15/11/2019 BARCELONA

¿Cómo toman decisiones los gobiernos? La entrada de Turquía en la guerra contra el ISIS y la teoría de la elección racional

Guerrilleros de las milicias del Kurdistán Sirio [Foto: Kurdishstruggle vía Flickr].
Turquía se ha unido finalmente a la lucha contra el ISIS pero ¿es realmente ese el propósito del gobierno de Erdogan?, ¿por qué ha esperado tanto a iniciar estos ataques? Desde la CIA hasta la OTAN pasando por cualquier gobierno del mundo, la teoría de la elección racional explica el comportamiento calculado de estos actores.


Muchas personas tienden a pensar de sí mismas que toman decisiones de forma meditada, valorando los pros y los contras de un abanico de opciones hasta llegar a escoger la mejor opción. Pero ¿esto es siempre así?

La toma de decisiones es un tema que ha sido altamente estudiado por los académicos: ¿son racionales las personas?, ¿tomamos decisiones intuitiva o racionalmente?, ¿nuestras decisiones están condicionadas por el entorno?, ¿somos sensibles a estímulos emocionales que nos impiden escoger de forma óptima? La teoría de la elección racional es un marco diseñado para entender este proceso de toma de decisiones; una teoría creada para entender el comportamiento social, político y económico de las personas.

La elección racional parte de la base de que los individuos siempre quieren maximizar su utilidad/beneficio y reducir sus costes/riesgos. De tal manera, el individuo tiende a optimizar sus condiciones en competencia con el resto de personas, asumiendo que éstas se comportan en el sistema social y político igual que los agentes en el mercado.

Para entender esta teoría de forma breve, es necesario saber que la unidad de análisis son siempre actores individuales y que siempre se asume que 1) Los individuos son egoístas, 2) Disponen de capacidad para ser racionales, 3) De tiempo para tomar decisiones, y 4) De independencia emocional.

Bajo estas condiciones toda persona tomará una decisión racional, calculando la utilidad esperada por el resultado de cada una de sus acciones y la probabilidad de éxito de las mismas. Sin embargo, es difícil que se den el 100% de estas condiciones, hecho que ha sido utilizado como crítica a esta teoría durante años.

No obstante, si analizamos un partido político o un gobierno es más fácil encontrarnos ante estas condiciones y suponer que estos actores actúan para conseguir unos objetivos que maximicen sus propios beneficios. Por ello, la ciencia política ha utilizado mucho esta teoría para explicar el comportamiento de dichos actores. Vamos a ver un ejemplo.

¿Cuándo un país debe ir a la guerra?

En repetidas ocasiones se ha acusado al gobierno de Estados Unidos de dirigir sus acciones bélicas en base al asesoramiento de agencias de seguridad como la NSA o la CIA, que utilizan un marco de completa racionalidad obviando cualquier otra consideración. Razón por la cual esta teoría ayuda a explicar el comportamiento del país en materia de política exterior.

Imaginemos la siguiente situación en que un analista de la CIA estudia la utilidad de que Estados Unidos entre en guerra con distintos países:

– Si entramos en guerra con el país A, la probabilidad de ganar es del 60% (0’60) y la utilidad/beneficio de la victoria es de 5000 puntos. Mientras que la probabilidad de perder es del 40% (0’40) y la utilidad de perder es de -5000 puntos. Entonces aplicamos la siguiente fórmula:

(0’60 * 5000) + (0’40 * -5000) = 3000 – 2000 = 1000 puntos

– Si entramos en guerra con el país B, la situación es:

(0’45 * 5000) + (0’55 * -5000) = -500 puntos

– Y si entramos en guerra con el país C, la situación es:

(0’60 * 10000) + (0’40 * -2000) = 5200 puntos

Por tanto, el analista de la CIA, después de haber calculado la probabilidad de obtener la victoria o la derrota en caso de que Estados Unidos atacara los países A, B y C, y después de calcular el beneficio y el coste de las victorias y las derrotas, habrá llegado a la conclusión de que jamás debe atacarse al país B y que, si debe hacerse la guerra, es mucho más beneficioso atacar al país C que al país A.

