01/12/2020 BARCELONA

No actuamos igual si nos vigilan

Imagen: Design Thinking, vía Natalia Pumarega [medium.com]
Internet ha sido la herramienta que ha permitido mantener cierta actividad durante la pandemia. Pero, por otro lado, esta misma herramienta ha servido para aumentar y endurecer los aparatos estatales de control y de monitoreo sobre los ciudadanos. ¿Qué implica esto para nuestro derecho a la privacidad?

Controles en tiempo de COVID-19: cuando el fin último es el control

La pandemia de COVID-19, desde hace ya varias semanas, incluso meses en algunas regiones del mundo, ha obligado a un aislamiento físico de las personas como medida de prevención de contagio.  Hemos podido observar por diversos medios que dicha medida de aislamiento físico ha obligado a empresas, colegios, universidades, iglesias, parques a cerrar sus instalaciones. El mundo ha cambiado su dinámica drásticamente en los últimos meses.

Ante la eventual crisis, Internet se ha convertido en una herramienta y un canal esencial para que muchas de las escuelas, universidades y empresas sigan funcionando, adoptando modalidades que de trabajo que permitan realizar sus actividades, algunas prácticamente con total normalidad. Internet ha permitido que muchas familias sigan comunicadas y que puedan verse a través de vídeo llamadas, acortando distancias de país a país, o aun cuando viven solo un par de pisos más arriba. Algunos artistas han dado conciertos virtuales a sus seguidores. También ha servido para que muchas comunidades se organicen para ayudar a sus vecinos. Ha permitido que el aislamiento sea solo físico y no social del todo.

Internet también ha permitido monitorear la pandemia en tiempo real, ha ayudado a los centros de salud de todo el mundo para poder contar con información del comportamiento y tratamiento de la enfermedad.

 

Ilustración digital del coronavirus. Imagen: CDC vía UN News.

 

A pesar de que, según el Informe Digital 2019 de We Are Social y Hootsuite solo el 57% de la población a nivel mundial tiene acceso a Internet (aproximadamente el 43% de la población mundial aún no tiene acceso), es innegable el aporte de esta herramienta para sobre llevar la situación de la pandemia alrededor del mundo.

En efecto, Internet ha sido la herramienta que ha permitido mantener cierta actividad, y la tranquilidad de muchas personas alrededor del mundo. Pero, por otro lado, esta misma herramienta ha  servido para aumentar y endurecer los aparatos estatales de control y de monitoreo sobre los ciudadanos.

Actualmente, una gran mayoría de usuarios de Internet no valora la cantidad de información personal que generan cada día, se ha normalizado la idea errónea de creer que “los gobiernos y entidades privadas ya nos tienen muy vigilados”, y el usuario no toma el tiempo para analizar realmente lo que sucede con esa información.

La realidad es que existen muchos actores en la esfera internacional que se esfuerzan para lograr que este sea un mundo mejor, individuos especiales que han apostado su tiempo, su libertad y hasta su vida por ese objetivo y lograr que todos podamos seguir gozando de la Internet como la conocemos y en algunos casos hasta mejorarla.

Relacionada: La era de internet: ¿qué es la huella digital?

La tentación de un mayor control ciudadano

Con las herramientas actuales a disposición de los gobiernos y de entidades privadas, no es difícil conocer a los usuarios analizando su meta data. Como se pudo comprobar en 2018, en el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook, la información personal de cada usuario puede ser extremadamente valiosa. El escándalo reveló que la obtención de datos de los usuarios ayudó a la compañía británica a diseñar un software capaz de predecir e influir en los votantes durante las elecciones de EE.UU. y el referéndum del Brexit. Esto demuestra la creciente importancia de nuestros datos personales.

