21/09/2019 BARCELONA

Desmontando la ‘arquitectura de la Ayuda’

La Ayuda Oficial al Desarrollo también está en crisis. Aunque algunos países han reducido a más de la mitad el presupuesto destinado a la solidaridad y el desarrollo de los países del Sur, no se trata tanto de una crisis de falta de recursos económicos, sino de cómo se utilizan esos fondos. ¿Cuánto de este dinero llega en realidad a los países pobres?


Ministros de todo el mundo, jefes de organismos internacionales, representantes de organizaciones no gubernamentales y agentes empresariales se reunieron hace apenas tres meses en Ciudad de México para evaluar la eficacia de la ayuda, es decir, el buen o mal uso que se hace de los fondos que los países más industrializados del mundo donan a los países en desarrollo. Técnicamente, se le llama Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y en 2012 sumó 126,94 billones de dólares (actualmente, ronda los 135 billones), según los últimos datos hechos públicos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).

La cifra, aparentemente astronómica, en realidad no representa ni el 0,7% del Producto Interno Bruto (PIB) total de los 34 países miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Las posibilidades de alcanzar esta meta, que se remonta a una resolución de la ONU de los años 70, son más remotas desde que irrumpió la crisis económica. Salvo algunos pocos países, como Noruega o Japón, la tendencia general ha sido reducir esta partida destinada a la Solidaridad, incluso a más de la mitad en casos como el de España. Con este panorama, sobran razones para desmontar la llamada ‘arquitectura de la Ayuda’ y examinar con lupa sus cifras.

¿Cuánta ayuda llega en realidad a los países empobrecidos? ¿Va a parar a donde más se necesita?

La respuesta a estas preguntas es más complicada de lo que parece a simple vista. Para empezar, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) no sólo consiste en las donaciones que los países conceden a las organizaciones no gubernamentales para el desarrollo (ONGD) para que éstas implementen proyectos de cooperación al desarrollo en los países del Sur. En realidad, los fondos que gestionan estas organizaciones apenas llegan al 1% del total de la Ayuda. ¿Quién gestiona el otro 99%? Simplificando mucho, se puede decir que los gobiernos transfieren la ayuda directamente a los presupuestos de los países beneficiarios (es lo que se llama ayuda bilateral), y las instituciones internacionales (ayuda multilateral), como las agencias especializadas de la ONU (UNICEF, UNPD, ACNUR, FAO, OTI y otras), así como el Banco Mundial o los Bancos regionales (ayuda financiera).

Bilateral ODA Composition: DAC countries, total, 2012 [Fuente: OECD]
Bilateral ODA Composition: DAC countries, total, 2012 [Fuente: OECD]

La OCDE, encargada de hacer seguimiento y mantener actualizadas las cifras de la AOD, es también quien establece las reglas, a través de su Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD), a la hora de contabilizar las partidas que donan los países donantes. En otras palabras, es la que decide lo que se puede computar como AOD y lo que no.

Así, además de los fondos destinados a la implementación de programas y proyectos de cooperación en los países en desarrollo (ONGD), en la AOD se incluyen también la asistencia y provisión de alimentos en emergencias humanitarias, además de otros recursos económicos que en realidad no llegan a los países en desarrollo. Se trata del alivio de la deuda, la ayuda a los refugiados acogidos en países donantes, las subvenciones de becas para estudiar en países donantes, además de otros apartados menos detallados como “gastos de administración” , “proyectos de inversión” y “otros”.

En búsqueda de una medición más real

Una de las reivindicaciones mas reiteradas por parte de ONGD (como ActionAid) y movimientos sociales ha sido durante años que se separara de la AOD aquellos recursos con un destino diferente al desarrollo, de manera que se pudieran ver  las cifras reales de la ‘solidaridad’ que llega a los países empobrecidos. De lo contrario, según estas organizaciones, nos encontramos ante una sobrevaloración de la Ayuda, ya que no es lo mismo aliviar una deuda que transferir recursos a los países de rentas bajas para contribuir a su desarrollo, ya sea en forma de conocimiento o proyectos educativos, de salud, vivienda o empleo.

