14/07/2020 BARCELONA

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Hace dos años el 95% de los ciudadanos de la Península de Crimea dijo sí a la adhesión a Rusia. Los efectos mediáticos que tuvo el resultado del referéndum motivó al documentalista ruso Slava Krasko a producir un film para preguntar a los propios crimeos, “¿De quién es Crimea?”. Hoy la incertidumbre reina sobre cómo es vivir en esta Península. Por ello, en diálogo con Slava Krasko pudimos aproximarnos a su realidad mediante la voz en primera persona.


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En la actual crisis de Ucrania se yuxtaponen los intereses geopolíticos de tres de las grandes potencias mundiales, Rusia, la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. Aunque la atención mediática y política se ha centrado en Ucrania tras las protestas del “Euromaidan” del pasado noviembre, la realidad es que la crisis viene de mucho antes e implica directamente a Rusia y las potencias occidentales. La crisis ha desembocado en un conflicto abierto entre las autoproclamadas Repúblicas Populares en Donetsk y Luhansk. Según estimaciones de la ONU ya han muerto aproximadamente 4.000 personas y el actual alto el fuego es muy frágil. De no resolverse por vías políticas sostenibles, la crisis en Ucrania tiene el potencial de convertirse en un conflicto congelado similar a los del Cáucaso.

La propaganda y acusaciones cruzadas han sido una constante, incluyendo la filtración de varias conversaciones telefónicas entre mandatarios que pone de relieve la participación de los servicios de inteligencia internacionales y las vulnerabilidades de Ucrania en el ámbito de la ciberseguridad. La única forma de entender la magnitud del conflicto es analizando los intereses geopolíticos y estratégicos de las grandes potencias como Rusia y Estados Unidos.

La cuestión energética

El estado actual de Ucrania está reconocido, entre otros, por el Memorando de Budapest firmado en 1994. El Memorando es más bien una declaración política, sin embargo las Partes Contratantes (Reino Unido, EE.UU. y Rusia) acuerdan respetar la independencia y soberanía de las fronteras de Ucrania al mismo tiempo que evitarán el uso de la fuerza o coacción económica para su propio interés. A pesar de este acuerdo político, la tensión en el sector energético ha sido una constante entre Rusia y Ucrania. Las disputas sobre deudas y precios de tránsito del gas han adquirido, cada vez más, un tinte político y ponen de relieve una inestable interdependencia entre Rusia y la UE.

Red de gaseoductos Rusia – Europa

Ahora las diferentes potencias buscan diversificar mercados y fuentes que a largo plazo supondrá una pérdida de peso geoestratégico de Ucrania como país de tránsito. Alemania se ha asegurado una conexión directa a través del Mar Báltico con el llamado Nord Stream cuya construcción terminó en el año 2012. Otro proyecto hermano que buscaba evitar el territorio ucraniano, llamado South Stream, se ha encontrado ahora con la última crisis y todo apunta a que será paralizado tanto por motivos legales como políticos. A su vez éste proyecto competía con el ya extinto Nabucco, que buscaba reducir la dependencia del suministro ruso. No obstante, las negociaciones trilaterales (Rusia, UE, Ucrania) llegaron a un acuerdo a finales de octubre y parece que el suministro de gas está asegurado al menos para este invierno. También hay que destacar que la dependencia del suministro ruso varía enormemente dentro de la propia UE incluso independientemente de las importaciones de gas licuado.

Hasta seis Estados Miembro dependen íntegramente del suministro de gas ruso y otros seis tienen una dependencia superior al 50%. Por su parte Rusia ha firmado varios acuerdos energéticos con China por lo que se convertirá en el máximo importador de gas ruso.

La arquitectura de seguridad internacional

Otra clave para entender el contexto geopolítico que pesa sobre Ucrania es la expansión de la OTAN y la UE frente a los nuevos modelos institucionales con los que Rusia pretende contrarrestar la influencia occidental: la OTSC (Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva) y la OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), en materia de seguridad y defensa por una lado, y la EurAsEC (Comunidad Económica Euroasiática) en el ámbito económico.

El actual orden internacional, comenzó a dibujarse tras la disolución de la URSS. Entonces se abrió el debate sobre cómo crear una “Europa unida”, sin líneas divisorias, pero los avances unilaterales de la UE y la OTAN en la década de los 90 comenzaron a causar recelo en el Kremlin. Por una parte la OTAN comenzó a incorporar antiguos países del Pacto de Varsovia y ya en el año 2008 comenzó el debate sobre el posible acceso futuro de Ucrania y Georgia, ambas antiguas repúblicas soviéticas. Francia y Alemania se posicionaron en contra de esta expansión, aludiendo tanto los límites naturales de la Alianza como las tensiones que generaría con Rusia. Ucrania se alineo como país neutral en su declaración de independencia de 1991 y este status tuvo que reafirmarse en 2010 para evitar tensiones con Rusia sobre el posible acceso a la OTAN, aunque desde su independencia Ucrania ha cooperado con la OTAN tanto en el diálogo político como en maniobras y misiones militares.

