29/10/2020 BARCELONA

Marruecos archivos | United Explanations

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El macro-proyecto del gaseoducto transafricano impulsado por Marruecos y Nigeria supone, al mismo tiempo, un cambio en la geopolítica del continente y un nuevo paradigma en la construcción de relaciones Sur-Sur. Además, ambos países persiguen objetivos políticos y económicos que pueden verse realizados. Te contamos las claves de este proyecto.


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Una mayor confluencia entre los Mundos árabe y occidental representa uno de los grandes retos de futuro de estas dos sociedades. Encontrar el equilibrio entre las dos riberas del Mar Mediterráneo, no solo pasa por fomentar la paz y la seguridad, sino también por alcanzar un modelo de desarrollo inclusivo que mejore las condiciones de vida a ambas orillas. Durante muchos años, el destino de Marruecos ha estado ligado a una elevada pobreza, inmigración irregular y a una permanente amenaza terrorista, sin embargo, el país norteafricano aspira hoy en día a ofrecer una nueva visión de país como garante de una estabilidad poco frecuente en la región fundamentada en un gran potencial en múltiples sectores.

Aliado tradicional de los Estados Unidos, el reino Alauí representa el primer país africano en número de turistas, superando por primera vez desde 2014 a Egipto y Sudáfrica; es también el tercer principal receptor de inversión extranjera directa y uno de los principales productores de energías renovables. A ello se suma el crecimiento de una pujante clase media, además de un ambicioso plan de modernización de infraestructuras (carreteras, trenes y sistemas de irrigación) que convierten a Marruecos en un país de vanguardia, sobre todo si se le compara con sus vecinos del continente. Sin embargo, Marruecos se enfrenta hoy a tres grandes desafíos de cuya solución dependerá en gran medida su futuro: una alta dependencia energética, profundos desequilibrios regionales y, por último, la necesidad de posicionarse como hub para África del Oeste para sacarle partido al gran crecimiento que está experimentando esta región del continente.

Dependencia energética: ¿oportunidad o lastre?

Al contrario de su vecina Argelia, rica en gas y petróleo, Marruecos no cuenta con estos recursos. Esto ha contribuido a generar un déficit comercial crónico debido al alto valor de la importación de hidrocarburos. Ello se ve incrementado por el hecho de que se trata de un país mayoritariamente agrícola (siendo uno de los principales suministradores en verduras, frutas y hortalizas a los países de la UE) donde el 40% de la población sigue viviendo en zonas rurales. Por ello, junto a la dependencia energética, la oscilación en el nivel de precipitaciones sigue siendo un factor diferenciador en términos de crecimiento del PIB. Independientemente, la ausencia de recursos energéticos puede considerarse también como una oportunidad. Marruecos, consciente de ello, ha decidido apostar firmemente por las energías renovables. De hecho, recientemente se aprobó el plan “Maroc2030” con el objetivo de reducir las emisiones de CO2 de aquí a 2030, aumentando la utilización de energías renovables hasta un 50%.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Para abastecer de energía el país, se han instalado múltiples centrales eólicas en las zonas costeras y, en enero de 2016, se inauguró la primera fase de la Central solar de Noor I en Ouarzazate, un faraónico proyecto que, una vez culminado, se convertirá en la mayor central solar del mundo. Asimismo, el otro gran recurso del que carece Marruecos es el agua. Precisamente, con el fin de paliar los efectos de su escasez, cuenta con grandes hectáreas de regadío con enorme potencial para su modernización mediante innovadoras técnicas de irrigación que permitirán, entre otros aspectos, un mayor acceso al agua potable en zonas rurales.

Con el objetivo último de abastecer de energía a Europa, la financiación de múltiples infraestructuras por parte de instituciones multilaterales como el Banco Mundial (BM) o el Banco Africano de Desarrollo (BAFD) tienen la capacidad suficiente para convertir a Marruecos en un país de referencia en este ámbito. Este mismo año, la celebración en Noviembre del COP 22, la cumbre de Naciones Unidas sobre el Clima, que tendrá lugar en Marrakech será un buen medidor de los planes del Reino Alauí.