Otro caso que revela lo vulnerable que es la privacidad en la red y, por ende, muestra la vulnerabilidad de los derechos humanos, es el caso del político alemán Malte SPitz, quien  solicitó a su compañía telefónica, Deutsche Telekom, que le entregara toda la información que había recabado sobre el uso de su línea móvil. Recibió 35,830 líneas de información: a quién llamaba, quién le llamaba, cuál era su consumo de datos de Internet, además de las posiciones geográficas de las antenas que conectaban a su smartphone con la red pública de telecomunicaciones. Una película exacta de sus hábitos y desplazamientos: viajes en tren a Munich, a Münster, a Nuremberg, los regresos a Berlín o las citas en restaurantes y cafés donde organizaba protestas públicas o delineaba posiciones políticas de su partido. “Era mi vida”, contó Spitz en una charla del ciclo Ted en el 2012.

 

 

La situación de alerta generada por el COVID-19 a nivel mundial ha sido aprovechada por algunos gobiernos para implementar sistemas de control sobre sus ciudadanos utilizando herramientas digitales a través de internet, con el argumento de poder controlar la pandemia.

 

 

Uno de los primeros países en incrementar los sistemas de vigilancia y monitoreo sobre sus ciudadanos fue China. Los ciudadanos chinos han tenido que adaptarse a un nuevo nivel de intrusión gubernamental. Acciones tan sencillas como entrar al lugar de trabajo requiere escanear un código QR, escribir el nombre y el número de identificación, la temperatura y el historial de viajes reciente. Mientras tanto, las empresas chinas están implementando tecnología de reconocimiento facial que puede detectar temperaturas elevadas en una multitud he identificar al ciudadano. Las autoridades han implementado  y exagerado medidas de seguridad en nombre de contener el brote de covid-19. Según las autoridades chinas este es un “tiempo extraordinario” (feichang shiqi), que requiere medidas extraordinarias.

Según el reportaje de Lily Kuo en Hong Kong para The guardian , los especialistas señalan que a medida que disminuye el número de nuevas infecciones en China -después de haber infectado a más de 80.000 personas y haber provocado más de 3.000 muertes-,  los residentes y los observadores cuestionan cuántas de estas nuevas medidas llegaron para quedarse. En ese mismo reportaje la activista de Derechos Humanos  Wang Aizhong, dijo: “Esta epidemia sin duda proporciona más razones para que el gobierno vigile al público. No creo que las autoridades descarten mantener esto después del brote.

Graffiti de la calle Lavapiés (Madrid). Imagen: Lorena a.k.a. Loretahur Flickr.

Pero no es solo China quien ha aprovechado para implementar y endurecer los controles por la emergencia de COVID-19. Países como Rusia, Corea del Sur, Singapur, Israel, Irán o Taiwan han ido adoptando algunas medidas similares a las de China. También algunos países latinoamericanos han lanzado aplicaciones para localizar y asistir a posibles contagiados, tal y como lo hizo China.

Además, los gigantes tecnológicos Apple y Google han anunciaron a inicios de abril que desarrollan un sistema en conjunto para alertar a las personas si han entrado en contacto recientemente con otras que dieron positivo por COVID-19.  A criterio de ambas empresas, el enfoque respetará cuestiones de privacidad y las personas participarían de forma voluntaria y anónima. En primera instancia, la Casa Blanca indicó que necesitaba tiempo para considerar el desarrollo de la tecnología. Mientras que El Supervisor de Protección de Datos de la Unión Europea, por su parte, se mostró más positivo hacia la idea.

La iniciativa requerirá una evaluación adicional. Sin embargo, después de una rápida mirada, parece marcar las casillas correctas en cuanto a la elección del usuario, la protección de datos por diseño y la inter-operabilidad paneuropea“, aseguró.

Cabe señalar que, pese a las observaciones de defensores de Derechos Humanos, la Comisión Europea ha solicitado a los principales operadores de telecomunicaciones datos de sus clientes para hacer un seguimiento de la pandemia en los Estados Miembro, y así poder anticipar el ritmo de evolución de los contagios y evaluar los efectos de las medidas de confinamiento implantadas en los países de la Unión.

