07/06/2026 MÉXICO

¿Estamos asistiendo al retorno de la lógica de la “ley del más fuerte” en las relaciones internacionales?

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El sistema internacional se presentó durante décadas como un orden basado en normas, instituciones y cooperación multilateral. Sin embargo, la invasión rusa a Ucrania, la escalada entre EE. UU., Israel e Irán, y el giro unilateral de Washington cuestionan la capacidad del derecho internacional para limitar el ejercicio del poder. El principal cuestionamiento no proviene solo de potencias revisionistas, sino del propio Estado que actuó como garante del sistema. Más que un retorno absoluto de la "ley del más fuerte", el sistema parece atravesar una etapa de transición donde la tensión entre poder y legalidad vuelve al centro del escenario.

En un mundo atravesado por guerras abiertas, bloqueos diplomáticos y crecientes disputas entre superpotencias, el orden internacional basado en reglas enfrenta una profunda crisis de legitimidad. ¿El derecho internacional dejó de funcionar como límite al poder de los Estados más fuertes o nunca logró escapar por completo a esa lógica? A partir del debate entre el realismo y el liberalismo, este artículo analiza el posible retorno de la “ley del más fuerte” y las tensiones que atraviesan al sistema internacional contemporáneo.

Durante décadas, el sistema internacional se presentó como un orden basado en normas, instituciones y cooperación multilateral. Sin embargo, los conflictos recientes, el resurgimiento de tensiones geopolíticas y el accionar de las grandes potencias parecen cuestionar cada vez más la capacidad del derecho internacional para limitar el ejercicio del poder. En un escenario marcado por guerras, vetos diplomáticos y respuestas internacionales selectivas, surge una pregunta inevitable: ¿estamos asistiendo al retorno de la lógica de la “ley del más fuerte” en las relaciones internacionales?

Globo terráqueo con chinchetas de colores sobre una superficie de mármol. Foto: N. Voitkevich / Pexels

Para entender este rompecabezas global, vale la pena mirar el tablero a través de dos lentes con las que los expertos leen la política internacional: el realismo y el liberalismo.

El realismo: el poder como eje del sistema internacional

La invasión rusa a Ucrania o la peligrosa escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán devolvieron al centro del escenario una lógica clásica de las relaciones internacionales: la primacía del poder.

Desde la perspectiva realista, las relaciones internacionales están determinadas principalmente por la búsqueda de poder y supervivencia de los Estados. Esta corriente parte de una idea central: el sistema internacional es anárquico, ya que no existe una autoridad superior capaz de regular de manera efectiva el comportamiento de los actores internacionales. En consecuencia, cada Estado debe garantizar su propia seguridad y priorizar sus intereses nacionales.

Ya en la Antigua Grecia, Tucídides, en su obra Historia de la Guerra del Peloponeso, resumía esta dinámica en una frase que continúa atravesando la política internacional contemporánea:


“Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben.”

Siglos más tarde, autores como Hans Morgenthau retomaron esta idea al considerar que los Estados actúan principalmente guiados por sus intereses nacionales y la necesidad de garantizar su supervivencia dentro de un sistema internacional sin una autoridad capaz de imponer reglas de manera efectiva. Siguiendo a Barbé (1987), el Estado aparece así como el actor central de las relaciones internacionales, orientado por la búsqueda de poder y seguridad.

Posteriormente, los neorrealistas, especialmente Kenneth Waltz, profundizaron esta perspectiva al sostener que es la propia estructura anárquica del sistema internacional la que impulsa la competencia entre Estados. En este sentido, Moreno Vílchez (2024) advierte que un escenario multipolar podría intensificar las disputas entre potencias y debilitar la cooperación internacional, favoreciendo un orden global más inestable.

Desde esta perspectiva, las dificultades de Naciones Unidas para responder de manera efectiva a determinados conflictos, el uso recurrente del veto en el Consejo de Seguridad o la creciente militarización de las relaciones internacionales no representan anomalías, sino expresiones del funcionamiento natural del sistema. El realismo permite comprender por qué, en numerosos escenarios, el derecho internacional y las instituciones multilaterales terminan subordinados a las capacidades militares, económicas y estratégicas de las grandes potencias.


El liberalismo y el orden internacional basado en reglas

Frente a esta visión centrada en la competencia y el poder, las corrientes liberales desarrollaron una interpretación diferente sobre el funcionamiento del sistema internacional. Si bien reconocen la existencia de un escenario anárquico, sostienen que los Estados no están inevitablemente condenados al conflicto permanente y que la cooperación internacional puede construirse mediante instituciones, normas y mecanismos multilaterales capaces de generar estabilidad y previsibilidad.

En este sentido, autores como Robert Keohane (1984) argumentaron que las instituciones internacionales permiten coordinar intereses comunes, facilitar acuerdos y reducir los efectos de la anarquía internacional. Organismos como Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio o el Fondo Monetario Internacional fueron concebidos como espacios destinados a promover la cooperación, la resolución pacífica de conflictos y cierta estabilidad dentro del sistema internacional.

Tras la Segunda Guerra Mundial, este modelo terminó consolidándose bajo el liderazgo de Estados Unidos. Según John Ikenberry (2002), el poder estadounidense no se sostuvo únicamente en capacidades militares o económicas, sino también en la construcción de un entramado institucional y normativo que dio forma al denominado “orden internacional basado en reglas”. A través de organismos multilaterales, acuerdos internacionales y una creciente interdependencia económica, este sistema buscó limitar el uso unilateral del poder y garantizar cierto equilibrio global.