La corrección del desequilibrio regional

Si, por un lado, el problema del déficit energético requiere acciones a nivel conjunto, por otro, el desequilibrio regional ha sido un problema persistente. Las diferencias marcadas entre el Norte y el Sur, en gran parte debidas a la frontera existente entre los antiguos protectorados español y francés, se vieron acentuadas durante el reinado de Hassan II el cual, por desavenencias políticas, dedicó un gran empeño en fortalecer al sur, dotándolo de las mejores infraestructuras y personal cualificado. En consecuencia, el eje Rabat-Casablanca representó durante muchos años el único polo de riqueza real del país dejando al resto de regiones en un segundo plano. El advenimiento del nuevo monarca, Mohammed VI, cambió radicalmente la tendencia, consciente de que este desarrollo desigual sería perjudicial para el país a largo plazo.

Desde la pasada década, son muchos los proyectos lanzados para reforzar otras regiones periféricas. Destaca especialmente la modernización del puerto de Tánger. La antigua ciudad internacional ha recuperado parte de su esplendor gracias a la construcción de “TangerMed”, puerto que alberga hoy más de 3,5 millones de contenedores, siendo ya el mayor de toda África. Otros proyectos destacables son los planes inversión en la región oriental, antaño una de las menos desarrolladas,o la potenciación de Agadir como nuevo destino turístico de interés. A todo ello hay que añadir los ya tradicionales destinos de Fez y en especial Marrakech que convierten a Marruecos en un destino turístico de primer orden.

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Fuente de la imagen: wikimedia commons

Este conjunto de medidas ha contribuido a un desarrollo más homogéneo e inclusivo entre las distintas regiones. Pese a ello, es inevitable mencionar la catástrofe que han supuesto las grandes sequías de los últimos años, las cuales han acelerado el éxodo rural de una población con muy pocos recursos, que se ha desplazado mayoritariamente a la región de Casablanca.

Marruecos como puerta de entrada a África del Oeste

No obstante, no solo es relevante el crecimiento interno del país sino también el de sus principales socios. Durante décadas, Marruecos ha dado la espalda al continente del que forma parte: África. Como consecuencia de ello, su desarrollo ha estado estrictamente ligado al comercio con Europa, provocando que más del 60% de las exportaciones se dirijan al viejo continente. La reciente crisis financiera que ha azotado a Europa y, en especial, a Francia y España, primer socio comercial desde 2012, han tenido un profundo impacto en la economía marroquí.

Por un lado, se han estrechado los lazos de cooperación para proteger los intercambios comerciales con los socios tradicionales, lo que desembocó en la firma de los acuerdos para la liberalización del comercio de productos agrícolas y de pesca con la UE en 2012. No obstante, la necesidad de diversificar sus socios comerciales le ha hecho girar su mirada a África. En este sentido, África Occidental ejerce un papel preponderante y representa una de las regiones con mayor potencial de crecimiento a escala mundial. Marruecos, desde su posición geoestratégica, podría actuar como puente en esta relación entre Europa y esta zona del continente.

Fuente de la imagen: wikimedia commons

Con este objetivo, se han creado conexiones aéreas que conectan Marruecos con las principales capitales del África Subsahariana desde Casablanca, capital económica del país. Precisamente, la ciudad costera fue clasificada como la mejor ciudad africana en materia económica del continente contando con sedes de las principales multinacionales y Universidades de primer nivel que atraen a estudiantes de todo el continente.

Además, se han producido varias giras del Monarca por países como Costa de Marfil o Senegal, alcanzando multitud de acuerdos que han venido reforzando el posicionamiento del Reino Alauí. Sus inversiones en el resto de África se han desarrollado en sectores como el financiero, con el grupo Attijariwafa Bank ejerciendo de líder, el de las telecomunicaciones, donde despuntan grupos como Maroc Telecom o, incluso, el sector minero, siendo Marruecos principal exportador de fosfatos a nivel mundial. En conjunto, dicha estrategia ha tenido un balance positivo y, desde el 2008, el comercio con África Subsahariana se ha duplicado.

Una mirada optimista al futuro

Por lo tanto, son muchos los obstáculos que Marruecos tiene por delante, desde la desigualdad, la necesidad de mejorar el acceso a la educación o la falta de cohesión de los países del Magreb. Sin embargo, el futuro presenta muchas oportunidades: una mayor integración territorial, la minoración de la dependencia energética y una visión más optimista hacia África podrían ayudar en este sentido. Será cuestión de tiempo el comprobar si las medidas emprendidas convierten estos proyectos en una realidad.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro

 


Anna Medrano05/10/2015
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Diez años después de que la organización Asociación Saharaui de Víctimas de Violaciones graves de Derechos Humanos Cometidas por el Estado de Marruecos (ASVDH) presentara su solicitud, ésta ha sido reconocida por Marruecos. Según Human Rights Watch, se trata de un hito para la antigua colonia española ocupada por Marruecos, ya que es la primera organización saharaui de derechos humanos reconocida por el país magrebí.


