02/12/2020 BARCELONA

¿Ha roto Marruecos con su pasado más oscuro?

El vecino Reino de Marruecos ha emprendido recientemente una ambiciosa reforma constitucional encaminada a la democratización y apertura del sistema político. Pero: ¿cuál es el verdadero compromiso de Mohamed VI con la democracia y los derechos humanos? ¿Se corresponde su discurso con los hechos?

Marruecos: pasado y presente

Desde que sucedió a Hassan II en 1999, el rey Mohamed VI ha pretendido marcar distancia con el estilo autoritario y las graves violaciones de derechos humanos que caracterizaron el reinado de su padre, presentándose como un modernizador y un defensor de los derechos humanos y la democracia. Del mismo modo, su reciente proyecto de reforma constitucional pretende reafirmar su compromiso con la democracia y su voluntad de ruptura con el pasado represor del país.

Pero a pesar de esta voluntad de ruptura, en el Marruecos de hoy persisten gravísimas violaciones del derecho internacional de los derechos humanos. La detención ilegal y la desaparición forzada durante días o incluso semanas sigue siendo una práctica habitual, según denuncian varias organizaciones[i]. Estas prácticas suelen estar asociadas al uso de la tortura, una de las violaciones más graves de derechos humanos que existen.

Estas acusaciones ponen en cuestión la reforma constitucional del rey y su alcance. ¿Ha roto realmente Marruecos con su pasado más oscuro?

 El reinado de Hassan II (1961-1999)

Hassan II gobernó con mano dura durante 38 años (1961-1999). Durante estas casi cuatro décadas, el rey Hassan llevó a cabo una crudelísima represión de la oposición política, sobre todo durante el periodo denominado “los años de plomo” (1970-1990). Durante estos años abundaron en el país las desapariciones forzadas, las torturas y los asesinatos políticos.

Los opositores políticos fueron las principales víctimas de la represión. Al igual que en las dictaduras de Chile o Argentina, las fuerzas del orden secuestraban a los opositores y los conducían a centros de detención secretos, desconocidos por parte de la población. Muchos de ellos no salían nunca de estos centros y otros permanecían años encerrados en penosas condiciones y sometidos a toda clase de abusos, sin que sus familiares conociesen su paradero.

Entre los  diferentes centros de detención clandestinos, el más temido y legendario es el de la prisión Tazmamart, en las montañas del Alto Atlas, dónde se torturaron y ejecutaron a miles de prisioneros[ii].

La Convención Internacional de la Tortura de 1984 define “tortura” como “todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”

Luces y sombras del reinado de Mohamed VI

Tras su llegada al poder tras la muerte de su padre en 1999, Mohamed VI manifestó su voluntad de romper con el pasado represor del país y emprendió algunas medidas para mostrar su compromiso con los derechos humanos. La medida principal fue establecer una “Comisión de Equidad y Reconciliación”, destinada a investigar los casos de asesinatos y desapariciones forzadas[iii] cometidas desde 1956.

Algunos avances recientes en materia de derechos humanos:

  • En marzo de 2011 se reformó el Consejo Nacional de los Derechos Humanos,que perdió su carácter puramente consultivo, y se nombró un nuevo el actual secretario general, Mohamed Sebbar, un conocido militante izquierdista que fue encarcelado durante el reinado de Hassán II.

Pero el compromiso con los derechos humanos asumido por Mohamed VI tras su llegada al poder se diluyó rápidamente. Después de los atentados suicidas de Casablanca en 2003, perpetrados por islamistas radicales y en los que murieron 33 personas, Marruecos comenzó una ofensiva contra el islamismo.

En los meses siguientes a los atentados entre 2.000 y 5.000 presuntos islamistas fueron detenidos, muchas veces de modo ilegal y sin las debidas garantías, según la Federación Internacional de los Derechos Humanos[iv]. Además, las detenciones se produjeron también entre las filas de los islamistas moderados, como los miembros de la organización pacífica Justicia y Espiritualidad (Al Adlwal Ihsan).

El centro de detención de Temara: ¿Un nuevo Tazmamart?

 En un informe junio de 2004, Amnistía Internacional denunciaba la existencia de un centro de detención  en Temara, dependiente de la Dirección de Vigilancia del Territorio y situado a unos 15 km de la capital, Rabat. Este informe denunciaba que decenas de personas habían presuntamente sufrido tortura o malos tratos mientras permanecían allí. La detención en el centro de las presuntas víctimas de tortura se mantenía en secreto, a veces durante meses.