Sin embargo, en los últimos años comenzaron a aparecer señales de desgaste dentro de este modelo. Las dificultades de las instituciones internacionales para responder de manera uniforme frente a determinados conflictos, junto con la aplicación selectiva de normas y sanciones, debilitaron la percepción de legitimidad del orden internacional contemporáneo. Diversos analistas comenzaron a referirse a este proceso como “el fin del orden liberal”.

En este contexto, el problema actual no parece ser la ausencia de normas internacionales, sino la creciente dificultad para aplicarlas de manera universal. Cuando las reglas dejan de percibirse como imparciales y comienzan a depender de intereses estratégicos o relaciones de poder, la credibilidad del sistema internacional empieza a erosionarse.


La ley del más fuerte y la aplicación selectiva del derecho internacional

Sin embargo, el principal cuestionamiento al orden internacional contemporáneo no proviene únicamente de potencias revisionistas como Rusia o China, sino también del propio Estado que históricamente actuó como garante de ese sistema: Estados Unidos.

Paradójicamente, Estados Unidos, principal arquitecto y garante del orden liberal internacional tras la Segunda Guerra Mundial, ha comenzado a actuar de manera cada vez más unilateral, priorizando sus intereses estratégicos incluso cuando ello implica debilitar las mismas normas e instituciones que históricamente promovió.

Según Ernesto Talvi y Gabriel Leiva García (2025), el drástico giro de la política exterior estadounidense bajo la segunda presidencia de Donald Trump marcó un punto de inflexión en el funcionamiento del sistema internacional. Los autores sostienen que Estados Unidos pasó de defender un orden basado en reglas y cooperación multilateral a adoptar una lógica más cercana a la “ley del más fuerte”, actuando según sus propios intereses estratégicos y relativizando la importancia del consenso internacional.

Uno de los episodios más significativos ocurrió en febrero de 2025, cuando Estados Unidos votó en contra de una resolución de Naciones Unidas que condenaba la invasión rusa a Ucrania junto con Rusia, Mali y Corea del Norte, rompiendo con décadas de respaldo a resoluciones vinculadas con la defensa de la soberanía y el derecho internacional. Este cambio no solo evidenció una fractura dentro del bloque occidental, sino que también reforzó la percepción de que las normas internacionales son aplicadas de manera selectiva según los intereses de las grandes potencias.

En este contexto, el problema no parece ser la ausencia de normas internacionales, sino que mientras ciertos Estados son sancionados o aislados rápidamente por violar principios fundamentales del derecho internacional, otros actores cuentan con mayor margen de acción debido a su peso militar, económico o geopolítico. La legitimidad del sistema internacional comienza a debilitarse cuando las reglas dejan de percibirse como universales y pasan a interpretarse como instrumentos condicionados por relaciones de poder.

Tablero de ajedrez en una sala de reuniones. Foto: Instasky / Pexels

Desde una mirada crítica, estos procesos reflejan cómo el sistema internacional contemporáneo parece aproximarse nuevamente a ciertas dinámicas planteadas por el realismo clásico, donde el poder de los Estados más fuertes condiciona la efectividad de las instituciones multilaterales y del propio derecho internacional.

¿Hacia dónde vamos?

Con la tensión al límite en Medio Oriente o la asfixiante presión internacional en crisis como la de Venezuela, es imposible afirmar que el sistema internacional continúa funcionando exclusivamente bajo la lógica del orden liberal basado en reglas. El poder ha vuelto a ocupar el centro del escenario internacional de manera explícita. Sin embargo, afirmar que el derecho internacional o las instituciones multilaterales han desaparecido sería una simplificación excesiva.

En este sentido, la pregunta ya no es únicamente si las grandes potencias violan el derecho internacional, sino qué ocurre con la legitimidad del sistema cuando quienes históricamente promovieron ese orden comienzan a relativizarlo o aplicarlo de manera selectiva. La credibilidad de las instituciones internacionales no depende solamente de la existencia de normas, sino también de la percepción de que estas se aplican de forma universal.

Por ello, más que asistir a un retorno absoluto de la “ley del más fuerte”, el sistema internacional parece atravesar una etapa de transición e incertidumbre, donde la tensión entre poder y legalidad vuelve a ocupar un lugar central en las relaciones internacionales contemporáneas. El desafío del siglo XXI no será solamente preservar las instituciones internacionales, sino evitar que el orden global termine reducido a aquello que las grandes potencias estén dispuestas o no a tolerar.

Notas y referencias

[1] Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso.

[2] Barbé, E. (1987). El papel del realismo en las relaciones internacionales: La teoría de la política internacional de Hans J. Morgenthau. Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), (57), 149–176.

[3] Moreno Vílchez, C. (2024). ¿Sería posible mantener un orden mundial multipolar? Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, (23), 119–133. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9865614

[4] Keohane, R. O. (1984). After hegemony: Cooperation and discord in the world political economy. Princeton University Press.

[5] Ikenberry, G. J. (2002). La gran estrategia liberal y la persistencia del orden hegemónico de Estados Unidos durante la posguerra. Política y Gobierno, 9(1), 13-49.

[6] Talvi, E. & Leiva García, G. (2025). La ley del más fuerte y el factor miedo: Trump redefine el orden internacional. Real Instituto Elcano. https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-ley-del-mas-fuerte-y-el-factor-miedo-trump-redefine-el-orden-internacional/

[7] Romano, A. (2025). En la ONU, el Estados Unidos de Donald Trump vota en contra de Ucrania junto con Rusia, Mali y Corea del Norte. Le Grand Continent. https://legrandcontinent.eu/es/2025/04/17/en-la-onu-el-estados-unidos-de-donald-trump-vota-en-contra-de-ucrania-junto-con-rusia-mali-y-corea-del-norte/

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Lucía Castillo Jerez

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba, con principal interés en la seguridad internacional y los conflictos transnacionales.


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