Anna Medrano02/06/2015
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El conflicto del Sáhara Occidental tiene claros efectos en cuanto a la vulneración de los derechos humanos en la zona y a su inestabilidad política. Asociaciones de derechos humanos han denunciado las torturas y las limitaciones sistemáticas de las libertades de expresión y asociación por parte de Marruecos. Por otro lado, muchos saharauis viven en campos de refugiados, por lo que muchas familias llevan décadas separadas. La larga duración del conflicto genera una pérdida de confianza de los saharauis en las posibilidades reales de una resolución cercana.

La población exiliada vive en la hamada argelina. Algunas estimaciones cifran en unos 180.000 a los saharauis que viven allí. Los habitantes se reparten en cuatro campamentos, que distan entre ellos de 20 a 60 Km. Los refugiados se instalaron en la zona en 1975, cuando huyeron de la opresión y de los bombardeos marroquíes, y cuarenta años después todavía siguen allí y dependen, en gran medida, de las ayudas internacionales.

Mujeres saharauis, entre las que está Aminatou Haidar [Foto: Western Sahara vía Flickr]

Durante la guerra contra Marruecos, las mujeres se convirtieron en las organizadoras políticas y económicas de la vida de los campamentos. Más tarde, con el alto al fuego de 1991, los hombres tuvieron más tiempo para dedicarse al control administrativo. Sin embargo, las mujeres se opusieron a quedar relegadas a las tareas domésticas. No olvidemos que las saharauis habían luchada por la independencia ya antes de que España abandonara el Sáhara Occidental. De hecho, la mayoría de las células anticoloniales estaban formadas por mujeres.

En la monarquía marroquí, el rey concentra poderes ejecutivos. Cualquier ataque contra el monarca de Marruecos constituye un delito que puede ser castigado duramente. En los territorios saharauis ocupados, la población sufre continuos controles, registros e interrogatorios. Los presos políticos saharauis han pasado por las peores cárceles y algunos han estado detenidos sin ninguna orden judicial. Muchos juristas internacionales condenan la falta de garantías procesales en los juicios del Sáhara. Es evidente, pues, que la vulneración de los derechos humanos por parte de Marruecos es una práctica habitual desde 1975. Ese año la policía española traspasó los ficheros referentes al Sáhara Occidental a las autoridades marroquíes, lo que supuso que toda persona afecta al Frente Polisario fuera inmediatamente perseguida. La Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis recoge los testimonios de muchas víctimas con el objetivo de dar a conocer estas injusticias.

Para Marruecos, la condición marroquí del Sáhara Occidental es innegociable. En 1989 el entonces rey marroquí, Hassan II, afirmó que no tenía nada que ofrecer al Frente Polisario, porque el Sáhara Occidental era tierra marroquí. Sobre los derechos humanos, Hassan II indicó que en la cárcel no había presos políticos, sino traidores a la patria. Para él, negar que el Sáhara Occidental pertenecía a Marruecos no era un delito de opinión, sino un delito en contra de la nación. Todo ello manifestaba la falta de voluntad de diálogo por parte del estado marroquí.

Desde el punto de vista de las Naciones Unidas, este conflicto vuelve a mostrar las dificultades de dicha organización en la resolución de conflictos internacionales. El Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonización. En este punto, cabe mencionar el Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra de 1949, que engloba los conflictos armados en los que el pueblo lucha contra la dominación colonial dentro de los conflictos internacionales.

