07/06/2026 MÉXICO

Más allá del voto castigo: por qué crece la derecha en Sudamérica

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El crecimiento de liderazgos conservadores en Sudamérica suele reducirse al desgaste de los oficialismos progresistas. Pero el fenómeno es más complejo: fuerzas liberales y de derecha lograron interpretar demandas sociales concretas como seguridad, estabilidad económica y eficiencia estatal que hoy ocupan un lugar central en la región. De Milei en Argentina a Kast en Chile, de Paz Pereira en Bolivia a la segunda vuelta peruana, el patrón se repite: cuando cambian las prioridades de la sociedad, o el oficialismo se adapta o le da entrada directa a otro partido.

El crecimiento de liderazgos conservadores y de derecha en distintos países sudamericanos suele explicarse como una reacción al desgaste de los oficialismos progresistas. Sin embargo, el fenómeno no puede reducirse a una lógica tan simple. El desencanto con ciertas gestiones ha generado que fuerzas liberales y neoliberales logren interpretar demandas sociales concretas como seguridad, estabilidad económica, eficiencia estatal y representación cultural que hoy ocupan un lugar central en la región.

Es un hecho que América del Sur se mueve en una suerte de ciclo ideológico que vira de izquierda a derecha constantemente. Por épocas, predominan las presidencias de centroizquierda o progresistas (la “marea rosa”) y luego aparecen etapas asociadas a la derecha, y así sucesivamente.

Hoy, y desde hace unos años, nos encontramos ante el retorno de tendencias favorables al conservadurismo y el liberalismo, y resulta algo común cuestionarse por qué hemos retomado este camino. Una interpretación que muchos sostienen es que este crecimiento responde únicamente al “voto castigo”, es decir, cuando la ciudadanía cambia de signo político porque los gobiernos no cumplen ciertas expectativas. Es algo común elegir al presidente que parece “menos peor”, por lo que, si venimos de un ciclo en el que la izquierda no supo dar respuesta a necesidades públicas, lo lógico sería virar hacia la derecha. Sin embargo, esa explicación contiene parte de verdad, pero resulta escasa para explicar esta nueva “marea azul”.

Reducir el avance de la derecha a tan solo el fracaso ajeno supone ignorar otro componente clave: muchos votantes no solo rechazan lo anterior, sino que consideran que ese partido no está respondiendo a sus prioridades actuales.

Nuevas prioridades: seguridad, estabilidad económica y orden

Las necesidades sociales en la región cambiaron. Durante buena parte del ciclo progresista de comienzos de siglo, la mirada pública estuvo puesta en desigualdad, inclusión social y expansión del consumo. Esas demandas fueron y son necesarias, pero con el tiempo comenzaron a ganar protagonismo otros temas como inseguridad, narcotráfico, inflación persistente, informalidad laboral y sensación de desorden institucional.

Estos fenómenos, históricamente, suelen generar un cansancio social ante la falta de respuesta política, por lo que aparece la necesidad de un “Estado firme” —como muchos candidatos propusieron en sus spots— y allí entra en terreno la oportunidad para el conservadurismo.


Es así como distintos presidentes lograron alcanzar su victoria recientemente.

Argentina y el hartazgo económico

El triunfo de Javier Milei en 2023 no puede explicarse solo como rechazo al peronismo, ya que también expresó una adhesión a ideas de shock económico, crítica al gasto público y confrontación con una clase política (“la casta”) percibida como cerrada sobre sí misma.

Con inflación de tres dígitos, deterioro salarial y fatiga social acumulada, su mensaje de ruptura con la clásica forma de hacer política resultó atractivo para sectores que dejaron de priorizar moderación y comenzaron a demandar resultados rápidos y un giro total en cuanto a medidas económicas.

La victoria del liberal libertario, más allá de ser un castigo a la izquierda, fue un fenómeno en el que se vio cómo el electorado decidió dejar de lado lo “políticamente correcto” y los discursos preparados para priorizar la transparencia y el lenguaje crudo, generando una suerte de cercanía y confianza psicológica entre el gobernante y los gobernados.


Chile y su necesidad de seguridad

Chile es otro gran ejemplo ya que, tras el estallido social de 2019 y el proceso constituyente, una parte del electorado dejó de priorizar preocupaciones como la desigualdad y le dio un puesto favorable a la seguridad pública, la migración irregular y el orden institucional.

Manifestaciones en Santiago de Chile, 2019. Foto: Juan Manuel Núñez Méndez / Unsplash

En ese contexto, José Antonio Kast logró consolidarse como el referente de derecha que podría subsanar esos problemas con las medidas que fueran necesarias. Por eso, su victoria no respondió únicamente al rechazo del oficialismo, sino a la capacidad de hablar con claridad sobre temas que amplios sectores percibían como urgentes.

Sus discursos generaron que muchos lo catalogaran de “extremista” —al igual que ocurrió con su homólogo Milei—, pero su victoria del casi 60% en 2025 reflejó la necesidad sociológica de un pueblo que pide seguridad por sobre otros aspectos.