El presidente de EUA, Barack Obama, junto a miembros de su gabinete y mandos militares y de inteligencia presenciando la operación que acabó con Osama bin Laden [Foto: Goodvac vía WikimediaCommons].
El presidente de EUA, Barack Obama, junto a miembros de su gabinete y mandos militares y de inteligencia presenciando la operación que acabó con Osama bin Laden [Foto: Goodvac vía WikimediaCommons].

En algunos casos, los puntos que se otorgan a las victorias pueden ser beneficios geoestratégicos (como controlar una zona del planeta antes de que la controle otra gran potencia), económicos (controlar pozos de petróleo o yacimientos de gas) o políticos (dar el poder a un gobierno afín o ganar apoyo social en el propio país) y los costes pueden ser humanos (las vidas de los soldados), económicos (el coste mismo de atacar otro país: despliegue de tropas, combustible, municiones, etc.) o políticos (la muestra de debilidad a nivel nacional e internacional que supone el perder una guerra). Mientras que las probabilidades de ganar o perder pueden tener que ver con la geografía del país atacado, la modernidad armamentística de su ejército, su cantidad de armas pesadas, etc.

Evidentemente, este tipo de beneficios y costes y el valor de los mismos son sólo ejemplos ya que cada país y cada gobierno decide qué cosas son beneficiosas o costosas para él y el valor que otorga a cada beneficio y cada coste. Sin embargo, los beneficios y costes puestos como ejemplo serían aceptados como tales por casi todos los gobiernos/estados del planeta.

Además, teniendo en cuenta este ejemplo, hay que  resaltar que 1) El cálculo racional no sólo sirve para decidir cuándo y contra quién iniciar una guerra, sino que sirve para cualquier tipo de política que decida impulsar un gobierno; 2) Los gobiernos tienden a negar que su política exterior se realiza a través de cálculos racionales –y más en el caso de un conflicto armado ya que si se sabe que estos conflictos se inician en base a cálculos coste-beneficio, la imagen del gobierno se debilita y el ataque armado pierde legitimidad–; 3) El gobierno norteamericano no es el único, ni mucho menos, en utilizar este procedimiento para la toma de decisiones, simplemente ha servido como ejemplo paradigmático.

¿Por qué Turquía ha atacado finalmente al ISIS? La respuesta racional de Erdogan

El día 20 de julio de 2015, el denominado Estado Islámico (ISIS en adelante) realizó un atentado en la ciudad turca de Suruç, matando a más de 30 personas. Ante estos hechos, el presidente Erdogan respondió uniéndose a los países que luchan contra el grupo terrorista, realizando ataques aéreos y ofreciendo las bases militares del país para que operen las fuerzas norteamericanas.

Pero, ¿realmente fue el ataque del ISIS lo que motivó la entrada de Turquía en la guerra contra el grupo terrorista? Vamos a analizarlo.

Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, con el presidente de Rusia, Vladimir Putin en junio de 2015 [Foto: Барвенковский vía WikimediaCommons].
Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía, con el presidente de Rusia, Vladimir Putin en junio de 2015 [Foto: Барвенковский vía WikimediaCommons].

La racionalidad del gobierno de Erdogan empieza en el momento en que decide mantener una actitud pasiva ante la situación en Siria e Irak. Teniendo en cuenta lo sucedido en el caso de Kobane –en el que se cerraron las fronteras para evitar la entrada de refugiados kurdos en Turquía y la salida de guerrilleros hacia Siria para ayudar a defender la ciudad– y las repetidas declaraciones del gobierno instando a priorizar la lucha contra el régimen de Assad en Siria, incluso podría interpretarse que Turquía mantenía una actitud que ayudaba al ISIS.