Dichas medidas, están amparadas por el Reglamento Europeo de Protección de Datos. Ante las medidas implementadas, La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) recuerda que esta emergencia no puede suponer una suspensión del derecho fundamental a la privacidad, pero argumenta que la normativa tampoco puede utilizarse para obstaculizar la efectividad de las medidas, ya que la propia ley prevé soluciones para compatibilizar el uso lícito de los datos personales con las medidas necesarias para garantizar el bien común.

De aprobarse estos mecanismos, el panorama se tornaría bastante hostil contra la privacidad, como han señalado varios defensores de Derechos Humanos alrededor del mundo.

Los gobiernos están legitimando las herramientas de opresión como herramientas de salud pública“, dijo Raman Jit Singh Chima, director de políticas de Asia en Access Now. “El peligro es que estas medidas se mantengan en su lugar y que los datos continúen siendo recopilados y utilizados. Hemos visto que esto sucedió en el pasado después de grandes eventos en China y después del 11 de septiembre en los Estados Unidos”, dijo a la Fundación Thomson Reuters.

¿La pandemia amerita ceder nuestros derechos?

Debe entenderse que los derechos humanos son derechos inherentes e inalienables a todos los seres humanos. Así lo establece la Declaracion Universal de Derechos Humanos. Principios que han sido plasmados en la misma declaración y en diversos convenios y tratados internacionales sobre derechos humanos y ratificados por muchos estados.

En esta misma línea, el secretario general de Naciones Unidad, Antonio Guterres ha señalado que “los derechos humanos no pueden ser una ocurrencia tardía en tiempos de crisis, y ahora enfrentamos la mayor crisis internacional en generaciones” (…) “En el contexto del creciente etno-nacionalismo, populismo, autoritarismo y un retroceso contra los derechos humanos en algunos países, la crisis puede proporcionar un pretexto para adoptar medidas represivas con fines no relacionados con la pandemia. Esto es inaceptable“, señaló.

 

 

A estas alturas de la pandemia, es innegable que la tecnología, el big data, el reconocimiento facial, han jugado un papel importante para mitigar hasta cierto punto la propagación de la enfermedad. Pero aumentar la vigilancia en detrimento de los derechos como la privacidad, el acceso a la información, la libertad de expresión, entre otros, con el riesgo de que estas medidas persistan incluso después de que la situación se alivie, parece un riesgo muy alto a pagar.

El derecho a la vida es el derecho supremo. Pero las limitaciones de derechos fundamentales deben ponderarse de acuerdo a la necesidad de atender la emergencia provocada por la pandemia de COVID-19. Debe garantizarse que dichas medidas de limitaciones de derechos y de implementación de tecnologías para recabar información sean examinadas en su necesidad y proporcionalidad, para evitar la vulneración de derechos fundamentales. Toda medida que utilice medios tecnológicos, recopilación de datos, geolocalización, reconocimiento facial, etc. debe, aún ante la emergencia, priorizar y garantizar la protección de datos personales y sensibles, además de desactivar su uso al tiempo que se desactiva la pandemia.

Aunque algunos países, como el caso de los miembros de la Unión Europea, parecen tener un ordenamiento jurídico bien establecido para estos casos de emergencias sanitarias, no es así en todos los países y regiones. El caso de Latinoamérica parece ser un tema muy débilmente amparado aún en sus legislaturas.

Ante la amenaza que puede representar para los derechos humanos, los expertos de Naciones Unidas, instaron a los estados el pasado mes de marzo a evitar el incumplimiento de las medidas de privacidad en respuesta al brote de coronavirus y les recordaron que los poderes de emergencia no deberían usarse para sofocar la disidencia.

El COVID-19 ha generado alarma en muchos ámbitos de la vida cotidiana, y seguramente enfrentaremos muchos cambios en los próximos meses, algunos temporales y otros permanentes. Durante la actual pandemia, todos los estados deben garantizar el acceso a la información veraz, fidedigna, no solo lo concerniente a la propagación y combate a la pandemia, también a lo concerniente a la recopilación de datos personales y al uso que se da a los mismos.

No es la primera vez que el  entorno digital afronta amenazas. Debemos recordar que el 11-S cambió por completo lo que entendíamos por ciberseguridad, y el ciberespacio es considerado ahora como un nuevo territorio estratégico.

