19/04/2026 MÉXICO

La violencia sexual como arma de guerra en Medio Oriente

Las guerras no solo se libran con armas. En muchos conflictos, el cuerpo de las mujeres se convierte en un territorio más de batalla. En Medio Oriente, distintos grupos utilizan la violencia sexual como herramienta de dominación, castigo y control social.

Una práctica deliberada y sistemática

La violencia sexual es una de las formas de violencia más extendidas en los conflictos armados contemporáneos. Durante décadas, este fenómeno fue considerado un efecto colateral de la guerra: una consecuencia inevitable del caos que producen los enfrentamientos armados.

Sin embargo, esa interpretación resulta insuficiente. En numerosos conflictos, la violencia sexual no es un comportamiento aislado o espontáneo, sino una práctica utilizada de manera deliberada y sistemática por actores armados. Estas agresiones cumplen múltiples funciones: generar terror en la población civil, castigar colectivamente a determinadas comunidades o consolidar el control sobre un territorio. En ese sentido, se convierte en una herramienta de poder que trasciende a la víctima individual y busca impactar en la estructura social de toda una comunidad.

La Organización de las Naciones Unidas reconoce este fenómeno como una grave violación del derecho internacional humanitario. En contextos de conflicto, la violencia sexual puede ser considerada un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad e incluso un acto de genocidio cuando forma parte de un ataque sistemático contra la población civil.

La violencia sexual es una amenaza al derecho de todas las personas a una vida digna y a la paz y la seguridad colectivas de la humanidad», António Guterres,
Secretario General de las Naciones Unidas.

Comprender este fenómeno implica ir más allá de la idea de que la guerra se libra únicamente en el campo de batalla. En muchos casos, la violencia se desplaza hacia la población civil y convierte el cuerpo de las mujeres en un espacio donde se expresa el poder y la dominación.

Violencia sexual en los conflictos de Medio Oriente

Si bien la violencia sexual ha sido documentada en guerras de distintas regiones del mundo, los conflictos de Medio Oriente muestran con especial claridad cómo este fenómeno se repite en diferentes escenarios y con distintos actores armados.

Uno de los casos más estudiados es la guerra civil en Siria, iniciada en 2011. Según la Comisión Independiente Internacional de Investigación sobre la República Árabe Siria de Naciones Unidas, la violencia sexual ha sido utilizada por múltiples actores del conflicto, incluyendo fuerzas gubernamentales, milicias progubernamentales y diversos grupos armados de oposición. El organismo señala que este tipo de violencia se convirtió en una práctica recurrente, especialmente en centros de detención, cárceles y zonas bajo control de los distintos grupos armados.

Los testimonios recopilados por la comisión incluyen denuncias de violaciones, amenazas de violación, torturas con violencia sexual y otras formas de agresión dirigidas principalmente contra mujeres, aunque también contra hombres y menores.

 

Ashraf Amra | Creative Commons

Diversos informes señalan, además, que la violencia sexual ha sido una de las principales razones por las que muchas familias decidieron huir de sus hogares.

El miedo a este tipo de agresiones se convirtió en un factor determinante del desplazamiento forzado de la población civil.

Este patrón no es exclusivo del caso sirio. El conflicto entre Israel y Palestina también ha reabierto el debate sobre la violencia sexual y reproductiva en contextos de guerra.

En marzo de 2025, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado publicó un informe en el que documenta diversas formas de violencia sexual y de género ejercidas contra la población palestina desde el inicio de la guerra en Gaza, tras los ataques del 7 de octubre de 2023. El informe sostiene que estas prácticas se inscriben en un contexto más amplio de opresión y control sobre la población palestina. Según la presidenta de la comisión, Navi Pillay, «este ha sido el ataque más despiadado, prolongado y generalizado contra el pueblo palestino desde 1948«.

El documento también analiza lo que denomina violencia reproductiva, es decir, acciones que afectan directamente la capacidad de una población para gestar, parir o criar en condiciones seguras. Entre los hechos documentados se encuentra la destrucción de hospitales y servicios de salud reproductiva en Gaza, así como el bloqueo de suministros médicos esenciales para la atención de embarazos y partos.

De acuerdo con la comisión, estas acciones han tenido efectos devastadores sobre la salud de mujeres y niñas palestinas, además de provocar consecuencias a largo plazo en la salud mental y las perspectivas reproductivas de la población.

Los casos de Siria y Palestina muestran que la violencia sexual en conflictos armados no puede entenderse únicamente como actos aislados o excesos individuales de combatientes. Por el contrario, en numerosos contextos, aparece como una práctica recurrente que impacta directamente sobre los cuerpos, las relaciones sociales y las posibilidades de continuidad de las comunidades afectadas.

El cuerpo como territorio de guerra

Una de las ideas más influyentes para entender este fenómeno proviene de la antropóloga argentina Rita Segato. Según la autora:

en contextos de violencia extrema, el cuerpo de las mujeres puede convertirse en un espacio donde se inscribe el mensaje de poder de los actores armados.

Como ella misma plantea, “es en el cuerpo de la mujer, o del niño, que la crueldad se especializa como mensaje”.

Así, la violencia sexual no busca solamente dañar a una persona en particular, sino que funciona también como un mensaje dirigido a toda una comunidad.

En este sentido, su uso en los conflictos resulta particularmente eficaz para quebrantar la moral del enemigo porque, en muchas sociedades, las mujeres están profundamente asociadas con el honor, la identidad o la continuidad de un grupo. Atacar sus cuerpos no solo implica dañar a una persona, sino también afectar simbólicamente a la comunidad a la que pertenece. De este modo, la agresión se convierte en una forma de humillación colectiva que busca destruir la cohesión social y transmitir un mensaje de dominio.

Una guerra que continúa después del conflicto

Las consecuencias de la violencia sexual extendida y sistemática en la guerra no terminan cuando cesan los combates. Muchas víctimas enfrentan traumas psicológicos, problemas de salud y, en algunos casos, el rechazo o estigmatización dentro de sus propias comunidades.

También debilita la estabilidad social al fragmentar familias y comunidades enteras. El temor a sufrir este tipo de agresiones restringe la movilidad de las mujeres, lo que limita su participación en la vida económica y, en muchos casos, impide que las niñas puedan asistir a la escuela.

Fuente:  Pexels

La impunidad sigue siendo un problema persistente. Aunque el derecho internacional reconoce la violencia sexual en conflictos como crimen de guerra y crimen de lesa humanidad, llevar a los responsables ante la justicia sigue siendo extremadamente difícil. Esto socava la confianza en las instituciones estatales, ya que se pone en duda la capacidad del Estado para proteger a la población y garantizar el respeto al Estado de derecho.

Analizar la violencia sexual como un arma de guerra permite comprender una dimensión frecuentemente invisibilizada de los conflictos contemporáneos. Reconocer este fenómeno no solo es fundamental para la protección de las víctimas, sino también para entender que la guerra no se libra únicamente en el frente militar, sino también en los cuerpos, en las comunidades y en las estructuras sociales que sostienen la vida.

Lucía Castillo Jerez

Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Católica de Córdoba, con principal interés en la seguridad internacional y los conflictos transnacionales.


One comment

  • Florencia jerez

    22/03/2026 at

    Excelente artículo Lucia Castillo. Muy interesante el tema y claramente expuesto.

    Reply

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