25/11/2020 BARCELONA

Hezbollah-Siria: más allá del conflicto sectario

Lo que muchos denominan conflictos sectarios no son más que unas guerras de intereses que muchos se afanan en dar forma de conflicto de identidades. Si bien es cierto que Hezbollah y el régimen de Assad procesan ambas religiones pertenecientes a las rama chií, no debemos olvidar que su unión se debe a algo que va más allá de la religión: la lucha por el poder.

Hezbollah, amigo de Assad

El pasado 30 de abril Sayed Hassan Nasrallah reveló lo que para muchos ya era un secreto a voces: los soldados de la milicia libanesa Hezbollah están luchando del lado del régimen sirio. En palabras del líder del Partido de Dios (significado de Hezbollah en árabe), “Siria tiene muchos amigos en la región que no permitirán que caiga en mano de Estados Unidos, Israel o grupos Taqfiri (extremistas yihadistas)”.  El jefe del movimiento de la resistencia, que se creó durante los años de le Guerra Civil libanesa en el sur para luchar contra la invasión israelí, ha declarado que “el eje de la resistencia” (Hezbollah-Irán-Siria), hará lo posible para que el régimen sirio no caiga. Pocas horas después del segundo discurso de Hassan Nasrallah, en conmemoración del 13 aniversario desde que las tropas israelíes dejaran el sur de Líbano, dos cohetes aterrizaban en el barrio mayoritariamente chií de Chiyah, al sur de Beirut. Tres otros atacaron la localidad de Hermel, en el valle de la Bekaa. Los libaneses no se asustaron: era de esperar.

La participación abierta de Hezbollah significa sin duda un punto de inflexión para el conflicto sirio. En primer lugar, muchos han considerado que el partido-milicia chií pierde legitimidad en su lucha con Israel y como movimiento de la resistencia. “El partido que hace 13 años prometió que no cruzaría la frontera sur con Israel, pues la liberación de Jerusalén correspondía a los palestinos, ha cruzado ahora la frontera norte con Siria para proteger el régimen de Assad”, proclama Robert Fisk, uno de los grandes expertos en política libanesa. Muchos libaneses acusan a Hezbollah de exponer el país al contagio del conflicto sectario, como ya se evidencia en los mortíferos enfrentamientos en la norteña ciudad de Trípoli entre groups pro- y anti- Assad.

En segundo lugar, el papel de Hezbollah en el conflicto también significa un punto de inflexión en el conflicto desde el punto de vista estratégico. El Partido de Dios puede considerarse una de las formaciones políticas que ha cosechado más éxitos en el mundo árabe. No sólo hizo que los chiíes libaneses pasaran de ser la comunidad más pobre y apartada de la vida política, a una de las comunidades más poderosas en Líbano, sino que obligó a las fuerzas israelíes a retirarse en el año 2000 del sur de Líbano, y ha sido hasta el momento la única fuerza que Israel no ha sido capaz de vencer, en la guerra de 2006.

Hezbollah se ha convertido en la “fuerza de resistencia” en la región contra Israel junto con Irán y Siria. Su fuerza militar y económica, sumda a la experiencia estratégica en enfrentamientos callejeros que le ha proporcionado su lucha durante más de 20 años contra las fuerzas israelíes, suponen una gran amenaza para los rebeldes sirios. De hecho, expertos consideran que las recientes victorias que se ha anotado el régimen sirio se deben precisamente a la participación activa de Hezbollah, que cuenta con una mayor experiencia en este tipo de batallas urbanas que el ejército sirio.

La batalla por Qusayr

Source: ISWTanto la oposición como el régimen de Assad se han volcado en la lucha por el control de Al-Qusayr, una ciudad a pocos kilómetros de la frontera norte de Líbano y a sólo 30 kilómetros de Homs y unos 100 kilómetros de Tartous, puerto del Mediterráneo. Ciudad estratégica en la ruta que conecta Irán con el valle de la Bekaa, feudo de Hezbollah, y que a su vez conecta Damasco con la salida al Mediterráneo. Además, se encuentra próximo a la región de Latakia en el norte de Siria, bastión de los alawíes de Assad, que algunos afirman que éste prepara como su refugio último y “estado alawí”, en el caso de que Damasco caiga.