El caso de los siete detenidos de  Fez:

 El pasado 28 junio de 2010, siete miembros de la organización islamista moderada Justicia y Espiritualidad (Al Adlwal Ihsan) fueron detenidos en la ciudad de Fez por fuerzas del orden sin identificar. Los agentes irrumpieron en sus casas a las cuatro y media de la mañana y los llevaron a un centro de detención secreto (muy probablemente Temara, según sus propios testimonios) dónde permanecieron tres días.

Durante este periodo de tiempo, los siete fueron torturados y cinco de ellos violados. Los agentes utilizaron los torturas tanto físicas – descargas eléctricas en los genitales, obligar a la víctima a tragar agua sucia, golpes con palos en las plantas de los pies -como psicológicas –amenazas de muerte y de agredir a sus familiares (como violar a sus mujeres)-[v]. Los siete denunciaron posteriormente que los obligaron a firmar declaraciones que nos les permitieron leer previamente, amenazándolos con arrojarlos por una ventana si no las firmaban.

Varios meses después, los acusados fueron declarados inocentes. Acto seguido, han presentado denuncias por las torturas sufridas, pidiendo al Estado la investigación de los hechos. Actualmente, el gobierno marroquí no ha respondido todavía a sus denuncias y seis de ellos siguen apartados de sus puestos de trabajo.

Cinco años después, las denuncias de tortura cometidas en el centro de Temara continúan. Amnistía Internacional ha documentado en 2011 decenas de casos de personas recluidas en el centro de forma secreta y no reconocida que han sido sometidas a tortura u otros malos tratos[vi]. Durante el último año, al acoso de presuntos islamistas se ha sumado el acoso de los manifestantes del “20 de febrero”, fecha que simboliza el principio de las manifestaciones inspiradas en la primavera árabe y que da nombre al movimiento que las protagoniza.

 La primavera árabe y la reforma de la Constitución

 En la última década, el rey Mohamed VI ha tomado varias medidas encaminadas a dar justicia a las víctimas de la represión llevada a cabo durante el reinado de su padre y a mejorar la situación de los derechos humanos en el país. Igualmente, ha presentado recientemente una reforma de las Constitución, la cual introduce ciertos elementos democratizadores, así como una referencia específica a los derechos humanos.

 No obstante, la persistencia de prácticas como la tortura y la desaparición forzada desacreditan estas medidas y ponen en cuestión el alcance de la reforma constitucional. En los últimos años hemos visto como el compromiso verbal con los derechos humanos del monarca marroquí ha coexistido con un extendido uso de la tortura, práctica absolutamente prohibida por el Derecho internacional. Además, la violencia del Estado se dirige principalmente contra los opositores al régimen, lo que pone en cuestión el compromiso de Mohamed VI con el pluralismo político en el país.

 Decía Winston Churchill que “la democracia es un sistema político en el que si alguien llama a tu puerta a las cinco de la mañana piensas que es el lechero”. Se refería  muy probablemente el político inglés a la centralidad que tiene en cualquier sistema democrático el estado de derecho y la posibilidad de disensión política con el régimen vigente. Por tanto, un bueno modo de testar el compromiso del monarca marroquí con la democracia sería ver si investiga y pone fin a las desapariciones forzadas y los casos de tortura que se han denunciado. Quizás así los marroquís podrán al fin dormir tranquilos.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro


[i]Amnesty International, Alliance for Dignity and Freedom, Human Rights Watch y la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, entre otras.
[ii]Según la Comisión de Equidad y Reconciliación, más de 10.000 personas fueron asesinadas, torturadas o detenidas ilegalmente por parte del régimen.
[iii] Según la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, se considera “desaparición forzada” el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”.
[iv]Organización Marroquí por los Derechos Humanos y la Federación Internacionalpor los Derechos Humanos, “Observations and Recommendations on the Report by the Moroccan Government in pursuance of the Convention against Torture and Other Cruel, Inhuman or Degrading Treatment or Punishment”, Octubre 2003, p. 12
[v] Declaraciones obtenidas por una entrevista realizada a los siete detenidos el 16 de junio de 2011 en la ciudad de Fez, Marruecos. La entrevista fue llevada a cabo por Ana G. Juanatey, junto con Lluís Juan y Romeral Ortiz.
[vi]Marruecos: Las denuncias de tortura deben ser investigadas”, Amnistía Internacional,17 de junio de 2011.

 

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Ana G. Juanatey

Después de estudiar Ciencias Políticas y especializarme en Relaciones Internacionales, me mudé desde Galicia a Barcelona donde vivo desde hace 7 años. Actualmente escribo mi tesis sobre el derecho a la alimentación y trabajo en el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales. Mis áreas de interés principales son los derechos humanos como herramienta emancipadora, la seguridad alimentaria y los procesos de democratización. No obstante -dispersa por naturaleza- me apasionan temas tan variopintos como las novelas de espías, las series de TV, los juegos de mesa, la cocina y los documentales.


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