30/11/2021 BARCELONA

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La frontera con Venezuela y los retos actuales

La victoria del “no” ha representado una sacudida para una Colombia que ya se había creído el fin de la guerra. La negativa a refrendar los Acuerdos de Paz, resultado de las negociaciones de La Habana que se iniciaron hace cuatro años por el gobierno de Juan Manuel Santos, deja al país en un limbo político, jurídico y social en el que la desazón se combina con una profunda incerteza sobre qué pasará a partir de ahora. A pesar del elevado abstencionismo, que explica en gran medida el resultado del plebiscito – el “no” ganó con apenas un 15% de los votantes –, la mayor parte de la población daba por hecho que el “si” representaba la única salida a un conflicto que lacra el país desde la década de los 60. Este espaldarazo al gobierno actual, constituye una nueva etapa política en la que el único modo de evitar una nueva espiral de violencia, pasa por la reestructuración de la estrategia llevada a cabo hasta ahora.

Manifestantes celebrando la victoria del “no” tras el plebiscito celebrado el pasado 3 de octubre en Colombia [Foto: AP Photo/Ariana Cubillos vía Flickr].

A Colombia le urge reaccionar y además de llevar a cabo prospecciones de futuro, analizar con detenimiento los resultados en aras de identificar dinámicas que, por otro lado, no son ajenas al conflicto. La distribución territorial del voto pone de manifiesto la profunda brecha centro-periferia que divide a Colombia y sus implicaciones en cuanto al trato diferencial que reciben las diferentes zonas geográficas del país: la mayoría de regiones que obtuvieron un “sí” rotundo son aquellas que concentran los datos más elevados de pobreza, desigualdad y que, en la mayoría de los casos, su condición periférica se combina con la de zona transfronteriza.

Por este motivo, llevar la atención a la situación actual de los territorios fronterizos de Colombia es fundamental para poder dar pasos sólidos en el camino hacia la paz.

 ¿Qué ocurre en la frontera? La cuestión de la delincuencia

En la frontera entre Colombia y Venezuela, sin institucionalización, sin diálogo, sin confianza y con un flujo incansable de personas que alejadas de acuerdos, votaciones y procesos políticos pretenden mejorar su situación, las cosas se complican. Cúcuta, capital del departamento de Norte de Santander, es uno de los puntos calientes de esta frontera. Sin embargo, no es ni mucho menos en único de los problemas de la frontera entre Colombia y Venezuela. De los cinco países con los que hace frontera Colombia, “la raya” colombo venezolana no es sólo la más extensa, sino en la que se produce la mayor interacción. Esta zona geográfica, que concentra dos de los temas más substantivos para el proceso de paz como lo son la cuestión de las tierras y el narcotráfico, ha sido también testigo de algunos de los mayores escenarios de conflictos de la guerrilla. Además, en caso de que se mantenga lo acordado respecto a la desmovilización de las FARC, muchas de estas regiones albergarán muchos de los campamentos que se instalarán de manera provisional.

Puente que atraviesa el río Orinoco entre Colombia y Venezuela, uno de los pasos legales que atraviesan la frontera [Foto vía Flickr].

Se trata de territorios en los que el incremento de los niveles de delincuencia y personal armado se juntan con unas cada vez más complicadas posibilidades de sobrevivir para los venezolanos. Se da por lo tanto la situación idónea para que emerjan grupos criminales para los que el uso de las armas, ligado a la extorsión u otras actividades ilícitas se convierte en prácticamente el único modo de subsistencia. Este entorno desde luego será lo que menos le convenga a los jóvenes desmovilizados que no conocen otra alternativa a la de la guerra y el crimen, por lo que existe un riesgo elevado de que, en caso de fracasar las estrategias de integración en la sociedad colombiana, encuentren su lugar en las filas de estos grupos criminales. Podría darse así un traslado del conflicto guerrillero a las bandas armadas que predominan en la mayoría de países del continente. Estas escaladas de violencia tienen una solución complicada y, si bien el acuerdo abría la posibilidad de aminorar la tensión en la parte colombiana, la venezolana continúa siendo no sólo un riesgo sino una grave amenaza de cara al futuro.