Hechos recientes

Aminatou Haidar se encuentra con un viejo amigo, al salir de prisión [Foto: Saharauiak vía Flickr]

Algunos de los episodios más comentados de los últimos años son la huelga de hambre de la activista Aminatou Haidar o el levantamiento de los campamentos de Gdim Izik. Aminatou Haidar es una de las principales defensoras de la causa saharaui. A lo largo de su vida, ha sufrido en primera persona algunas de las consecuencias del conflicto. De pequeña, vivió la guerra contra Mauritania y Marruecos. Ya de mayor, estuvo en la llamada cárcel negra de El Aaiún entre los años 1987 y 1991, donde fue víctima de torturas. Una vez en libertad, ha seguido defendiendo la autodeterminación del Sáhara Occidental y la universalidad de los derechos humanos, lo que le ha valido el reconocimiento internacional y la concesión de distintos premios. En noviembre de 2009, Haidar fue expulsada de El Aaiún por las fuerzas marroquíes y enviada, en contra de su voluntad, a Lanzarote, donde comenzó una huelga de hambre que duró 32 días. Después de tensiones diplomáticas entre Rabat y Madrid y de diversas negociaciones entre el gobierno marroquí y los gobiernos de Estados Unidos, de Francia y de España, Aminatou Haidar pudo volver a casa.

Un año después, en octubre de 2010, estalló una crisis en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Muchos saharauis iniciaron unas protestas en contra de la discriminación padecida y reivindicaron mejoras socioeconómicas e igualdad de oportunidades en el mercado laboral. Nacieron, así, los campamentos de Gdim Izik, situados en el desierto y a pocos kilómetros de la capital saharaui. El 8 de noviembre del mismo año las autoridades marroquíes desmantelaron el campamento con el uso excesivo de la violencia. Las tensiones se trasladaron a las calles de El Aaiún, donde se produjeron continuos enfrentamientos entre los resistentes saharauis y la policía marroquí y entre los vecinos marroquíes y los saharauis. A raíz de estos acontecimientos, Amnistía Internacional elaboró el informe “Derechos pisoteados. Protestas, violencia y represión en el Sáhara Occidental”. Según este informe, en los sucesos del 8 de noviembre murieron 11 agentes de seguridad marroquíes y dos saharauis.

Situación actual de los derechos humanos

En relación con el conflicto del Sáhara Occidental, Marruecos firmó un código de conducta en Houston en 1997 asegurando el respeto de los derechos humanos, pero la arbitrariedad de las fuerzas marroquíes sigue siendo la nota dominante. A fecha de hoy, muchos saharauis permanecen desaparecidos y los habitantes de las zonas ocupadas no pueden comunicarse con sus familiares de los campos de refugiados y se ven privados de estudiar su propia cultura e historia.

Si echamos un vistazo al Informe Anual de 2014 de Amnistía Internacional, comprobamos que el estado marroquí continúa vulnerando derechos y libertades. Centrándonos en los ataques a los saharauis, sus derechos de libertad de expresión, asociación y reunión siguen restringiéndose. Además, la tortura y los malos tratos persisten en las cárceles del país. Durante el año pasado, la represión de toda defensa de la autodeterminación

Un grupo de saharauis con banderas del Polisario en los campamentos de Tinduf [Foto: Desconocido vía Atalayar]

del Sáhara Occidental fue constante, puesto que las autoridades no permitieron las protestas y disolvieron las manifestaciones mediante el empleo de la fuerza.

El Informe de Amnistía Internacional también recoge el caso de la Asociación Saharaui de Víctimas de Violaciones Graves de Derechos Humanos Cometidas por el Estado Marroquí (ASVDH), que vio frustrados sus esfuerzos por inscribirse en el registro oficial por parte de funcionarios marroquíes. Esto le impedía, entre otras cosas, poder desarrollar sus actividades de manera legal, tener una sede oficial, celebrar actos públicos o solicitar financiación.

También en 2014, Abdelmoutaleb Sarir denunció haber sido torturado y violado con una botella por agentes policiales marroquíes después de ser detenido en una manifestación en El Aaiún. Según Sarir, la policía le obligó a firmar un interrogatorio sin ni siquiera dejárselo leer, pero no hay indicios de que las autoridades judiciales de Marruecos investigaran sus denuncias. En septiembre de 2014, Abdelmoutaleb Sarir fue condenado a 10 meses de cárcel por cargos como “formación de banda delictiva” e “insulto y agresión a agentes de las fuerzas de seguridad”. Su condena se sirvió del interrogatorio que, según él, había firmado de forma obligada.

El Informe de Amnistía Internacional hace referencia también a la situación de los campamentos de Tinduf, donde no hubo una observación periódica e independiente de la situación de los derechos humanos. Se añade que el Frente Polisario no tomó medidas para acabar con la impunidad de las personas que cometieron abusos contra los derechos humanos en los años setenta y ochenta.

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