10/07/2020 BARCELONA

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La Ayuda Oficial al Desarrollo también está en crisis. Aunque algunos países han reducido a más de la mitad el presupuesto destinado a la solidaridad y el desarrollo de los países del Sur, no se trata tanto de una crisis de falta de recursos económicos, sino de cómo se utilizan esos fondos. ¿Cuánto de este dinero llega en realidad a los países pobres?


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El debate sobre la eficacia y necesidad de la Ayuda Humanitaria se ha llevado a cabo, por lo menos, desde la década de 1980. Éste tomó fuerza principalmente por dos razones: por un lado, debido a los cuestionamientos surgidos en relación a las operaciones de Ayuda Humanitaria y su carácter paliativo, poco eficiente y su posible contribución a la perpetuación de los conflictos armados; y por el otro, debido a los cambios geopolíticos derivados del fin de la Guerra Fría, que provocaron una transformación en la naturaleza de las crisis humanitarias y la respuesta a las mismas.

El actual sistema de Ayuda Humanitaria

En esta etapa, la ONU y las ONG’s toman un papel protagónico y de envolvimiento sin precedentes, lo que dio pie a una nueva concepción de Ayuda Humanitaria en situaciones de conflicto. Estos conflictos – en su mayoría internos– han puesto en cuestión y muchas veces han superado diversos principios teóricos e instrumentos operativos característicos de la Ayuda Humanitaria; siendo mujeres, niños y ancianos las principales víctimas de la violencia generada por los mismos.

A pesar de que la aspiración fundamental de toda organización humanitaria es la eliminación del sufrimiento humano, debemos preguntarnos si la misma tiene el potencial de exacerbar y prolongar los conflictos, comprometiendo la seguridad de los individuos cuyo sufrimiento desea eliminar, o si ésta tiene un efecto “no neutral” dentro de un conflicto en el cual hacer el bien, podría ya no ser suficiente.

Considerando que la ayuda debe responder a las necesidades inmediatas de un grupo vulnerable sin descuidar sus particularidades y tomando en cuenta los efectos a largo plazo de la misma, las organizaciones basan su trabajo en cinco principios rectores, que les auxilian en el cumplimiento de su labor. Estos son: neutralidad, humanidad, imparcialidad, independencia operativa y acción sin daño.

Principales críticas hacia el actual sistema

Existen múltiples y muy diversas críticas hacia el actual sistema de Ayuda Humanitaria y abordarlas a cabalidad requeriría de un ejercicio de reflexión mucho más extenso, por lo que nos enfocaremos en las tres maneras en las que las agencias pueden empeorar la dinámica de un conflicto según Randi L.S. Lassiter.

Los esfuerzos de guerra

La asistencia humanitaria alimenta directamente los esfuerzos de guerra cuando la ayuda es distribuida a los combatientes, quienes ya no tienen que esforzarse para encontrar suministros por sí mismos. Este fenómeno es una práctica común en los escenarios de conflicto, en los que los militantes se hacen pasar por refugiados, recibiendo ayuda que estaba destinada a la población civil, éstos también suelen robar comida, medicina, vehículos y otros recursos esenciales, o exagerar la necesidad de la población de recibir ayuda para quedarse con los restantes.

[Photo: Official U.S. Navy Imagery Flickr account]

La economía de guerra

De acuerdo con Mary B. Anderson, la ayuda no solo sostiene las actividades militares, sino que mantiene la economía de guerra, ayudando a financiar los conflictos al pagar a los grupos beligerantes impuestos, además de fungir como una fuente de empleos durante la crisis, creando grupos cuya supervivencia económica depende del conflicto.

Cuando la ayuda asume el rol del gobierno de proveer infraestructura, los grupos beligerantes se vuelven sumamente dependientes, mermando su capacidad de asumir el liderazgo en el período de la posguerra. La distribución de la ayuda puede reforzar las divisiones sociales, especialmente cuando las agencias seleccionan grupos vulnerables de acuerdo a identidades culturales.

Kahn y Lucchi señalan que la ayuda puede dar un poder considerable a los gobiernos y grupos armados que sean capaces de influenciar el lugar, la forma y el sector al que la ayuda es entregada; reforzando los puntos de interés militar estratégico o aumentado el apoyo a un lado u otro del conflicto.