Todos estos elementos encuentran su arraigo en la debilidad de los organismos públicos a ambos lados de la frontera. La corruptela que se lucra a costa de la necesidad de los venezolanos por acceder a bienes y servicios convierte a las zonas fronterizas en un territorio donde el empleo informal asciende al 80%. Estas actividades corruptas en la frontera alcanzan su mayor punto de peligrosidad en 217 puntos de “la raya”. Las llamadas trochas, son una “tierra de nadie” y la única esperanza de muchos ciudadanos que han visto imposibilitado el acceso a Colombia por los puentes legales debido a los frecuentes cierres de las fronteras. Además, se trata de una alternativa para colombianos retornados con cédulas ilegales o vencidas para pasar desapercibidos por los oficiales que vigilan la frontera. Estos son los mismos que actúan en connivencia con los guajiros, los “coyotes” que realizan los traslados a través de zonas ilegales a cambio de elevadas cantidades de dinero del que los venezolanos a penas disponen.

Los problemas migratorio y ambiental

Del mismo modo que Venezuela acogió un elevado número de colombianos desplazados del conflicto y migrantes económicos debido a la situación favorable de su economía en períodos anteriores, hay ahora mismo muchos venezolanos, colombo-venezolanos y colombianos retornados o deportados que representan un reto migratorio en la situación actual del país. Recientemente se ha observado una tendencia al aumento de comentarios discriminatorios hacia los migrantes venezolanos a los que se les acusa de aceptar trabajar a pesar de su sobrecualificación debido a la gratuidad del sistema educativo de Venezuela.

La comunidad de los wayú, la más grande en ambos países, es originaria de la Amazonía [Foto vía Flickr].

También desde el punto de vista ambiental, las desavenencias a nivel político están provocando graves problemas que, en caso de no ser abordados, se pueden convertir en irreversibles. La línea trazada para dividir los territorios colombo-venezolano atraviesa parques naturales como el Parque Nacional Natural (PNN) de Catatumbo Barí y Tamá – en lo referente a la parte colombiana. Lo mismo ocurre con algunas comunidades indígenas que viven de manera transfronteriza como es el caso de los wayu, localizados entre los departamentos del La Guajira, en Colombia y el estado de Zulia en Venezuela. Desde la academia, y otros asesores estratégicos se produce un constante hacia las autoridades para que dejen atrás una actitud de reproches para comenzar a construir proyectos conjuntos basados en la colaboración ya que las pérdidas de ecosistemas o la violación de derechos indígenas se pueden convertir en problemas de alcance inimaginable para ambos países.

¿Cuáles son las alternativas?

De acuerdo con la especialista Socorro Ramírez, el primer cambio pasa por modificar la perspectiva con la que se abordan los problemas fronterizos. Aumentar la participación local es fundamental para reducir la brecha centro-periferia, al menos en el lado colombiano ya que las dinámicas que se generan en estos territorios nada tienen que ver con las realidades de Bogotá o Caracas. Tanto es así, que atendiendo a las percepciones locales, se da la siguiente paradoja: los habitantes de los territorios fronterizos tienen una mayor sensación de integración, consecuencia de sus propias dinámicas. Sin embargo, identifican que la intervención estatal destartala esta relativa estabilidad ya que entienden las fronteras como un “todo” sin tener en cuenta sus propias dinámicas diferenciadas.