Así, para iniciar el proceso lógico hay que preguntarse: ¿Por qué Turquía no inició sus ataques contra dicho grupo, sabiendo que se estaba expandiendo tan cerca de sus fronteras?

El surgimiento y avance del ISIS en Siria e Irak abrió un nuevo panorama geoestratégico en Oriente Medio. Observando esta situación desde el punto de vista turco vemos que el grupo terrorista ha provocado tres cambios relevantes:

A) El equilibrio de poderes (chií – suní) ha cambiado. Los estados de Siria e Irak (con gobiernos pro-chiíes que, en el caso sirio, se vinculan a Hezbollah e Irán) han perdido la capacidad para controlar su territorio, mientras que los grupos suníes se hacen con el control.

B) Diversos pozos de petróleo que antes estaban en manos de estos estados, ahora están controlados por las milicias en combate.

C) La guerra en estos dos países ha provocado cambios en la situación de los kurdos.

Ahora bien, ante este panorama, ¿qué situaciones tienen mayor utilidad para Turquía?

A1) La consolidación de grupos pro-suníes en Siria e Irak en detrimento de los gobiernos pro-chiíes.

B1) La obtención de beneficios del petróleo en manos de las milicias, absorbiendo el mercado del crudo que antes pertenecía a los otros dos estados.

C1) La disminución del poder de los grupos políticos y guerrilleros kurdos regionales.

Dado que Turquía, aunque alineada con los países con mayoría suní y gobernada por un partido islamista, es un Estado formalmente laico y que su principal problema interno es la lucha (con más de 45.000 muertos entre 1984 y 2010) contra los guerrilleros independentistas del Kurdistán (representados políticamente por el PKK), vamos a otorgar un valor a cada factor en función de las preferencias que se le suponen al gobierno turco. Por ejemplo, supondremos que: A1= 1000, B1= 1500, y C1= 3000.

Así, el orden de preferencias del gobierno turco de Erdogan según la utilidad de cada factor será: C1 > B1 > A1

  • Al factor C1 (referente a la Utilidad que el gobierno turco obtiene de la disminución del poder de los kurdos) lo representamos como: UK= 3000.
  • Al factor B1 (referente a la Utilidad de obtener beneficios del petróleo en manos de las milicias) lo representamos como: UP = 1500.
  • Al factor A1 (referente a la Utilidad de reducir la influencia chií en la región) lo representamos como: UC = 1000.

Para completar la fórmula que nos llevará a una decisión racional hay que plasmar las probabilidades de obtener cada uno de los factores y las dos posibles acciones del gobierno de Erdogan, o sea atacar o no atacar al ISIS:

  • p = probabilidad de obtener el beneficio de cada factor.
  • 1 – p = probabilidad de no obtener el beneficio de cada factor.
  • UNA = Utilidad de No Atacar al ISIS.
  • UA = Utilidad de Atacar al ISIS.

Finalmente, ya podemos extraer la fórmula, teniendo en cuenta que será la misma para UNA que para UA. Ésta es la siguiente:

UNA = [p * UC + (1-p) * -UC] + [p * UP + (1-p) * -UP] + [p * UK + (1-p) * -UK]

Una vez tenemos la fórmula y los valores para cada uno de los factores en consideración, nos falta establecer las probabilidades de obtener el beneficio de cada uno de ellos. Dado que esto es un ejemplo y que realmente no podemos conocer al 100% todas las variables a tener en cuenta, una vez más supondremos los valores que el gobierno turco había otorgado a cada probabilidad hace unos meses, antes de unirse a los ataques contra el ISIS.

En primer lugar, hay que considerar que el área donde imperan las milicias (es decir, el territorio que no está bajo control de los estados) se encuentra en el centro-norte de ambos países, considerando Siria e Irak como un todo. Así pues, el petróleo que ha caído en manos de los grupos en combate no puede moverse hacia Irán, Líbano, Arabia Saudí, Kuwait, Jordania e Israel. La única frontera que tienen estos grupos que no sea con los propios estados que están ocupando (Siria e Irak), es la frontera con Turquía. Así, supondremos que el petróleo debe moverse hacia ahí, tal y como apuntan varios medios de comunicación.

