¿Qué es la corrupción?

¿Qué es la corrupción?

Explicamos la corrupción

Los españoles reeligieron a 40 de los 69 alcaldes corruptos que compitieron en 2011’ se hacía eco un periódico español el 16 de abril de 2012 sobre las últimas elecciones locales celebradas en nuestro país. Ahora bien, ¿qué es la corrupción?

La corrupción (1) es un fenómeno político, (2) que goza de amplio consentimiento ciudadano (demostrado por la reelección de los imputados por corrupción) y que (3) se asocia con la falacia de que ‘todos son iguales’. La Real Academia Española de la Lengua define este concepto como:

<<En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores>>.

Corrupción en el mundo (2013): el Índice de Percepción sobre Corrupción de Transparencia Internacional

Otras fuentes lo definen sin embargo como “el mal uso público (gubernamental) del poder para conseguir una ventaja ilegítima, generalmente secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Por esta razón se puede hablar del nivel de corrupción o de transparencia de un Estado”.

De ambas se desprendre que el término corrupción se aplica a lo público (en el mundo privado no hay corruptos; como mucho, habrán delincuentes o corruptores, pero no corruptos); ym además, lo asocia con el poder pues, sin poseer poder, el acto mismo no tiene sentido (¿o le ofreceríamos un piso en Marbella a cambio de una recalificación a alguien que no puede llevar a cabo dicha recalificación?).

Hasta aquí, sólo un problema: ¿son opuestos corrupción y transparencia? Un político, administrador público, o cualquier persona asociada a una posición de poder público puede cometer un acto de corrupción (y ser o no imputado por ello) o puede ser transparente (o no) en su gestión; sin embargo, pese a lo que el titular inicial señala, un político no es ni corrupto ni transparente en sí mismo (sino sus actos). Así como transparencia se puede aplicar al hablar del sistema en su conjunto (un sistema que deja ver qué hay dentro y cómo se actúa en él y cuyos mecanismos son evidentes), un sistema no puede ser corruptom ya que el sistema es un instrumento que dependerá de cómo sea usado (y diseñado). Cuando se dice de un sistema que es corrupto, habitualmente se refiere a que (1) se dan con frecuencia actos corruptos que, (2) posiblemente, estén causados por poseer un diseño opaco (Si está oscuro, es más sencillo robar pero, no por estar oscuro, se roba más). Por tanto, lo opuesto a transparencia es opacidad y lo contrario a corrupción es normalidad (del hecho que no sepas o no puedas saber qué sucede, no se deduce que alguien se lucre de ello). En definitiva, ni el sistema ni los políticos son corruptos sino las acciones que en él se llevan a cabo.

Corrupción y transparencia no son conceptos antónimos pese a que una mayor transparencia conduzca a una menor posibilidad de corruptelas

El profesor de la Universidad de Oxford, Federico Vares, apunta, que <<la corrupción no es ni una propiedad del sistema social o una institución, ni un rasgo del carácter de un individuo, sino un intercambio ilegal”. Además, sigue “actualmente los académicos han abandonado la clásica visión de la corrupción como la degradación del sentido ético del individuo, o la falta de integridad moral>>.

Consecuencias de una mala definición

Pancarta en la Universidad de Nairobi (Kenya), que la declara como una zona libre de corrupción

Si no se explica bien la diferencia entre ambos podremos caer en dos errores:

  1. No tener herramientas para perseguirla, atarnos de pies y manos. El hecho de que se califique la corrupción como una falta de integridad moral, da pie a que sea imposible evaluarlo de manera objetiva. Sería estupendo echar a alguien de política simplemente porque (objetivamente) detectamos que es corrupto en si mismo, pero eso no es posible.
  2. Por tanto, si no realizamos correctamente esta distinción damos comba y pie a eso que se llama la judicialización de la política y que yo llamaría la zapatización de la justicia en política.

<<…judicialización de la política. La justicia ha pasado a ser una tercera instancia del juego democrático, con el riesgo de que ella misma se politice y se involucre en los conflictos y enfrentamientos políticos.>> (José Sarney, en El País, 2013)

Para cerrar, un extracto de artículo de Antonio Argoñada:

<<Últimamente, cuando me preguntan sobre “eso de la corrupción”, suelo decir que hay tres dimensiones del problema. Una: hay manzanas podridas en el cesto. Como explica Canals, siempre las habrá; lo que hay que hacer es quitarlas. Dos: el cesto pudre las manzanas; quiero decir, las reglas del juego y la cultura dominante inducen a la corrupción, y obligan a los que no quieren practicarla a ser heroicos. Aquí, claramente, la solución no está en quitar las manzanas podridas, porque todas las que queden acabarán echadas a perder; hay que cambiar el cesto. Tres: el huerto es el que pudre las manzanas. Es decir, la cultura y la ética –mejor, la falta de ética– de la sociedad es lo que invita a las manzanas a pudrirse, lo que nos lleva a aplaudir a los ‘listos’ que roban, engañan y defraudan (¡ay, si yo tuviera una oportunidad así para solucionar mis dificultades económicas!), lo que permite a los corruptos a seguir actuando (por aquello del “tú más”) y lo que nos lleva a las reglas corruptas que corrompen a las personas.>> (Antonio Argoñada, profesor del IESE, en El Periódico.]

Foto de portada: “Tired of corruption”, por Devin_Smith via Flickr

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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