03/04/2020 BARCELONA

Islas Spratly: una nueva fricción en el Sudeste Asiático
Vista aérea de una de las formaciones parte de las Islas Spratly [Fuente: Storm Crypt vía Flickr]

La disputa de las Islas Spratly, un archipiélago que disputan China, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei no es nueva. Pero la construcción de una nueva isla artificial por parte del gobierno de Beijing ha revitalizado un conflicto marítimo que parecía estancado, y que ahora puede poner en peligro la estabilidad de la región.

Además de estar sellado en numerosos protocolos y acuerdos internacionales, el espíritu a prevalecer en las relaciones entre los Estados del sistema internacional está destinado a buscar soluciones a las controversias y no a crearlas. Aquí observamos un caso que gira en torno a la segunda actitud, la iniciativa unilateral de China en las Islas Spratly que sólo alimenta a la ebullición de tensión y reactivación de una antigua controversia en la región del Sudeste Asiático.

A pesar de la perspectiva regional de considerar estabilidad para este 2015, hay nuevas señales que evidencian que las cosas no están en absoluta armonía. Recientemente, la editorial británica IHS Jane ha publicado fotografías de satélites que muestran a trabajadores chinos construyendo puertos y depósitos de almacenamiento de combustible, preparando lo que sería una “séptima isla artificial”, que se sumaría a las seis islas reales del archipiélago Spratly. Recordemos que autoridades de Beijing han admitido sus intenciones de recuperar tierras en muchos de los arrecifes de este archipiélago.

Lo que parecía ser un tímido proyecto que comenzaba años atrás, hoy ya es un hecho: la construcción de islas artificiales se desarrolla a paso firme, incluso, el avance está progresando más rápido de lo que se esperaba previamente.

Expertos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) han analizado detalladamente la situación, poniendo como ejemplo más representativo el caso de la zona Fiery Cruz de Coral de las Islas Spratly. Allí se puede observar, a través de imagen aérea, cómo han cambiado las cosas. Ante una primera imagen previa a estos movimientos chinos, el arrecife estaba bajo agua; hoy la situación es diferente, al menos unos 3.000 metros de largo se puede visualizar de isla artificial, una dimensión compatible para albergar una pista de aterrizaje, según lo informan analistas en el tema.

Estamos ante un nuevo antecedente de toma de decisiones unilaterales, sin consentimiento recíproco de las terceras partes, acciones que se han repetido en la diplomacia china y en el ejercicio de su política exterior proyectada a la región del Sudeste Asiático.

Cuestiones de Factor Geopolítico

Más allá del litigio sobre a quién le corresponde la soberanía real de estas islas en disputa, debemos tener presente el factor estratégico que las caracterizan debido a su proximidad y conexión con diferentes puntos geográficos en Asia Pacífico. La puja por predominar con presencia militar y civil no sólo se debe al intento por ganar derechos de soberanía sino, también, a proyectar poder haciendo provecho de la ubicación geográfica e, incluso, contener implícitamente aquellas potenciales amenazas existentes.

No podemos dejar de lado los recursos, ya que existe la posibilidad de que estas aguas inexploradas alberguen grandes reservas de petróleo y gas. De hecho, China anunciaba el año pasado el descubrimiento de una reserva de gas aún por explorar.

En resumen, Beijing busca capitalizar beneficios en materia geopolítica, ganando espacio territorial y tomando ventaja para consolidación de su poder. Cuando hablamos de expandir la esfera de poder de China, no podemos hacer caso omiso a las Islas Spratly, un archipiélago en disputa con Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei.

Sin consentimiento de las partes, Beijing esá intentando ampliar el alcance de su marina de guerra, enviando guardacostas y barcos pesqueros para ganar presencia. Lo mismo sucede son su fuerza aérea. Analistas internacionales creen que este emprendimiento le puede dar al gobierno chino el alcance necesario para crear y vigilar una importante zona de identificación de defensa aérea (ADIZ) sobre el Mar del Sur de China.

Las fotografías aéreas terminan por confirmar que se están utilizando estas islas para consolidar la presencia militar china. Esto se deduce de la pista de aterrizaje en Fiery Cruz y el ampliado Gaven Arrecife que tiene un helipuerto y una nueva torre antiaérea. Lo mismo con Hughes Coral, otra formación de tierra diminuta que ha crecido hasta convertirse en una isla artificial que ahora tiene dos muelles y una fábrica de cemento.

Presencia militar en las Islas Spratly [Foto: Spiridon Manoliu vía Wikipedia]

Hay que remarcar que se trata de islas en disputa pero China no ha sido el único país que ha colocado instalaciones militares. El resto de los estados que reclaman el archipiélago también lo han hecho, con la excepción de Brunei. Sin embargo, debemos resaltar que el barómetro de presencia militar china ha crecido de manera considerable en comparación al resto. Un aspecto que, sumado a estos últimos sucesos, pone en alerta constante a los vecinos de la región por la asimetría de poder que comienza a ser más evidente con el creciente poderío chino, lo que pone en duda el equilibrio de seguridad regional y sus implicaciones en el orden internacional.

El enfoque de China sobre las Islas Spratly

Recordemos que este episodio es solo el último de una serie de acciones emprendidas por el gigante asiático, categorizadas de violentas por parte de la comunidad internacional. En el 2012 se apoderó de la zona de Mar Scarborough Shoal después de un enfrentamiento de tres meses con los guardacostas filipinos. En 2014 se produjo la instalación de una plataforma petrolera en la zona económica exclusiva de Vietnam y próxima a las Islas Paracel.

