01/12/2020 BARCELONA

Mi infancia perdida: el conflicto Nagorno Karabaj a través del testimonio de una mujer refugiada

Refugiados azerbaiyanos de Kalbajar (1993). Imagen: Ilgar Jafarov vía Wikimedia Commons.
Nagorno Karabaj vuelve a ser noticia. Desde el 27 de septiembre, una nueva escalada de violencia ha golpeado al Cáucaso. Como hace casi tres décadas, se escribe un nuevo capítulo de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán. Compartimos el testimonio de Nargíz Suleymanli, una de las miles de víctimas de este conflicto.

 


Una guerra abierta desde hace casi tres décadas

La guerra del Alto Karabaj debe ser analizada desde un enfoque multidimensional. Desde la base del derecho internacional al análisis histórico del conflicto, así como desde el punto de vista humanitario.

La región lleva en disputa entre Armenia y Azerbaiyán desde la caída de la Rusia zarista. A comienzos del siglo XX, Stalin convirtió el Alto Karabaj en una región autónoma dentro del Azerbaiyán soviético, autoproclamada por sus habitantes República de Artsaj.

Tras la disolución de la URSS, la población armenia residente en Karabaj, una mayoría frente a la población azerí, retoma la exigencia de pasar a ser un territorio perteneciente a Armenia en lugar de pertenecer a Azerbaiyán, país por el que está rodeado geográficamente. La escalada de tensión desembocó en una guerra abierta entre ambos países a principios de la década de los 90. Este es el origen del conflicto actual.

La guerra, causante de miles de víctimas civiles y millones de desplazados internos y refugiados, terminó en 1994 con la conquista por parte de Armenia del territorio de Nagorno Karabaj y otros siete distritos que internacionalmente son reconocidos como parte integral de Azerbaiyán. A lo largo de casi tres décadas, quedó patente la fragilidad del alto al fuego acordado entre las partes con el patrocinio del Grupo Minsk de la OCSE, siendo vulnerado en incontables oportunidades.

 

En verde oscuro la región del Alto Karabaj, perteneciente legalmente de jure a Azerbaiyán pero ocupado de facto por Armenia. En verde claro territorios azeríes de alrededor también ocupados por Armenia. Mapa: Wikimedia Commons.

 

Armenia se anexionó un territorio perteneciente a Azerbaiyán, país que perdió el 20% del territorio que internacionalmente le es reconocido, y la tensión entre ambos países ha rebrotado en diversas ocasiones.

Como consecuencia de este conflicto no resuelto, el 27 de Septiembre de este año se desató una nueva escalada de violencia ocasionando bajas civiles y militares en la frontera entre ambas naciones. Esto derivó en la introducción de la ley marcial en Armenia y Azerbaiyán, en la movilización de sus respectivos ejércitos y en el desarrollo de numerosas acciones militares ofensivas por parte de ambos bandos.

Ambos países se culpan de la ruptura del alto el fuego. Si bien no está claro todavía, muchos expertos señalan que probablemente haya sido Azerbaiyán el que ha buscado revivir el conflicto, ya que el interés de Armenia pasa principalmente por mantener el status quo. Algunos analistas señalan que el interés de Azerbaiyán al resucitar el conflicto tendría como objeto tomar el control de las zonas menos montañosas y de más fácil acceso al sur de Nagorno Karabaj. Aunque también señalan que de no conseguirlo las primeras semanas de conflicto, el enfrentamiento armado podría estancarse.

 

Soldado del ejército azerí observa entre los escombros (Octubre 2020). Imagen: Wikimedia Commons.

 

Multitud de países, así como organismos transnacionales como la ONU, la Unión Europea, la OEA, la OTAN y la OSCE han pedido públicamente a ambos bandos el alto el fuego y la vuelta a las negociaciones. No obstante, se discute sobre la participación de terceros actores como Turquía, que buscaría aumentar su influencia en la región, o el Ejército Nacional Sirio, organización paramilitar opuesta al gobierno sirio que busca apoyar a la fuerzas azeríes. En un contexto informativo de acusaciones cruzadas interesadas, tampoco está claro el grado de implicación de las otras dos grandes potencias de la región, Rusia e Irán. Lo que sí es seguro es que una escalada del conflicto traerá consigo graves consecuencias a nivel humanitario.

 


ACTUALIZACIÓN 10 de noviembre

El mismo día de la publicación de este artículo, el presidente de Armenia emitió un comunicado desde su cuenta personal en Facebook en el que anuncia la firma de un acuerdo de alto el fuego entre Armenia y Azerbaiyán con la mediación de Rusia.