Mapa de Siria e Irak que muestra, aproximadamente, las zonas controladas por cada una de las facciones en combate en julio de 2014. En amarillo se muestran los territorios bajo control kurdo (la situación altamente volátil hace que este mapa este sujeto a cambios constantes). [Foto: BlueHypercane761 vía WikimediaCommons].
Mapa de Siria e Irak que muestra, aproximadamente, las zonas controladas por cada una de las facciones en combate en julio de 2014. En amarillo se muestran los territorios bajo control kurdo (la situación altamente volátil hace que este mapa este sujeto a cambios constantes). [Foto: BlueHypercane761 vía WikimediaCommons].

Por otra parte, si bien los gobiernos pro-chiíes de ambos países se han visto muy debilitados, no se ha producido su derrocamiento. Y aunque los grupos pro-suníes se han afianzado, su expansión se ha estancado y es difícil prever si se consolidarán en el territorio o no.

Por último, el avance del ISIS ha provocado graves pérdidas humanas y territoriales en el Kurdistán sirio e iraquí y, aunque los guerrilleros kurdos están presentando una gran resistencia armada, parece ser que el avance del grupo terrorista pasa por derrotar a la resistencia kurda en ambos países. Algo que puede suceder si no aumenta la implicación internacional en la lucha contra el ISIS.

Con esta situación en mente, se puede plantear que las probabilidades de obtener beneficios del petróleo son del 80% (0’8) y, por tanto, las probabilidades de no obtenerlos son del 20% (1 – p = 1 – 0’8 = 0’2). Mientras que en los otros dos factores el panorama no es tan claro, si bien es favorable a los intereses turcos. Así que otorgaremos una probabilidad de obtener el beneficio del 60% (0’6) a la reducción de la influencia chií en la región y a la disminución del poder de los kurdos.

Teniendo todos los datos, vamos a aplicar la fórmula para ver la Utilidad de No Atacar y la Utilidad de Atacar al ISIS:

UNA = [0’6 * 1000 + (1 – 0’6) * -1000] + [0’8 * 1500 + (1 – 0’8) * -1500]

+ [0’6 * 3000 + (1 – 0’6) * -3000] =

[600 – 400] + [1200 – 300] + [1800 – 1200] = 200 + 900 + 600 = 1700 puntos.

De momento, podemos observar que el gobierno turco tiene una Utilidad de 1700 puntos por el hecho de no atacar al ISIS. Vamos a ver ahora cuál es la Utilidad de atacarlo, teniendo en cuenta que este hecho también afecta a las probabilidades de cada factor.

Por ejemplo, supondremos que estos ataques ayudarían más a mantener el status quo (es decir, el nivel de influencia chií en el territorio a través del afianzamiento de los gobiernos sirio e iraquí y la resistencia kurda regional) de lo que la presencia del ISIS lo cuestiona. Esto se debe a que los ataques armados de un Estado como el turco siempre se pueden prever más efectivos que los ataques que pueda realizar una milicia o un grupo terrorista.

Sin embargo, dado que las fronteras permanecen invariables, las probabilidades de que Turquía maneje el mercado del petróleo del territorio bajo control de las milicias siguen siendo las mismas tanto si ataca como si no, porque tanto el ISIS como otros grupos seguirán siendo incapaces de mover el crudo hacia otros países. Y ante la decisión de venderlo o mantenerlo parado, decidirán venderlo.

Por tanto, mientras que las probabilidades del factor UP se mantienen invariables, esta vez supondremos que los ataques reducirían las probabilidades de obtener UC y UK a un 30%. De esta manera, la fórmula resultante sobre la Utilidad de Atacar al ISIS es la siguiente:

UA = [0’3 * 1000 + (1 – 0’3) * -1000] + [0’8 * 1500 + (1 – 0’8) * -1500]

+ [0’3 * 3000 + (1 – 0’3) * -3000] =  – 700 puntos.