Además, son necesarias colaboraciones binacionales en forma de proyectos de integración transfronterizos que permitan abordar las cuestiones relativas a la frontera de manera conjunta por ambos países. Muestra de ello son las exitosos Zonas de Integración Fronteriza (ZIF) en la frontera con Ecuador, donde la creación de comités territoriales permitió la gestión de cuestiones hasta el momento litigiosas. La alternativa de la excesiva militarización y la configuración de los conflictos fronterizos de manera unilateral, no significa más que la repetición de los errores del pasado. Concretamente, en casos como la frontera con Venezuela, el apoyo de organizaciones regionales como la UNASUR probablemente fuera necesario para hacer un seguimiento de las estrategias de resolución de conflictos debido a que trata, en muchos casos de situaciones que podrían ser tildadas de crisis humanitarias que, por su condición de región fronteriza se combinan con otras dinámicas de carácter transnacional como lo es el narcotráfico, la trata de blancas o el crimen transnacional organizado.

Sin duda, la situación actual de polarización no hace más que agravar las cosas, sobre todo ligado a la articulación de las alianzas entre la oposición venezolana en alianza y los uribistas y partidarios del “no” a los acuerdos. Esto ha sido utilizado por Maduro para bloquear cualquier tipo de colaboración, y como vaya a ser gestionado a partir de ahora representa un riesgo elevado. Sería una enorme imprudencia para Colombia subestimar el potencial riesgo que existe en su frontera con Venezuela ya que, entre otros motivos, podrían debilitar mucho las garantías que ofrece el estado, en un momento en el que fortalecer su institucionalidad será clave para asegurar el éxito del proceso de paz.

 Esta es una explicación sin ánimo de lucro.


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Durante el último año, Cuba ha estado en el candelero mediático prácticamente de manera permanente. La reanudación de las relaciones diplomáticas con EEUU ha acelerado un proceso de reformas que, de hecho, ya se había puesto en marcha con anterioridad. No obstante, al contrario de la percepción de mucha gente, ésta no ha sido ni mucho menos la solución definitiva a los problemas de la isla. De hecho, ha dado y dará lugar a otras muchas cuestiones, algunas de ellas ya observables en el corto plazo.

Los refugiados políticos cubanos: los particulares motivos que los empujan a emigrar a los EEUU

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Bandera de Cuba. Fotografía: Flickair

Que muchos cubanos se van, es un secreto a voces. Aunque parezca imposible pensar que alguien pueda buscar algo mejor que un país ubicado en el Caribe, con una sociedad con un 100% de población alfabetizada y un modo de vida delicioso, muchos cubanos abandonan su país buscando, no diré algo mejor, sino, otra cosa. Y por supuesto, como todo en Cuba, la doble vuelta política cuenta con la colaboración de los EEUU para hacer la realidad todavía más intrincada.

Si bien establecer una diferencia entre la condición de migrante y refugiado ya resulta complicado en cualquier circunstancia, las consecuencias de que los EEUU tengan una consideración especial para los cubanos que entran en el país, apuntan hacia muchas direcciones. En primer lugar, denota un tratamiento diferencial entre los migrantes, al entender que es refugiado político cualquier cubano, que por la vía que sea y jugando más o menos con los límites de la legalidad, pone un pie en territorio estadounidense. Sin duda, esto llama la atención de cualquiera teniendo en cuenta detalles como que los EEUU hayan dispuesto una valla en la frontera con México para restringir la inmigración latinoamericana, por no hablar del debate abierto actualmente sobre las condiciones que imponen para gestionar la crisis de los refugiados sirios. En segundo lugar, y si cabe más importante, se trata de un arma de doble filo: por un lado les facilitan la entrada a otro país y por el otro les ahogan la existencia en el suyo propio.

Sin embargo, dejaremos al margen cuestiones deontológicas para centrarnos fundamentalmente en las consecuencias factuales que tiene esta situación.

