19/10/2021 BARCELONA

La contaminación cerca a los Balcanes occidentales

El problema de la contaminación en la región de los Balcanes Occidentales se ha convertido en una cuestión vital que realiza la trayectoria de un bumerán.

Para poner en contexto esta afirmación pondremos como ejemplo la contaminación fluvial: toneladas de residuos son arrojados en vertederos ilegales en los bosques balcánicos. Con la temporada de lluvias, la basura es conducida hasta las aguas del río Drina, frontera natural entre Serbia y Bosnia-Herzegovina. Estos despojos son consumidos por los peces que pueblan las aguas del río, los cuales son capturados para consumo por los lugareños con la consecuente ingesta de microplásticos. Pero el problema no acaba en el estómago de los ciudadanos balcánicos. Los desechos que permanecen en el río llegan hasta frágiles barreras que retienen los residuos cerca de la ciudad de Visegrado, en la República Srpska (una de las dos entidades subestatales de Bosnia-Herzegovina). Ahí es recogida y llevada a una planta incineradora, donde su quema sin control produce significativos problemas de polución atmosférica. 

El ciclo de hidrológico en los ríos balcánicos es algo complejo, pero el problema real es, como bien indica el final del peculiar proceso, el aire.

Diferentes urbes de Serbia, Bosnia, Montenegro, Albania, Macedonia del norte y Kosovo se sitúan en el pódium de las más contaminadas del continente europeo e incluso del mundo. 

Industria negra

El problema reside en unas infraestructuras energéticas e industriales obsoletas y alejadas de los compromisos para luchar contra el calentamiento global. Tengamos en cuenta que la devastación de la guerra de fragmentación de la extinta Yugoslavia desmembró el sistema manufacturero de la región. 

Las centrales termoeléctricas que posee la zona (más de 10) datan de la época yugoslava liderada por Josip Tito, y casi ninguna de ellas tiene desulfuradora para controlar las emisiones de SOx (óxidos de azufre) y NOx (óxidos de nitrógeno). Ambas son también precursoras importantes para la PM (material particulado) secundaria. Los países que poseen dichas centrales se encuentran suscritos al Tratado de la Comunidad de la Energía, el cual permite entrar en el mercado energético de la Unión Europea, intentando amoldar las emisiones a los tratados comunitarios.

Pero los datos mostrados por diversas ONG señalan un descontrol en las emisiones, donde no se corresponde con los límites pactados. Esta situación hace que en ocasiones se triplique los estándares acordados.

El planteamiento del Gobierno de Sarajevo de seguir construyendo centrales –con fondos económicos provenientes de China– ha sido motivo de sanción por parte de la Comunidad de la Energía. El Banco Mundial y el Banco Europeo de Reconstrucciones y Desarrollo no permiten más préstamos para centrales termoeléctricas. El ejemplo más claro de esta política energética lo encontramos en Serbia: Belgrado se encuentra rodeado de minas de carbón y litigio heredadas de la época socialista.

Otro problema que proviene de los años de destrucción es la falta de inversión e implicación política que existe en la región, por tanto, el cambio a nivel de infraestructuras se torna bastante complejo. Zenica, un importante centro metalúrgico de Bosnia-Herzegovina, obtuvo en el año 2018 una concentración de sustancias nocivas en el aire que superó el límite legal en 252 de los 365 días que posee un año. Pero el problema es que la ley dictamina que solo puede superarse tres veces al año. 

Para las fábricas el sistema de transporte a través de camiones es algo primordial. Muchos vehículos son diésel y no disponen de sistema catalizador, lo que ocasiona un aumento de la expulsión de gases nocivos. 

Al calor de la contaminación 

Pero no todo el problema proviene del sector industrial. En los hogares balcánicos se producen ciertos fenómenos que aumentan la problemática de la contaminación del aire, originando en muchas ciudades la famosa boina u hongo de polución. 

Vladimir Djurdjevic, experto en cambio climático y profesor de la facultad de Física de la Universidad de Belgrado, subraya que en Serbia muchas ciudades utilizan para la calefacción urbana de edificios públicos y privados el petróleo pesado, mazut.

“Se utiliza combustible de baja calidad para calefacción residencial, que en combinación con estufas viejas e ineficientes es una combinación perfecta para grandes emisiones de contaminación”, destaca Djurdjevic. 

La geografía de la región también influye en la contaminación. Por ejemplo, la ciudad de Sarajevo se encuentra en un valle rodeada de verdes colinas, por lo que contribuye a que los contaminantes no se dispersen. Esto origina que cada invierno se enciendan las alarmas en los medidores de la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea. 

La utilización de estos métodos tiene un grave impacto en la situación meteorológica de la región. Djurdjevic alerta de que la temperatura media anual en los Balcanes occidentales durante los últimos cinco años fue superior a los niveles preindustriales por más de 2 grados. Y las estimaciones auguran un aumento de la temperatura entre 1,7 – 4,0 ° C, e incluso superando los 5,0 ° C a finales del siglo. Todo ello con el beneplácito de las autoridades locales. “Particularmente en Serbia, no existe tal cosa que pueda llamarse política nacional de cambio climático, ya que preparamos formalmente una ley nacional dedicada a la futura descarbonización, preparamos una estrategia nacional de cambio climático, estamos trabajando en un plan nacional de adaptación, pero ninguno de estos documentos es adoptado por el gobierno nacional”, afirma Djurdjevic. 

