22/09/2019 BARCELONA

Transnistria: un conflicto congelado

Moldavia, el pequeño país en el este de Europa, se debate por la adhesión a la Unión Europea. Mientras tanto el conflicto de Transnistria sigue congelado dentro de sus fronteras. United Explanations te da la principales claves de este conflicto.


Este mes, el pequeño país de Moldavia, cercado de tierra y situado entre Rumania y Ucrania en el este de Europa, hizo grandes progresos en su camino hacia la adhesión a la Unión Europea. De repente, los medios de comunicación empezaron a prestar más atención a este país por lo general desconocido, y aún más, a su región separatista de Transnistria. El conflicto latente entre Moldavia y Transnistria es uno de los muchos conflictos no resueltos que queda de la Guerra Fría, y es un ejemplo de la lucha de poder que continúa entre Europa occidental y Rusia por el control sobre el espacio post-soviético. Recientemente, los acontecimientos políticos internacionales han venido subrayando lo que se había convertido en un conflicto olvidado en el campo de juego internacional.

Los planes de Moldavia para firmar un Acuerdo de Asociación con la Unión Europea en el otoño de 2013, y para implementar una zona de libre comercio amplia y profunda (DCFTA), ha sido un punto de controversia entre los gobiernos de Chisinau, la capital de Moldavia, y Tiraspol, capital de Transnistria. El territorio separatista tiene una independencia de hecho, incluso si aún no ha sido reconocido por ningún estado a nivel internacional, y su gobierno no tiene intención de poner en práctica los acuerdos comerciales suscritos por el gobierno central de Moldavia. El conflicto se podría considerar como un problema interno si Rusia y la Unión Europea no colocasen apuestas tan altas en el resultado de la lucha por la independencia y las lealtades políticas dentro de este pequeño tramo de tierra. Los desacuerdos sobre la adhesión a la UE y la política comercial puede transformar este “conflicto congelado” en uno abierto cuyo resultado se decidirá sumariamente.

Un país construido por la historia

El hecho de que el destino de Moldavia y Transnistria se puede determinar por luchas políticas externas no es nada nuevo en la historia de esta región. La mayor parte de Moldavia se encuentra dentro de un territorio que una vez fue conocido como Besarabia, una región geográfica anexionada por Rusia en el 1812 después de una de las guerras ruso-turcas. En 1918, Besarabia se convirtió en la República Democrática de Moldavia y se unió con la vecina Rumania, un país con el cual la mayoría de los moldavos comparten un idioma. En 1940, después de que Rusia y Alemania firmaron el acuerdo de no agresión Ribbentrop-Molotov, Besarabia fue anexionada por la Unión Soviética y obligados a unirse a Transnistria para formar la República Socialista Soviética de Moldavia. Fue así cómo una población principalmente latina con el rumano como lengua propia se unió a una población eslava de habla rusa.

Después de la Perestroika y la caída de la Unión Soviética, las repúblicas soviéticas individuales ganaron su independencia sobre la base de sus fronteras actuales. Besarabia y Transnistria fueron reconocidos como el Estado independiente de Moldavia, hecho que resultó ser indeseable para ambas partes. La población mayoritariamente latina de Besarabia tomó medidas para restablecer su unión con Rumania. Adoptaron el alfabeto latino y aprobó una ley que hizo el moldavo, en vez del ruso, el idioma oficial del país. Como Transnistria no está geográficamente conectada con Rusia, fue imposible para la región eslava   unirse a la superpotencia soviética. En su lugar, Transnistria declaró unilateralmente su independencia de Moldavia en 1990 con el fin de desvincularse de la política del país de distanciarse de Rusia.

El país pronto cayó en una guerra que causó 1.000 muertos y unos 3.000 heridos durante sus dos años de duración. Las fuerzas rusas del Ejército 14, estacionado en la región desde la época soviética, permanecieron en Transnistria para apoyar el movimiento por la independencia. En 1991, las fuerzas paramilitares de Transnistria tomaron el control de todas las instituciones públicas moldovas en la zona, y el conflicto estaba en pleno apogeo. Para 1992, sin embargo, un alto el fuego había sido negociado y una zona desmilitarizada de 10 kilómetros de distensión se formó. El 14º Ejército ruso se quedó en Transnistria para hacer cumplir el acuerdo, y muchos miembros de las fuerzas armadas rusas se quedaron para promover la independencia de Transnistria. Mientras tanto, el personal de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), se hizo cargo de la supervisión de las fronteras de ambas partes. El conflicto se ha mantenido congelado pero no resuelto desde entonces.