 

Սիրելի հայրենակիցներ, քույրեր եւ եղբայրներ. անձամբ իմ եւ բոլորիս համար ծանր, չափազանց ծանր որոշում եմ կայացրել:…

Publicada por Nikol Pashinyan / Նիկոլ Փաշինյան en Lunes, 9 de noviembre de 2020

 

“Queridos compatriotas, hermanas y hermanos. Personalmente tomé una decisión muy difícil para mí y para todos nosotros.
He firmado un acuerdo para el fin de la guerra de Karabaj con los presidentes ruso y azerbaiyano a partir de las 01.00 p. m. El texto de la declaración, que ya se ha publicado, es increíblemente doloroso para mí y nuestra gente.
Tomé esa decisión como resultado de un profundo análisis de la situación militar y el reconocimiento de que el enemigo tiene un mayor control de la situación. También basado en la creencia de que esta es la mejor solución para resolver la situación creada. Voy a escribir un mensaje sobre ello en los próximos días.
No es una victoria, pero no hay derrota hasta que te conozcas a ti mismo. Nunca nos conoceremos a nosotros mismos y esto debería ser el comienzo de nuestra unidad nacional, de una época de renacimiento.
Necesitamos analizar nuestros años de independencia para planificar nuestro futuro y no repetir los errores del pasado.
Me arrodillo ante todas nuestras víctimas. Me inclino ante todos nuestros soldados, mercenarios, generales y voluntarios que protegieron a su patria con sus vidas. Han salvado a Artsaj por sus personalidades.
Luchamos hasta el final. Y vamos a ganar. Artsaj está de pie. Larga vida a Armenia. Larga vida a Artsaj.”

 

La firma de este acuerdo ha desatado protestas en Armenia. Ciudadanos no conformes con la decisión del presidente Pashinián han irrumpido en el Parlamento y en la sede de Gobierno.

 

¿Qué implica este acuerdo para las partes firmantes?

En primer lugar, cesan las hostilidades de manera inmediata y las fuerzas rusas presentes en la zona serán quienes garanticen el cumplimiento del alto el fuego.

Azerbaiyán se ha posicionado durante el último mes en una situación de ventaja estratégica, recuperando parte del territorio ocupado por Armenia en el Alto Karabaj. Antes esta situación, y valorando la limitación de las fuerzas militares armenias, su presidente ha decidido retirar su ejército y ceder estos territorios recuperados por Azerbaiyán en estas semanas a cambio de cerrar este nuevo capítulo del conflicto.

En cuanto a la autoproclamada República de Artsaj, todo indica a su desaparición. La influencia armenia sobre este ente dará paso a un control por parte de Rusia y Azerbaiyán.

La reacción de la población azerí a la firma de este acuerdo ha sido muy positiva, como muestran los festejos en su capital, Bakú. Sin embargo, la población armenia ha acogido la noticia con enfado. La sensación de derrota ha llevado a gran parte de la población a protestar ferozmente contra la decisión de su presidente, llegando a ocupar varios edificios públicos como señalábamos anteriormente.

Si bien la firma de este acuerdo asegura a corto plazo el cese de las hostilidades que el último mes han provocado unas mil víctimas mortales civiles, existen dudas de la viabilidad de esta paz a largo plazo. Se han establecido corredores seguros entre Armenia y la parte que aún conserva del Alto Karabaj para que su población armenia no quede aislada, pero el mantenimiento de esta paz a largo plazo está ligado a que la posición rusa continúe siendo favorable a los intereses azeríes.

 


 

A menudo oculto tras las noticias de la guerra, encontramos el sufrimiento de las personas. Y en este caso, el testimonio en primera persona de una refugiada de Azerbaiyán que comparte su historia de vida nos puede acercar a conocer el padecimiento que, de uno y otro lado, han venido sufriendo las víctimas de este conflicto.

Compartimos el testimonio de una de las miles de víctimas de este conflicto, el testimonio de una refugiada de Azerbaiyán.

 

El testimonio de Nargíz Suleymanli

 

Como saben, mi país es hoy noticia en la prensa mundial. Nagorno Karabaj, territorio que pertenece a Azerbaiyán, como así lo reconoce la comunidad internacional en pleno, ha sido ocupado hace tres décadas por Armenia. Esa ocupación ha sido violenta y ha provocado que el 10% de la población de mi país se convierta en desplazados internos. ¿Quiénes son esos desplazados que forzosamente tuvieron que dejar su tierra? Yo, uno de ellos. Mi testimonio puede mostrarles una realidad que no se conoce. La de las consecuencias de la agresión y ocupación de Armenia, las consecuencias de la guerra de Nagorno Karabaj.