Los inviernos, subraya, se vuelven obviamente más suaves, con menos nieve, y la gente lo nota fácilmente. Este cambio de agua por nieve provoca inundaciones habituales en la región de Tuzla, en Bosnia-Herzegovina. En ese sentido, el flujo del río va desde episodios muy secos durante el verano, especialmente para pequeñas cuencas de captación, a inundaciones repentinas. También debido a que hay menos nieve acumulada durante el invierno, el ciclo hidrológico a menudo se distorsiona.

Este fenómeno recuerda a los lugareños las brutales inundaciones que asolaron Bosnia-Herzegovina. En la primavera de 2014, más de 1 millón de personas sufrieron daños debido a las anegaciones. Muchos aún seguían recuperándose de la guerra de los años 90. El 15% del PIB de Bosnia-Herzegovina se vio afectado por la catástrofe, 2mil millones de euros fue el coste de las reparaciones. La crecida del río Seva, subrayan los expertos, causó miles de desplazados climáticos. Las inundaciones en Bosnia-Herzegovina, Serbia y Croacia causaron la muerte de más de 40 personas.

Impacto  en el factor humano

Lo material no es lo único damnificado. Las personas absorben los daños colaterales del cambio climático en la región. Las emisiones emitidas contienen diminutas fracciones que son capaces de penetrar en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo. Su inhalación se encuentra detrás de numerosas enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares, y cánceres de pulmón, señalan diversos informes.

Las personas, alerta Naciones Unidas, se enfrentan a una disminución de 1,3 años de vida debido a la contaminación atmosférica y más de 5.000 muertes prematuras al añ, dato escenificado en la localidad de Totovo, en Macedonia del norte.

En esta ciudad situada al noreste del país un 19% de las muertes prematuras están directamente relacionadas con la contaminación del aire. La falta de ambición estatal para resolver el problema medioambiental es bastante grave. Una población donde cada vez tiene más peso el factor juvenil, bastante implicado con el medioambiente, se ve obligada a marcharse a países del entorno como Italia, Croacia o Austria por la falta de oportunidades, sumando el factor de la pésima situación medioambiental. 

La conciencia ecológica supone crecer en valores para luchar y paliar los efectos del calentamiento global. Pasar del modo pasivo al activo. Este sentimiento, generalizado en los países miembro de la Unión Europea, es una asignatura que recuperar en la región balcánica. Muchos lugareños piensan que el cambio climático es una cuestión académica y no real. 

Rijad Tikveša, experto en ecologismo y presidente de la asociación ecologista bosnia Ekotim, señala que, por desgracia, no existe ni una política ni una conciencia medioambiental asentada en la región. “La gente aquí está lista para quemar carbón barato y contaminar el aire para sí mismos, para su vecino, solo para ahorrar 30-50-70 euros anuales”, destaca Tikveša. Desde Ekotim también apuntan a que la región no es consciente de su impacto en el calentamiento global, y los lugareños justifican que las emisiones de Bosnia-Herzegovina son pequeñas en comparación con China, o Estados Unidos, o el nivel de emisiones que poseía en el año 1990.

Futuro gris

El camino que debe de seguir la política medioambiental balcánica, recalcan los expertos, es simple: intentar escorar las políticas al carril verde que marca Bruselas. Desde las esferas comunitarias señalan que la descarbonización con energía hidroeléctrica y bioenergía tiene que dominar la imagen de cambio en la región. Sobre todo, en la importancia de diversificar estas fuentes y aprovechar la energía solar y potencial eólico de los países balcánicos. El lanzamiento de tecnologías modernas debe ser acompañado de una mejora en el sector del ferrocarril, casi paralizado desde las guerras de finales del siglo pasado. 

Tikveša sostiene que los objetivos más urgentes que debe cumplir la región será admitir que el carbón ha sido desaprobado y tener que centrarse en otras tecnologías, como las fuentes de energía renovables. “En el marco económico se debería cancelar los acuerdos de préstamo para nuevas centrales termoeléctricas e intentar reorganizar esos préstamos a fuentes de energía renovables”, destaca. 

Debido al poco ímpetu de Rusia, la antigua administración de Donald Trump, China o Turquía de mejorar la situación medioambiental en la región, el resto de la comunidad internacional, con la Unión Europea a la cabeza, intenta sumar a los Balcanes Occidentales al tren verde de los cambios medioambientales. Desde la Unión han preparado una Agenda Verde para los Balcanes Occidentales como parte del proceso de adhesión a la UE. Esta agenda posee cinco pilares fundamentales basados en una acción climática –incluida la descarbonización, energía y movilidad–, una economía circular –abordando en particular los residuos y el reciclaje–, biodiversidad –proteger y restaurar la riqueza natural de la región–, combatir la contaminación –aire, el agua y el suelo–, y sistemas alimentarios sostenibles y zonas rurales. 

Los países de los Balcanes occidentales miran con resignación el aplazamiento de la ampliación al club comunitario, mientras tanto seguirán en su peculiar manera de luchar contra el cambio climático. El bumerán seguirá su trayectoria, dejando en dique seco las oportunidades que le ofrece el escenario europeo a los países balcánicos, hasta que haya fumata blanca en torno a una política medioambiental común.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Iago Soler Castiñeira

Estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Observando con detenimiento un mundo en continuo movimiento. Cautivado por la geopolítica y política internacional, especialmente en los Balcanes Occidentales y región del Mar Negro. He realizado cursos sobre los Balcanes, Unión Europea y periodismo internacional. Colaboro asiduamente con el think-tank Artículo30, COAJE, Equipo Europa y diferentes webs. También he trabajado en radio y televisión. Viajar leyendo y conocer otras culturas como hobby favorito, también probar la gastronomía local. Contacto: [email protected]


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