Expansión cronológica de la OTAN

En un contexto en el que dejó de existir el orden de bloques, el carácter defensivo de la OTAN se reconstituyó introduciendo las “operaciones fuera de área” en sus conceptos estratégicos, alterando la arquitectura de la seguridad internacional en favor de una posición hegemónica para los Estados Unidos. La intervención de la OTAN en Kosovo sigue siendo motivo de debate en este sentido: ¿intervención humanitaria o violación del derecho internacional? Por otro lado la UE, entonces conocida como Comunidad Europea, también comienza a redefinirse en una década convulsa. Los Criterios de Copenhague fueron un acuerdo muy básico que sirvió para ofrecer la integración en la arquitectura comunitaria a los antiguos estados del Pacto de Varsovia, proceso que culmina en 2007. Las reformas y avances de ambas instituciones se entendieron con alarmismo en Rusia, que veía como pasaba de potencia mundial a verse cada vez más aislada del orden internacional.

La tensión entre Rusia y Occidente se materializó de forma más evidente en la pasada década, con la intervención rusa en el conflicto de Georgia y la suspensión de dos tratados internacionales que fueron fundamentales para la seguridad internacional en las últimas décadas: el Tratado Anti-Misiles Balísticos (ABM) y el Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE). La suspensión del Tratado ABM abrió las puertas al desarrollo del nuevo escudo anti-misiles territorial bajo el mandato de George Bush, mientras que la suspensión de facto del Tratado FACE supone el fin de los intercambios de información y observadores militares.

En esencia, un gran cúmulo de tensiones junto con avances sobre lo que Rusia considera que es su zona de influencia natural (Ucrania y Cáucaso), ayuda a explicar en gran medida por qué Putin ha llegado al extremo de desplegar tropas en la península de Crimea. Por otra parte niegan una intervención militar rusa en el este de Ucrania a pesar de las frecuentes acusaciones. Mediante acciones contundentes y no-convencionales Putin parece buscar reafirmarse ante su electorado al mismo tiempo que se abre paso en el escenario internacional, aunque los métodos están generando mucho alarmismo en la comunidad internacional y especialmente en determinados países vecinos. El fuerte factor militar reaviva los miedos de la Guerra Fría y es que, aunque con matices, hay un importante paralelismo. El conflicto ucraniano se ha convertido en una proxy war un fenómeno que lleva ocurriendo desde la segunda mitad del siglo pasado. Es decir, un tercer país se convierte en el escenario de enfrentamiento entre potencias mundiales que se disputan posiciones hegemónicas. Rusia mantiene demandas legítimas en cuanto a la gestión y estructura del orden internacional, pero el continuo uso de medios militares –como la presunta invasión de aguas territoriales suecas o espacios aéreos de varios países europeos– ofrece más oportunidades al aislamiento de Rusia que de precipitar un cambio sostenible en el orden internacional.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


Ricardo Lenoir26/11/2014
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De nuevo a las urnas:

Dos semanas después de las elecciones legislativas ucranianas del 26 de octubre, se volvió a votar en la zona de Donbás, concretamente en dos regiones autoproclamadas repúblicas independientes de Ucrania: la Repúblicas Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk. De nada ha valido lo pactado en los Acuerdos de Minsk, firmados dos meses antes en la capital bielorrusa en un punto en el que pareció posible un acuerdo entre Ucrania y Rusia. Se cumplieron los pronósticos y los vencedores fueron los principales candidatos, aún así no ha llegado la certidumbre ni a la región ni al país en general si no todo lo contrario: han enquistado aún más un enfrentamiento en que las consecuencias las están pagando los ciudadanos.

Apoyo de la comunidad internacional:

Firma del Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la UE
Firma del Acuerdo de Asociación entre Ucrania y la UE

La oposición de Kiev a la celebración de los comicios no ha tenido relevancia ya que los líderes de las zonas insurrectas no reconocen la legitimidad del Gobierno ucraniano. La celebración de las elecciones ha tenido una condena explícita por parte de todos los actores relevantes. ONU, Unión Europea y Casa Blanca han condenado de manera unánime la celebración de la votación, actuando en bloque desde que comenzó el conflicto. Atendiendo a las palabras de los convocantes, nada de esto importa ya que ellos sólo buscaban un escudo protector, Rusia, y no sólo lo han obtenido sino que miembros de la Duma se han desplazado in situ para otorgar legitimidad a las votaciones. Previamente, el canciller ruso, Lavrov, había bendecido la iniciativa. Con los resultados escrutados, Zakharchenko será el Primer Ministro en Donetsk y Plotnitsky en Lugansk.

¿Qué queda de los Acuerdos de Minsk?