Bolivia y el fin de una era

La victoria de Rodrigo Paz Pereira en 2025 marcó el fin de dos décadas de hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS).

En un contexto de crisis monetaria, escasez de combustibles y una fractura política que parecía ser un ciclo sin fin, el electorado boliviano no solo castigó las gestiones de Evo Morales y Luis Arce, sino que decidió aceptar las propuestas de la derecha liberal que prometían orden administrativo y una apertura al mercado global, sabiendo que su país posee las mayores reservas de litio del mundo. Ante el apoyo rotundo de Donald Trump a Paz durante su candidatura, el crecimiento económico y la eficiencia técnica fueron percibidos como valores más urgentes que las luchas por la reivindicación social que el MAS defendió en su momento.


Perú: fragmentación, crisis y demanda de previsibilidad

Perú estuvo atravesando una situación prolongada de inestabilidad política con presidencias interrumpidas, pero la esperanza de cortar con esa etapa se presenta este año gracias a las elecciones.

A la espera de la segunda vuelta prevista para junio, los dos candidatos que llegarán a esa instancia se ubican en la derecha y centroderecha del abanico ideológico (Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga), por lo que, sea quien fuera elegido por voto popular, Perú virará hacia el liberalismo. Esto revela que, más allá de las propuestas de la izquierda institucionalista que supo tener un gran peso en el país, hoy el electorado prioriza previsibilidad, autoridad y capacidad de gestión por encima de discursos refundacionales.

Colombia y las señales de desgaste oficialista

Actualmente el gobierno de Gustavo Petro enfrenta dificultades para avanzar en reformas estructurales, tensiones institucionales y cuestionamientos en materia de seguridad. Es importante tener esto en cuenta ya que el 31 de mayo de este año se llevarán a cabo las elecciones presidenciales, y existen candidatos de la oposición que parecen estar tomando un porcentaje considerable de apoyo popular.

De acuerdo con el último tracking poll de AtlasIntel (publicado el 25 de abril de 2026) y la encuesta de Guarumo, los tres principales candidatos son Iván Cepeda —representante del oficialismo con un apoyo aproximado del 38%—, Abelardo de la Espriella —opositor de derecha radical con un seguimiento del 27% que propone “mano dura” ante la inseguridad— y Paloma Valencia —figura más moderada con un 22% de votantes según las encuestas—.

Por experiencias previas puede deducirse lo que pasará en la primera vuelta, junto con la unión de votos que ocurriría en la segunda, pero lo que sí es un hecho es que las medidas de orden público y políticas de castigo ante la inseguridad son la bandera de los candidatos de derecha este año, y las encuestas indican que los votos acompañarán esas decisiones.

La dimensión psicológica: qué está buscando el votante

Desde la psicología política, ante la incertidumbre y el caos público, el votante suele acercarse a ideologías que prometen orden, jerarquía y estabilidad —valores típicamente asociados a la derecha—. Este concepto fue llamado “cierre cognitivo” por John Jost en su obra Ideología política y cognición social motivada, por lo que entendemos por qué cuando aparecen las crisis económicas y la inseguridad cotidiana en algún país, lo más probable es que el pueblo busque refugiarse en un líder con promesas de orden y un mandato fuerte.

En ese sentido, es lógico comprender por qué las propuestas más “duras” pueden interpretarse como estabilidad, y también por qué sectores de la sociedad que antes consideraban elitista a la derecha hoy se amparan en ella como motor de cambio y seguridad.

¿Fracaso de la izquierda o adaptación insuficiente?

Sería simplista afirmar que la izquierda “fracasó” como bloque homogéneo. Los oficialismos progresistas de la región son diversos entre sí, con trayectorias, resultados y contextos muy distintos entre cada país y año. Sin embargo, varios de ellos enfrentaron un problema común: continuaron priorizando agendas de principio de siglo mientras una parte de la ciudadanía tenía nuevas urgencias que no se solucionaban con las típicas políticas de igualdad social.

En este sentido, hablar de la “marea azul” puede resultar descriptivo, pero también simplista, ya que lo que ocurre en Sudamérica no parece ser un alineamiento por simple tendencia hacia la derecha, sino una reconfiguración de prioridades ciudadanas.

En varios países, las fuerzas conservadoras crecieron porque supieron leer mejor el momento social repleto de cansancio de la inestabilidad, demanda de seguridad y deseo de eficiencia.

Eso no garantiza éxitos duraderos ni hegemonías permanentes, sobre todo en América del Sur donde los ciclos políticos suelen ser rápidos y volátiles, pero sí implica algo que debemos tener en cuenta: cuando cambian las prioridades de la sociedad, o el oficialismo se acopla o le da entrada directa a otro partido.

Una explicación sin fines de lucro.

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María Elvira Zavalía

Estudiante avanzada de Relaciones Internacionales, diplomada en Crimen Organizado Transnacional y en Estudios de Terrorismo. Actualmente trabajo como columnista de internacionales en el noticiero de Canal 10 y como panelista en el programa Antena Geopolítica.


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