El rol de “estado hegemónico regional” es asumido por el propio Ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, al decir que el proyecto de construcción se realiza “en la propia casa china” pese a que argumentó, también, que la postura de la diplomacia china no es construir un nuevo orden mundial ni alterar el equilibrio regional. Asimismo, se busca definir un “eje conceptual” diferente sobre las islas para evadir responsabilidades.

China sabe que no debe retener agua para que el Tribunal de la CONVEMAR no la sancione. Por ello considera que se trata de arrecifes que se expanden en una formación natural de islas y, por tanto, lleva adelante la construcción de masas de tierra con intención de convertirlas en habitables para así ganar espacio, soberanía y evitar demandas legales de ONU. Ante esta postura, la crítica argumenta que son una combinación de rocas y “elevaciones en bajo-mar”, por lo que ello conlleva a respetar derechos.

Este emprendimiento chino no tiene ningún sustento legal ni legitimo en el marco de la jurisprudencia internacional ya que no brinda elementos de representatividad para algún derecho de reclamo territorial. Sin embargo, más allá de lo que pueda sentenciar la ONU o el correspondiente Tribunal Internacional, China, con su creciente poderío militar regional, se mantiene firme en su postura haciendo valer el poder sobre el deber.

Si observamos la continuidad de algunas acciones de Beijing podemos sacar una conjetura política de poco apego al sometimiento de las normas internacionales y una actitud de irritar a sus vecinos. Sin embargo, por otro lado, es cierto que su prosperidad presente y futura dependerá de la capacidad de cooperar con los demás países regionales.

Estados vecinos buscan hacer valer su voz

Tras lo expresado, debemos preguntarnos qué consecuencia tendrá este último suceso para la propia región. Por el momento, la postura adoptada ha sido la de recurrir a la comunidad internacional y a los organismos competentes con sus respectivos Tribunales de Justicia buscando apoyo para una solución negociada.

Las voces oficiales del Departamento de Defensa de Filipinas y Malasia reafirmaron la importancia del acontecimiento, abogando por el mantenimiento de la paz, estabilidad, seguridad marítima, libertad de navegación y operaciones aéreas en el Mar Oriental. Por su parte, Filipinas parece llevar la bandera de liderazgo para hacer valer las críticas y ha repudiado la postura china. Ha sido la misma Filipinas que ya en el 2014 comenzaba a anticipar esta situación, acusando a China de construir una pista de aterrizaje en Johnson South Coral. Como vemos, no ha sido un proyecto espontáneo porque para el 2003 ya se visualizaban construcciones de masas de tierra en Mischief Reef.

Pero Vietnam también ejerce presión para frenar el avance chino. Hanoi ha rechazado estas actividades ilícitas de construcción en el archipiélago vietnamita Truong Sa pertenecientes a las Islas Spratly. La expansión ilegal de estructuras de rocas y movimiento de masas de tierra ha alterado el estatus quo de Truong Sa, por lo que no solo infringe la soberanía vietnamita sino también la Declaración de la Conducta de las Partes en el Mar del Este firmada por la propia China y ASEAN.

Efectos en la región y en espacio ASEAN

A estos efectos, esta última toma de decisiones de China, es indudable que atenta contra el espíritu de paz de la región, porque la vía jurídica ya no es garantía cuando el poder prevalece sobre el deber. Sin embargo, ASEAN será un actor clave para la construcción de la esta estabilidad y la paz regional a través de la integración y como mecanismo para  lograr un “ambiente de amistad”. Recordemos que en el 2002 se firmó con China la Declaración de ASEAN sobre la Conducta de las Partes en el Mar Oriental, estableciendo que las partes se abstengan de realizar actividades que aumenten las disputas capaz de afectar la paz y estabilidad de la región.

Jóvenes residentes vietnamitas de las Islas [Foto: Chaucha vía Wikipedia]

La cooperación entre los demandantes y los estados parte del bloque será primordial para sumar fuerza como unidad a fin de contrarrestar el avasallamiento chino. Malasia, Brunei, Filipinas y Vietnam deberían construir una estrategia global conjunta para resolver esta controversia, siendo una prioridad en sus respectivas diplomacias. Tanto Indonesia como Singapur deberían ser invitados a unirse en rol de observadores y mediadores para proyectar una estrategia conjunta con la finalidad de facilitar las relaciones presentes y futuras con China.

Una vez más observamos un “modus operandi” de Beijing que, a través de una transgresión de normas, puede impactar en el curso de las relaciones internacionales. Como lo fue el año pasado, la expectativa estará puesta en la vía diplomática y el oficio del diálogo, pero las tomas de decisiones nos develan que la “garantía de estabilidad” pareciera ser ciertamente frágil en el Sudeste Asiático.

Ésta en una explicación sin ánimo de lucro

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Vanina Soledad Fattori

Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Coordinadora de Contenido en "Equilibrium Global". Interés en política internacional, en seguridad internacional y paz. Lic. Relaciones Internacionales en Universidad del Salvador. Especialización en Derecho Internacional de los Conflictos Armados y Derecho Internacional Humanitario. Diplomado Defensa y Seguridad Internacional. Posgrado Periodismo en Investigación.



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