27/02/2020 BARCELONA

¿Por qué China frena el comercio de ‘tierras raras’?

China controla el 98% de la producción de ‘tierras raras’ del mundo. A lo mejor no sabéis qué son las tierras raras, o ‘rare earths’, pero a medida que la tensión entre China, por una parte, y EE.UU., Europa y Japón, por la otra, aumenta ha llegado el momento de que conozcamos qué son y por qué son tan importantes para el futuro de la economía.


El nuevo (hasta el siguiente) conflicto que enfrenta a China con a EEUU, Europa y Japón tiene como objeto una serie de elementos químicos llamados “tierras raras” -“rare earths” en inglés-, cuya oferta internacional controla China a su antojo.

Qué son las tierras raras y por qué todos las quieren

La tabla periódica cuenta con un conjunto de 17 elementos químicos conocidos como  tierras raras. Estos componentes, sumados al molibdeno y al tungsteno, tienen unas propiedades únicas, como son el magnetismo, la resistencia térmica y la fosforescencia. La amplia gama de aplicaciones va desde imanes, cerámicas, polvos abrasivos especiales, material óptico, equipamiento médico o turbinas para energía eólica hasta bombillas más eficientes en energía, pantallas LED, lentes de cámaras y discos duros, por ejemplo. Estos sectores de producción son estratégicos para muchos países de todo el mundo que persiguen basar su economía en la producción de alto valor añadido, que son los que a su vez se pueden vender a mayor precio. Y aunque las tierras raras representan una muy pequeña fracción del producto final, son imprescindibles. Por esta razón, las industrias de estos sectores necesitan una cierta seguridad (o protección) en la oferta. Si China usa su comercio como ‘arma’, las empresas deberán operar en un entorno hostil y con más riesgo.

Por esta razón los países desarrollados, entre ellos Estados Unidos, los países fuertes de la Unión Europea (UE) y Japón, a los que últimamente se les ha sumado Canadá, se oponen a cualquier tipo de restricción a la exportación por parte de China sobre estos productos. Y es exactamente la misma razón por la que China quiere imponerlas.

La queja

El pasado 30 de enero, el Cuerpo de Resolución de Disputas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) decidió en contra de China en un caso de aranceles y cuotas a la exportación de algunos minerales industriales. China es miembro de la OMC desde septiembre de 2001. EE.UU., miembro desde 1995, había pedido la eliminación total del sistema de cuotas a la exportación y una reducción en los aranceles. Esta victoria ha dado alas a EE.UU., la UE, Japón y Canadá para, de manera separada pero coordinada, elevar una queja en relación a la restricción del comercio internacional de tierras raras, tungsteno y molibdeno.

Por su parte, China dice que estas restricciones, que se imponen en la forma de aranceles a la exportación, cuotas, licencias y requerimientos de un precio mínimo de exportación, se han “creado después de considerar la habilidad del entorno de asegurar una oferta efectiva de metales de tierras raras”, por lo que cumplen con el art. XX del GATT, según el cual se permiten medidas de restricción del comercio si su objetivo es la conservación del medio ambiente. Esta es una excepción al art. XI del GATT, que de manera general prohíbe las restricciones cuantitativas.

Lo que se debe esclarecer es si realmente la protección del medio ambiente es la principal razón por la que se imponen estas restricciones, o si es meramente una excusa. Sea como sea, China lo tiene difícil en la disputa de la OMC; si el objetivo es la conservación y protección del medio ambiente, las medidas en comercio deben ir acompañadas de medidas en materia de producción y consumo, y por ahora estas medidas todavía no se han impuesto. China se defiende diciendo que tiene planes para poder imponer estas medidas domésticas en un futuro cercano, pero que les está llevando más tiempo del previsto debido a una serie de dificultades internas. Ahora la OMC debe decidir si acepta esta explicación o no.

La posición de China y cuestiones de desarrollo

Para China, como para muchos otros países hoy y a lo largo de la historia, el control de la producción doméstica de materias primas, energía y alimentos es vital para sus intereses nacionales, y cualquier ‘ataque’ hacia éstos será rechazado. Y aunque todas estas producciones están sujetas a restricciones comerciales, China cree que lo que se está haciendo está en total concordancia con ser miembro de la OMC, a pesar de que otros miembros se opongan claramente a estas medidas. China está jugando lo que llama  “juegos de procedimiento” (游戏规则), lo que les permite eludir algunas de sus responsabilidades dentro  de la OMC, y así continuar defendiendo los casos de interés nacional.

Esta cuestión tiene una base legal en la Ley de Comercio Exterior (对外贸易法), en la que se recoge que “las exportaciones pueden ser restringidas por varias razones. Entre las justificaciones para restringir las exportaciones se encuentra la protección y conservación de los recursos naturales no renovables” (capítulo 3, art. 16). Esta es la razón para limitar las exportaciones de tierras raras y otros metales, y no se menciona la necesaria simultaneidad con medidas domésticas en esta ley (de la que la OMC tiene total conocimiento).

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¿Cuáles son las cuestiones de fondo?

Visto desde la distancia, no podemos estar seguros de si realmente China está contradiciendo el mandato de la OMC tan solo para mantener el control sobre el comercio de tierras raras. O, si es verdad que lo que pretenden es proteger el medio ambiente e imponer medidas domésticas. O una combinación de ambos…. En cualquier caso, China debe tener sus razones para imponer estas medidas, entre otros motivos, porque es un gran importador de materias primas, energía y alimentos. Entrar en conflicto con la OMC y con sus socios más importantes puede tener efectos negativos para los intereses nacionales chinos en su conjunto (represalias, por ejemplo, como la UE está haciendo con Argentina en el caso de Repsol). Intentar ser más poderoso usando el caso de las tierras raras conlleva riesgos; si los precios continúan subiendo, otros países querrán re-entrar en su producción y refinamiento, por lo que China se encontrará con más competidores y perdería su posición monopolística.

La respuesta a esta posición de China podemos encontrarla en los grupos de interés que intentan influenciar las decisiones políticas de China. Como en muchos otros casos, el ‘lobbying’ da resultados. Si este no fuera el caso, es difícil entender por qué las autoridades no prohíben las cuotas y las reemplazan por impuestos y aranceles en su lugar, medida que de hecho supondría ingresos extra para las arcas chinas.

 Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Eva Valera

Barcelona, España. Licenciada en Ciencias Ecónomicas y con dos máster: uno en comercio internacional (del ICEX) y otro en economía internacional y desarrollo (UCM). He vivido en París, Toulouse y Cambridge, y ahora en Madrid. Con intención de acabar el doctorado algún día. Me apasiona África, leer noticias, ser fotógrafa urbana y el café.



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