La tecnología no es enemiga del ser humano, pero algunos gobiernos han aprovechado muchas veces el miedo como el de la actual emergencia para implementar más y nuevos sistemas de controles de masas, utilizando las tecnologías de vigilancia como el reconocimiento facial o aplicaciones en teléfonos móviles para supervisar la cuarentena de personas contagiadas con COVID-19. No debe ser la excusa para que los ciudadanos acepten mayores controles que restrinjan sus derechos fundamentales o acepten perder sus libertades.

En definitiva, la tecnología esta desempeñando importantes funciones para salvar vidas. No obstante, los estados deben respetar los derechos humanos al emplear tecnologías de vigilancia digital para combatir la pandemia.

Medidas personales de seguridad digital

En los últimos años, el uso del cifrado y anonimato en la red ha causado grandes debates, pues se estigmatiza por gobiernos y organizaciones transnacionales, bajo el argumento de ciberterrorismo. Lo cierto es que el cifrado y el anonimato realmente constituyen medios claves para nuestra seguridad en Internet, pues son herramientas necesarias para que los usuarios puedan proteger su privacidad, para la defensa de los derechos humanos y para combatir los sistemas de vigilancia.

Basta con recordar el escando generado por Edward Snowden, para entender la importancia del cifrado y anonimato, esto causó un gran escándalo por el espionaje, debido al PRISM, el programa de vigilancia electrónica que dirige la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), cuyo principal predecesor fue el Programa de Vigilancia Terrorista, surgido tras los atentados del 11-S, buena parte del sistema de  vigilancia de comunicaciones de los EE.UU. sigue funcionando.

No solamente EE.UU. tenía ya sistemas de vigilancia. Anteriormente a la pandemia, también en China e Irán se requiere una autorización previa del gobierno para usar, importar o exportar herramientas de cifrado. Francia aprovechó el shock causado por los ataques terroristas recibidos en su territorio nacional para desarrollar este tipo de política.  Y en países como Honduras y Guatemala se aplicaron diversas restricciones bajo el argumento de ciberterrorismo y de que las comunicaciones anónimas o cifradas dificultan la investigación de crímenes y facilitan el terrorismo, pretendiendo limitar claramente la libertad de expresión y la privacidad de los usuarios.

Edward Snowden ha advertido recientemente en entrevista con GreenWald que los gobiernos de todo el mundo están  explotando la pandemia para monitorearnos como nunca antes.

 

 

Algunas Herramientas de Cifrado que te pueden ser útiles:

Cloudup: Encripta archivos de todo tipo (vídeo, audio, texto, urls) que sintetiza en links para compartir con personas específicas.

Deflect (Recomendado): Servicio gratuito de la fundación eQualit.ie para proteger la libertad de expresión de medios digitales ante ataques de DDoS (Distributed Denial of Service – Denegación del servicio distribuido) en sus páginas web. Para obtener este servicio se debe enviar una aplicación de solicitud a través de su sitio. Equalit.ie también ofrece hosting gratuito para quienes lo califican.

Enigmail: Complemento del Thunderbird que permite enviar correos protegidos con claves cifradas. El usuario mantiene su clave. Para usar Enigmail, se debe instalar también GNU Privacy Guard (GnuPG > https://www.gnupg.org/). Un dato: cuando detecta correos que pueden ser engañosos, no los borra sino que los señala con advertencias.

Journalism Safety Toolkit : Reúne artículos y consejos para periodistas que trabajan en ambientes de riesgo.

Martus : Resguardo y manejo seguro de la información desde el año 2003. Martus es un software gratis y de código abierto que facilita la recolección y protección de información sensible con cifrado potente. Martus está disponible para Windows, Mac, Linux, Android, y en 10 idiomas.

