01/06/2020 BARCELONA

Túnez tras la revolución: la democracia como objetivo

De todas las posibles transiciones hacia la democracia, el escenario tunecino que parecía menos probable era el de la revolución desde abajo, un levantamiento popular lo suficientemente cohesionado y fuerte como para derrumbar a un régimen que en apariencia se suponía tan firme. Pero sucedió. Ahora queda la transición democrática.

El régimen autoritario de Ben Ali había logrado perpetuarse en el poder 23 años sin sufrir ningún levantamiento que pusiera realmente en peligro su supervivencia. De todas las posibles transiciones hacia la democracia, el escenario tunecino que parecía menos probable era el de la revolución desde abajo, un levantamiento popular lo suficientemente cohesionado y fuerte como para derrumbar a un régimen que en apariencia se suponía tan firme. Pero sucedió.

El hito que han conseguido los tunecinos no es para nada desdeñable y mucho tienen que agradecer otros países de la región que, contagiados de esos reclamos por la dignidad y la libertad, fueron haciendo suyas las propuestas. El 14 de enero Ben Ali se vio obligado a abandonar el país ante las presiones y éste exilio que él se creía temporal se ha convertido en el primer derrocamiento en la lista de la “primavera árabe”. El orgullo contagió a todos los tunecinos dentro y fuera del país. Han pasado de ser el pequeño país magrebí conocido por muy pocos al protagonista y precursor de un momento que marcará un antes y un después en la región y en el mundo entero. Pero, tras la revuelta llega la calma. Lo primero que tuvieron que afrontar los tunecinos una vez acabado el régimen de Ben Ali fue a los momentos de caos e incertidumbre, con incluso episodios de saqueo y violencia. Una vez superados, Túnez ha puesto rumbo hacia la democracia. Los tunecinos han empezado a tomar consciencia de que la revolución no trae por sí sola la democracia. La transición democrática requiere un mayor esfuerzo y hay que atravesar muchas etapas para alcanzar el objetivo de la democracia.

Túnez como modelo de reforma árabe

Cualquier analista u observador del mundo árabe ha podido apreciar cambios políticos y sociales en la región. La región ha ido avanzando muy lentamente en las reformas, pero lo que sí se ha podido constatar es que esta apertura y la concesión de libertados en los países árabes no ha sido sinónimo de democracia o transición democrática, al menos hasta el momento. Egipto era, por ejemplo, un país que podía enorgullecerse de ser uno de los pocos países en el mundo árabe con una prensa libre y no oficial, aunque ello no había se había traducido en un régimen democrático.

El mejor ejemplo sin embargo ha sido Túnez. Bourghiba consiguió que este país no fuera absorbido por Gadafi e instauró un estado moderno con influencias de los estados europeos, aunque no copió de ellos el sistema democrático como gobierno.

En este estado las mujeres han podido disfrutar de las mejores condiciones sociales y legales si las comparamos con el resto de mujeres árabes y incluso musulmanas. Túnez cuenta con una clase media próspera y bien educada, que ha sido una de las bases de estabilidad para el país. Por último, la liberalización económica propició uno de las mayores tasas de crecimiento en una economía que no cuenta con recursos minerales o petrolíferos. Este crecimiento, sin embargo, no se tradujo en una disminución de la desigualdades sociales.

Todos estos factores, al contrario de lo que se podría esperar, favoreció el fortalecimiento de un régimen autoritario, en su estructura interna y en los mecanismos para proponerse como único administrador válido de los asuntos públicos. Sin embargo, con la llegada de la crisis económica mundial, se acabó la prosperidad que enmascaraba toda esa estructura, y todas las injusticias y la corrupciónpor parte del régimen fue puesta en evidencia y contribuyó al hartazgo de los tunecinos.

La transición política: el “equilibrio incierto”

Durante una conferencia sobre las transiciones políticas en el mundo árabe oí que en las transiciones políticas lo único cierto es que no se sabe dónde se irá a parar, porque como tal es un proceso incierto. Los tunecinos posiblemente no saben a dónde van, pero lo que sí saben es dónde quieren ir. La libertad de decidir sobre sus propios futuros o incluso sobre la de sus gobernantes. Las libertades y derechos de los que ya están disfrutando… La transición política ya ha empezado y el próximo octubre tendrán la oportunidad de elegir a los gobernantes que redactarán una nueva constitución que posiblemente dará pie a la instauración de una democracia.

Ahora bien, a pesar de que los tunecinos han demostrado tener claro por qué han salido a la calle después de la autoinmolación del joven Mohammed Bouazizi, el camino se les ha tornado difícil. Las revueltas crearon expectativas muy altas que están siendo muy difíciles de cumplir y también lo serán para el próximo gobierno elegido. Los problemas económicos que ya sufría el país anteriormente se han agravado por una pérdida de las inversiones exteriores, del comercio y del turismo. Las calles tunecinas parecen ir cobrando poco a poco la normalidad, pero aún falta para que se comience a crear el empleo que sea capaz de reducir el paro juvenil por el que muchos jóvenes se echaron a la calle. Es más, la zona del centro-oeste del país, donde comenzaron los levantamientos y la más desfavorecida económicamente, un reto que será difícil de afrontar.

Con la revolución se consiguió derrocar a Ben Ali, pero la estructura del régimen dictatorial será necesaria desarticularla poco a poco. Las transiciones son largas y en muchos casos muchos aspectos quedan por acabar y necesitan ser revisados, como en el caso de la transición española. No siempre es fácil canalizar todo el ímpetu y entusiasmo que ha generado la revolución en un movimiento constructivo, que vaya más allá de las necesidades y exigencias inmediatas y que se centre en construir un proyecto lo más inclusivo, estable y duradero posible, igual que no es fácil cumplir todas esas expectativas e inquietudes sociales y políticas. En épocas de transición es necesario cerrar un capítulo para pasar al siguiente y la mejor manera de llevar a cabo dicha ruptura es a través de la constitución de un sistema legal y judicial que sea lo suficientemente fuerte para que se encargue de juzgar a los culpables, como ha sido el caso del juicio que se iniciará el próximo 20 de junio contra el ex Presidente Ben Ali en Túnez.

El panorama de Túnez es el más favorable de toda la región: clase media mayoritaria entre la población; buena educación; amplios derechos para las mujeres en comparación con otros países de la zona; sectores económicos prósperos; homogeneidad de la población, y una posiciónn geopolítica que le mantiene al margen de los conflictos de la zona.

Todos los ojos están puestos en este país del Norte del África, tanto por parte de sus vecinos que están llevando a cabo ellos mismo sus propias revueltas y que ven a Túnez como “guía” de la primavera árabe, como de todos los países del resto del mundo que esperan que de verdad ésta se convierta en una ola democrática.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro

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Ana Almuedo

Sevilla, España. Mediterránea por elección, española de nacionalidad y libanesa por residencia. Llevo trabajando en temas sobre Oriente Medio, resolución de conflictos y derechos humanos desde 2010. Actualmente vivo en Beirut, Líbano, y escribo mi doctorado para la Universidad de Exeter en Reino Unido, sobre la transformación del conflicto y los movimientos sociales en Líbano. Sígueme en @anaalmuedo


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