Negociaciones sin éxito

En 2011 de repente parecía que una resolución del conflicto estaba en el horizonte. La canciller alemana Angela Merkel, representando la UE, decidió establecer un consejo entre Rusia y la UE  que le permitiría al Kremlin tener voz en algunas de las decisiones tomadas por la UE. A cambio, Rusia tendría que facilitar la reanudación de las negociaciones entre Moldavia y Transnistria, con el fin de resolver la cuestión de la soberanía de ésta última. Mientras tanto, un nuevo presidente, Yevgueni Shevchuk, fue elegido en Transnistria y comenzó a hacer señales públicas hacia la reconciliación con Chisinau. El consenso, sin embargo, no se alcanzó durante las varias rondas de negociaciones celebradas en Moscú, y después de que sus gestos de paz fueron reconocidos públicamente, Shevchuk comenzó a retraerse y acusar a Chisinau de no cooperar. El conflicto fue congelado una vez más.

En la actualidad, el problema radica en el hecho de que, a pesar de ser internacionalmente reconocido como parte de Moldavia, los miembros del gobierno de Transnistria se niegan a participar en las conversaciones sobre un acuerdo de libre comercio firmado entre Moldavia y la UE. La firma de este acuerdo llevaría a la integración económica y jurídica de Moldavia con la UE, lo que tendría efectos negativos para la economía del Trans-Dniéster si se niega a cumplir el tratado.

Implicaciones Internacionales

Si el enfrentamiento entre Chisinau y Tiraspol sobre las leyes de comercio continúa, podría tener el efecto adicional e impactar negativamente en las relaciones entre la UE y Rusia. Muchos funcionarios de la UE creen que el Kremlin desea frustrar la oportunidad de Moldavia de integrarse con la UE con el fin de promover sus propios intereses geopolíticos en la región. Desde la caída de la Unión Soviética y la separación de Rusia de 14 estados, el foco principal de la política exterior de Rusia en relación a sus vecinos ha sido protegerlos celosamente contra la influencia de las potencias extranjeras. Rusia ve con sospecha cualquier intento de rivalizar su propio control sobre los países que antiguamente formaban la USSR, y nada hace al gobierno ruso más inseguro que si los Estados Unidos o la Unión Europea construyen alianzas con los gobiernos vecinos. Al fomentar las relaciones con los separatistas de Transnistria, Rusia quiere evitar que la OTAN y la Unión Europea tengan influencia en la región. Las ventas de armas a Transnistria también tienen como objetivo actuar como un contrapeso al sistema de defensa antimisiles occidental instalado en el país vecino, Rumania.

Aunque Rusia adoptó oficialmente por una política de neutralidad en el año 1992, todos los gobiernos rusos sucesivos han ayudado al gobierno de facto del Transnistria, tanto económica como militarmente desde su creación. La UE, por su parte, espera que éste país del este de Europa entre en una alianza económica más estrecha con el fin de expandir su esfera de influencia. La historia de Moldavia es la de un pequeño país centroeuropeo atrapado en la lucha imperialista de sus vecinos gigantes. Queda por ver si las viejas heridas se reabrirán tras la firma de Chisnau de un Acuerdo de Asociación con la UE y los efectos que un conflicto renovado tendría sobre la seguridad internacional.

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Cristina Maza

Vive en Tbilisi, Georgia donde trabaja en la ONG-Transparency International. Licenciada en Ciencias Políticas con un enfoque en la economía política y Europa del este, postgrado en gestión de proyectos de cooperación internacional y desarrollo y máster en Estudios del Centro y Sur Oriente de Europa de University College London, con un enfoque en la política de la región, los conflictos armados y el nacionalismo.


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