29/11/2020 BARCELONA

Entender qué sucedió en España el 26J
Imagen del Palacio de las Cortes de España [Foto: Presidencia de la República Mexicana vía WikimediaCommons].

Las elecciones generales del 26J dejaron un panorama muy similar al del 20D. Pero, ¿España se encuentra sumida en la misma situación de bloqueo? En este artículo analizamos las diferencias y matices, los ganadores y perdedores de estas elecciones, la situación de los diferentes partidos, y las claves del entramado electoral español.

El domingo 26 de junio se celebraron, por segunda ocasión en 6 meses, elecciones generales en España, como resultado de la imposibilidad de un acuerdo para formar gobierno por parte de las fuerzas políticas en el Parlamento, producto del panorama resultante de las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015 (20D).

Una vez concluido el proceso electoral del 20D, se configuraron las Cortes Generales y ante la imposibilidad de establecer un acuerdo de gobierno, éstas fueron disueltas y se convocó una nueva justa electoral. Seis meses han transcurrido para la repetición de las elecciones, en el marco de un proceso que se inició el mes de junio de 2015 con la convocatoria oficial de las elecciones del 20D, hace ya más de un año. Y parece que este proceso aún no termina.

Cómo se elige al Presidente

En las elecciones generales españolas, los ciudadanos eligen a los 350 miembros del Congreso de los Diputados, a través de un sistema electoral de representación proporcional en el que se votan listas cerradas de candidatos de cada partido por cada una de las 52 circunscripciones electorales, que corresponden a las 50 provincias del Estado y a las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. En cada una de dichas circunscripciones se elige a un número determinado de diputados en función de su población, contando con un mínimo de dos, a excepción de las Ciudades Autónomas donde se elige a uno. De tal manera que cuanta mayor población tenga una provincia, mayor número de diputados a elegir tendrá la circunscripción. Sin embargo, la proporción entre el número de escaños y población no es siempre la misma en todas las provincias.

Simultáneamente, se vota a los miembros del Senado mediante sufragio universal con listas abiertas, eligiéndose cuatro senadores por cada provincia, con excepción de las provincias insulares. En cada una de las islas mayores de Baleares y Canarias se eligen a tres senadores y a uno en cada una de las islas menores (o en agrupaciones de estas). Asimismo, se eligen dos senadores en Ceuta y en Melilla y finalmente cada Comunidad Autónoma designa a un senador “y otro más por cada millón de habitantes de su respectivo territorio”, como establece la Constitución Española; para así integrar un Senado con 266 miembros.

Una vez instaladas las Cortes Generales, el Rey llama a consultas a los representantes de los grupos políticos con representación en el Parlamento para proponer el candidato a la investidura, que será sometido a “confianza”, es decir que será votado por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados en primera ronda. En este caso, se necesitan por lo menos 176 votos y, como ocurrió después de las elecciones del 20D, si no se alcanza esta mayoría, en una segunda votación es suficiente una mayoría simple para que sea elegido y finalmente nombrado Presidente del Gobierno por parte del monarca; situación que no ocurrió el 20D y que desencadenó la disolución del Parlamento y la repetición de elecciones.

Finalmente, el 26J, después de dos semanas de campaña electoral, se llevó a cabo una jornada electoral inédita en la que por primera en España se repitieron elecciones en una especie de segunda vuelta electoral parlamentaria donde todos los partidos políticos postularon, nuevamente, a sus dirigentes como “cabeza de lista” con la intención de ocupar la presidencia del gobierno. Todos con los mismos programas y propuestas electorales y con prácticamente las mismas listas de candidatos que el 20D.

Aún cuando el resultado del 26J fue similar al del 20D en cuanto al lugar “en el podio” en el que se ubicaron las distintas fuerzas políticas, el resultado del 26J trajo consigo algunas novedades y varias sorpresas.

Las encuestas

Prácticamente la totalidad de las encuestas le otorgaban nuevamente la mayoría de votos al gobernante Partido Popular (PP), que postuló al Presidente del Gobierno en funciones, el gallego Mariano Rajoy, como candidato. El PP es un partido vinculado a múltiples casos de corrupción que han salido a la luz incluso días antes de la jornada electoral, dándose a conocer los audios que involucran al Ministro del Interior en funciones en un complot en contra de las fuerzas políticas independentistas en Cataluña. Sin embargo, ninguna encuesta previó que finalmente obtendría más votos y escaños no sólo de los que proyectaban las propias encuestas, sino de los resultados obtenidos el 20D.

