06/08/2020 BARCELONA

El auge del populismo en Europa: ¿por qué no deberíamos dejar de lado a sus votantes?

El ascenso de partidos populistas de extrema derecha es un fenómeno que preocupa a una Europa que vio nacer el fascismo en sus tierras. Desde Suecia, Holanda, Alemania o Francia surgen partidos fuertemente nacionalistas que cargan contra la inmigración. Pero, ¿son todos estos partidos iguales?, ¿qué explica su auge?, ¿ quiénes son sus votantes?, ¿éstos, convergen realmente con la ideología de estos partidos?

El populismo cobra fuerza en Europa. La última señal de alarma ha venido de Austria, donde el 24 de abril el ultraderechista Partido de la Libertad  (FPO), se alzaba como primera fuerza en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del país. Y no es la primera señal de aviso en lo que va de año: en marzo asistimos al ascenso en Alemania del también ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), el gran vencedor moral de los últimos comicios regionales. La aparición (y ascenso) de estos partidos se enmarca dentro de una tendencia que ha ido in crescendo en Europa a lo largo de los últimos años. Así, el triunfo de la ultraderecha en Austria y Alemania se suman al avance de partidos como el Frente Nacional en Francia, el Partido de la Libertad en Holanda, o los Demócratas Suecos en Suecia. En este contexto, resulta cada vez más complicado tratar el fenómeno como algo aislado y marginal.

¿Qué ofrecen los partidos de extrema derecha?

Es importante aclarar que no todos los partidos mencionados tienen programas completamente homogéneos, y que un estudio detallado de los mismos muestra diferentes particularidades y prioridades ideológicas. Sin embargo, a grandes rasgos, estamos hablando de partidos de marcado carácter nacionalista, anti-inmigración y escépticos con el proyecto europeo; que han logrado aumentar no solo su peso electoral, sino también su capacidad, cada vez mayor, para definir la agenda política.

El discurso racista es una característica común de estos partidos, que han aprovechado las tensiones relacionadas con la crisis de los refugiados para ganar votos y popularidad a lo largo del último año. Así, encontramos ejemplos como al líder del Partido de la Libertad holandés (que encabeza las encuestas en el país, a día de hoy) definiendo la ola de refugiados en Europa como “una invasión islámica” que pondría en peligro la prosperidad, seguridad, cultura e identidad europeas. En la misma línea, el líder de los Demócratas Suecos se ha referido a la entrada de inmigrantes musulmanes en Suecia como “la mayor amenaza exterior desde la Segunda Guerra Mundial”.  Frente a estas amenazas, sus partidos abogan por el cierre de fronteras, la recuperación de la soberanía nacional y el establecimiento de límites a los flujos migratorios dentro de la propia Unión Europea.

Campo de refugiados de Idomeni, Grecia. La política de no aceptación de refugiados es uno de los pilares discursivos de estos partidos [Fotomovimiento vía Flickr].
Campo de refugiados de Idomeni, Grecia. La política de no aceptación de refugiados es uno de los pilares discursivos de estos partidos [Fotomovimiento vía Flickr].

La extrema derecha ha ligado su mensaje anti-inmigración a la preocupación existente por la mala situación económica entre quienes aún no se han recuperado de la crisis, tendencia abanderada por Marine Le Pen. La líder del Frente Nacional no ha dudado en declarar que las motivaciones de los refugiados no pasan por el asilo político ni por la necesidad de huir de sus países de origen, sino que responden a motivos económicos. Entonces ¿cuál es la receta para volver al crecimiento y devolver el bienestar a los ciudadanos? Para Le Pen, el cierre de fronteras y la salida del Euro se sitúan como elementos clave.

Más allá de las medidas concretas propuestas por la derecha populista, existe un debate alrededor de la ideología sobre la que se basan: ¿son los valores defendidos por la ultraderecha verdaderamente diferentes de los que encontramos en el día a día de la sociedad europea? Intuitivamente, podríamos pensar que elementos como el racismo y la xenofobia son radicalmente opuestos a los valores de las democracias liberales. Sin embargo, existe una tesis que situaría los valores de la extrema derecha como una normalidad patológica.

Desde este punto de vista,  las ideas de la derecha radical no serían en realidad ajenas a los valores de las democracias liberales, sino que la oferta de los partidos se basaría en elementos presentes en nuestro día a día llevados a un extremo patológico: este sería el caso con el nativismo, el autoritarismo y el populismo. Si bien es un argumento polémico, esta explicación puede ayudar a entender el auge de las ideas de estos partidos entre los votantes.

¿Quiénes son sus votantes?

Los partidos de extrema derecha se nutren de votos de la tradicional clase obrera, trabajadores poco cualificados que se sienten amenazados por la transición hacia una economía post-industrial, y que ven en la globalización y la apertura económica una amenaza para su calidad de vida: esta es una de las causas principales del triunfo del discurso anti-inmigración. Son votantes desencantados con el sistema, que sienten que los partidos tradicionales ya no responden a sus demandas, y que encuentran en partidos populistas soluciones sencillas y directas.