Es así como, mediante la aplicación del cálculo racional, vemos que la utilidad que obtiene Turquía al no atacar al ISIS es de 1700 puntos, mientras que el beneficio de atacarlo es negativo, con – 700 puntos. O lo que es lo mismo UNA > UA. De esta manera se explica la pasividad del gobierno de Erdogan ante la expansión del ISIS.

Sin embargo, esta es la situación que se vivía hace unos meses y no debemos perder de vista la cuestión principal: ¿fue realmente el ataque del ISIS en territorio turco lo que motivó la entrada de este país en la guerra contra el grupo terrorista? Expresado de otra manera:

¿Por qué Turquía ha abandonado su política de pasividad y se ha unido a la lucha contra el ISIS?

Igual que antes, para averiguar la razón por la cual el gobierno turco actúa de una manera y no de otra hay que esclarecer por qué ahora es más beneficioso atacar que no atacar. Si hasta ahora el panorama geoestratégico “obligaba” a Turquía a no involucrarse en la guerra contra el ISIS para obtener un mayor beneficio y esta postura ha cambiado, significa que algo en este panorama también ha cambiado.

Bombarderos F-15E Strike Eagles de la fuerza aérea norteamericana sobrevolando el norte de Irak después de realizar ataques aéreos en Siria [Foto U.S Department of Defense vía Flickr].
Bombarderos F-15E Strike Eagles de la fuerza aérea norteamericana sobrevolando el norte de Irak después de realizar ataques aéreos en Siria [Foto U.S Department of Defense vía Flickr].

Desde el mes de mayo de este año, las milicias kurdas de siria han demostrado que el ISIS no es un agente invencible a pesar de sus múltiples victorias y la rapidez de su expansión por el territorio. Después de una de las batallas más cruentas de esta guerra, las fuerzas kurdas han conseguido defender la ciudad de Kobane y no sólo eso, sino que su rápida contraofensiva apoyada por los bombardeos estadounidenses ha hecho que las fuerzas yihadistas se vean obligadas a retirarse prácticamente hasta su bastión en la ciudad siria de Raqqa.

Por otra parte, las victorias kurdas en Tal Abyad han puesto sobre la mesa un panorama altamente temido por el gobierno turco: la unión de los frentes este y oeste de las milicias kurdas de Siria, permitiendo la unión de las fuerzas del Kurdistán Sirio a lo largo de la frontera con Turquía. Además, esta unificación del territorio kurdo en Siria se complementa con el debilitamiento del gobierno iraquí. Cuánto más débil es este gobierno, más pierde el control sobre el Kurdistán Iraquí, territorio que jamás había gozado de tanta independencia y que está comunicado con el Kurdistán Sirio, que se extiende  por casi toda la frontera turca.

En definitiva, las victorias kurdas y la desestabilización en Irak han provocado la unificación de la región kurda en Siria, el mayor grado de independencia de la historia del Kurdistán Iraquí, la plena comunicación entre ambos territorios y el surgimiento de un amplio territorio kurdo, militarizado y autogobernado en la frontera con el Kurdistán Turco; hecho que aumenta la fuerza política, militar y moral del PKK en Turquía y que hace temer a su gobierno la posibilidad de un Kurdistán unificado.

Por tanto, el escenario geoestratégico inicial ha cambiado: Los ataques y expansión del ISIS ya no son un factor debilitador del poder kurdo sino que han propiciado una situación en la cual los kurdos han reforzado su presencia y poder en la región.

De esta manera UNA y UA han cambiado, ya que no atacar al ISIS significa arriesgarse al asentamiento y expansión de las fuerzas kurdas y atacarlo puede servir para frenar una situación de la que los kurdos están sacando beneficio. Además, iniciar ataques aéreos contra el grupo yihadista puede utilizarse como excusa para bombardear posiciones de otros grupos considerados terroristas por parte del gobierno turco, como el PKK.