El líder del Partido Popular, presidente del gobierno en funciones y otra vez ganador de las elecciones del 26J, Mariono Rajoy [European People’s Party vía WikimediaCommons].
El líder del Partido Popular, presidente del gobierno en funciones y otra vez ganador de las elecciones del 26J, Mariano Rajoy [European People’s Party vía WikimediaCommons].

En el caso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de centroizquierda y abanderado por su secretario general, el madrileño Pedro Sánchez, casi todos los estudios de opinión vaticinaban una caída del segundo sitio, que ocupó el 20D, al tercero, superado por la coalición de izquierdas “Unidos Podemos”. Sin embargo, aunque disminuyó en número de escaños, refrendó el segundo lugar en el podio, consolidándose como la segunda fuerza política y la principal fuerza de izquierdas en España.

En lo referente a la candidatura de Unidos Podemos (UP), coalición de izquierdas integrada por Podemos, el partido liderado por Pablo Iglesias; Izquierda Unida (IU), la histórica federación comunista encabezada por Alberto Garzón; y una suma de algunos partidos minoritarios como Equo y varias confluencias políticas regionales como En Comú Podem (ECP) en Cataluña; la mayoría de estudios demoscópicos coincidían en el sonado sorpaso o adelantamiento al PSOE, situándolos en el segundo lugar del podio a nivel estatal y arrebatándole el liderazgo de izquierdas en España. Situación que no ocurrió, dejando incluso a Unidos Podemos con menor porcentaje de votación que el que obtuvieron por separado Podemos e IU el 20D, aunque conservaron el mismo número de diputados que habían obtenido entonces.

Por otro lado, al partido de centroderecha Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C´s), comandado por el catalán Albert Rivera, se situó en cuarto lugar como en el 20D y como vaticinaban las encuestas. Sin embargo, perdió una cantidad considerable de escaños y votos que las encuestas no preveían, situándolo como el gran perdedor de la contienda.

Finalmente, en cuanto al resto de fuerzas políticas con representación parlamentaria, si bien hubo algunas variaciones en el porcentaje de votación, no sufrieron cambios considerables en cuanto al número de escaños obtenidos el 20D, como bien apuntaron las empresas encuestadoras. Así, en el ámbito de las fuerzas políticas minoritarias, fue prácticamente el único en el que acertaron los estudios de las empresas encuestadoras.

Existe un debate en torno a si todas las encuestas se equivocaron, tanto las privadas como las de carácter público, como las del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) o la propia encuesta de salida difundida por Radio Televisión Española (RTVE); o si bien solo fueron la “fotografía” de un momento y la decisión de los electores cambió rápida y considerablemente de opinión, situación que no se reflejó en las encuestas y sondeos.

Un elemento relevante para el análisis es el papel que jugaron los medios de comunicación, que tal vez no lograron interpretar de forma correcta y objetiva el resultado de los sondeos, acelerando el cambio en la percepción de la opinión pública y propiciando o reforzando fenómenos de la comunicación política como el del bandwagon, por el cual el electorado indeciso se adhiere al voto  del candidato puntero en las encuestas, entrando en el último minuto en el “vagón del tren ganador”. O el fenómeno de la espiral del silencio, donde los electores no manifiestan su preferencia política por considerarla minoritaria y no se ve reflejada en los estudios de opinión, en los que los medios de comunicación influyen de forma determinante.

Existieron también factores como el fearfactor en las campañas electorales, con ejemplos como la manipulación de las posibles consecuencias del Brexit o de la probable independencia de Cataluña, el abstencionismo, el llamado cansancio electoral o incluso la fecha misma de las elecciones que, por primera vez, se realizó en verano. En cualquier caso, es un tema con múltiples causalidades que tendrá que ser estudiado –preguntando a los electores– para conocer las causas reales de este supuesto fracaso o no de la demotecnia.

Los resultados

Para saber cuáles fueron los resultados, pueden hacerse múltiples lecturas. Sin embargo, los resultados comparados con el 20D, arrojan diversas conclusiones, algunas obvias y otras no tanto.

Cuadro 1, que muestra la variación en número de votos y diputados por partido político entre las elecciones del 20D y las del 26J [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].
Cuadro 1, que muestra la variación en número de votos y diputados por partido político entre las elecciones del 20D y las del 26J [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].

En el Cuadro 1 podemos observar que las distintas fuerzas políticas con representación en el Parlamento, refrendaron su sitio en el podio en cuanto a número de diputados, votos y porcentaje de votación; sin embargo, los resultados son más interesantes si observamos las variaciones en los datos.