Se trata en muchas ocasiones de votantes que solían confiar en partidos tradicionales de izquierda, pero que han dejado de sentirse representados por los mismos. Volviendo a Alemania, nos encontramos con que el ascenso del AfD se ha producido en regiones como Manheim, donde las mayores pérdidas de votos han sido para el SPD (los socialistas). Algo similar encontramos en Francia, donde el Frente Nacional ha obtenido algunos de sus mejores resultados en la región de Nord-Pas-de-Calais/Piardie, tradicional bastión de la izquierda socialista y comunista.

Marine Le Pen, líder del partido populista de extrema derecha francés, el Frente Nacional [Global Panorama vía Flickr].
Marine Le Pen, líder del partido populista de extrema derecha francés, el Frente Nacional [Global Panorama vía Flickr].

Tradicionalmente, el apoyo a la extrema derecha se ha explicado en términos de frustración, achacando este fenómeno a la impotencia de aquellos que se sienten incapaces de comprender y de adaptarse a las nuevas características de la sociedad. Son los perdedores de la modernización, término acuñado por Betz en 1994, y base de numerosos análisis posteriores. Con este término, Betz se refiere a aquellos sectores de la sociedad que salen perdiendo de las transformaciones sociales y económicas de la misma. Esta corriente de análisis considera el populismo como una serie de valores extranjeros a los de la sociedad moderna, que se activan en situaciones extremas y casos de crisis, un escenario aplicable a la situación actual en Europa.

¿Son extremistas todos los votantes de la extrema derecha?

Es tentador, e intuitivo, pensar que quienes optan por este tipo de partidos lo hacen porque comparten el grueso de sus ideas: ¿por qué si no iban a votar por ellos? Sin embargo, los factores de dicha elección podrían ser mucho más diversos. Un primer elemento a tener en cuenta, es que los votantes desencantados con el sistema sienten que los partidos populistas se dirigen a ellos. En contraste con los partidos tradicionales, cuyos discursos han dejado de centrarse en las necesidades de ciertos sectores de la población, los populistas hacen de ellos el centro de sus mensajes, haciéndoles ver que sus problemas son los que importan.

Además, existen estudios sobre las motivaciones de los votantes de opciones populistas que ponen en entredicho nuestra primera intuición, al decirnos que quienes eligen este tipo de opciones suelen situarse en realidad más hacia el centro del espectro ideológico que los partidos a los que votan. En Europa, el aumento de apoyo hacia partidos de extrema derecha parece responder no tanto a razones ideológicas (por ejemplo, un análisis de los votantes del AfD nos muestra que estos vienen de procedencias ideológicas muy diversas) como a una pérdida de confianza en el sistema.

Reflexiones finales

Como respuesta al ascenso de la ultraderecha, la mayoría de partidos tradicionales en Europa han respondido con lo que se conoce como cordón sanitario. Se tacha a dichos partidos de extremistas, de defender ideas contrarias a la democracia y se niega cualquier posibilidad de pactar con ellos o de escuchar sus demandas. Es el caso de Francia, donde en las últimas elecciones regionales vimos al partido socialista retirarse de la segunda vuelta en aquellas regiones donde no tenían posibilidad de ganar, como estrategia para evitar la posibilidad de una victoria del Frente Nacional. En Suecia, los partidos del parlamento han adoptado una política de no cooperación con los Demócratas Suecos, aislándolos de la vida política.

Bandera de Alternativa para Alemania, el partido de ultraderecha en auge en el país germano [Metropolico.org vía Flickr].
Bandera de Alternativa para Alemania, el partido de ultraderecha en auge en el país germano [Metropolico.org vía Flickr].

Esta decisión de optar por un cordón sanitario es sin duda coherente con los valores de la mayoría de partidos europeos. Sin embargo, lleva implícita la perpetuación de los propios problemas que llevan a los votantes a elegir partidos populistas. Recapitulemos: nos encontramos en una situación en la que una serie de sectores de la sociedad se sienten dejados de lado por el sistema y sienten que los partidos tradicionales ya no responden a sus demandas. Motivados por esto, eligen opciones populistas que, como explicábamos más arriba, no siempre corresponden con la ideología de los votantes. Y como respuesta, se encuentran con que los mismos partidos que no responden a sus demandas establecen un cordón sanitario alrededor de la opción política que han escogido, diciéndoles que votan mal. Si bien la opción de no pactar con partidos extremistas tiene sentido, los partidos tradicionales deberían buscar el modo de volver a introducir a estos votantes y sus demandas en el sistema (más teniendo en cuenta que, como hemos explicado, estos votantes no son necesariamente tan extremistas como los partidos a los que votan). Cualquier alternativa que no pase por esta elección corre el riesgo de perpetuar el auge de las posiciones extremistas.

Esta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Ariane Aumaitre

Maastricht, Países Bajos. Soy graduada en Turismo y actualmente curso un máster en Estudios Europeos en el Colegio de Europa. Me interesan especialmente los temas relacionados con la igualdad de género, la integración europea y el ámbito de las políticas públicas. Email:[email protected]


One comment

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