21/09/2021 BARCELONA

Perú: el desafío de la unidad nacional en su Bicentenario

El electo presidente Pedro Castillo Terrones, sindicalista y profesor, promete la “unidad nacional” de los peruanos en favor de construir alianzas con diversos inversores privados, partidos políticos, entre otros actores.

     Se cumplen 200 años de República en el Perú, y al mismo tiempo se da un cambio en el paradigma político cuando asume Pedro Castillo como mandatario, siendo el primer maestro rural y dirigente sindical en ocupar ese cargo, en medio de muchas incertidumbres. 

 La figura de Pedro Castillo representa una carga simbólica para una parte del imaginario social peruano, donde se reivindican a los pueblos originarios del país. Esto, sin duda, llevó a que alguien ajeno a la cuestionada “clase política”, llegara a liderar y posteriormente a ganar las elecciones, imponiéndose ante Keiko Fujimori (Fuerza Popular) por 44.240 votos, dentro de una atmósfera polarizada y un país sumamente dividido. Cabe destacar, que durante el balotaje, el fujimorismo en combinación con los grandes medios de comunicación instalaron una campaña de terror, basada en el miedo, el racismo y el macartismo, ya que el discurso indigenista de Castillo, representa un atentado a los intereses políticos y económicos de la élite.

Marcha convocada contra las autoridades electorales debido a que daba por resultado a Pedro Castillo Terrones como virtual ganador. [Fuente: Twitter. @amd161073]

Asimismo, la pandemia terminó por agravar la crisis del régimen político – en términos gramscianos – manifestará una “crisis orgánica” en su conjunto, donde la clase dominante ya no es dirigente sino dominante, y las masas dejan de ser espectadores pasivos, incorporándose activamente en la vida política a través de sus demandas. Esta “crisis orgánica” se expresa en una crisis hegemónica, donde lo hegemónico no es estrictamente una cuestión de la esfera política, sino que también se vincula a la dimensión estructural. De tal forma, se introducen dos condiciones necesarias: primero; en el fracaso de la política de la clase dirigente; segundo, en la organización de las clases subalternas. 

Sin embargo, el giro moderado del actual presidente hace que cuestionemos su “llamado a construir un gobierno de unidad nacional”, donde se ha firmado de antemano la “proclama ciudadana” (impulsada por la iglesia católica y evangélica), que compromete al mandatario a respetar la institucionalidad democrática, además de la constitución de 1993. 

¿Conciliación de clases?

    De alguna forma, esta política de conciliación de clases que personaliza el estado, impide que haya rupturas políticas de clase, dando por sentado el estrecho neoliberalismo que atraviesa el país en los últimos 30 años, con un hartazgo de las masas populares hacia la corrupción, el establishment político y económico que llevaron al país a esta “crisis orgánica”, donde la “unidad nacional” expresada por Castillo no se alinea solo con las culturas; sino con el gran capital y el imperialismo como tal. Por ello, es fundamental la organización, dirección y la voluntad política colectiva, que nos permita romper con la lógica de reproducción de una sociedad capitalista. 

La agenda llevada por Castillo está condicionada, en cierta medida, por el gran capital. En primera instancia, enlazando una política de continuidad en materia económica, al ratificar a Julio Velarde como presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), institución que sostiene una política económica neoliberal y defensora del status quo. Basta decir, que Pedro Castillo moderó el discurso de campaña en la segunda vuelta electoral, como forma de disipar la inquietud del sector privado. Ante esto, ¿cuál es la “propuesta de cambio” que nos garantiza el actual gobierno?

Es el “Perú profundo”, integrado por los sectores postergados, golpeados por la crisis, que vieron en Castillo el vehículo para la transformación social, y que esperan un cambio de fondo. En los últimos años hemos tenido constantes disputas entre el Ejecutivo y el Legislativo, lo que llevó a un descrédito de las instituciones y los poderes fácticos. El caso de la constructora Odebrecht es el punto bisagra, de donde se vinculan los principales casos de corrupción que pone de manifiesto a distintos políticos por haber configurado un sistema de soborno y fraude masivo.

“No más pobres en un país rico”

     Ciertamente, el gobierno del Bicentenario, recibe un Perú fragmentado, con un tejido social desmembrado, que no termina de cerrar en sí misma esta crisis que ha pasado por diversas convulsiones políticas, y que hoy nos convierte en uno de los países más afectados del mundo por la COVID-19, bordeando los 200.000 fallecidos. 

Si bien, el oficialismo tiene voluntad de diálogo con el empresariado, no se debe perder el foco si se quiere capitalizar esa “propuesta de cambio”, que no basta solo con poner límites y controlar a ese sector, ya que la burguesía peruana se sienta bajo las reglas del mercado que privilegia el liberalismo económico, que a su vez permitió que habilitaran la “Suspensión Perfecta de Labores” (por medio del Decreto Supremo N° 011-2020-TR que reglamenta el Decreto de Urgencia 038-2020) con la narrativa de “preservar el empleo”, dejando a miles de trabajadores sin percibir salario alguno; mientras que en nombre de la reactivación económica se dejó pasar el programa “Reactiva Perú” (creado bajo el Decreto Legislativo 1455), dando rescate económico a las grandes empresas, por sobre las micro y pequeñas empresas. 

Hasta el momento el gobierno entrante no ha planteado la derogación de la “Suspensión Perfecta de Labores”, que favorece, sin duda, a las patronales, así como tampoco se han tomado medidas en contra de la tercerización, entre otros. Desde el plano político-social, el ideario y programa de Perú Libre guarda sus límites conservadores en relación a derechos de mujeres y disidencias sexuales, dado que la agenda de género que manejan solo incluye un capítulo sobre la mujer socialista, limitándose a combatir el machismo. 

Pdte. Pedro Castillo en el local central del partido Perú Libre el 19 de julio de 2021. [Fuente: Twitter. @PedroCastilloTe]

“Asamblea constituyente”

     El actual escenario político no deja de ser un fenómeno disruptivo para el Perú, ya que se sale de la mirada limeña centralizada. Ahora, ¿cómo se llega a levantar una Asamblea Constituyente si no hay un mecanismo en la Constitución que lo contemple? No obstante, existen caminos jurídicos constitucionales que permiten llegar a este lugar. Ya Castillo dijo que enviará al congreso un proyecto para reformar la constitución fujimorista de 1993, que por años nos ha dado un crecimiento económico sin redistribución. 

Perú Libre tiene 37 de los 130 escaños en el congreso, esto pone en evidencia que para conseguir que se apruebe el proyecto reformador del ejecutivo, se debe enfrentar a un congreso hostil, y dejarlo simplemente en manos del congreso sin reconstruir la organización popular sería abandonar esa conciencia social e histórica por la que las masas populares le dieron sus votos. 

Convocatoria a favor de la Asamblea Constituyente en la pampa de la Quinua. [Fuente: Twitter. @Ronderospe]
En consecuencia, se debe abrir campo para la organización y movilización, guardando una actitud vigilante y crítica, algo que la derecha quiere evitar a todas luces, pero pareciera que es la única vía posible para conseguir este cambio, por lo que Pedro Castillo deberá apelar a esta ruta de lucha para conseguir materializar esta demanda de las masas populares.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Gianela Morales

Estudiante de Sociología de la Universidad de Buenos Aires.


One comment

  • Eliana

    31/08/2021 at

    Muy buen análisis de la situación. Felicito a la página por acercarnos estas notas.

    Reply

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