06/06/2020 BARCELONA

China al acecho: ¿cómo pensar el ascenso de la potencia asiática?
Los principales líderes del gobierno Chino asisten a la reunió anual del Foro Económico de Davos

El ascenso económico de China genera muchos recelos a muchos países, especialmente los Estados Unidos. Muchos interpretan el auge chino como una amenaza a la estabilidad económica e incluso militar de otras potencias. Hoy os explicamos cómo observar este auge desde diferentes perspectivas.

Los principales líderes del gobierno Chino asisten a la reunió anual del Foro Económico de Davos

Cuando explicamos los fenómenos sociales los interpretamos en función de las gafas ideológicas con las que los observamos. Es por ello que un acontecimiento como el ascenso de China en las relaciones internacionales es entendido de muchas formas. Y aunque muchos aspectos indican que este ascenso puede constituir una amenaza, al final es todo cuestión de la idea de orden internacional que tenemos en mente. En este articulo se plantean tres posibles escenarios de futuro basados en tres ideas distintas del orden internacional.

¿Qué es el orden internacional?

Si una cosa está clara en la disciplina de las Relaciones Internacionales es que la sociedad internacional es anárquica. Es decir, no hay ninguna autoridad común a los Estados. En este sentido, mientras que los ciudadanos estamos sujetos a unas reglas basadas en la autoridad del Estado como único actor con legitimidad para recurrir al uso de la fuerza, no existen ni un parlamento, ni unos jueces, ni una policía para los Estados –entendidos de forma convencional. Es por ello que un acontecimiento del cual resulte un nuevo (des)equilibrio del orden político, de la concentración de poder en unas determinadas manos u otras, es de vital importancia. Un nuevo equilibrio de poderes podría venir acompañada por una  total transformación del orden internacional como lo entendemos: nuevas normas para regular el comportamiento de los Estados, nuevas organizaciones internacionales para gestionar los intereses comunes de los Estados, e incluso nuevas formas de organización política distintas a las que conocemos ahora.

El ascenso de China como superpotencia en las relaciones internacionales despierta todo este tipo de preguntas. Y las razones no son pocas: violación de derechos humanos, carrera de armamentos, disputas territoriales, tensiones económicas, empresariales, medioambientales, etc. Son sólo algunas de los interrogantes del ascenso de China en las relaciones internacionales.

Tres interpretaciones del mundo, tres interpretaciones de China

Pero que el ascenso de China sea visto mayormente como una amenaza no es sino una consecuencia del predominio de la llamada tradición realista en las relaciones internacionales. Una interpretación del mundo en la que actores guiados por los propios intereses interactúan en un entorno plagado de otras formas de organización política que actúan guiados por los mismos instintos egoístas. Ahora bien, podemos interpretar el escenario de las dinámicas transfronterizas como algo más, como un entorno en el que las ideas y los compromisos, sino una identidad común a todos los seres humanos, importante cuando unos Estados interactúan con otros. Vamos a imaginar tres escenarios distintos que resultarían del ascenso de China como superpotencia en las relaciones internacionales:

Ruptura. Imaginemos que las relaciones internacionales son el frío escenario de interacción entre Estados guiados por el ansia de poder. Estos solo interactúan con los demás como resultado necesario e involuntario de la existencia de dinámicas transfronterizas. Es como un estado primitivo en el que los actores individuales no se ven reflejados en el otro, simplemente actúan llevados por los instintos naturales. Es esta perspectiva desde la que China se ve como una amenaza, pues el desplazamiento del poder internacional a sus manos resultaría en una transformación de las reglas internacionales que favoreciera sus intereses.

Transformación. Vayamos ahora un poco más allá. Pensemos en unorden en el que se reconoce la existencia del otro y la necesidad de articular unas reglas básicas para garantizar la convivencia. Establezcamos un paralelo con la forma como se organizan las sociedades políticas actuales: con declaraciones de derechos que reconocenel derecho a la vida, a la integridad, a la libertad, etc. Lo mismo pasa con los Estados, aunque egoístas reconocen que la mejor forma de salvaguardarse a uno mismo es reconocer los derechos del otro. Desde este punto de vista el ascenso de China es algo de lo que nos debemos preocupar, pero no asustar. Al fin y al cabo las normas internacionales están diseñadas en interés de todos y sea quien sea que tenga el poder estará interesado en garantizarlas.

Profundización. Pensemos en un tercer escenario del orden internacional que implique no sólo reconocer al otro, sino verlo como a un semejante. Démonos cuenta que al fin y al cabo todos los seres humanos somos iguales y, con independencia de nuestro interés individual, formamos parte de un colectivo. Esta forma de orden va más allá de los Estados, pues sus protagonistas son las personas que, con independencia de raza, etnia o religión, formamos todos parte de la comunidad de los seres humanos. Esta visión del orden internacional no ve en el ascenso de China algo en lo que preocuparse. De echo, es posible que ni lo considere en su agenda. Más que la concentración de poder en manos de un Estado u otro, lo que debe preocuparnos si vemos el orden internacional como una manifestación de la comunidad humana son las injusticias cometidas contra nuestros semejantes.

Las gafas chinas de ver el orden internacional

Así pues, ¿es el ascenso de China una amenaza? Al fin y al cabo, que existan tres visiones del mundo no quiere decir que todas ellas sean igual de acertadas. De echo, puede ser que ninguna de estas tres visiones sea la más adecuada para predecir lo que pasará si China se convierte en la nueva potencia mundial. En cualquier caso, todo parece apuntar a que no hay razones para preocupaciones excesivas.

China ha venido integrándose progresivamente al orden internacional basado en los principios liberales del multilateralismo y del derecho en los que se ha venido las relaciones entre Estados desde el siglo XIX. El ejemplo más claro es que ocupa una de las sillas permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la institución encargada de salvaguardar el orden internacional tal y como lo conocemos. Más recientemente, incluso se ha comprometido con los principios de la economía liberal de la posguerra fría, con su adhesión a organizaciones internacionales clave como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional e incluso a la Organización Mundial del Comercio. Y la mayoría de controversias recientemente protagonizadas con China pueden reducirse en muchos casos a su compromiso con el principio de soberanía. Por ello se opone a la llamada doctrina de la voluntad de proteger en el caso de Síria, y se ve involucrada en disputas territoriales con sus principales vecinos.

Ahora bien, es obvio que China no dudará en usar su creciente poder para modificar la actuación de estas organizaciones a su favor, sin que esto implique pero la transformación de sus principios. Prueba de ellos son los recientes esfuerzos de China en el en la organización de los BRICS (Brasil, Rusia, India y China, con Suráfrica). Es por ello que no debemos de dejar de interesarnos el ascenso de China como superpotencia en las relaciones internacionales. Interesarnos por un nuevo orden, no temer por un futuro desorden.

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Adrià Rodríguez-Pérez

(de Barcelona, a el Mundo) Licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Pompeu Fabra (Premio Extraordinario de Fin de Estudios) y Máster en Relaciones Internacionales por el Institut Barcelona d'Estudis Internacionals. Actualmente escribo desde Estrasburgo, donde trabajo para la Dirección General para la Democracia del Consejo de Europa. Mis intereses se centran en las dinámicas internacionales de la posguerra fría y en su interacción en el marco de la globalización: integración territorial y gobernanza transnacional. En este nuevo escenario, ¿cómo debemos entender la democracia? ¿Qué rol jugamos las personas?


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