Durante la etapa pre-revolucionaria, Cuba fue uno de los países que mayor contingente de inmigrantes recibió en lo que respecta a la región latinoamericana. No obstante, a partir del 1959, en el inicio de la Revolución, la mayoría de estadounidenses afincados en la isla durante la etapa neocolonial, así como de cubanos considerados afines a los intereses (capitalistas) norteamericanos abandonaron Cuba. El bienestar proporcionado por los primeros años del gobierno de Fidel, que más tarde se vio también respaldado por la –en aquel momento bienvenida– economía soviética, permitieron a la población cubana alcanzar un nivel de vida que, además de igualitario, era elevado. Sin embargo, cuando la historia se truncó y se perdió la entrada de dinero de la desaparecida URSS, a Fidel se le complicaron las relaciones diplomáticas no sólo con los EEUU, sino con el resto de vecinos latinoamericanos. Resultado: como siempre, el pueblo fue quien pagó las consecuencias.

¿Objetivo EEUU?

A pesar de que ya se había producido una salida masiva de la isla en 1965, conocido como el éxodo de Camarioca, las oleadas migratorias más sonadas son de los Marielitos de 1980 y la crisis de los Balseros de 1994. En los tres casos, el objetivo: alcanzar por mar la cercana costa de la Florida.

Embarcación interceptada por las autoridades estadounidenses en las proximidades de la costa de Florida. Foto: Flickair

Según el censo de 2013, en Florida viven hoy en día más de dos millones de cubanos. En la actualidad, los cubanos tienen otras “vías de salida”. Algunos optan por la doble nacionalidad –en la mayoría de los casos española–, otros intentan someter a trámite la solicitud de visados de reunificación familiar y, sobre todo, desde que 2008 se eliminaron las restricciones para viajar con “normalidad”, otros muchos escogen simplemente salir al extranjero y desertar. Es el caso, por ejemplo, de los médicos enviados a misiones por las autoridades cubanas. Una vez fuera, entran en contacto con consulados norteamericanos en terceros países y desde ahí se les facilita el tránsito. Pero, ¿por qué a los Estados Unidos? ¿Por qué al país que la mayoría de los cubanos han crecido demonizando y, no sólo eso, sino que viviendo en sus propias carnes las consecuencias de su opresora política exterior hacia Cuba? Muy fácil, desde el momento que un cubano se encuentra en suelo estadounidense, se acoge a la llamada Ley de Ajuste Cubano.

Promulgada por el Congreso durante la legislatura de Johnson en 1966, considera que todos los cubanos, independientemente de su condición, que abandonan el país lo hacen siempre por motivos de persecución política en su país de origen. Al llegar, tienen derecho a acogerse al Programa Federal de Reasentamiento mediante el cual se les es tramitada automáticamente la residencia en los EEUU, así como permiso de trabajo y demás asistencia económica – bonos comida por 180$, otros tantos en efectivo, y cobertura médica.

¿Cómo la situación puede cambiar a raíz de la reanudación de las relaciones EEUU-Cuba?

La lógica que prevalece tras la Ley de Ajuste, no es otra que la de atraer cubanos hacia los EEUU para así poder reforzar sus argumentos en contra del gobierno socialista de los Castro. Por lo tanto, el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y EEUU, hace que este razonamiento careciera de sentido. Esta normalización da por sentado que el gobierno estadounidense dejará ya de imponer su juicio sobre la situación en la isla y por tanto, no existe la necesidad de mantener una política que persigue que haya más cubanos fuera, que dentro de Cuba. A esto se le suma que el Ayuntamiento de Miami ha declarado que no tiene fondos para hacer frente a una llegada de cubanos que se incrementó en un 77% en el periodo 2014-2015 respecto del año anterior. Existen también razones políticas de otra índole que alegan que muchos cubanos fingen situaciones de persecución política para salir de Cuba y que, sin embargo, llegan a los EEUU, se benefician de las ayudas –que, por otro lado, de ningún modo les permiten vivir de manera holgada territorio norteamericano– y al cabo de cumplir el año exigido, retornan a la isla dejando en Florida a alguien a cargo de gestionar ese dinero y enviárselo en forma de remesas. Evidentemente, esto son sólo conjeturas, pero lo que sí es cierto es que los motivos que llevan a los cubanos a abandonar su país son de naturaleza fundamentalmente económica, más que política. Por todo ello, se están sometiendo ya a debate propuestas de ley como la Ley de Oportunidad de Trabajo para os Inmigrantes Cubanos 2016 del senador Marco Rubio, que modifica las condiciones originales de la Ley de Ajuste cubana. No sin consecuencias. Frente a la incertidumbre, todos quieren llegar a tiempo.