Mi nombre es Nargiz. Nací en 1989 en el distrito de Jabrayíl, Azerbaiyán. Soy uno de los centenares de niños que han visto todas las facetas del conflicto en el lapso de tres décadas, desde el año 1993 al presente. Aquellos niños que hemos sufrido hambre y sed, y también el fuego de las fuerzas militares de ocupación. Mi niñez, la he padecido al igual que tantos otros niños que se dormían y se despertaban bajo los sonidos de balas. Para sintetizar, soy una de los que sufrieron de “infancia perdida”. Y los efectos, se llevan de por vida. Porque, cuando muchos conocen qué me ha ocurrido se quedan sin palabras. Lo que me ha ocurrido, muchos lo podemos contar a través del silencio – por nuestra mirada, por las tristezas que se reflejan detrás de nuestra sonrisa; el sentimiento de angustia no es fácil ocultar.

Cuando Jabrayil, mi pueblo natal, fue ocupado por las fuerzas armadas armenias, yo tenía 3 años. Siendo tan pequeña, tantos detalles no recuerdo, pero sí las horas que jugábamos con mi hermana, mis muñecas favoritas, el regreso del trabajo de mis padres, nuestros vecinos. La vida en aquella época era simple, solíamos jugar a “cocinar” con mi hermana los platos que había preparado mi madre; era nuestra costumbre la de saludar desde el balcón con alegría y emoción a mis padres cuando regresaban del trabajo. El único sonido que me aterraba, era el de aspiradora.

Hasta que comenzó el día en que los armenios iniciaron los ataques con misiles y artillería hacia nuestro pueblo. Desde aquel momento empezaron muchos cambios no deseados e inolvidables en nuestras vidas, en mi temprana vida. Entre las pérdidas materiales y sentimentales, lamento más mi niñez perdida sin Jabrayil.

Mi hermosa casa, que fue construida con tanto amor y esmero, había sido reemplazada por “vivir” en los vagones de tren por un tiempo. Luego, un apartamento del tamaño de mi anterior habitación otrora llena de juguetes se convirtió en un “hogar” para mi familia de siete personas.

Las alegrías y risas que teníamos mientras jugábamos con mi hermana en el balcón, cuando llegaban nuestros padres o durante el viaje camino a la aldea de nuestros abuelos; habían sido reemplazados con los llantos de los niños en los “sótanos y bunkers”. Los niños de la época del conflicto de Karabaj son los niños que han crecido antes de tiempo.

Mi familia fue trasladada a Bakú, la capital de Azerbaiyán. Y como muchos otros niños deseaba participar en variedad de actividades como tocar piano, aprender a jugar al ajedrez, dibujar, pasear en bicicleta, etc. No obstante, en aquel momento solamente teníamos que pensar en “sobrevivir”.

Un día le pregunté a mi madre cuál era su recuerdo inolvidable de mi niñez. Su respuesta espontánea fue : “Una noche, cuando comenzaron los bombardeos en el pueblo, estabas jugando en el balcón. Fui a buscarte para refugiarnos en el sótano. Cuando llegué a tu lado te vi mirar asombrada al cielo y apuntando con tus manos como si aquellos hubiesen sido los brillos de las estrellas. No me puedo olvidar esa expresión en tu cara.”

Sin embargo, con cada fiesta, cada fecha especial, revivo mis recuerdos inolvidables y mis miedos de una manera más consciente, sintiendo con más fuerza su peso. Rara vez siento miedo en ocasión de ver los fuegos artificiales, ya que estos son como los sonidos de la artillería que caía día y noche en mi tierra natal.

Pero sí hay un temor interno, un miedo enterrado; es el miedo que creció conmigo en las profundidades de mi mente y de mi alma. Es un miedo impregnado en mi memoria, desde que mi pueblo fue el blanco de los bombardeos.

Los niños karabajíes del presente y del futuro no deberían correr con esta misma suerte, la de perder esa etapa tan importante de sus vidas que es la infancia. La agresión de Armenia trajo otras tragedias. Por ello, yo soy afortunada por poder contarles hoy mi experiencia; de la forma en la que pueden hacerlo todos los niños que treinta años atrás estaban en Karabaj y se convirtieron en desplazados internos. Ellos, como yo, pueden contarles la verdad.

 

 


 

Nargíz Suleymanli es Graduada por la Universidad Pedagógica Estatal y MBA por la Universidad Estatal de Economía de Azerbaiyán.

Trabaja como Asesora Superior en el Ministerio de Trabajo y Protección Social de la República de Azerbaiyán.

 


 

 

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

 

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