Así, si se aprovecha una campaña contra el ISIS para atacar directamente a las milicias kurdas, supondremos que los valores de UNA y UA serán los siguientes:

UNA = [0’6 * 1000 + (1 – 0’6) * -1000] + [0’8 * 1500 + (1 – 0’8) * -1500]

+ [0’2 * 3000 + (1 – 0’2) * -5000] =

[600 – 400] + [1200 – 300] + [600 – 4000] = 200 + 900 – 3400 =  – 2300 puntos.

Como se puede observar, vamos a pensar que el valor y las probabilidades de UP y UC se mantienen invariables aunque se dé esta nueva situación, mientras que UK sufre diversas variaciones. Por una parte, el valor de que se reduzca el poder kurdo en la región es estable pero las probabilidades de que eso suceda se han reducido hasta un 20% mientras que, por otro lado, las probabilidades de no obtener este beneficio aumentan hasta un 80%. Además, el “valor negativo” aumenta hasta 5000 puntos porque el hecho de que el ISIS (u otros grupos) no consigan reducir la influencia kurda no significa que se mantenga el status quo previo a la guerra sino que, tal y como se ha visto, se traduce automáticamente en un aumento del poder regional de los kurdos.

Guerrillero de las milicias del PKK, Kurdistán Turco [Foto: Kurdishstruggle vía Flickr].
Guerrillero de las milicias del PKK, Kurdistán Turco [Foto: Kurdishstruggle vía Flickr].

En cambio, como vemos a continuación en la fórmula sobre la utilidad de atacar, los valores referentes al factor chií y al factor del petróleo siguen estables respecto a la misma fórmula aplicada antes de las victorias kurdas, mientras que ahora el valor de UK ha aumentado a 5000 puntos tanto para la probabilidad de obtener la utilidad esperada como para la probabilidad de no obtenerla. Esto es así porque el hecho de que el gobierno turco decida atacar ya no representa disminuir o no las opciones de mermar el poder kurdo sino que se traducirá en atacar directamente posiciones kurdas para intentar detener una situación que está aumentando su poder.

Expresado de otra manera, el valor de frenar un avance del poder de los kurdos es mayor que el valor de mermar su poder respecto de la situación inicial, o sea antes de la guerra en Siria e Irak. Por tanto, la fórmula final es la siguiente:

UA = [0’3 * 1000 + (1 – 0’3) * -1000] + [0’8 * 1500 + (1 – 0’8) * -1500]

+ [0’8 * 5000 + (1 – 0’8) * -5000] =  – 400 + 900 + 3000 = 3500 puntos.

Finalmente, hemos visto cómo la aplicación del cálculo racional es lo que explica el comportamiento de Turquía respecto a la guerra en Siria e Irak. Si bien antes de las victorias kurdas el resultado del cálculo era que UNA > UA, después de estas victorias la situación es la contraria y UNA = – 2300  <  UA = 3500.

Así, volviendo a la pregunta de este apartado sobre por qué Turquía ha abandonado su política de pasividad ante la guerra contra el ISIS y a la pregunta inicial (¿realmente fue el ataque del ISIS lo que motivó la entrada de Turquía en la guerra contra el grupo terrorista?), vemos que la respuesta es la misma: Lo que ha hecho que Turquía entre en la guerra contra el ISIS no es la lucha contra el grupo en sí, sino la posibilidad de utilizar esta guerra para atacar unas fuerzas kurdas en expansión.

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Lluis Torres

Barcelona, España. Politólogo especializado en Relaciones Internacionales graduado por la Universidad Pompeu Fabra. Actualmente trabaja en Amnistía Internacional Cataluña, dónde también realiza labores de activismo en el grupo de incidencia política. Anteriormente, co-impulsó diversos proyectos de cooperación en los campos de refugiados de Grecia. Sus líneas de interés se centran en temas relacionados con la conflictividad y la seguridad global, la economía política y el desarrollo internacional.



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