Los rebeldes empezaron una batalla a principios de abril junto con el Frente islamista Al-Nursa por el control de esta ciudad. Esta fuerza de la oposición, por muchas considerada cercana a los yihadistas de Al Qaeda, se ha unido a los rebeldes en su batalla contra el régimen de Assad. “Los americanos nos dicen que no nos alineemos con los islamistas de al-Nursa, ¿pero por qué renunciar a un precioso aliado que nos proporciona tantas victorias?”.

Trípoli y el conflicto sectario

Dos barrios adyacentes en Trípoli, en el norte de Líbano, Bab al-Tabbaneh, mayoritariamente suní, y Jabal Mohsen, donde residen los alawíes de Líbano. La enemistad de estos dos barrios se remonta a los años 1980 en los que el padre del actual presidente sirio, Hafez al-Assad, se enfrentara con los islamistas suníes en Bab al-Tabbaneh y cultivara el enfrentamiento entre estos dos barrios. Al mismo tiempo que la batalla comenzó en Qusayr, los suníes y los alawíes empezaron a matarse entre ellos en Trípoli. El ejército libanés se ha desplegado en ambos barrios, pero ello no ha podido impedir que desde que empezaran los enfrentamientos, el pasado domingo 19 de mayo, 31  personas hayan muerto y 250 hayan resultado heridas, muchas de ellas a causa de ataques con armamento pesado.

Dos militares libaneses perdieron la vida este fin de semana en el conflicto. El ejército además juega el difícil papel de guardar el equilibrio entre las dos partes: no puede mostrarse más agresivo en un lado que en otro, porque pueden acusarle de complicidad con una de las partes. La clase política libanesa también se encuentra en punto muerto. Mientras todos los partidos acordaron en el comienzo de la crisis siria mantenerse neutros, es evidente que ninguna de las partes ha mantenido su palabra. No sólo Hezbollah está luchando del lado del régimen de Assad, sino que se han demostrado vínculos entre partidos suníes como el partido del difunto ex Primer Ministro Rafiq Hariri, el partido del Futuro (Mustaqbal), y los rebeldes sirios.

Más allá del conflicto sectario

Siria se encuentra cada vez más hundida en el centro de una guerra civil sectaria al puro estilo de las de Líbano, Irlanda del Norte o Iraq. La sociedad siria nunca fue homogénea, pero las divisiones amenazan cada vez más enfrentamientos entre las comunidades en razón de la religión. Lo que empezó como una protesta pacífica que pedía libertad y dignidad para toda la población siria, sin distinción, está abocada ya a una guerra sectaria en la que los alawíes piden que se bombardee con más dureza los barrios suníes, y los suníes piden venganza a los co-religionarios de Assad.

Lo que muchos denominan conflictos sectarios no son más que unas guerras de intereses que muchos se afanan en dar forma de conflicto de identidades. Las revueltas que en su día fueron pacíficas se han convertido en una lucha por el poder en la que millones de personas de todas las religiones se han visto envueltas. Si bien es cierto que Hezbollah y el régimen de Assad procesan ambas religiones pertenecientes a las rama chií, no debemos olvidar que su unión se debe a algo que va más allá de la religión: la lucha de intereses, por el poder. Hezbollah perdería con la caída del régimen sirio un aliado esencial para su supervivencia, y también su conexión con Irán, quien le provee de todas sus armas y financiación. Mientras tanto, se cultiva el odio por la religión opuesta, la sociedad se encuentra irreversiblemente más y más dividida, y 80.000 personas han perdido ya la vida en una guerra civil cuyo consenso está cada vez más lejos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


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