La crisis centroamericana 

Cuba es una isla, y por tanto, no contempla fronteras directas con ninguno de sus países vecinos. No obstante, no cabe duda que cualquier país caribeño resulta mucho más accesible que la idea de penetrar al sub-continente sudamericano. Entre otros, la proximidad es uno de los principales motivos que han convertido a Costa Rica en uno de los países puente para los cubanos en sus ansias de alcanzar el “sueño americano”. A su llegada, obtienen una “visa de transito extraordinaria” otorgada por la Dirección General de Migración y Extranjería o, en otros casos, un salvoconducto, que les permite permanecer en una situación legal hasta que encuentran la manera desplazarse hacia los EEUU.

Emigrantes cubanos en La Cruz, Costa Rica. Foto: Reuters

La situación en Costa Rica se complicó el pasado mes de noviembre de 2015 cuando casi dos mil cubanos se quedaron varados en el país centroamericano y fueron movilizados por las autoridades costarricenses hacia la localidad de Peñas Blancas, frontera con Nicaragua. Frente a esto, el gobierno nicaragüense activó un dispositivo militar para impedir el paso de los cubanos por su frontera, dejándolos así bloqueados. Además de una crisis diplomática entre ambos gobiernos, este hecho puso de manifiesto un efecto colateral del proceso de deshielo entre Cuba y EEUU: la desaparición de la Ley de Ajuste. La incertidumbre que sobrevuela ahora el futuro de Cuba, sumada a las complicadas circunstancias económicas, hace que el riesgo de recibir una avalancha de cubanos e en estos países sea mayor. Los cubanos que han abandonado su país de procedencia, después de haber gastado el dinero que no tenían para poderse desplazar hacia EEUU, no sólo no están dispuestos a ser repatriados, sino que asumen que no tienen ninguna responsabilidad en el asunto y que son víctimas de una crisis humanitaria que deben de resolver sendos gobiernos de Costa Rica y Nicaragua.

Asimismo, existen otras rutas alternativas, que incluyen medios aéreos, marítimos y terrestres, o la combinación de los tres, a través de Panamá –en donde la situación en Paso Canoas es similar a la de Peñaas Blancas– o incluso por Colombia y Ecuador. De hecho, este último tiene un atractivo añadido desde la firma del acuerdo mediante el cual los cubanos no necesitan visa para viajar a Ecuador.

Los riesgos de cara al futuro…

Como solución a la crisis, se ha puesto ya en marcha un plan piloto para la evacuación de refugiados cubanos tras la intervención del Sistema de Integración Centroamericano, México y la Organización Internacional de las Migraciones en Guatemala. Este Plan consiste en hacer la travesía hacia los EEUU por El Salvador, cruzar Guatemala en autobús hasta llegar a México y de ahí a EEUU.

Esto no quiere decir ni mucho menos que se haya solventado la situación. Es verdaderamente preocupante que tras lo sucedido en Costa Rica, se hayan producido detenciones de individuos involucrados en redes de tráfico de personas. Esta situación, que no ha sido apenas tratada por los medios de comunicación, podría agravarse dado el momento político de estancamiento y, sobre todo, la carrera electoral en los EEUU, aunque todavía no se podría saber qué rumbo tomaría un eventual desenlace.

Como dicen en Cuba, al final,  “pies secos o mojados”  los emigrantes se juegan la vida azuzados por un juego político entre Cuba y EEUU, completamente alejado de la realidad de la población.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro


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