Dado el carácter de segunda vuelta electoral parlamentaria que tuvo el 26J, podemos afirmar que en esta elección sólo hubo dos ganadores y todas las demás fuerzas políticas sufrieron alguna pérdida con respecto a los resultados obtenidos hace apenas seis meses, ya sea en porcentajes de votación, en cantidad de electores, en número de diputados o bien en los tres factores.

En primer lugar, huelga decir que el claro ganador de estas elecciones fue el PP, ya que no sólo obtuvo 14 diputados más, sino que ganó 690.000 votos e incrementó en más de 4% su porcentaje de votación.

El otro ganador de la contienda fue la candidatura conformada por el partido catalán republicano de izquierda independentista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y la plataforma política independentista Catalunya Sí (CATSÍ), que no sólo logró conservar sus 9 escaños obtenidos, sino que aumentó en más de 30 mil sus votos, lo que significó un 0,24% más de porcentaje de votación.

La candidatura que menos variación de resultados tuvo fue la candidatura de las formaciones políticas nacionalistas de centroderecha y de ámbito exclusivo en las Islas Canarias: Coalición Canaria y Partido Nacionalista Canario (CCa-PNC), que logró conservar su escaño, aún cuando perdió poco más de 3 mil votos, dada la configuración global de resultados, el porcentaje de votación obtenido no se alteró.

Por otro lado, el mayor perdedor fue Ciudadanos (C´s), siendo el único partido que disminuyó en los tres indicadores: escaños, número de votos y porcentaje de votación obtenida. Obtuvo 8 diputados y más de 376 mil votos menos y registró una pérdida porcentual de 0’88%.

Cabe señalar que aunque la candidatura PODEMOS-IU-EQUO, fue la que perdió el mayor número de votos (más de 1.062.000) y que representó una caída del 3’23% (también el mayor porcentaje de pérdida de todos los partidos), la proporcionalidad dada por el sistema electoral español, determinado por la ley d’Hondt, probablemente ha permitido que la coalición conserve el mismo número de escaños que había obtenido por separado. Esta comparativa resulta de sumar los resultados que obtuvieron en las pasadas elecciones Podemos y las llamadas confluencias (fuerzas políticas hermanas pero con identidad propia y de contexto autonómico) y los obtenidos por la candidatura encabezada por IU.

En resumen, el PP obtuvo 14 diputados que fueron perdidos por C´s (8), por el PSOE (5) y por el partido nacionalista de derechas y de ámbito vasco EAJ-PNV (1). Por lo que podríamos suponer que el principal partido de derechas “obtuvo” 9 diputados adicionales de los votantes de derechas y 5 de electores de centroizquierda más cercanos al centro. Pero esto es una mera suposición.

Otro análisis interesante es el de los bloques del espectro ideológico político. Si agrupamos las fuerzas políticas de derecha y centroderecha por un lado y, por otro lado, las fuerzas de izquierda y centroizquierda como en el Cuadro 2; claramente observamos que la derecha obtuvo la mayoría de escaños: 183 de 350, lo que representa el 52,29% del total de diputados que integran el Congreso, mientras que las izquierdas obtuvieron 167, es decir el 47,71% del Congreso; una diferencia de 16 legisladores, que representan el 4,54% del total.

Cuadro 2, que muestra la variación en número de votos y de diputados del conjunto de dos grandes bloques políticos: los partidos de izquierda y los de derecha [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].
Cuadro 2, que muestra la variación en número de votos y de diputados del conjunto de dos grandes bloques políticos: los partidos de izquierda y los de derecha [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].

Asimismo, podemos observar que la derecha mejoró sus indicadores el 26J, ya que creció en número de escaños (5 más que el 20D), y en número de votos (con casi 211 mil, que significa un 3’19% más de votación). Mientras, las izquierdas perdieron correspondientemente los 5 diputados que ganó la derecha pero con un saldo negativo en votos de más de 1.730.000. Así, el principal partido de la derecha obtuvo más escaños, votos y porcentaje, mientras que la principal fuerza de centroizquierda (PSOE) fue la que efectivamente perdió el mayor número de escaños y la segunda en perder más votos.

Por otro lado, si observamos los resultados a nivel de Comunidades y Ciudades Autónomas, el argumento del ganador no solo se confirma sino que se acentúa, ya que de las 19 autonomías de España, el PP únicamente perdió en dos: en Cataluña, donde triunfó la confluencia de ECP (En Comú Podem, aliada de Podemos) y en el País Vasco donde triunfó la candidatura encabezada por Podemos, con quien además empató en Navarra en coalición con el partido Unión del Pueblo Navarro (UPN-PP). Las 16 autonomías restantes fueron ganadas por el PP en solitario, exceptuando Asturias donde se presentó junto con el Partido Foro de Asturias (PP-FORO)  y en Aragón con el Partido Aragonés (PP- PAR).