En respuesta a estas críticas, la OCDE creó un nuevo índice de medición de la Ayuda, llamado Country Programmable Aid (CPA), que ofrece datos más reales de la ayuda programada por cada donante para combatir la pobreza y contribuir al desarrollo de los países del Sur. Lo más importante es que desagrega aquellas partidas relacionadas con el alivio de la deuda, la ayuda a refugiados, becas educativas y costes administrativos, entre otras. En 2012, se computaron como AOD hasta 17 billones de dólares en los conceptos citados, cuando en realidad esos fondos nunca llegaron al país receptor.

Por poner otro ejemplo, casi la mitad de la AOD de España nunca llegó a los países empobrecidos en 2012. Concretamente, un 51% se destinó a programas de desarrollo, ONGD y ayuda humanitaria, mientras que los gastos de administración y el apartado “otros” supusieron casi un 44% del total, cuya cifra alcanzó los 2.197 millones de dólares (bien lejos de los 6.716 millones de 2008).

La ‘Ayuda fantasma’

Aún contando con todos estos desgloses y detalles sobre el destino de la AOD, es difícil responder con exactitud a la pregunta inicial. Uno de los principales motivos es porque la Ayuda que prestan los países del Norte está en muchas ocasiones condicionada.

P1120168 [Foto: European Comision DG ECHO vía Flickr]
P1120168 [Foto: European Comision DG ECHO vía Flickr]

En la llamada ‘arquitectura de la ayuda’ existe la ayuda ligada y la desligada. Esta última sería aquella que no está sujeta a ningún tipo de condicionalidad, no es reembolsable, ni tiene ningún cargo. En cambio, la ayuda ligada puede componerse de préstamos o donaciones que deben utilizarse para la adquisición de productos o servicios del país donante o que están ligados a modalidades de compra que implican una limitación con los países abastecedores posibles. Es decir, la Ayuda se convierte en una especie de intercambio comercial con una clara ventaja hacia los países donantes, ya que los beneficios redundan en el país del Norte, más que quedarse en el país ‘pobre’ y contribuir a su desarrollo

Hoy por hoy, este tipo de contratos basados en la Ayuda no son conocidos públicamente, son tratados casi como ´secretos de Estado´, por lo que es imposible saber cuánta Ayuda llega realmente a los países en desarrollo.

Precisamente, terminando por donde empezamos, en la última reunión del alto nivel sobre la eficacia de la ayuda celebrada en México, una de las cuestiones más candentes del debate fue la necesidad de definir mejor la AOD, es decir, lo que se debe y no se debe incluir en el mismo ‘saco de la Ayuda’. En este sentido, la propia responsable del UNPD, Helen Clark, subrayó: “Necesitamos mirar la composición de la Ayuda antes de felicitarnos por el incremento de las cifras o los niveles de AOD. De hecho, muchas ONG llevan  denunciado el fenómeno de la ‘ayuda fantasma’ durante años. En muchos casos, no hay una transferencia real de recursos a los países receptores. Esta crítica se aplica tanto a los ‘viejos’ como a los ‘nuevos’ donantes”. Sin duda, lo pudo decir más alto, pero no más claro.

Foto de portada: Waiting in front of the Bolemba health centre. Fuente: hdptcar vía Flickr

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro.

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Jone G. Lurgain

San Sebastian-Donostia. Estudió Periodismo y Comunicación Digital. Especializada en Política (procesos de paz, DDHH, elecciones, movimientos sociales). Tras más de diez años trabajando para diferentes medios de comunicación (prensa, radio, agencias), cursó un Máster en Cooperación Internacional, poniendo el foco de atención en temas relacionados con Género y Desarrollo. Ha colaborado con organizaciones de mujeres en El Salvador y con distintas ONGDs en Nepal y el País Vasco. Defensora de la justicia social, la igualdad y la dignidad de todas las personas.



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