28/01/2022 BARCELONA

Túnez en la actualidad, ¿han mejorado las cosas? (Parte I)

Un fenómeno que nació en un país del que poca gente habla ya, pero que en cierto modo también simboliza lo que las últimas sacudidas en la región pueden augurar a más de un país. Este es el caso de Túnez, el discreto país norteafricano en el que sus habitantes pasaron de la euforia al miedo en cuestión de meses

Hoy en día dos son los países árabes que acaparan casi todas las portadas: Siria y Egipto. Dos países en los que los acontecimientos actuales son, de una manera u otra, consecuencia de la en su momento tan esperanzadora “Primavera Árabe”. Un fenómeno al que aún le quedan muchos aspectos por clarificar y muchos coletazos por dar. Un fenómeno que nació en un país del que poca gente habla ya, pero que en cierto modo también simboliza lo que las últimas sacudidas en la región pueden augurar a más de un país. Este es el caso de Túnez, el discreto país norteafricano en el que sus habitantes pasaron de la euforia al miedo en cuestión de meses. El 14 de enero de 2011, los tunecinos se echaron a las calles para celebrar el derrocamiento y huida al exilio del ex Presidente Zine El Abidine Ben Ali, marcando así un verdadero punto de inflexión, tanto para el país donde nació la “Primavera árabe” como para la región en su totalidad. Los habitantes de la antigua colonia francesa sienten sin embargo hoy en día que poco hay ya que celebrar, ya que la realidad es que su situación no ha mejorado, y la de muchos ha empeorado.

Hoy en día, una plomiza de incertidumbre domina el país y, al igual que ha ocurrido en otros países de la región, aquellos que un día decidieron unirse para derrocar al autócrata están ahora divididos y enfrentados, dando forma a los “dos Tunez” que según algunos nunca han dejado de existir. Algunos acusan al Gobierno de haber puesto en marcha un sistema de “divide y vencerás”, tal y como ya hicieron las antiguas potencias coloniales en la región durante el siglo XIX. Los jóvenes, aquellos que no dudaron en encabezar los primeros atisbos de revolución, se sienten frustrados ante la incapacidad del Gobierno a la hora de poner en marcha un verdadero programa político y económico (por ejemplo, el desempleo ha aumentado, especialmente entre los graduados). Las autoridades no muestra voluntad alguna de modificar el status quo, y ello es considerado por muchos como un avance de lo que espera a varios países árabes durante los próximos años. Los objetivos de la revolución siguen sin verse cumplidos y crece la insatisfacción entre el grueso de los ciudadanos. Al igual que ocurrió con los levantamientos de 2011, ¿representa Túnez un presagio de lo que ocurrirá en los países vecinos?

Elecciones y liderazgo

El 14 de octubre de 2012, la coalición que en la actualidad gobierna el país, encabezada por el movimiento Islamista moderado Ennahda (dirigido a su vez por el mediático Rached Ghannouchi, aunque el puesto de Jefe de Gobierno ha sido ocupado sucesivamente por el ex-secretario general del partido, Hamadi Jebali y en la actualidad por Ali Laarayedh), y que ha venido recibiendo acusaciones en torno a una cierta inclinación por el “autoritarismo”, anunció que había acordado la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias el 23 de junio de este año, seguidas por una segunda vuelta presidencial programada para el 7 de julio. El Presidente sería elegido directamente por los votantes, reemplazando así al actual Presidente nombrado en su día por la Asamblea Constituyente, Moncef Marzouki. Unas elecciones que sin embargo, y debido a la delicada situación que el país lleva atravesando años, no han podido tener todavía lugar.

Ennahda ganó con una amplia ventaja las últimas elecciones, celebradas en el año 2011, en gran parte gracias a unas destacadas dotes organizativas y a una aún más amplia experiencia, aunque también en parte gracias a una cuantiosa financiación facilitada por países vecinos, ventajas con las que también contaban los Hermanos Musulmanes en Egipto. No obstante, decidieron formar un gobierno de coalición con dos partidos laicos, el Congreso de la República (considerado por algunos un mero “títere” de los islamistas) y el partido de izquierda Ettakatol, recibiendo el conjunto final el nombre de “troika tunecina”.

La coalición también controla, con una mayoría de 217 escaños, la Asamblea Nacional Constituyente, encargada de la aprobación de las directrices para el gobierno del país durante su transición, de la elección de un gobierno interino y, sobre todo, de la redacción de una nueva Constitución. Es precisamente esta actividad (o ausencia de ella) la que regularmente se erige como blanco de críticas generalizadas por parte de todos los actores del espectro político e incluso de la comunidad internacional, que lamentan la lentitud y rigidez del proceso constitucional. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la redacción del texto es la determinación del sistema político, que ha llevado a un aumento notable de las desavenencias entre los secularizas y los islamistas, entre los partidarios y los opositores al régimen. En cierto modo, estas quejas están justificadas: un decreto fue firmado el año pasado en virtud del cual la Asamblea Nacional Constituyente perdería su legitimidad un año después de su formación. Por tanto, el cuerpo debería haber presentado su proyecto el pasado 23 de octubre, a lo que la Asamblea retorta que ésta era una mera obligación moral.

Problemas de hoy

Tunisian_Constituent_Assembly_-_Ennahda_groupDebe indicarse que las La “troika” ha sido objeto de otras muchas acusaciones. En primer lugar, la gente de a pie suele citar una sorprendente falta de seguridad en las calles (las fuerzas de seguridad no han sido capaces de responder con eficiencia a varios ataques salafistas, tales como la toma de la Embajada de Estados Unidos el pasado 11 de septiembre, o ataques a símbolos “liberales” como bares y exposiciones de arte). La corrupción también es señalada como principal factor de descontento, ya que los partidos en el poder procedieron a nombrar arbitrariamente a sus propios representantes en varios niveles (gobernadores, delegados, directores generales, directores de medios de comunicación públicos…). La oposición exige que algunos ministerios claves – esto es, el Ministerio del Interior y de Justicia – se conviertan en cuerpos neutrales, nombrando para ello a figuras no partidistas También consideran que una Comisión Electoral Suprema debería ser creada de acuerdo con unos principios justos. Además, la situación económica sigue siendo desesperadamente insuficiente: el coste de vida ha aumentado (a pesar de las cifras optimistas publicadas por el Gobierno), y el país no está recibiendo ni la inversión extranjera ni los miles de turistas que lleva meses esperando.

Por otro lado, no ha tenido lugar un verdadero proceso de reconciliación, y las familias de los mártires y heridos de la revolución siguen esperando algún tipo de compensación (económica y/o psicológica). El país también tiene que enfrentarse a acusaciones de violaciones de derechos humanos, de acuerdo con un informe publicado por Amnistía Internacional, en el que se indicaba que el actual gobierno no está respetando varios derechos fundamentales, cuestionándose además el compromiso del mismo con la adopción de reformas en ese ámbito. En un reciente informe, también Human Rights Watch señaló que las autoridades parecían incapaces o no dispuestas a proteger a las personas de los ataques de extremistas religiosos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro 

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Itxaso Dominguez

Itxaso Domínguez de Olazábal. Licenciada en Derecho y especializada en Derecho de la Unión Europea y relaciones internacionales, tras trabajar en Egipto se convirtió en una amante de la región y todo lo que en torno a ella gira. Idealista convencida, europeista irremediable, en constante aprendizaje. Escribe para Miradas de Internacional y algunos medios egipcios y tiene un blog personal, Discovering MENA and other thoughts.


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