Mapa de candidaturas ganadoras el 26J por Autonomía [Vía Ministerio del Interior del Gobierno de España].
Mapa de candidaturas ganadoras el 26J por Autonomía [Vía Ministerio del Interior del Gobierno de España].

En términos de porcentajes, las candidaturas encabezadas por el PP ganaron en el 84’21% del territorio, empataron en el 5’26% y perdieron en el 10’52%. Con ello podríamos afirmar llanamente que el PP no perdió en el 89,47% del total de las autonomías de España.

Si descendemos un nivel territorial más en el análisis, como podemos observar en el mapa, el panorama es un tanto distinto; si bien arroja un resultado favorable para el PP, que también vio reflejado su triunfo en la mayoría de las 52 circunscripciones electorales del territorio del Estado. El partido en el gobierno únicamente perdió 2 provincias: Barcelona y Vizcaya; empató en 10 y ganó en 36. En las 4 restantes hubo empates de otras fuerzas políticas, lo que significa que el PP perdió sólo en el 3’84% del total de las circunscripciones electorales.

Por otro lado, un análisis que necesariamente se desprende de los resultados generales es el del voto en contra del PP. El “Voto No al PP” en su conjunto fue, sin duda mayoritario, sin embargo en una democracia parlamentaria, donde son las fuerzas representadas en el Congreso las que tienen que decidir la composición del gobierno y no el electorado directamente con su voto directo al candidato, se hace muy compleja una traducción de los votos en una lucha entre dos opciones, ya sea la del gobierno en funciones o la del representante de la oposición.

Mapa de candidaturas ganadoras el 26J por circunscripción electoral [Vía Ministerio del Interior del Gobierno de España].
Mapa de candidaturas ganadoras el 26J por circunscripción electoral [Vía Ministerio del Interior del Gobierno de España].

Como nos muestra el Cuadro 3, estrictamente, el voto contrario al PP fue absolutamente mayoritario. De 350 diputados, 213 resultaron de fuerzas políticas distintas al partido en el gobierno, que obtuvo apenas el 39,14%. Si tomamos en cuenta el número de votos la diferencia es mayor ya que la suma total del “Voto No al PP” es de mucho más del doble que los votos del PP. Más de 15.800.000 contra poco más de 7.900.000 votos. Sin embargo, es relevante la pérdida de respaldo de los electores contrarios al partido gobernante ya que representaron 1.874.505 votos menos, 4.31% menos del total.

No obstante, como la política de alianzas parlamentarias juega un papel central en el escenario electoral, la suma de alianzas y pactos en el Congreso es lo que finalmente decidirá la conformación del próximo gobierno.

Cuadro 3, que muestra la variación en número de votos y de diputados de los cuatro grandes partidos políticos españoles [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].
Cuadro 3, que muestra la variación en número de votos y de diputados de los cuatro grandes partidos políticos españoles [Salvador J. Percastre con datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España].

Aún quedan muchas variables por analizar tanto en el tablero de los resultados del 26J como en los posibles escenarios de alianzas para la etapa postelectoral. Temas como el fallo de las encuestas, la campaña del miedo, el fracaso de las fuerzas progresistas para consolidarse como alternativa de gobierno, el referéndum catalán, los casos de corrupción de los miembros del gobierno o el papel de los medios de comunicación son sólo una parte de los múltiples factores a tener en cuenta. Sin embargo, lo que es cierto es que, al menos hasta este momento, el partido en el gobierno ha resultado fortalecido por el respaldo ciudadano en las urnas y estará más legitimado para intentar formar gobierno.

En cualquier caso, la decisión se encuentra en manos del resto de las fuerzas políticas, tanto grandes como pequeñas, progresistas o conservadoras, soberanistas o unionistas. Cada diputado suma y cuenta, sobre todo en una negociación de gobierno tan compleja y con una ciudadanía con grandes demandas, especialmente en el tema económico. Una ciudadanía, además, agotada por un largo proceso electoral que ha tenido un resultado que tal vez podría resumirse (o no) en palabras de Iñaki Gabilondo como:

“…una victoria de lo viejo, de lo asustado; una victoria de lo que no se atreve a mirar al futuro con los ojos abiertos”.

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Salvador Percastre

Investigador doctoral del Grup de Recerca en Comunicació, Mitjans i Democràcia de la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona (UPF) y adscrito al ReSIC de la Université Libre de Bruxelles (Bélgica). Miembro de la European Communication Research and Education Association, con sede en Bruselas y de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales, con sede en la Universidad de Murcia.


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