Mensaje ético y distribución de la ayuda

El mensaje ético que emana de la conducta de las organizaciones en el campo y la manera en la que la ayuda es distribuida, generalmente mediante la legitimación de grupos rebeldes y sus objetivos políticos.

Este punto también es analizado por Kahn y Lucchi, quienes afirman que cuando las agencias humanitarias negocian con grupos armados para tener acceso a civiles, la interacción puede usarse para demostrar legitimidad o reconocimiento, pues muchas veces las partes invitadas a las mesas de negociación son aquellas con mayor poder militar, lo que invita a los grupos rebeldes a realizar actos de delincuencia para poder incrementar su capacidad de negociación.

Por su parte, Roberto Belloni menciona que la ayuda fomenta la permanencia de élites de guerra locales, ya que puede hacer surgir mafias que busquen la explotación de recursos y cuyo interés sea el de prolongar la guerra tanto como sea posible.

[Photo: EU Humanitarian Aid and Civil Protection Flickr account]

Fiona Terry menciona que los humanitarios pueden legitimar la autoridad de los grupos beligerantes de cuatro maneras: (1) Negociando con ellos para obtener acceso a un área particular, (2) Permitiendo a los líderes locales dirigir los recursos hacia sus simpatizantes, (3) Mediante su sola presencia, pueden legitimar a un régimen que violente los derechos humanos y (4) Al sustituir al Estado en la labor de proveer bienes y servicios a sus ciudadanos.

En lo que se refiere al principio de imparcialidad, Belloni sugiere que la Ayuda Humanitaria es disfuncional desde su organización, ya que las ONG’s son generalmente menos independientes de las políticas gubernamentales de lo que desearían, pues al aceptar el dinero de los donantes y sus prioridades, se convierten en parte del mismo sistema que permite a los gobiernos deslindarse de responsabilidades políticas mientras alegan estar comprometidos activamente en la protección de los derechos humanos y los principios humanitarios.

Para Anderson, otras consecuencias negativas incluyen: la competencia desleal entre agencias para obtener recursos; generar una noción de desigualdad en el valor de las vidas de los colaboradores locales y extranjeros y la demonización de una de las partes del conflicto.

Reflexiones finales

Es importante mencionar que algunos daños pueden ser inevitables y que existen situaciones en las que se presenta un balance entre los beneficios y los daños provocados, y que aunque es posible mitigar algunos de los efectos negativos, estos no pueden ser eliminados por completo.

Adicionalmente, debemos recalcar que los donantes y el gobierno de los Estados receptores frecuentemente se enfrentan a objetivos y prioridades potencialmente incompatibles, además de las limitaciones existentes a la hora de intentar eliminar el daño.

Lo cierto es que es innegable el efecto positivo que la Ayuda Humanitaria ha tenido para mitigar el impacto de la crisis en situaciones de conflicto y el papel decisivo que las organizaciones han tomado a la hora de proteger vidas humanas, sin embargo, el sistema puede – y debe- mejorarse, tomando en cuenta el origen de sus deficiencias y no realizando reformas superficiales como hemos visto con anterioridad. Como concluye Roberto Belloni, es indispensable cambiar el enfoque de la ayuda de la mitigación de impactos a la prevención de riesgos, lo que implica realizar trabajos de difusión e información que reduzcan la posibilidad de una crisis dentro del Estado, o por lo menos, minimicen los daños provocados por la misma.

[Photo: US Army Africa Flickr account]

Es cierto también que muchos de los cuestionamientos que se hacen acerca de la eficacia de la ayuda tienen que ver con asuntos que no dependen directamente de las agencias; lo que si depende de ellas es su capacidad de respuesta y toma de decisiones ante las mismas, que muchas veces se ha puesto en entredicho.

El asumir la corresponsabilidad derivada de las consecuencias negativas de la ayuda es un paso necesario no únicamente para las agencias, sino también para los Estados, que como hemos visto han encontrado una salida fácil al culpar a otros de los efectos derivados de no asumir sus propias obligaciones.

Finalmente, es indispensable que las agencias de ayuda se integren y cumplan cabalmente con un sistema de fiscalización y rendición de cuentas, que permita medir con claridad la eficacia de la misma y trabajar en las áreas de oportunidad que deriven del mismo.

 Foto de portada: Afghan Children Arrive at Humanitarian Drop, The National Guard Flickr.

 

Ésta es una explicación sin ánimo de lucro



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