Además para la protección a la privacidad es recomendado tomar algunas medidas más sencillas:

  • No dar click por inercia, en cualquiera de los enlaces adjuntos o descargar archivos anexos en los correos o mensajes recibidos hasta estar seguro de la autenticidad del mensaje.
  • Si el mensaje le genera dudas utilice otro canal para verificar con el emisor.
  • Es de vital importancia no dejarse llevar por mensajes de alerta respecto al covid-19,  verifique la fuente antes de dar click
  • No comparta Fake News (noticias falsas)
  • Utilice software de seguridad en múltiples capas que incluya protección contra el phishing.

Consejos para hacer vídeo conferencias seguras:

  • Leer las políticas de privacidad y términos y condiciones de las “apps” o plataformas que vas a usar.
  • Desactive o tape la cámara de sus dispositivos, cuando no los este usando.
  • Elimine las app que no utiliza
  • Antes de una videoconferencia, intenta mantener tu micrófono y cámara apagado hasta confirmar que estás en la sesión indicada.
  • Cambia tus contraseñas por lo menos cada 3 meses .
  • Para grupos de hasta 10 personas conectadas recomendamos Jitsi, plataforma de código abierto, gratis y sin límite en tiempo de sesiones. Tiene excelente protección de datos personales y ni siquiera obliga a crearte cuenta. Si solo se trata de 2 usuarios, también puedes realizar videollamadas por Signal, Wire o WhatsApp, las tres usan cifrado de extremo a extremo. Ojo que WhatsApp puede compartir metadata con Facebook al ser parte de la misma compañía, Facebook Inc.
  • En casos en que se necesiten conferencias de más de 10 participantes, nos parece que Google Meet o Hangouts, BlueJeans, Canvas, Cisco Webex y Go2Meeting son interesantes alternativas a Zoom, aunque el modelo de Google también implica recopilación de datos y las otras alternativas son todas de pago.
  • Si una organización, educativa, laboral o de otro tipo, te obliga a usar determinada app o plataforma, recuerda que esa organización debe asumir la responsabilidad por dicha obligación, hazle saber formalmente a los tomadores de decisión si no estás de acuerdo con los riesgos que implica y no olvides que tienes derecho a negarte a usar aquello con lo cual no estés de acuerdo, en la medida que no se tomen resguardos sobre la protección de la privacidad de las comunicaciones.
  • Si estás en clases online o realizando teletrabajo, puedes no encender la cámara; expresar que no quieres que otras personas te vean; dejar explícito que no autorizas el uso de tu imagen o indicarlo en un post-it a la vista. Todo esto se puede consensuar previamente con el encargado o moderador de la sesión, incluso creando un protocolo de reuniones o clases online.
  • Infórmate de los recursos de protección y resguardo de privacidad con que cuenta el sistema que estás utilizando. Algunas plataformas permiten poner contraseña a las salas o llamadas, además de una identificación (ID) que solo tienen las personas invitadas a participar.
  • Si una sesión es grabada, debe ser informado explícitamente, junto con los fines de dicho registro (ej. una clase online). Si debes compartir tu pantalla de computador con una presentación o para mostrar algún recurso, preocúpate de tener bien resguardadas las carpetas que tengas con información personal. ¡No las dejes a la vista!
  • En las plataformas online puedes vivir discriminación, hostigamiento en línea, difusión de tu información sin consentimiento o algún tipo de agresión. Si te llegase a ocurrir guarda registro de lo ocurrido antes de cerrar la pestaña, registra fecha, hora e identificación del usuario que comete la agresión y repórtalo a la plataforma.

 

La Libertad de un país solo puede calibrarse según el respeto que tiene por los derechos de sus ciudadanos…” ( Edward Snowden).

 

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Jonathan Ardon

Guatemala, Guatemala C.A. Estudiante del último año de Relaciones Internacionales, en la Escuela de Ciencia Política, Universidad de San Carlos de Guatemala, apasionado de las Relaciones Internacionales y la Diplomacia, especialmente en el área de la negociación y el mantenimiento de la paz. Además posee un diplomado en Política, Estado y Sociedad por el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos INCEP, y diplomado en Derecho Electoral por el Tribunal Supremo electoral TSE.


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