Doce fueron los principales puntos del acuerdo firmado en septiembre en la capital bielorrusa.

  1. Garantizar un alto el fuego bilateral inmediato: incumplido, desde septiembre el conflicto ha dejado decenas de víctimas, militares y civiles.
  2. Garantizar la vigilancia y supervisión, por parte de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), del régimen de alto el fuego: consecuencia de lo primero, incumplido también.
  3. Llevar a cabo una descentralización del poder, permitiendo un autogobiero temporal en zonas de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, bajo una ley de “estatus especial”: incumplido, entendiendo la justicia bajo su criterio, las dos zonas sublevadas han decidido que el “estatus especial” se convierta directamente en independencia.
  4. Garantizar una vigilancia activa y constante por parte de la OSCE en la frontera entre Ucrania y Rusia, junto con la creación de una zona de seguridad en sectores fronterizos: incumplido, las zonas fronterizas han sido cruzadas en multitud de ocasiones por tropas rusas, sin identificar; la OSCE apenas puede llevar a cabo misión de control en la zona.
  5. Liberar de inmediato a todos los prisioneros y personas detenidas ilegalmente: incumplido, Ucrania se ha negado a ceder en este punto en tanto en cuanto los rebeldes no cesen en su actividad, lo que nos lleva a un camino sin salida.
  6. Aprobar una ley contra el enjuiciamento y castigo de personas relacionadas con determinados acontecimientos en las regiones de Donetsk y Lugansk.: incumplido por los motivos explicados en el anterior punto.
  7. Mantener un diálogo nacional inclusivo: incumplido, Poroshenko está teniendo una fuerte oposición interna que presiona para no negociar con los rebeldes. Incluso dos expresidentes se han manifestado públicamente en contra de cualquier muestra de diálogo .
  8. Tomar medidas para mejorar la situación humanitaria en el Donbás (Donetsk y Lugansk): incumplido, ¡en seguida te explicamos porqué!
  9. Garantizar la celebración de elecciones locales anticipadas en Donetsk y Lugansk: incumplido, los rebeldes se adelantaron a la fecha prevista en una muestra de no reconocer la autoridad ucraniana.
  10. Retirar los grupos armados ilegales, el armamento pesado y todos los combatientes y mercenarios de territorio ucraniano: incumplido, como se ha dicho anteriormente, desde Rusia se ha provisto de material militar de manera continúa.
  11. Adoptar un programa de revitalización económica del Donbás y restaurar la actividad en la región: incumplido, después de las elecciones el Gobierno ucraniano ha decidido dejar a su suerte a la región, empujándola a la dependencia económica de Moscú.
  12. Garantizar la seguridad personal de los participantes en las consultas: incumplido, cada actor se ha ocupado de este tema de manera individual, aclarando que en las elecciones ucranianas no se votó en la región de Donbás.

Ucrania suspende las ayudas oficiales:

Una Sola Ucrania
Una Sola Ucrania

Bajo el argumento de no financiar grupos terroristas, el Gobierno ucraniano ha cortado las ayudas oficiales a los habitantes de la zona. Éstas comprenden: pensiones, subsidios de desempleo, prestaciones por invalidez y subvenciones a familias numerosas y supondrán un ahorro aproximado de 2.000 millones de euros. El Primer Ministro ucraniano, Arseni Yatseniuk, ha empleado un discurso de doble moral: mientras que asegura que las ayudas cesarán para que el dinero no llegue a manos de delincuentes rusos, anuncia que no se cortará el suministro de gas ya que “son nuestros territorios, es nuestra gente. Con los terroristas hablaremos aparte. Se aproxima el invierno, por lo cual sería duro, en primer lugar, para la gente. El Gobierno no permitirá que se congelen, porque eso llevaría a una catástrofe humana”, aclarando después de que estas medidas dejarán de tener efecto una vez los rebeldes entreguen el control de la zona. Por lo tanto, queda en duda hasta qué punto quiere el gobierno hacerse cargo de los habitantes de la zona. Y, también, queda por saber si detrás de esa decisión no estará el hecho de que la zona de Donbás acumule la mayor parte de las cuencas mineras del país.

Nula capacidad para resolver el problema:

Urnas y acuerdos a un lado, el primer aniversario del Euromaidán deja un escenario peor del que había antes: un presidente derrocado; un nuevo presidente elegido en unas elecciones en las que no votó más de cuatro millones de votantes; unas elecciones en territorio ucraniano pero solo reconocidas por Rusia; Crimen conquistada sin necesidad de que hubiera guerra; Lugansk y Donestk en guerra civil…Estos son los elementos más claros, ya que de aquí subyace la incapacidad de unos (Rusia) y otros (U.E.) por poner fin a un conflicto con más de cuatro mil muertos y una cantidad imposible de concretar de exiliados.

Foto de portada: Donestk por Jeroen Akkermans



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