víctimas se calcula en más de un millón.

En cambio, sí parece tener más sentido, pero similar escasez de juicio, que estemos ante una forma de presión del norte, que quiere mantener su statu quo y a la vez desarrollar su economía, algo que con las sanciones actuales y un líder débil era imposible, pero que ahora, ante las puertas de un conflicto que no interesa a nadie, donde parece más fácil que nunca conseguir concesiones y evitar intromisiones, es plausible. El tiempo dirá.

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Guillem Vals


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